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OPINION: La religión y las organizaciones gay-lésbicas Imprimir E-mail

En relación a la charla-debate realizada el 11 de Abril sobre religión y homosexualidad, publicamos el siguiente texto que fue escrito en el año 1992, para una conferencia en la primera sede de SIGLA. Durante ese año se usó como material de discusión. Lo ofrecemos ahora, diecisiete años después, con correcciones mínimas, como una contribución al debate sobre la emancipación de las minorías sexuales dentro y fuera de sus iglesias, creo que si la feligresía GLBT se manifestase como tal, aunque fuera en un grado mínimo, el fin de la homofobia estaría muy próximo.

 

LA RELIGIÓN Y LAS ORGANIZACIONES GAY-LESBICAS

 

Por Rafael Freda

 

Introducción

 

En manos de las iglesias cristianas y del Islam, la Biblia ha sido esgrimida contra los homosexuales con inmensa eficacia.

El pueblo, esencialmente religioso y profundamente avergonzado de todo lo que no sea sexualidad reglamentada, suele escuchar con atención a sacerdotes y ministros que predican una moral sexual consensuada en las cúpulas eclesiales, la que aprendieron en sus seminarios no sólo como verdad revelada, sino como un inhibidor de la imaginación: la condena se emite con absoluto menosprecio del dolor infligido al condenado. Como en la "Juana de Arco" de Bernard Shaw, los sacerdotes no son capaces de sentir remordimientos hasta no ver a la víctima en la hoguera, así sea metafórica e invisible.

Fundamentalistas y tradicionalistas se unen en el sostenimiento del odio al homosexual, a la lesbiana y a las personas transgéneros: muy pocas iglesias han variado esta situación. Los predicadores de TV y los templos multitudinarios han comenzado a utilizar la Biblia contra la nueva visibilidad de los homosexuales: el antiguo poder destructor vuelve a ser invocado. "Sodoma debe volver a arder" parece ser su consigna.

El cristianismo no tuvo una única actitud de condena a lo largo de su conflictiva historia; hay indicios de que una mayor tolerancia solía prevalecer en el primer milenio después de Cristo. Luego del endurecimiento de las posturas antihomosexuales, hubo que esperar largamente, hasta el siglo XX y la actividad teológica de varias iglesias protestantes, particularmente aquellas no mayoritarias, para que aparecieran medios donde la sensibilidad y vocación religiosa de las minorías sexuales puedan expresarse sin recibir una profunda herida de desprecio y humillación como respuesta.

Movimientos similares se produjeron en la Iglesia Católica: pero Roma ha logrado sofocar los movimientos teológicos que propugnaban una mayor tolerancia y comprensión. Las pastorales fueron ahogando diferentes reformas, y el Santo Oficio volvió a actuar, bajo el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe, para destruir las esperanzas de los católicos homosexuales.

El activismo gay-lésbico, ya en su siglo y medio de existencia, más de una vez ha intentado usar de la Biblia para defenderse o para atacar las creencias con las que se los destruía: es lo mismo que mucho antes había intentado Oscar Wilde cuando, preguntado por el juez sobre qué clase de amor se tenían él y el hijo del marqués de Queensberry, el triunfador de hasta hacía pocos meses respondió: "El mismo amor de David y Jonatán". No le valió de nada. Quizás ahora una defensa bíblica sea posible: en menos de veinticinco años, la Biblia ha dejado de ser una arma mortífera contra homosexuales y lesbianas. Contamos con algunos hechos ciertos a favor:

  1. Sodomita ha dejado de usarse, y ya no significa necesariamente “homosexual”.

  2. Jesús jamás alzó la voz contra los homosexuales.

  3. Sólo dos referencias del Viejo Testamento, y alguna del Nuevo, son condenaciones de los actos homosexuales.

  4. Solamente una o dos de San Pablo parecen condenaciones de la condición homosexual.

Todo gay o lesbiana, creyente o no, puede usar estos conocimientos en pro de un cambio que lleve a disminuir la agresión recibida de las iglesias.


