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Sociedad de Integración

Gay Lésbica Argentina

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Buenos Aires,
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¡La Pareja no es Vacuna! Imprimir E-mail

Una relación casual puede terminar en algo mas... Me puse de novio! Estoy en pareja! y pensas... ¡Que ganas de coger sin forro! pero te preguntas ¿Me sera fiel?...¿Convendra hablarlo? Y mientras tanto... ¿Que hago?.

LO CONOCISTE, Y AHORA

Estás saliendo con alguien que te gusta, y la relación tiene posibilidades.

O acabás de conocer a un tipo que te da bola y te calienta.

¿Qué hacés cuando van a la cama?

¿Le hablás del preservativo... o no decís nada?

ES PARA UNA NOCHE !, NADA MAS

Para infectarse una noche alcanza. Inyectarse y compartir la aguja o la jeringa es el modo que nunca falla. Desde ahora te vamos a hablar sólo de sexo: pero acordáte que aguja o jeringa compartida es transmisión segura.
Haciendo sexo desprotegido el virus no pasa tan fácilmente de un cuerpo a otro: solamente con penetración, a través de alguna pequeña lesión de la mucosa (que es la piel suave y húmeda que forra el interior de la boca, el ano, el recto y la punta del pito).

Infectarse haciendo sexo es difícil. Si hacer sexo con penetración desprotegida fuera tan infeccioso como compartir una aguja, la epidemia sería una hecatombe. Quien se acuesta con un infectado sin cuidarse, en la mayoría de los casos no queda infectado: en la minoría de los casos, sí. Pero ¿Quién te asegura que no vas a integrar esa minoría? Infectarse no es tan fácil, pero pasa. En Argentina hay más de cien mil infectados, y por lo menos treinta y cinco mil son varones que se infectaron de otro varón (cualquiera que tenga genitales de varón, desde el gay tapado a la travestí más femenina).

Con un poco de mala suerte y haciendo el tipo de sexo que favorece el paso del virus alcanza con esa sola vez. Y aunque haya sido la única experiencia sexual de tu vida, te infectaste para siempre.

Encontrarte con alguien que lleve el virus en el cuerpo es probable. En la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires viven unos 30.000 varones que se infectaron haciendo sexo con otros hombres. La gran mayoría ni se imagina que lleva el virus en el cuerpo, porque todavía no los afectó y tienen buena salud.

Están entre quince y cincuenta años, la edad justa para el levante, y muchos vienen al centro.

Un flaco con musculatura de gimnasio te mira y te quedás encandilado: puede tener el virus!.

Hay muchos sin el virus, ¿Pero cómo te das cuenta cuál es cuál? Por el aspecto no se puede, y en una disco o en un boliche o en la calle te podés cruzar con cualquiera. Lo mirás, te da bola, terminan en la cama, la pasaste bien, o mal, o más o menos, pero te vas llevándote el virus, que inmediatamente empezará a multiplicarse dentro tuyo.

Tarda bastante en notarse. Tres, cinco, siete años. Pero al final te vas a sentir mal, te enfermas, y es incurable.

mirá si voy a pensar en el sida

Conociste a este tipo. Se quieren ir a la cama. O lo demoran porque no hay lugar o porque no se da, pero pronto va a pasar algo. ¿Le dijiste que para el sexo querés usar preservativo? ¿O no le decís nada?

Pensar en el virus molesta. La tentación de olvidarse es fuerte. ¿A quién le gusta andar hablando de enfermedades e infecciones cuando está tratando de pasarla bien? Sobre todo si el otro te interesa y querés que pase algo. ¡Qué vas a hablar de forro y sexo seguro y virus! ¿Y si se enoja y no te quiere ver más? ¿Y si piensa que sos vos el que tiene el virus y se espanta? ¿Vas a perder un tipo que te va por largarle una pálida apenas empiezan?

Idiota no sos, pero descuidarse es algo que l e pasa a cualquiera si no anda sobre aviso. La gente se sabotea. ¿Para qué pensar en el sida? Te olvidás del tema por mil razones.

Corren todo tipo de bolas: los héteros, sobre todo los más chongos, dicen que el virus entra por atrás. Según ellos se infectan los pasivos, así que mientras sigás siendo activo todo va bien (Linda excusa para hacer de macho: sorry, pero el virus también entra por la punta del pito).

