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¿Qué porcentaje de la población es homosexual? Imprimir E-mail

La orientación sexual tiene tres componentes: la atracción que se siente por otra persona, las conductas sexuales en que uno se involucra con esa otra persona, y la identidad sexual o autodenominación. En la epidemia VIH sólo importa la conducta; pero creo que lo único que lo transforma a uno en homosexual o gay (o en lesbiana) es la capacidad de enamorarse de un hombre (o de una mujer). Y ahí baja de golpe el porcentaje.

CURRENT DIRECTIONS IN PSYCHOLOGICAL SCIENCE 2006 Volume 15—Number 1

¿Quién es Gay? ¿Importa?

Ritch C. Savin-Williams

Cornell University

Address correspondence to Ritch C. Savin-Williams, Human Development, Cornell University, Ithaca, New York 14853;

e-mail: rcs15@ cornell.edu.

 

RESUMEN—Para responder la pregunta ‘‘¿Quién es gay?” y su consecuencia lógica,, ‘‘¿Importa?’’, los investigadores generalmente definen la homosexualidad en relación con uno de los tres componentes o expresiones de la orientación sexual: la atracción sexual/romántica o excitación, la conducta sexual, y la identidad sexual. Sin embargo, los tres componentes están imperfectamente correlacionados y son inconsistentemente predictivos el uno del otro, lo que da como resultado conclusiones disímiles en cuanto a la cantidad y naturaleza de las poblaciones homosexuales. Dependiendo de cuál es el componente estudiado, la tasa de prevalencia de la homosexualidad en la población general va de 1 a 21%. Cuando los investigadores definen la población homosexual tomando como base la conducta con el mismo sexo o la identidad, realzan la posibilidad de encontrar una base biológica para la homosexualidad y para una salud mental comprometida (suicidalidad).

KEYWORDS—gay; sexual orientation; sexual behavior; sexual identity; sexual/romantic attraction

Calcular el número y las características de los individuos homosexuales se ha vuelto una empresa científica frecuente, con ramificaciones políticas, clínicas y científicas. Históricamente fue considerado un fenómeno raro y un tipo de desviación moral y mental, pero la homosexualidad presenta una oportunidad única en su género para que los investigadores modernos exploren ampliamente las influencias biológicas, clínicas y sociales sobre los aspectos de desarrollo de la sexualidad y el género. La investigación resultante, sin embargo, en general ha pasado por alto un tema fundamental: el modo en que se define la homosexualidad puede determinar resultados empíricos. Aquí me concentro en tres posibles consecuencias: la prevalencia de la homosexualidad en la población general, la base biológica de la homosexualidad, y las características clínicas atribuidas a los individuos homosexuales.

 

COMPONENTES DE LA ORIENTACIÓN SEXUAL

 

La cuestión de a quién le corresponde estar en cuál grupo sexual de población, y tomando qué como base, es central para cualquier paradigma viable de la investigación en orientación sexual (Diamond, 2003a; Savin-Williams, 2005).

Sin embargo, se han propuesto pocas respuestas definitivas relativas a la base teórica apropiada o a los medios empíricos apropiados de definir la orientación sexual, lo que ha dado como resultado poco consenso en qué constituye ‘‘un homosexual’’ y, por consiguiente, en qué reservas tener en cuanto a la generalizabilidad de los resultados de la investigación pasada. Se han propuesto tres componentes o expresiones de la orientación sexual: la atracción sexual/ romántica, la conducta sexual y la identidad sexual (véase Tabla 1 para definiciones y mediciones).

 

TABLA 1

Componentes de la Orientación Sexual y Ejemplos de Preguntas para Determinarla

Componente

Definición

Preguntas

Atracción Sexual/romántica

 

 

 

 

 

 

 

Conducta Sexual

 

 

 

 

 

Identidad Sexual

Atracción hacia un sexo o deseo de tener relaciones sexuales o estar en una relación primaria sexual y amorosa con un sexo o con los dos

 

 

 

 

‘‘Cualquier actividad mutuamente voluntaria con otra persona que involucre contacto genital y excitación sexual, esto es, sentirse realmente excitado, incluso si la penetración o el orgasmo no se producen’’ (Laumann et al., 1994, p. 67)

 

 

 

Rótulos personalmente seleccionados, vinculados a la sociedad y la historia, que se ascriben a las percepciones que y significados que los individuos tienen sobre su sexualidad