El movimiento gay-lésbico (hoy GLTTB)


MARCO HISTÓRICO


El proceso por el cual las minorías sexuales (lesbianas, personas transgenéricas y homosexuales) se han ido organizando para resistir la discriminación, la opresión y la humillación solía ser llamado, en el vocabulario activista de las décadas del '60 y '70, "movimiento de liberación homosexual".

En los años '80 y '90, en plena reestructuración neoliberal, puede adecuarse más a las posibilidades reales llamarlo "movimiento de articulación de la minoría gay-lésbica".

En la década del '80, el énfasis recayó en la visibilidad e identidad. Conocer la historia puede darnos una pista de cómo actuar en los '90.

Noto cuatro fases:


1) INICIAL: el llamado "Primer Movimiento de Liberación Homosexual".


Desde la última mitad del siglo XIX, hasta 1930. Empieza con petitorios al emperador austrohúngaro, y termina con la destrucción por jóvenes hitleristas del Centro de Estudios Humanitarios de Berlín y el exilio de Magnus Hirschfeld.


2) DE CONTINUIDAD:


El paréntesis nazi sumió en la amnesia a toda la comunidad gay-lésbica, excepto en los países nórdicos, donde en 1948 ya Dinamarca, Suecia y Noruega organizan sociedades por la igualdad sexual.

En esos países hay monarcas jefes de iglesias nacionales, gobiernos socialdemócratas sostenidos por los Estados Unidos como barrera contra el comunismo, y experiencia en la defensa de sus minorías cuando fueron invadidos o rodeados por los nazis. Condiciones similares se dan en Holanda y Bélgica, que pronto tuvieron grupos homosexuales organizados.


3) DE CRECIMIENTO: el llamado "Segundo Movimiento de Liberación Homosexual".

 

En el marco de la redistribución postkeynesiana, apoyándose en su inesperado poder económico, las minorías norteamericanas descubren la disrupción social como arma de lucha. A fines de la década del 60, la minoría gay-lésbica se suma a la batalla general contra el establishment; el 28 de junio de 1969 es el día internacional del Orgullo Gay, no sólo porque Stonewall sea el comienzo de su lucha, sino porque se inicia una memoria colectiva que pronto se volverá tradición.

Estados Unidos desarrolla un capitalismo y una teoría del poder basados en la conciliación del estado de bienestar con la modernidad y el individualismo empresario. Para influir en estas nuevas democracias hay que configurar una élite sociopolítica: y eso es el "Gay Power" de Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Australia. Los países de Europa meridional, influidos por la ideología liberal francesa, incluyen una exaltación social suficiente para crear moderados estados de bienestar en Francia, Italia y luego España.

Así aparecen lugares que se vuelven mecas de migración gay-lésbica, con lo que se favorece la formación de ghettos: San Francisco, el triángulo rosa de Sidney, le Marais en París, el Soho de Londres, Ontario. En todos los casos, el ghetto es resultado de la hostilidad del resto de la nación.


4) DE EXPANSION ("Movimiento de articulación de minorías gay-lésbicas")

Década del 80. Advierto tres grandes hitos aquí:

 

a) Los setenta cierran el período de avance impetuoso, y marcan el inicio de una reacción contra la consolidación de los logros del período anterior: es simbólico que en 1978 sea asesinado Harvey Milk en San Francisco, a la vez que en 1978 se funda la ILGA en Europa.


b) Los procesos de democratización latinoamericanos producen el renacer o la aparición de organismos gay-lésbicos.

. l

c) Visibililización de la pandemia VIH/SIDA. Los organismos europeos y norteamericanos se transforman y adaptan para enfrentar la epidemia.


d) Al abrigo de la urgencia sanitaria, aparecen núcleos organizativos en Africa y Asia.

 

La formación de una nueva sique gay


Esta larga historia no produjo cambios trascendentales en la sique de los implicados, porque carecíamos de una memoria colectiva. Para aparecer, esta memoria requiere en su etapa inicial visibilidad; después conforma una tradición sociocultural.