Otra es que a vos te guste dejarte guiar, que el otro decida todo y tome todas las iniciativas. Como preferís ser pasivo, te convencés de que, como el que la pone es el otro, el que tiene que decidir si se usa forro o no es el otro. Y aunque te de miedo no le decís nada porque a ver si se enoja.

O estás tan súper enamorado que te indignas de solamente pensar que el otro pueda causarte un mal, si es buenísimo, cómo me va a infectar, qué cosas se te ocurren.

O puede ser que no digas nada porque la vida hay que vivirla, con todo lo que ya hice en una de ésas ya estoy infectado y qué me importa, quién me quita lo bailado, si me lo pesco será el destino.

¿Sos loco? ¿O querés pasar el susto de tu vida el día que confirmes que alguien con quien te acostaste tenía el virus?

¿NO TENDRE YA EL VIRUS?

Hasta que aprendiste a manejarte en la noche y a tratar con la gente gay te pasaron cosas. Hasta que creciste y te sentiste más seguro, te pasaron cosas. Hasta que dejaste de pelear contra la atracción por los varones te pasaron muchas cosas.

Conociste la noche, los anuncios, las revistas, los teléfonos, los amigos, los novios, los levantes, los cuenteros, los mentirosos, los de plástico, las locas, los chongos, los hijos de puta, los creídos, los imbancables, los borrachos, los travestis, los taxis, los barman, los dueños, los bailes, los baños, el yiro, el café hasta la madrugada, el volver de día... Pasaste de todo.

¿Cómo podés asegurar que en todo eso no te encontraste con alguno de los treinta mil que andan por ahí? ¿Cómo vas a estar seguro de que justo esa vez no se te produjo la infección?

No te mirés al espejo y pensés “no tengo nada”. La apariencia no tiene nada que ver. Para decir “soy seronegativo” (que es el modo en que llamamos a los que no tienen el virus) hay que revisar la propia historia:

¿Jamás penetré o me dejé penetrar sin forro? ¿Nunca sentí un dolor al ser penetrado, por más pasajero que fuera? Indicaba una lastimadura en la mucosa del recto. ¿Nunca se me enrojeció la cabecita del pito después de mucho dale que dale?

Era sangre cerca de la superficie. ¿Alguien alguna vez me acabó en la boca? Eso es peligroso. ¿Cómo sé que ninguno de los tipos con que me acosté tenía el virus?

Pensálo y decidí si tenés que hacerte el test o no.

Están los que dicen “yo el análisis me lo hago una vez cada seis meses”. Y entre tanto siguen encamándose. Eso es morbo para ver cuándo te da positivo: con controlar la propia conducta, hacerse un análisis alcanza para saber seguro si lo tenés o no. El análisis hay que volver a hacerlo solamente si uno se mete en situaciones con peligro de infectarse.

Y él, ¿què piensa del sida? ¿Lo hablaron? ¿Arreglaron ya el sexo con forro?

LO DEL FORRO SE ARREGLA DESPUÉS

Antes de ir a la cama, ¿ninguno de los dos habló del forro? No pensés que está sobreentendido y que en la cama se arregla. Si él no dijo ni palabra del sexo seguro, del forro, o de acabar afuera sin que exista penetración, o de otras prácticas para darse placer sin correr peligro, es porque no está acostumbrado. Si a vos no te dijo nada, a los otros antes tampoco les dijo nada.

Nadie infecta ni se infecta a propósito. Pero no queremos entender que estamos en plena epidemia, y que el sida es un peligro nuevo en la vida gay. No digás “el sida es de todos”: para un varón gay, las probabilidades son mucho mas altas que para un heterosexual.

Muchos gays se encogen de hombros y dicen que de algo hay que morir, para qué vas a estropearte la noche pensando en eso. Aunque lo nieguen están llenos de culpa: se hacen los superados y los de vuelta de todo, pero no prestarle atención al virus del SIDA es querer que nos castiguen por ser homosexuales.

¿En serio creés que todo se puede arreglar en el momento? ¿Y si la cosa es de parado o en un asiento de cine, o en un cuartito en la oscuridad, o como sea? Porque: ¡no vas a terminar la noche sin nada!