‘‘En una escale de 1 a 4, donde 1 es muy atractivo y 4 es nada atractivo, ¿qué puntaje le daría a cada una de estas actividades: . . . tener sexo con alguien del mismo sexo?’’ (Laumann, Gagnon, Michael, & Michaels, 1994, p. 293) ‘‘¿Tuvo usted alguna vez una atracción romántica por un varón? ¿Tuvo alguna vez una atracción romántica por una mujer?’’ (Udry & Chantala, 2005, p. 484)

 

 

 

‘‘¿Tuvo alguna vez una relación con alguien de su mismo sexo que haya dado como resultado un orgasmo sexual?’’ (Eskin, Kaynak-Demir, & Demir, 2005, p. 188)

 

 

‘‘Elija entre estas seis opciones: gay o lesbiana; bisexual, pero principalmente gay o lesbiana; bisexual, igualmente gay/lesbiana y heterosexual; bisexual, pero principalmente heterosexual; heterosexual; y estoy inseguro, no sé con certezae.’’ (D’Augelli, Hershberger, & Pilkington, 2001, p. 252)

‘‘¿Usted de sí mismo piensa que es heterosexual, homosexual, bisexual, o alguna otra cosa?’’ (Laumann et al., 1994, p. 293)

Nota. nLa orientación Sexual es la preponderancia de excitaciones eróticas, sentimientos, fantasías y conductas que se tienen por varones, por mujeres, o por ambos.

 

Cuando los investigadores estudian la cantidad o las características de los individuos homosexuales, fundan sus resultados en un solo componente de la orientación sexual: generalmente, la identidad. Este abordaje, sin embargo, excluye muchos individuos orientados hacia el mismo sexo y identifica erróneamente a algunos heterosexuales, tomándolos por homosexuales. Los que se autoadscriben a un rótulo gay/lésbico no son ni exhaustivos ni representativos de aquellos que tienen orientación por el mismo sexo. Si “homosexual” es establecido por la atracción del mismo sexo, no hay consenso sobre qué proporción de las atracciones de un individuo deben dirigirse hacia otros del mismo sexo, o qué grado de intensidad deben tener esas atracciones, para que se cuente al individuo como homosexual. Si “homosexual” se define por conducta con el mismo sexo, se omite a los gays vírgenes, se cuenta erróneamente a los heterosexuales que se involucran en conductas con el mismo sexo por razones distintas que la excitación sexual preferencial, y se excluyen a los que tienen atracción por el mismo sexo que solamente tienen relaciones con el sexo opuesto. Sin embargo, si “homosexual” se define por un rótulo identitario, se omite a quienes experimentan excitación con el mismo sexo o que se involucran en conducta sexual con el mismo sexo pero que no se identifican como gays o lesbianas.

En las ciencias biológicas y de la salud, la orientación sexual generalmente se infiere tomando como base la orientación sexual durante el año anterior o desde la pubertad. Una sola instancia de conducta sexual con el mismo sexo coloca a un individuo en la categoría homosexual, dando muy poco consideración al contexto sexual a qué constituye sexo, a la deseabilidad o disfrute del sexo, o a la frecuencia del sexo. Por contraste, en las ciencias sicológicas y sociales la orientación sexual se determina generalmente por la identidad sexual (gay, lesbiana, bisexual, heterosexual). Rara vez se explora qué significan estos términos o si el rótulo identitario refleja la excitación sexual, la conducta o la atracción.

Los resultados de la investigación proveen pocas respuestas a preguntas relativas a qué componente es el más esencial de todos para determinar la orientación sexual, en parte porque rara vez se hacen distinciones empíricas entre ellos. Los consumidores de la investigación quedan en la incertidumbre en cuanto a si los componentes están midiendo los mismos constructos o diferentes, o en cuanto a si estas distinciones importan.



PREVALENCIA DE LA HOMOSEXUALIDAD

 

A través de múltiples culturas, grupos etarios y sexos, las tasas de homosexualidad varían tomando como base qué componente de la orientacións sexual se establece (Tabla 2). En general, pedir información sobre atracción da origen a la más grande prevalencia de homosexualidad, que ocasionalmente duplica o triplica la proporción de individuos que informan conducta del mismo sexo o se identifican a sí mismos como gays/ lesbianas/ bisexuales. A su vez, los informes de conducta del mismo sexo generalmente exceden los de identificación homosexual identification. La mayoría de los individuos atraídos a su propio sexo o que se involucran en conducta sexual del mismo sexo no se identifican como homosexuales (Laumann, Gagnon, Michael, & Michaels, 1994).