La memoria colectiva sí impone cambios en la estructura síquica de los individuos, y da conciencia de sí y de grupo. El modo de necesitar, enfrentar y adoptar lo religioso también se hace consciente. Muchas lesbianas y homosexuales de firme religiosidad cristiana han terminado apartándose de sus iglesias por sentirse rechazados; otras veces, sin que se produzca conflicto abierto, se apartan por la creciente discrepancia entre sus estilos de vida y la realidad que pueden mostrar. En muchos casos la causa fue simplemente detestar las normas ético-sexuales allí impartidas.

Los organismos gay-lésbicos de Europa, en principio culturales y sociopolíticos, tardaron en dar respuestas religiosas. Las organizaciones escandinavas de igualdad sexual, fundadas a fines de la Segunda Guerra Mundial, no generaron conflictos de monta con sus iglesias: fueron creando una conciencia que produjo cambios en la dirigencia política, facilitados porque la jefatura de las iglesias nacionales está en las Coronas.

En los Estados Unidos la respuesta religiosa fue más rápida, porque el arma allí no es la persuasión sino la disrupción social; el método no es la reestructuración social sino la confrontación. Las minorías sexuales produjeron casi simultáneamente la fundación de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (1968) y la revuelta de Stonewall (1969).


Los procesos de cambio social del siglo XX


El último siglo ha presenciado grandes cambios en la sexualidad humana; lesbianas, trans y homosexuales, al emerger a la visibilidad a lo largo y ancho del mundo en los últimos veinte años, forman el último fenómeno de una cadena que conduce a su conformación como minoría sociocultural.

El proceso de desarrollo de esa identidad es desigual; pero hay ciudades e incluso naciones donde una segunda y aún una tercera generación de lesbianas y homosexuales han podido ya vivir libremente su sexualidad manteniendo la memoria colectiva de la existencia de su tradición.

Es una culminación de un largo siglo de intensos cambios sociales que se aceleraron con la entrada en escena de la mujer. Los cambios cívicos paralelos fueron incluyendo a sectores vez mayores sectores de la población, hasta dejar fuera sólo a las minorías raciales, culturales, religiosas y sexuales.

Durante toda la primera mitad del siglo XX se impusieron las grandes mayorías, nucleadas en torno de líderes o lemas de alta convocatoria. Fue una época favorable tanto al totalitarismo como a la uniformización: las minorías fueron abrumadas en la Europa totalitaria (Alemania, Italia, España, la Unión Soviética) y en las democracias aliadas.

Los cambios en la sexualidad de la mayoría continuaron: se produjeron experimentos sociales y cívicos, como los "matrimonios por consenso" norteamericanos, y se extendieron diversas formas de divorcio.


Iglesia y estado liberal


En el período que va de las Revoluciones Nacionales en América y la Revolución Francesa en Europa hasta fines del siglo XIX el cambio en sexualidad acelera lenta pero pausadamente: Whitman pudo celebrar en 1860 la sexualidad de la democracia.

Ese fin de siglo impresiona: Divorcio, monogamia, poligamia, concubinato, educación sexual, prostitución, sexo infantil y las variantes proscritas de la sexualidad pasaron a ser objeto de estudio científico. La antropología, la sicología, la medicina, la pedagogía violaron el tabú. Al fin surgió la sexología como disciplina cuyo objeto estaba formado por la multiplicidad de fenómenos sobre los que recaía el tabú sexual.


El concepto de homosexualidad y los homosexuales.


El concepto de homosexualidad fue una construcción que unía muchos fenómenos distintos: actos y condiciones, circunstanciales y permanentes, incidentes y estilos de vida.

Confluyó con el primer movimiento de liberación gay-lésbico, que quiso apoderarse del método sexológico: pero Freud derrotó a Magnus Hirschfeld en términos que son el origen de la brecha entre liberación homosexual y sicoanálisis, herida aún no cicatrizada.