Repetís que te cuidás siempre. ¿Siempre? ¿En ningún momento perdés el control, en ningún momento la calentura es tan grande que te haga decir “pero sí, dale”? Hay ocasiones en que vos no dominás las circunstancias: ellas te dominan a vos.

¿Y quién pone el forro? Vos no llevás para que no parezca que te regalás a cualquiera Otra forma de no quererse. Suponéte que no lo planeaste pero se da la oportunidad, empieza una franela pesada y de pronto las cosas pasan a mayores. ¿Vas a parar para ir de compras? No jodas. Podés negarte y estropear el clima, pero eso tampoco es quererse. El forro tenés que llevarlo encima. Si él tiene también, mejor. ¡Llevá siempre! , sobre todo si sabes que es dificl conseguirlos a cirtas horas o en ciertos lugares. En algunos bares gay hay. SIGLA distribuye en muchos de Buenos Aires, buscalos en las barras, o fijate si en el baño no está la máquina expendedora que en algunas ciudades son obligatorias por ley.

ME ESTOY METIENDO HASTA LAS MANOS, Y AHORA QUÉ CON EL SEXO?

Para el que no quiere tener pareja, todo bien. Con el forro está a salvo.

Vos andás medio quemado, pero querés pareja. Ya no sos un adolescente, ya tuviste tu primer enamoramiento o te apasionaste locamente por alguien que no se interesaba por vos, o te dejaste llevar por un impulso y estropeaste algo bueno, decidiste hablar (o no) con tu familia. Tenés experiencia etc.

Dejar atrás la adolescencia te costó amores, amoríos, desilusiones, amarguras, algunas felicidades, muchos miedos superados, otros miedos no superados pero controlados. Aprendiste (más o menos) a no confundirte entre la amistad, el compañerismo, el amor, la ilusión, el deseo, la pasión, la frivolidad, la diversión y los pasatiempos. Así llegaste a esta edad, a esa noche, a esa fiesta o a ese levante en el que apareció él.

Te gustó. La cara, el cuerpo, su sonrisa. El deseo entra por los ojos. Supongamos que hubo sexo y lo hicieron bien, la primera vez con masturbación mutua, acabando en la piel o las manos, con besos y caricias y deseo rodeándolos y haciéndoles perder el sentido del tiempo y el lugar. Lo repitieron, y esta vez y practicaron penetración pero con preservativo siempre, siempre con sexualidad suave, con lubricante para no lastimarse, pero a base de agua para no dañar el látex. Le diste el teléfono temiendo que te diera uno falso, o que te dijera “nos llamamos” y no llamara nunca, o que vos llamaras y te ninguneara. Pero, como dice la canción de la Streisand, “aquí voy otra vez, otra vez arriesgándome al amor...”

La cosa sigue. Ya empiezan a ir al cine. Una noche no necesitaron hacer sexo. Siguen viéndose, a veces con sexo, a veces sin sexo. A veces con boliche, a veces sin boliche. Comienzan a acostumbrarse el uno al otro. Ya no sienten la necesidad brutal del principio de hablar sin parar, contando de uno mismo, y escuchando al otro contar de si . Ahora hasta pueden caminar en silencio juntos y estar bien. Tus amigos empezaron a conocerlo. A algunos les cayó bien, a otros no. Conociste a los amigos de él, y algunos te parecieron insoportables.

Los dos están frecuentando menos el ambiente, y un día te encontraste con un amigo y le explicaste: “es que estoy en pareja”. Y no como los chiquilines que salen una noche y a la mañana siguiente anuncian “estoy en pareja”, ni como los que tienen una pareja por mes. Llegaste a pensar “lo quiero, lo necesito”, y te tragaste el orgullo de sentirte inalcanzable. Estás metido, no hay vueltas.

ME PUSE EN PAREJA. ¿Y AHORA?

Ya no es tan fácil seguir haciendo sexo con forro. Tenés ganas de besar, de sentir el gusto de su cuerpo, de su sudor. Tenés ganas de que la unión sea mejor.

¿Y el virus del SIDA? No sos tan loco de perderle el miedo a la enfermedad, ni estás tan caliente que no puedas razonar. Y ya llegaron a poder hablar de casi cualquier tema.