Esta disimilaridad en tasas de prevalencia se refleja todavía más en las respuestas inconsistentes de la gente ante los diferentes componentes dentro de un estudio y y la inestabilidad de sus respuestas con el curso del tiempo. Varios estudios establecieron más de una dimensión; las correlaciones resultantes cubrieron la gama de lo extremadamente bajo (0.10) a lo alto (0.79; e.g., Eskin, Kaynak-Demir, & Demir, 2005). Entre los adultos estadounidense, solamente el 20% de los que eran homosexuales en una dimensión eran homosexuales en las otras dos dimensiones; el 70% respondió de un moco consistente con la homosexualidad en solamente una de las tres dimensiones (Laumann et al., 1994). La investigación de Diamond (2003b) destaca el problema de la inestabilidad. A lo largo de 7 años, casi dos tercio de las mujeres cambiaron su identidad sexual al menos una vez, a menudo porque el rótulo no capturaba adecuadamente la diversidad de sus sentimientos románticos y sexuales. En el conjunto de datos del estudio longitudinal Add Health, de los muchachos de Wave I que indicaron que tenían atracción romántica exclusiva del mismo sexo, solamente el 11% informaron atracción del mismo sexo exclusiva un año más tarde; el 48% informó solamente atracción por el sexo opuesto, el 35% no informaron atracción hacia ningún sexo, y el 6% informaron atracción hacia ambos sexos (Udry & Chantala, 2005).

Así, los individuos clasificados como homosexuales en un estudio puede no ser designados así en otro, lo que da origen a la posibilidad de resultados discrepantes entre investigaciones, incluyendo conclusiones divergentes en cuanto a la base biológica de la homosexualidad.

 

TABLA 2

Prevalencia de Homosexualidad Entre Mujeres y Varones en Cuatro Países, Separados por Componente de Orientación Sexual

 

Atracción

Conducta

Identidad

País

Mujer

Varón

Mujer

Varón

Mujer

Varón

Estados Unidos:

 

 

 

 

 

 

 

Jóvenesa

6%

3%

11%

5%

8%

3%

 

Adultos jóvenesb

13%

5%

4%

3%

4%

3%

 

Adultosc

8%

8%

4%

9%

1%

2%

Australia:

Adultosd

17%

15%

8%

16%

4%

7%

Turquia:

Adultos Jóvenese

7%

6%

4%

5%

2%

2%

Noruega:

Adolescentesf

21%

9%

7%

6%

5%

5%

Note. aMosher, Chandra, & Jones, 2005; bSavin-Williams, 2005; cLaumann, Gagnon, Michael, & Michaels, 1994; d Dunne, Bailey, Kirk, & Martin, 2000; eEskin, Kaynak -Demir, & Demir, 2005; fWichstrom & Hegna, 2003

BIOLOGÍA DE LA HOMOSEXUALIDAD



Las teorías biológicas de la homosexualidad frecuentemente advierten su asociación con características comportamentales y de personalidad genéricamente atípicas: ‘‘mariquitas [sissy boys]’’ y ‘‘varoneras [tomboy girls].’’ En particular, las teorías neuroendocrinas proponen que la homosexualidad se debe a la generización atípica de estructuras cerebrales relevantes in utero y que las hormonas prenatales afectan la dirección tanto de la propia sexualidad como de la expresión genérica. En su reseña, Bailey y Zucker (1995) sacaron la cnclusión de que la asociación (tamaño de efecto) entre homosexualidad y no conformidad genérica es una de las más grandes que se hayan encontrado en la literatura sicológica (en un grado menor entre mujeres). Los ‘‘mariquitas [Sissy boys]’’ son casi siempre gays y las ‘‘varoneras [tomboy girls]’’ son desproporcionadamente lesbianas. Aunque se desbatieron los factores de confusión potencial de la asociación entre homosexualidad y no conformidad genérica (expectativas de información, propiedades sicométricas de las escalas de género atípicas), no se consideró si la expresión de género variaba tomando como base la dimensión de orientación sexual estudiada.

