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VIH/SIDA, no alcanza promover el sexo seguro. Imprimir E-mail

VIH/SIDA, no alcanza promover el sexo seguro.

En la epidemia occidental de VIH/SIDA hay gran cantidad de hombres que hacen sexo con hombres infectados de VIH. (“Hombres” aquí es un término biológico que significa “personas nacidas con próstata” (NCPs), por esto también incluye a las travestís.

Primera Solución Propuesta

La primera solución que se propuso fue educar a los gays, las travestís y otros HSH en el sexo seguro. Dado que el virus se transmitía primordialmente por contacto anal penetrativo, a través de microlesiones en la mucosa anal, se propuso interponer entre pene y mucosa una barrera de látex.

El “sexo seguro” es el conjunto de prácticas que impiden que el virus pase de un cuerpo al torrente sanguíneo del otro. Requiere el uso constante de preservativo. Se impuso el lema “un condón por cada relación”. Durante casi dos décadas se persistió en desarrollar esfuerzos en esta dirección. Argentina adoptó esta solución y continúa promoviéndola.

Primeros Resultados

Nunca hubo un descenso en la cantidad de personas infectadas por año: los números de enfermos infectados por vía sexual de HSH siguieron ascendiendo, pero el porcentaje de HSH dentro de la epidemia bajó muy significativamente a lo largo de los años. Esto se interpretó como señal de que las campañas de educación estaban dando resultado: la velocidad de difusión del virus dentro del grupo HSH era baja en comparación con otros grupos.

Alarma a Fines de la Década del 90

A fines de la década del 90 empezaron a detectarse señales de que la proporción de HSH dentro de la epidemia de VIH volvía a aumentar. En Argentina eso se hizo evidente en el año 2000, al conocerse los resultados oficiales de las estadísticas de 1998 y 1999.

Este fenómeno hizo sospechar que las campañas de educación estaban dejando de dar resultado con las nuevas generaciones. La hipótesis más difundida fue que los jóvenes se habían acostumbrado a convivir con la epidemia, y que el poder disuasivo del miedo a la infección en esta generación, nacida y criada en la epidemia, era inferior al de la generación anterior, que había visto enfermar y morir a sus compañeros, amigos y coetáneos en muy poco tiempo, sobre todo antes de 1996, año de la introducción de las triterapias antirretrovirales (combinaciones de medicamentos cuyo nombre popular es “cóctel de drogas”).

Así se hizo evidente que el efecto preventivo de las campañas de sexo seguro en las décadas del 80 y del noventa en sus principios había estado combinado con los efectos disuasivos del miedo a la infección. Por sí solas, las campañas de educación en sexo seguro ayudan a disminuir los efectos de la epidemia, pero al menos entre hombres que hacen sexo con hombres son incapaces de detenerla.

Razones del Error de Interpretación

Hubo varias razones que confluyeron para que se supusiera que el sexo seguro era suficiente medida preventiva:

  1. La confusión entre difusión y velocidad de propagación.
  2. La aparición del tratamiento cronificador
  3. La homofobia internalizada.

El primer factor, la proporción de gays, travestis y otros HSH había bajado dentro de la epidemia, pero sobre todo porque estaban creciendo muy rápido las participaciones de otras poblaciones dentro de la epidemia. La velocidad de propagación en otras poblaciones (usuarios de drogas intravenosas, heterosexuales y embarazadas VIH+) se había vuelto a fines del ochenta y principios de los noventa mucho más alta que la que tenía dentro del grupo HSH, que mantuvo una velocidad de propagación constante o de baja aceleración. Esto provocó en el público en general la confusión: parecía que había menos homosexuales infectados. En realidad, cada vez había más homosexuales infectados, pero en proporción con los otros grupos eran menos. Esto generó la impresión errónea de que en el grupo HSH la propagación del virus estaba controlada.

El segundo factor, actuante en la última década, fue la aparición fulminante de las terapias combinadas y el deslumbramiento inicial que produjeron en la población general. Dieron la impresión de que la epidemia VIH estaba dominada y de que la enfermedad podía ser curable. Al volcarse todo el péndulo de la atención médica y farmacéutica hacia el tratamiento, la atención popular dejó de enfocarse en la prevención, y el alerta interno en el grupo HSH bajó. Esto debe de haber favorecido la expansión del virus.

El tercer factor es la resistencia de las autoridades, de los científicos y del público en general a volcar esfuerzos y recursos hacia el grupo de gays, travestís y otros HSH. Otros grupos de mayor aceptabilidad social requerían atención: la transmisión vertical llegó en Argentina a ser la más alta de Sudamérica; los usuarios de drogas intravenosas recibieron gran atención, y es sorprendentemente baja la resistencia a la aplicación de las técnicas de reducción de daño con distribución de jeringas y agujas.

Explicamos por homofobia internalizada la resistencia de las autoridades a leer en los datos epidémicos los índices que señalan que la educación formal no es preventiva en el grupo gay, travesti y otros HSH .

Al mismo tiempo, sabemos que la educación no formal en sexo seguro tampoco es preventiva por sí misma; esto es lo que se deduce de que, al estabilizarse la velocidad de crecimiento de la epidemia en el grupo UDI, aparezca una aceleración en el grupo de hombres con SIDA que se infectaron de otro hombre. Esto muestra que la primera solución aplicada al problema de la alta proporción de HSH dentro de la epidemia está fracasando.

Reformulación del Problema a Principios Del Siglo XXI

La educación preventiva en sexo seguro se basa en suministrar información y facilitar el acceso a los preservativos. Se hace mediante intervenciones en la vida habitual de los gays, travestis y otros HSH. Durante esas intervenciones se llevan a los ámbitos frecuentados por los gays, travestis y otros HSH lubricante, preservativos e información. Mediante diversos recursos se busca la manera de que esa información sea leída, y que los preservativos y lubricantes sean lo mejor aceptados y adoptados posible.

Este procedimiento debe continuarse, pero debemos aceptar que por sí solo no es suficiente: los hombres que hacen sexo con hombres, a causa de su modo de vida y sus hábitos sexuales, no usan las prácticas que aprenden, que conocen y que podrían usar.

Solución Ideal Propuesta por SIGLA

Cambiar ese estilo y hábito hacia prácticas que no transmitan la infección requiere una solución de largo alcance: que desarrollen un sistema de vida que no los haga vulnerables al VIH.

En esta solución se requiere desarrollar una conciencia grupal, social e individual que aumente sus relaciones sociales, fortalezca sus intereses culturales, provea una red de relaciones, amigos e intereses comunes, de modo que la vida de estas personas se enriquezca con muchos más ámbitos relacionados con personas gays, travestís y otros HSH, más allá de la sensualidad, la seducción, la diversión y el sexo, que son los ámbitos actuales de convivencia.

Todo esto consolidará la autoestima, la satisfacción por la propia vida y promoverá actitudes más sensatas y menos riesgosas.

¿Existen otras opciones? Podría imaginarse:

  1. Continuar con el sistema de vida gay norteamericano sumándole el sexo seguro;
  2. intentar preservar o retornar al sistema de relación social homosexual tradicional argentino, sumándole el sexo seguro.
Estas dos opciones están ya en uso, tanto en el centro de las grandes ciudades como en provincias y el Gran Buenos Aires, y están fracasando ambas. El VIH se difunde y la epidemia se acelera. La proporción de gays, travestís y otros HSH no parece estar disminuyendo, lo que indica en realidad que está creciendo, aunque más lentamente que otras poblaciones vulnerables.
Última actualización el Sábado, 13 de Diciembre de 2008 21:51