Hablá del VIH entonces. Buscá la ocasión adecuada (una buena es en la cama, después de acabar, cuando la toalla fue de un lado a otro y el forro fue a parar a la basura). Algo de lo que él piensa del VIH ya sabés: aceptó cuando dijiste que con forro lo que quisiera, pero sin forro nada.

Una vez que se quedaron sin preservativos se conformó con franela y masturbación y excitación y acabar sobre la piel. No protestó cuando susurraste “en la boca no”, y te ayudó a acabar con besos de lengua que te llegaban hasta la campanilla. Así es el sexo seguro: caricias y lengua y manos por todas partes.

Él también tendría ganas de largar el forro. Pero cuenta que no siempre hizo sexo seguro. Dos o tres veces se dejó llevar por la excitación y no se acuerda si se le rompió dentro o si se le salió o qué pasó. Le da un poco de vergüenza, pero al fin te habla de la vez que le dio la locura del sábado a la noche y yiró hasta la madrugada, cada vez más desesperado porque no quería volverse a la casa sin haber enganchado algo. En esas condiciones no hay mucho control.

También puede ser que recuerde entreveros jodidos, como una época en que no hubo sábado que no se metiera en el túnel y quién dice que ahí no pasa nada, si hay penetración de a dos y de a tres, y hasta hay locos que te dijeron que tenían sida. Excita, pero después irse a casa no es tan bueno.

O puede ser haber tenido su época de cambiar pareja cada semana, o cuando estaba en la secundaria tuvo una experiencia de ésas que mejor no acordarse. Total, fue hace muchos años.

Puede tener el virus.

PARA ESTAR SEGUROS:

Hay que hacerse el test. Es el “ELISA” o “la prueba del sida”. Lo hacés en cualquier hospital. El resultado dirá”POSITIVO”o “REACTIVO” si el suero de tu muestra de sangre reaccionó en el laboratorio detectando anticuerpos contra el virus, los anticuerpos son las defensas que produce el cuerpo cuando detecta la presencia del virus, o dirá “NEGATIVO” o “NO REACTIVO” cuando no hubo ninguna reacción.

Hasta ahí bien. Pero el virus tarda como máximo tres meses en dejar rastros detectables en la sangre: eso es el “período de ventana”. Cada resultado te dice cómo estabas hace tres meses, no como estás hoy. Si te infectaste hace poco, podés tener el virus pero el estudio no reacciona porque todavía tu sistema inmunitario no produjo anticuerpos. ¿Te volviste a hacer el análisis, después de mantener una conducta sexual segura tres meses?

Si después de tres meses da negativo de nuevo, no tenés el virus. Si a partir de ese momento no penetrás ni dejás que te penetren sin forro, ni que te acaben en la boca, por más que la prueba no te la vuelvas a hacer nunca, seguirás siendo seronegativo.

La prueba del VIH no tiene que ser un hábito. El resultado definitivo tiene que marcar el momento en que pasás a defender tu vida y tu salud con inteligencia, control y prevención.

Si te da positivo, tenés el virus en el cuerpo. Evitá la paranoia y actuá con sensatez: hoy día nadie deja de tener un buen tratamiento por no tener recursos o cobertura de salud. Inmediátamente tenés que buscar un infectólogo, no un culpable. Hay que tomar remedios, no alcohol. Hay que buscar apoyos, no pelearse con todo el mundo.

Si da negativo, no tenés el virus en el cuerpo. Actuá con sensatez.

A partir de ese momento el virus nunca debe poder entrar en tu cuerpo; no podés emborracharte y no saber qué hacés, o calentarte y meterte en los yuyos con cualquiera de cualquier forma. Solo o en pareja, pero solo vos sos el responsable de seguir sano.

Podés hacerte el test con tu pareja. O cada uno puede hacerlo por su lado. Solo o no, siempre es mejor saber.

Cualquier médico debería explicarte la importancia del test e indicártelo en una consulta.Si no es así no dudes en solicitarlo.

Es muy común que te receten un ELISA para VIH junto con otros test como el VDRL que sirve para detectar la sífilis, otra enfermedad de transmisión sexual que aunque esta mucho mas difundida que el VIH/SIDA , sí tiene cura.

Si tienés plata de más o alguna razón especial, andá a un laboratorio privado. Si no, en todos los hospitales lo hacen, y lo más que te pueden cobrar es un bono contribución.