Los y las homosexuales se encaminaban al Holocausto, que les daría una conciencia de grupo indeleble. Los jueces no solían ser demasiado crueles, gracias a la prédica de innatismo de Hirschfeld, pero los números de caídos son enormes, y hace muy poco que Europa comenzó, sin mayor voluntad, a admitir triángulos rosas y triángulos negros en los monumentos de los aniquilados. Hace apenas cinco años que se colocó el primer recordatorio en Austria; Francia aún no quiere edificar un monumento a sus miles de deportados.

Este desprecio hacia quienes murieron como grupo terminó por convencer a los sobrevivientes de que debían vivir como grupo. El camino hacia la visibilidad y la minoría estaba abierto; el choque con la dictadura de las mayorías era seguro.


Las iglesias ante el liberalismo


En el siglo XIX la mayoría de las Iglesias habían celebrado con sus estados acuerdos de separación o de no ingerencia.

La aceleración del cambio hizo que muchas iglesias cristianas se replantearan la interrelación de iglesia y sociedad, y se formulasen estrategias para influir en el cambio social. A partir de las revoluciones del siglo XIX, las iglesias tuvieron que adaptarse al cambio o luchar contra él.

Las normas de conducta y convivencia enunciadas por los filósofos escoceses de Edimburgo, Hume y Smith, están en la raíz de la Constitución norteamericana, junto con la Enciclopedia francesa: según predominase una u otra raíz se estableció un diferente tipo de liberalismo, y cada uno originó su formación política particular. La ideología francesa, con su romántico culto por el grupo, hizo surgir partidos obreros: la socialdemocracia y el socialcristianismo tienen este origen. La ideología escocesa hizo surgir capitalismos individualistas en Inglaterra y los Estados Unidos. Ambas filosofías modelaron formas distintas de enfrentar el problema religioso; pero ambas tienden a ampliar las áreas de afirmación de la libertad, incluyendo la sexualidad. La ideología liberal francesa es más clara: desde el siglo XIX, la sexualidad pertenece a las acciones privadas. Antes estaba públicamente reglamentada, con las iglesias como custodio del código de normas de sexualidad y árbitro de un sistema de premios y castigos.


Las distintas iglesias ante la sexualidad individual


Los altos prelados católicos tienen la arraigada convicción de que ninguna de ambas vertientes del liberalismo ha logrado conquistar las mentes del pueblo en esta tierra. Creen poder, a través del magisterio de sus instituciones, establecer una convivencia social predecimonónica, donde la sexualidad esté reglamentada. En otras sociedades una iglesia puede flexibilizar su doctrina de sexualidad reglamentada reinterpretando su doctrina y reformulando su teología. La Iglesia Luterana Danesa llegó a admitir la existencia de ministros abierta y activamente homosexuales en sus filas.

En otras iglesias, la cúpula eclesiástica resiste la tendencia a flexibilizar el cambio social e incrementa su actividad magisterial. Chocan reformistas y tradicionalistas, como ahora en la Iglesia Anglicana por la ordenación de mujeres.


Tradicionalismo y fundamentalismo


El tradicionalista es un conservador institucionalizado, que busca el restablecimiento de la sexualidad regimentada. El fundamentalista busca igual meta, pero con estridencia y extremismo. Ambos recurren a voceros para difundir el conjunto de normas que defienden como credo en sexualidad y para combatir toda otra norma alternativa. La difusión de estas ideas siempre es emocional, sin discusión teológica. Tal debate se reserva para los integrantes de la iglesia, especialmente sus capas superiores e intelectuales: tanto la Iglesia Católica como la Grecoortodoxa han reservado la discusión teológica a las cúpulas, y a la feligresía se les suministra un conjunto normado y consensuado que suele denominarse "magisterio constante".

Otras iglesias llevan el debate hacia sus bases; todas, en mayor o menor grado, deben dar fundamento teológico a sus afirmaciones, ya que su capacidad de persuadir a los religiosos jóvenes, intelectuales y cuestionadores de los que surgirán las siguientes cúpulas dirigentes depende de la convicción que puedan dar a sus argumentos.

