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Hasta siempre Ricardo Fort, que estés bien Imprimir E-mail
Escrito por Mirta Granero   

(Este artículo de opinión fue escrito por Mirta Granero, Vicepresidenta de la Federación Sexológica Argentina.)

Así despedí, en el año 2009, en un artículo en colaboración con Silvana Musso a Michael Jackson. Así despido hoy a Ricardo Fort.  Porque sus historias y sus muertes se asemejan. Porque los dos al planificar, crear y vivir sus vidas, estaban planificando, creando y convocando  de una manera similar sus propias muertes.

 

Ambos fueron varones maltratados por sus padres (uno  abusado  y violado, y el otro discriminado y avergonzado).

No pudieron amarse a sí mismos porque no fueron amados, ni lograron cuidarse porque no fueron cuidados.

M. Jackson más descuidado y maltratado en lo físico, que repercutió en lo emocional. R. Fort más descuidado y maltratado en lo emocional, que repercutió en lo físico.

Los dos quisieron cambiar su aspecto corporal. Ser otros. No parecerse a aquel a quien el padre no quería ni respetaba. Los dos tuvieron madres débiles a las que  quedaron ligados afectivamente para poder sobrevivir, sin darse cuenta de que fueron madres (ambas) que no supieron ni pudieron defenderlos y se quedaron junto al agresor. M. Jackson eligió a esa madre que no pudo parar los abusos sexuales para que cuidara de sus hijos y R. Fort lloraba por esa madre que pudo aceptar que se lo discriminara a tal punto que  se exilió, por esa madre que envejecía y temía perder.

Existe una teoría dentro de la psicología transaccional, desarrollada por el psiquiatra Thomas A. Harris, que habla de tres elementos: el padre, el adulto, y el niño, y de las categorizaciones que hacemos según como hayan sido estas interrelaciones en nuestra infancia

Dice esta teoría que los seres humano creamos categorizaciones de nosotros mismos y de los demás. No siempre están totalmente adecuadas a lo que se vivió pero están creadas en base a cómo nos fuimos sintiendo en la vida, a qué imagen tenemos de nosotros y de los otros. Dependen fundamentalmente de cómo fuimos tratados en la infancia y tienen que ver con esos tres elementos: Padre, adulto, niño. Esas etiquetas son acerca de cómo estamos afectivamente y clasifican a uno mismo y a al otro según cómo se esté: estando bien o  estando mal.

Surgen de allí cuatro categorizaciones:

1- Yo estoy mal,  tú estás bien

2- Yo estoy mal,   tú estás mal

3- Yo estoy bien, tú estás bien

4- Yo estoy bien, tú estás mal

Quien se clasifique  en la categoría  1 se convertirá en una persona desvalorizada, insegura, temerosa. Sentirá que no sirve para nada, que todo lo que dice y hace está mal. Sólo estará bien lo que hacen y dicen los otros. Nunca confiará ni en sus potencialidades ni en sus percepciones. Será un fracasado.

Si se clasifica en la categoría 2, sentirá que ni él ni los otros valen nada. Será un depresivo, desesperanzado. También puede ser un suicida. Se odiará a si mismo y a los demás. (Cesare Pavese dijo que los suicidas son homicidas tibios).

El que se enrole en la categoría 3 será una persona feliz, segura, optimista, con grandes esperanzas. Estará conforme de él y de quienes lo rodean. Pensará que lo malo pasa rápido y sentirá que siempre algo bueno sucederá. Si se equivoca no se inmolará ni siquiera con sus pensamientos. Pensará que equivocarse es humano y  volverá intentar con la idea de hacer las cosas mejor. Cuando sus intentos den buenos resultados se felicitará. No necesita la aprobación de todos; ya fue aprobado y valorizado de niño y eso le hizo saber que tiene capacidades para desempeñarse bien. Será una persona alegre con buena calidad de vida.