Es bueno que haya una preparación. Antes de sacarte sangre, que te den una charla. Después de tener el resultado, que te den otra charla. Si en el hospital no lo hacen, llamános y lo hacemos nosotros.

¿Dio negativo?. No se larguen a la cama de apuro. No se olviden del tiempo que se tarda en tener anticuerpos contra el virus, el “período de ventana”. El asunto es contar noventa días desde la última situación de riesgo: noventa días desde la última vez que hiciste sexo de penetración sin preservativo, o desde que alguien te acabó en la boca. Si hace tiempo que están saliendo pero tuviste sexo con otro y se te reventó el forro, decílo. Si la pareja puede romperse mas vale correr ese riesgo y no el de infectarlo por no hablar.

Si hace ya tres meses que ninguno se encama con nadie que no sea el otro, y siempre lo hicieron con preservativo, este análisis será el único necesario.

Cuando sabés que va a ser el resultado definitivo, te ponés tenso. En esos días de espera te parece que te falta el aire. Vale la pena. Saber siempre es mejor, porque o te quedás tranquilo o te empezás a tratar.

PAREJA, ¿PERO COMO VA A SER?

Algunos no quieren pareja. A muchos les conviene: la soledad desaparece, hay certeza de que alguien te quiere y te cuida, los problemas se enfrentan de a dos. Se pierde libertad, pero nada se consigue gratis en esta vida.

Pero no crean que por estar en pareja no les puede pasar nada. La pareja no inmuniza contra el virus, primero porque antes cada uno tuvo su historia, y allí pudo haber una infección de VIH, y segundo porque una cosa es la pareja y otra la fidelidad.

Pareja estable son dos personas que toman un compromiso serio, no los que juran fidelidad eterna a los quince días de conocerse. Tienen confianza el uno en el otro, porque saben que cada uno se hace en parte responsable del bienestar del otro. ¿Cómo saber si el otro piensa así? ¿Y vos mismo? Aprender a juzgar el carácter es tarea de toda la vida. Ojalá hayan acertado.

Pero hay gente que no quiere o no puede ser fiel. No es su onda, no quiere perderse nada, no sabe decir que no. Igual uno puede enamorarse; y si se pueden manejarse más o menos los sentimientos y los celos se puede plantear una pareja abierta, con aventuras afuera.

O pueden elegir ser una pareja fiel. A muchos los fortalece. Pero tómense todo el tiempo para decidir: esos arreglos hay que hablarlos todo lo que sea necesario, y saber que pueden ir cambiando.

Pero no puede haber ni sobreentendidos ni medias palabras. Lo que decidan tiene que quedar bien claro. Si deciden fidelidad, no se olviden que hay muchos motivos para que alguien, inclusive sin deseo de romper la pareja, deje de ser fiel: tentación, juventud, falta de proyectos, indecisión, vanidad, una pelea.

Si pasa, ¿es tan grave? Para algunos, sí. Para otros, no. Para la gran mayoría, es un sapo difícil de tragar. Pero más importante que la fidelidad es la lealtad, y más con la epidemia de SIDA, porque para no infectarse solamente hay tres caminos: uno, abstenerse del sexo; dos, usar siempre forro en penetración; y tres, mantener una pareja monógama seronegativa y mutuamente fiel.

Si eligen lo último, recordá que es imposible que ninguno de los dos nunca reciba un lance de alguien o se sienta atraído por un tercero. Al principio la fidelidad sale más o menos fácil, pero las tentaciones abundan. Cuando te llegue el momento acordáte que no es solamente cosa tuya: también afecta a tu pareja.
Ahí entra la lealtad: Si te mandaste una cana al aire y fue sin forro o se reventó, ser leal es decirle al otro que ya no pueden seguir haciendo sexo sin preservativo, porque tenés que esperar el plazo de noventa días para hacerte el ELISA.

Es difícil, especialmente si prometiste ser fiel, pero el que quiera conservar la pareja que se aguante los celos, el reproche o el miedo de que el otro le haga un escándalo o no se lo perdone nunca. Si la pareja vale la pena, tenés que decirlo. Y si para el otro vale la pena, sabrá conservarla. No mientas ni hagas de cuenta que no pasó nada: la peor deslealtad sería infectarlo por miedo o comodidad.
Pasaron los tres meses haciendo solo sexo seguro y el test les dió a ambos no reactivo.Abrácense, bésense y a la noche inauguren sexo sin forro, piel con piel y todo con todo, porque si él no tiene virus no puede pasártelo y si vos no tenés virus no podés pasárselo.