La Biblia no reglamenta la sexualidad, sino que los sacerdotes, pastores y ministros cristianos de las diversas iglesias han recurrido a ella en mayor o menor medida para dar cimiento a sus afirmaciones. Las denominaciones protestantes, donde el acceso individual a la Biblia forma parte de lo fundacional, han sostenido debates desde hace mucho sobre la fundamentación bíblica de las normas en sexualidad; estas iglesias protestantes son numéricamente poderosas en las naciones de alta industrialización: Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos de América. Sólo unas pocas naciones mayoritariamente católicas son potencias industriales: Francia, Italia, y ahora España.

En las naciones protestantes el debate se facilita por la pluralidad de denominaciones. Ha sido intenso y disímil, y en general ha sido favorable al abandono de la intangibilidad de la reglamentación de la sexualidad: estas iglesias han buscado un compromiso entre la realidad social liberal (donde la sexualidad cae en el ámbito privado) y el ámbito eclesiástico (de sexualidad reglamentada) y han hallado diversas bases teológicas para sus prédicas. Las iglesias tolerantes en cuanto a homosexuales y la lesbianas han encontrado cimientos teológicos en la Biblia. En otro camino, la Iglesia Anglicana ha encontrado justificación teológica a favor de la ordenación femenenina.

Un número importante de iglesias menores, incluso sectas y comunidades religiosas, se han visto estimuladas a la investigación bíblica como medio de catequización y captación de fieles.

En los países donde la Iglesia Católica ha perdido parte de su reputación y prestigio se produce una proliferación de sectas más o menos estructuradas en torno de líderes carismáticos, al abrigo de la democratización producida en la última década en Hispanoamérica, que asegura respeto a las constituciones liberales que suelen incluir libertad de expresión y de cultos.

Antes sólo los predicadores recurrían a citas directas de la Biblia; los sacerdotes católicos se apoyaban en su magisterio, en la patrística y en la autoridad de la Santa Sede. Ahora los fundamentalistas civiles, militarares y religiosos echan mano de creencias y frases acuñadas sobre la sexualidad, y citan como autoridad de respaldo a la Biblia.

La organización eclesiástica de homosexuales y lesbianas ha efectuado también exégesis bíblicas para fundamentar sus propias posiciones, y confrontar con las posiciones tradicionales.


Conclusión


El estudio de la Biblia se ha vuelto una necesidad para quienes comprendemos que la religión es una de las fuerzas más poderosas de la civilización humana y que es imposible actuar en pro de cambios sociales de trascendencia en los países católicos sin al menos una base de entendimiento con las diversas iglesias.

No debemos rechazar todo contacto con las Iglesias represoras, sino conocer la fundamentación sobre la cual han erigido sus estructuras ideológicas; esto no las hará cambiar, pero podremos contrarrestar su propaganda antisexual y contrarrestar su efecto deletéreo en gays, trans y lesbianas sensibles a la religión y a la Biblia como creación espiritual, literaria y ético-moral. El laicismo, hijo del liberalismo del siglo XIX, nos provee un escudo contra agresiones, pero no nos permite avanzar en la persuasión de aquellos con quienes debemos convivir y cuyo parecer nos importa.

La mayor o menor facilidad con que las organizaciones gay-lésbicas puedan contribuir al cambio sociocultural de sus países estará en cierta medida determinada por su capacidad polémica en ámbitos morales y religiosos, y a su vez esa capacidad estará determinada por los conocimientos fácticos que tengamos de la Biblia. Hacia la feligresía, los voceros magisteriales difunden el consenso logrado sobre la interpretación bíblica, de acuerdo con las tradiciones de sus respectivas iglesias, por medios emocionales.

Las voces de predicadores y sacerdotes en los medios de comunicación nos transmiten, no la interpretación teológica, sino el consenso anterior a la discusión. Tradicionalistas y fundamentalistas se unen en el odio a la homosexualidad, pero los unos son alcanzables intelectualmente; los otros son irracionalmente emocionales.

La intelectualidad de las iglesias debería ser sensible a la persuasión: si se puede demostrar que la exégesis sobre las que basan sus prédicas no tienen fundamento comenzará la erosión del poder tradicionalista de las cúpulas.

Última actualización el Domingo, 14 de Junio de 2009 17:17