Si se clasifica en la categoría 4 (y en ella se clasificaron M. Jackson y R. Fort) esta clasificación será una defensa contra la adversidad. Su ego se agrandará de una manera anormal. Querrá sobresalir en todo y pretenderá que todos lo aplaudan. Mostrará exageradamente lo que hace y tiene. No confiará en nadie más que en él mismo. Este tipo de personalidad fue estudiado por el psicólogo Alfred Adler en su teoría acerca de cómo un complejo de inferioridad se transforma en uno de superioridad.

Quienes se etiquetan en las categorías  1,3 y 4 son personalidades disfuncionales psicológicamente. Las heridas recibidas en su infancia, pubertad y adolescencia dejan cicatrices imposibles de borrar. M Jackson y R. Fort, etiquetados por ellos mismos como 4, cambiaron hasta su aspecto corporal para “sentirse bien” con cantidades de  cirugías, sin medir las consecuencias sobre la salud. No confiaron más que en ellos mismo y lograron destacarse en una búsqueda de ser queridos, a costa de maltratar a sus físicos y a sus vidas. Descollaron porque ambos tenían una inteligencia mental superior, pero carecían de inteligencia emocional para acompañar al intelecto.

Los dos fueron malos pacientes. Cambiaron de médicos en forma constante. Alguien dijo que el que tiene un médico es una persona atendida. Que quien tiene dos médicos sólo está atendido la mitad y el que tiene muchos médicos está solo con su enfermedad.

M. Jackson cambió médicos hasta que encontró quien le recetara los estupefacientes que causaron su muerte. R. Fort también buscó hasta encontrar aquéllos que lo operaran  y le recetaran lo que él creía que necesitaba y murió porque su cuerpo ya no resistió más todo lo que hizo con él. Uno cambió el color de su piel, transformó su rostro.  El otro se colocó pectorales, nalgas, mandíbula,  se hizo intervenir muchas veces la columna. Quedó parecido a un superhombre. Tal vez con la fantasía de ser amado, y respetado.

Los dos gays, aparentemente con algunos períodos de bisexualidad,  no confiaron en una mujer para madre de sus hijos. Alquilaron vientres y bajo las leyes de EE.UU.  borraron la identidad de las mamás. Tuvieron hijos sin madres, para  que fueran sólo de ellos y de nadie más.

Los dos fueron solidarios y ayudaron a otros (y de esto no hicieron alarde)

Los dos murieron jóvenes, a edades parecidas. Y las muertes fueron por el ataque que habían infligido a sus cuerpos.

Desde que se nace se va construyendo la personalidad y son los padres los que moldean a sus hijos. Quienes tienen hijos deben adquirir consciencia del amor que éstos necesitan. No debe importar si el hijo es gordo o flaco, bajo o alto, gay, bisexual , trans . Un hijo es parte de uno mismo  y tan valioso y único  como puede serlo un Picasso. Nadie más será como él, con sus virtudes y sus defectos. Para ser feliz y crecer sanamente necesita una gran dosis de amor, comprensión y aceptación. Necesita respeto, cuidado y ser amado por lo que es.

En el maltrato físico a M. Jackson y en el maltrato psicológico a R. Fort se fueron gestando las personalidades que tuvieron y desencadenaron sus muertes. Los dos fueron víctimas y  ellos sus propios victimarios porque copiaron, sin darse cuenta, los modelos de los padres agresores. Fueron sus padres quienes les enseñaron a agredirse. Los dos murieron porque estaban mal y no bien como ellos creían,

¡Hasta siempre Ricardo Fort! ¡Que estés bien! Te despido como despedí a M. Jackson. Yo no se si existe un más allá de esta vida, pero si existe, tal vez  haya estado Michael esperándote  para el abrazo y el llanto sincero que es posible que los dos hayan estado necesitando.

Mirta Granero

Miembro fundador de ARESS-Kinsey

Vicepresidenta de FESEA

Última actualización el Domingo, 22 de Diciembre de 2013 14:15