Pueden olvidarse del forro por ahora, pero el tema del tipo de pareja tienen que decidirlo cuanto antes, o hablarlo hasta que se consolide.

Si va a ser abierta, comprométanse a que ninguno de los dos haga sexo sin preservativo fuera de la pareja. Si en un amorío cualquiera de los dos se olvida y hace sexo sin preservativo o el preservativo se rompe se acabó la seguridad. Vuelta al forro noventa días, ELISA, y después ver.

Lo mismo si es pareja cerrada y uno se fue de rosca: el que no sacó los pies del plato no se hace el estudio, pero el sexo de penetración para los dos es sólo con preservativo, hasta que tres meses y un ELISA después se sepa si el amorío fue con o sin infección. Y si tuviste suerte de que no pasara nada y seguís siendo seronegativo, pensálo la vez siguiente.

YO TENGO EL VIRUS, EL NO, SE LO DIGO?

¿Te conviene decírselo? Si es para la noche, da lo mismo, porque vos vas a usar forro pase lo que pase. En cuanto empieza el tema cama directamente notificás que es con forro, o no hay sexo.

Si te ilusiona para pareja, no demorés mucho en hablar, porque si él tiene interés va a aguantar el choque, y si no aguanta no valía la pena. Si se lo escondés hasta que esté metido te lo puede reprochar. Asegurate que él tenga la suficiente información sobre el VIH/SIDA para que puedan hablarlo con serenidad. Luego conviene que ambos hablen del tema con un profesional para desterrar miedos.

Cuando recién te enterás que sos portador del virus al principio podés perder interés en el sexo, ponerte mal, buscar culpables y romperte la cabeza pensando cuándo, dónde, con quién y cómo. No sirve para nada; no enloquezcas a tu pareja con eso. Calmáte. Cuando se te pase te vas a querer olvidar del virus; no te irrites con tu pareja si te lo hace recordar a cada rato y no banca que andes sin tratamiento. Al final, las ganas de sexo van a volver y las relaciones van a mejorar. ¡Poné lo mejor de tu parte! El seropositivo necesita amigos, parientes, conocidos, y si puede, consolidar pareja. Hay de todo: parejas que se unen, parejas que se rompen, parejas que juran seguir juntas pero terminan separándose, o duran toda la vida.

No le protestes si te insiste en que vayas al médico y tomes remedios. Tiene razón. Cualquier seropositivo tiene inmediatamente que empezar a tratarse para no enfermarse; y si está enfermo, para recuperarse de cada acceso y mantenerse bien. No podés dejar que el cuerpo se debilite. Cada vez se descubren más y más medicamentos, así que el mayor peligro está en dejarte vencer.

Del sexo sin forro despedíte. Él tiene que mantenerse sano, por él y por vos. Si te estás tratando tu virus se está haciendo más resistente, porque lo estás atacando con medicamentos. Cuanto más tratamiento, más resistente se vuelve. Si le transmitís ese virus a tu pareja los medicamentos a él ya no le van a servir.

Aparte del sexo con forro, las parejas con un seropositivo tienen que hacer proyectos juntos. Con depresiones y viendo todo negro las cosas se estropean: los que tienen confianza y amor siguen. Se puede. Hay gente que lo ha hecho. Hay gente que lo hará.

No es fácil. Por eso conviene que todo el mundo se haga el estudio y sepa de una vez por todas si tiene el virus o no. Las sorpresas, engaños y ocultamientos son desastrosas.

LOS DOS SOMOS SEROPOSITIVOS

Forro y sexo seguro siempre. La frase “ya estamos jugados, qué nos importa” es idiota, porque existe la reinfección: cada vez que el virus ingresa de nuevo en el cuerpo causa un desbarajuste en las defensas. Cada reinfección debilita, y con los dos en tratamiento los dos tienen virus resistentes. Si se van reinfectando el uno al otro se acortan la vida, y entonces no es amor, es autodestrucción.