Un estudio posterior exploraba explícitamente la relación entre homosexualidad y no conformidad genérica en una muestra nacional de mellizos australianos (Dunne, Bailey, Kirk, & Martin, 2000). Como era de esperar, la atipicidad genérica llegó a su punto más alto entre los individuos autoidentificados gays y a su punto más bajo en individuos que se identificaban como heterosexuales. Lo que resultó más interesante es que entre los individuos que se identificaban como homosexuales, los que informaban algún grado de atracción del mismo sexo eran más genéricamente atìpicos que aquellos que informaban involucrarse en conductas ocasionales con el mismo sexo, y aquellos con algo de atracción por el mismo sexo y alguna conducta con el mismo sexo eran más genéricamente atípicos que los que solamente informaban uno de estos dos componentes. Como casi todos los individuos que se identificaban como gays también informaban atracción y conducta por el mismo sexo, una implicación es que estos ‘‘verdaderos gays’’ tienen una base neuroendocrina para su orientación sexual, lo que se manifiesta en su no conformidad genérica. Desde esta perspectiva, los individuos identificados como heterosexuales con atracción y/o conducta del mismo sexo no son ‘‘falsos gays’’ sino ‘‘menos gays,’’ y ocupan varios puntos a lo largo del espectro homosexualidad–heterosexualidad. Estos individuos pueden probablemente estar menos programados biológicamente en su sexualidad (o sentir la atracción del mismo sexo con la misma fuerza) que) los que se autoidentifican gays. De modo alternativo, pueden ser igualmente homosexuales pero llegar a a ese estado por una ruta diferente. Por ejemplo, los factores biológicos no involucrados en la expresión genérica podrían afectar su sexualidad, o los factores biológicos que dirigen la homosexualidad podrían perder la ventana temporal crítica necesaria para afectar la expresión de género. La asociación entre ahomosexualidad y no conformidad de género puede también tener un componente cultural: Aquellos que son extremadamente variantes en género se identifican como gays porque las expectativas culturales son que mariquitas [“sissies”] y varoneras [tomboys] deben ser gays. De modo alternativo, estos individuos están tan impulsados biológicamente en su sexualidad del mismo sexo que la cultura está meramente interpretando correctamente las claves que expresan género.

De este modo, la investigación que vincula la homosexualidad con influencias biológicas puede estar preparando de antemano sus resultados al reclutar solamente sujetos que se identifican o se comportan como gays, que son los que más probabilidad tienen de manifestar altos niveles de atipicidad genérica (indicativa de una causa biológica). Cuál es el componente de la orientación sexual que se está estudiando puede también dar forma a las percepciones en cuanto al estatus de salud mental de los individuos homosexuales.

 

SALUD MENTAL DE INDIVIDUOS HOMOSEXUALES

 

Los investigadores a lo largo de los pasados 30 años han documentado el considerable apoyo empírico que vincula las poblaciones homosexuales con diagnósticos clínicos tales como depresión, ansiedad, abuso de sustancias y suicidalidad (Meyer, 2003). Con tasas de intento de suicidio que a veces triplican las de los heterosexuales, los individuos homosexuales se entiende que experimentan una espiral de victimización personal, discriminación social y estigmatización cultural a lo largo de toda su vida, sin fuentes de apoyo: y todo esto alcanza su pico crítico de desarrollo durante la adolescencia. El resultado es ‘‘estrés de minorías’’ y, en última instancia, problemas de salud mental. Aunque el apoyo empírico para este sendero causal es más circunstancial que concluyente, la mayoría de los investigadores definen su población homosexal tomando como base la identificación gay o el involucramiento en conductas sexuales con el mismo sexo. Como casi la mitad de todos los gays autoidentificados se involucran en conducta sexual con el mismosexo pero la mayoría de los individuos que se involucran en conducta sexual con el mismo sexo no se identifican como gays, una hipótesis es que el factor crítico de riesgo que impulsa la relación entre la homosexualidad y la salud mental no es la identificación sexual sino la conducta sexual, lo que es consistente con lo que se sabe sobre factores de riesgo entre los adolescentes heterosexuales (Savin-Williams & Diamond, 2004). Por ejemplo, entre una muestra representativa de juventud norteamericana (Youth Risk Behavior Survey), el comportamiento sexual de alto riesgo (sin tomar en cuenta género de la pareja: sexo antes de los 14 años, al menos cuatro parejas, sexo inseguro) fue un mejor predictor de intentos de suicidio que otros factores tales como conducta violenta, uso de drogas, alimentación perturbada, problemas de mala bebida y fumar tabaco, con una razón de probabilidad (5.0) que duplicaba la del siguiente factor más alto para intentos de suicidio tratados médicamente (Miller & Taylor, 2005). La relación entre sicopatología y el tercer componente, la atracción sexual/romántica y excitación, en general ha sido ignorada.