Después arreglen si son pareja abierta o cerrada, si son fieles o no, y todo lo que se les antoje. Pero nunca podrán dejar el forro, excepto en masturbación mutua o acabando sobre la piel.

NO TE QUERES NADA, FLACO (una forma de vivir la sub cultura gay)

En la vida gay hay de todo: camas de tres, trencitos, teteras, túneles, cines, baños... Si te va, todo bien, con tal que sea sexo seguro. Pero hay algunas que no van: en “el túnel” de algunos boliches o en los cines porno no hay sólo masturbación, hay penetraciones sin protección y de las que más lesiones pueden producir para que el virus pase. Y si se te antoja “sexo exótico”, cuero o S/M sin protección, peor todavía, hay muchas mas posibilidades de hacer lesiones o lastimaduras.

Muchos gays buscan esos entornos porque los excitan y creen que ser gay es eso, y que el sexo hay que conseguirlo como sea. No se quieren nada. El que no cuida su vida está buscando castigo. Todos conocemos a los que buscan sexo porque sí, toman hasta pasarse, se van de rosca, usan drogas, se levantan cada chongo tenebroso que ni te cuento, y después te dicen “¡nosotros los gays sufrimos tanto!” Andan corriendo siempre detrás de algo distinto, y cuando ya son mayores son imbancables.

Esa forma de vivir donde uno quema la juventud en sexo y después se hunde en un destino gris, silencioso o ridículo era casi lo único hasta hace unos años: pero ya no es así. La persecución disminuyó y la tolerancia aumentó, pero llegó el sida. Hay que asumirlo como otro riesgo de ser gay. Pero si andás provocando al virus, insistiendo en penetraciones sin forro, sexo en lugares públicos a los apurones, y pensás que pasarte de droga y alcohol es ser liberado, entonces, flaco, vos no te querés nada. Tenés que curarte la cabeza: pensar, reflexionar, decidir qué te conviene y qué no, dejarte llevar cuando te da la gana y no sentir que no te podés parar. Hablá, buscá amigos, tratá de ser lo más feliz que puedas, cuidáte y cuidá al otro. Muchos gays necesitan aprender a quererse.

QUE SE ENTIENDE POR SEXO SEGURO:

Es obtener placer evitando intercambiar fluidos (líquido preseminal, semen, o sangre), que pueden llevar el virus del SIDA o agentes de otras ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual).

El VIH solamente puede entrar a tu cuerpo por compartir agujas o jeringas, o en la relación sexual por fricción, a través de pequeñas lesiones ya existentes o que se abren en las mucosas. Por eso el forro es indispensable en el sexo anal y a veces en el oral.

Pero sexo seguro no es solo sinónimo de forro:

Son también todas aquellas prácticas que dan placer sin penetración oral u anal. No te empecines en que si el sexo no termina en penetración es defectuoso. Si la estás pasando bien sin penetrar o que te penetre no te frenes: dale rienda suelta a las sensaciones. Recordá que nuestro principal órgano sexual es el cerebro y su capacidad de imaginación.

PRACTICAS QUE NO TIENEN NINGUN RIESGO DE TRANSMISION DEL VIH:

-Acariciarse, besarse, abrazarse, ducharse juntos, masajearse.

-Lamerse: todo el cuerpo (menos el ano, la cabeza del pene y piel lastimada).

-Estimular las zonas erógenas del compañero, todo vale: dedos, manos, pies, nariz.

-Masturbarse: con las manos o frotando los cuerpos entre sí.

Frotar los penes excita y es 100% seguro contra el VIH y si alguno de los dos usa forro evitan contagiarse otras ETS (sifilis, gonorrea, hongos), que aunque se curan son muy molestas.

Lamer y chupar el tronco del pene (no la cabeza) y los testículos tampoco tiene ningún riesgo, igual que frotarse poniendo el pito del compañero entre tus piernas.