De moco consistente con este retrato de la naturaleza riesgosa de la conducta sexual del niño/adolescente, se descubrió en una muestra representativa de la juventud noruega que quiernes se involucraban en conducta sexual con el mismo sexo cuadruplicaban la probabilidad de los jóvenes heterosexuales en cuanto a intentar suicidio (15% vs. 4%). Los adolescentes con atracción por el mismo sexo e identidad (9% each) también tuvieron más probabilidades de intentar suicidio, pero de un modo menos espectacular. La correlación entre atracción e identidad duplicó la correlación entre cualquiera de los dos factores y la conducta sexual con el mismo sexo, y cuando los tres se usaron para predecir intentos de suicidio, solamente el contacto sexual fue significativo (Wichstr�m & Hegna, 2003). Sin embargo, otro estudio demostró que no era la conducta sexual con el mismo sexo per se lo que estaba relacionado con suicidalidad elevada sino una edad temprana de iniciación sexual, una gran cantidad de parejas sexuales, y actitudes o conductas permisivas relacionadas con el sexo inseguro (Savin-Williams & Ream, 2003). Aunque siguen siendo especulativas las razones por las cuales las actividades del mismo sexo tempranas, frecuentes e inseguras son de naturaleza riesgosa, éstas actividades pueden ser peligrosas del mismo modo en que la conducta sexual lo es para los heterosexuales: como expresión de un síndrome clínico más general caracterizado por conductas socialmente inaceptable, rebelión e impulsividad.

Así, distinguir entre componentes de la orientación sexual ofrece una perspectiva alternativa a la posición de que la homosexualidad es inherentemente patológica o que la reacción de la sociedad a la sexualidad del mismo sexo impulsa a los jóvenes gays y lesbianas a intentar el suicidio. Los investigadores previos probablemente sobremuestrearon aquellos jóvenes que estaban más en riesgo: adolescentes que se involucraban en conductas del mismo sexo peligrosas.

 

IMPLICACIONES



Dependiendo de a cuál componente de la orientación sexual se haga referencia, se pueden extraer diferentes conclusiones sobre la tasa de prevalencia, la etiología y el perfil de salud mental de las poblaciones homosexuales. La tasa de prevalencia de la homosexualidad varía inmensamente, las influencias biológicas sobre la homosexualidad necesitan seguir siendo refinadas, y los perfiles de salud mental de las poblaciones homosexuales pueden no ser diferentes de las heterosexuales.

Estas conclusiones tienen consecuencias para el mundo real. Si los individuos homosexuales constituyen solamente el 1% de la población general, es políticamente más fácil ignorarlos o dejarlos de lado que si se sabe que son un grupo minoritario [constituency] que sobrepasa a la mayoría de los grupos étnicos y minoritarios. Si la cantidad es relativamente menor y sin consecuencias, entonces es difícil argumentar en favor de programas y servicios del mismo sexo con base comunitaria, inclusión de modelos de rol gays en los medios masivos, o Gay/Straight Alliances en las escuelas públicas. Yendo mas allá, al creer que la homosexualidad es una condición elegida (no biológica), los conservadores morales adoptan por suya ansiosamente la investigación que documenta el perfil clínico negativo de los gays como evidencia de la patología intrínseca de la homosexualidad, y abogan misericordiosamente por cambiar a los individuos homosexuales a través de terapia reparativa o conversión, creando ‘‘ex-gays.’’ Aunque la conducta e identidad sexuales ciertamente son susceptibles de ser alterados por estímulos aversivos y compromiso religioso, no hay datos científicamente confiables que digan que la excitación y atracción por el mismo sexo puedan ser permanentemente alterados a través de terapias de reaprendizaje.

¿Qué deben hacer los investigadores? Mientras no estén en uso definiciones bien posicionadas y sicométricamente sólidas, es improbable que la investigación pueda posible o confiablemente identificar la prevalencia, causas y consecuencias de la homosexualidad. Aunque se pueden estudiar múltiples componentes de la orientación sexual, se sabe poco sobre su estabilidad en el curso del tiempo, sobre su consistencia entre sí, o de su poder predictivo para varias características de las poblaciones homosexuales.

Científicamente, dos abordajes son los más seguros. Primero, los investigadores están más seguros de la corrección de una muestra de personas orientadas al mismo sexo si incluyen solamente individuos que consistente y confiablemente informan múltiples componentes de la orientación sexual. Creo que debería darse una prioridad mayor a la atracción/excitación sexual, por encima de la conducta y la identidad,primordialmente porque estas últimos dos componentes claramente son muy proclives al autoengaño y a engañar a los demás, influibles por condiciones sociales y con significados variables. Para evitar estos defectos, deben desarrollarse y usarse mediciones biológicas de atracción/excitación sexual. Aunque no es algo generalmente reconocido por los científicos sociales, la orientación sexual puede ser medida por la excitación sexual en respuesta a los estímulos eróticos o, de un modo menos intrusito, a través de escaneos cerebrales, rastreo ocular o dilatación de pupila en respuesta a estímulos visual, preferencia de olor corporal (preferencia de feromonas), y variaciones anatómicas,tales con una razón de largo digital, preferencia de uso de mano derecha o izquierda, características auditivas (e.g., sensibilidad de audición), y conducta motor de rol sexual (e.g., movimiento de caderas al caminar, cruzar las piernas al sentarse).

Un segundo abordaje es abandonar completamente la idea general de orientación sexual y determinar solamente los componentes que son relevantes para la cuestión de investigación que está bajo estudio. Los ejemplos incluyen los siguientes:

  • Para estudiar la transmisión de ITS o VIH, medir la conducta sexual

  • Para estudiar los apegos interpersonales, medir la atracción sexual/romántica

  • Para estudiar la ideología política, medir la identidad sexual.

  1.  

Hasta que el tema de la definición se resuelva y se tomen abordajes más refinados, se aconseja precaución al estimar la prevalencia de la homosexualidad, los orígenes y causas de la orientación sexual, y el grado en que los individuos homosexuales son vlnerables a los problemas de salud mental.

 

Lecturas recomendadas

Chivers, M.L., Rieger, G., Latty, E., & Bailey, J.M. (2004). A sex difference in the specicity of sexual arousal. Psychological Science, 15, 736–744.

Diamond, L.M. (2003). What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire. Psychological Review, 110, 173–192.

McConaghy, N. (1999). Unresolved issues in scientific sexology. Archives of Sexual Behavior, 28, 285–318.

Mustanski, B.S., Chivers, M.L., & Bailey, J.M. (2002). A critical review of recent biological research on human sexual orientation. Annual Review of Sex Research, 13, 89–140.

Savin-Williams, R.C. (2005). (See References)

 

Acknowledgments—I thank my colleagues Steven Ceci and Charles Brainerd for their encouragement. For careful edits and challenges to my ideas, I thank Kenneth Cohen.

 

REFERENCES

 

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D’Augelli, A.R., Hershberger, S.L., & Pilkington, N.W. (2001). Suicidality patterns and sexual orientation-related factors among lesbian, gay, and bisexual youths. Suicide and Life-Threatening Behavior, 31, 250–264.

Diamond, L.M. (2003a). New paradigms for research on heterosexual and sexual-minority development. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 32, 490–498.

Diamond, L.M. (2003b). Was it a phase? Young women’s relinquishment of lesbian/bisexual identities over a 5-year period. Journal of Personality and Social Psychology, 84, 352–364.

Dunne, M.P., Bailey, J.M., Kirk, K.M., & Martin, N.G. (2000). The subtlety of sex-atypicality. Archives of Sexual Behavior, 29, 549–

565.

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Laumann, E.O., Gagnon, J., Michael, R.T., & Michaels, S. (1994). The social organization of sexuality: Sexual practices in the United States. Chicago: University of Chicago Press.

Meyer, I.H. (2003). Prejudice, social stress, and mental health in lesbian, gay, and bisexual populations: Conceptual issues and research evidence. Psychological Bulletin, 129, 674–697.

Miller, T.R., & Taylor, D.M. (2005). Adolescent suicidality: Who will ideate, who will act? Suicide and Life-Threatening Behavior, 35, 425–435.

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Última actualización el Domingo, 22 de Noviembre de 2009 15:23