PRACTICAS DE BAJO RIESGO:

SEXO ORAL (Bucogenital):En general es una práctica de bajo riesgo si nunca permitís que te acaben en la boca, ya que, a diferencia del semen, el líquido preseminal normalmente no tiene cantidad suficiente de virus como para ser infeccioso en esta práctica. A su vez, la saliva colabora inhibiendo la potencia infecciosa del virus.
Pero bajo riesgo no es riesgo cero: En los dos o tres primeros meses de la infección, desde de que la persona se infectó con el VIH pero cuando todavía el cuerpo no ha reaccionado produciendo los anticuerpos para defenderse, en el líquido preseminal puede haber presente una gran cantidad de virus, tanta como en una persona con la enfermedad SIDA declarada. Si la chupada fuera demasiado fuerte, o hubiera golpeteo del pene en la boca o en la garganta profunda, la dilatación de los vasos sanguíneos de la mucosa que recubre tu boca podría dar paso a cantidad suficiente de virus para infectarte.
Podés hacer sexo oral suave con bajo riesgo de infección si no acumulas líquido preseminal en la boca ni lo tragas. Siempre estará el riesgo de que la otra persona esté en período de primoinfección.
Pero si estás con alguien que no conocés y que puede bombear fuerte o acabarte de golpe sin tu consentimiento, o si no estas seguro de tener la boca sana, para estar tranquilo usá forro, y de paso prevenis otras enfermedades de transmisión sexual.Hay forros que se fabrican saborizados para esta práctica.
Pero cuidado: si chupas con forro y luego va a haber penetración anal, antes hay que cambiar el forro pues los dientes pueden haber marcado el látex.

BESO NEGRO (lamer el ano): De bajo riesgo para el VIH, pero de alto riesgo para la hepatatits B (muy peligrosa) y para parásitos (no tanto). Con pareja estable se pueden hacer análisis para ver si alguno tiene el virus de la hepatitis B en el cuerpo, o directamente vacunarse. Si no estás vacunado, con un levante ocasional colocáte un forro en la lengua o cubríle el ano con un forro cortado para poder lamer, o usá los dedos pero no la lengua.

SEXO ANAL:Introducir el pene en el ano sin preservativo es de alto riesgo tanto para el penetrado como para el que penetra. Pueden transmitirse VIH y otras ETS: hepatitis B, gonorrea, sífilis, herpes y otras.

El riesgo se neutraliza usando forro desde el comienzo de los juegos de penetración: para contener el líquido preseminal o el semen del que penetra y evitar el posible contacto con la sangre del que es penetrado.

Aquí, a diferencia de el sexo oral, el líquido preseminal siempre es riesgoso para el que es penetrado porque el pene en su ingreso puede provocar microlesiones por distensión de los músculos del ano y luego la fricción contra la mucosa favorece la absorción del líquido e incrementa el riesgo de infección aún con poca presencia de virus. A su vez, dada la forma del recto, el líquido preseminal, como el semen, permanecerán alojados por más tiempo dentro de tu cuerpo, facilitando también la infección.

Si la cama es con más de uno, no dejes que te penetren con el mismo forro con el que penetraron a otro. Puede tener restos de sangre o tejidos que ingresarán a tu cuerpo.

EL FORRO:

Solo se puede romper si está en mal estado o se utiliza mal.

Puede estar en mal estado si pasó la fecha de vencimiento que figura en el envase, si se ve reseco, si estuvo expuesto al sol o a exceso de calor, o con mucho roce en algún bolsillo del pantalón.
Mal usado significa que no se abrió el envoltorio con la yema de los dedos y las uñas pudieron marcar el látex favoreciendo que reviente durante el uso. Mal usado también es colocarlo en la cabeza del pene sin dejar un reservorio en el extremo para que al acabar se pueda alojar el semen. La mayoría de las marcas traen una puntita que sobresale para contener el semen.

COLOCACION:

Solamente con el pene erecto. Si no estás circuncidado, probá hasta encontrar la forma más cómoda: tirá la piel hacia abajo o directamente colocalo sobre el prepucio, lo importante es que no quede aire en la punta. Luego desenrollalo completamente hasta la base, para que no se resbale ni se salga.

Usarlo correctamente en sexo anal significa usar siempre forros lubricados. No dudes en agregar lubricante adicional sobre el forro y lubricar previamente el ano con los dedos, esto disminuye la fricción, evita lastimaduras en la mucosa y que el forro pueda romperse.

Al acabar hay que sacar el pene antes que se ablande, sosteniendo el forro por su base con los dedos para que no se salga y se quede dentro.

Última actualización el Sábado, 30 de Agosto de 2008 23:36