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ACERCA DEL AMOR, EL DOLOR Y EL PERDON Imprimir E-mail

En el De Profundis de Oscar Wilde

Escribe: Carlos Rymar

“También la ternura de un bello fracaso redime la tragedia griega de vivir.Como un revolcón de fiera rota sufre aquel que más amo; y lo revive el propio amor, para insistir”1.

A menudo nuestros ánimos se exasperan ante injusticias o actitudes prejuiciosas que ciertas personas tienen hacia nosotros. Dado que “las emociones de un hombre son más fáciles de despertar que su inteligencia” (cito de El alma del hombre bajo el socialismo) es frecuente responder con orgullo y reivindicación de una forma de ser. Afortunadamente, alguna vez tomó la palabra un poeta ante la injusticia y la ignorancia y respondió con arte e inteligencia.

I.- Introducción.

Insultado por el padre de su amado, Wilde fue convencido por quien amaba de iniciar una demanda por difamación, aun contra el consejo de sus amigos y su abogado. Tal como se le había advertido fue vencido y declarado en quiebra en un segundo juicio, por no poder pagar los gastos del primero. Su casa y su biblioteca fueron rematadas y los derechos de autor de sus obras fueron puestos bajo administración judicial. Con las pruebas reunidas en el primer pleito2 de supuestas relaciones del escritor con acompañantes que le habían sido presentados por su amado, fue condenado por el delito de corrupción de menores a cumplir dos años de trabajos forzados en prisión. También le fue prohibido ver a sus hijos.

Ante la indiferencia de su amado por su desgracia y ruina (de la que es considerado culpable por inducir a su amante a demandar judicialmente a su odiado padre) Wilde le escribe una carta, publicada posteriormente con el nombre De Profundis, en la que le ofrece su perdón. En ella se ponen en juego distintas ideas cristianas y de la antigüedad griega, gran parte de las cuales había aparecido ya en su obra. Dicha carta puede dividirse en tres partes. La primera y la última tratan sobre cuestiones personales del autor y su pareja, propias de toda epístola, en las que no nos detendremos. Es en la segunda parte donde se desarrollan las ideas que se tratarán en los párrafos siguientes.

II.- Del perdón

Comienza con una concepción estrictamente individualista del perdón, pues piensa en primer lugar en el ofendido. Quien ha sido agraviado tiene el deber de perdonar, no tanto para quitar la culpa del ofensor sino para borrar de su propia alma la amargura y no ver dominada su voluntad y su pensamiento por el odio. Tiene en cuenta aquí el desarrollo de la personalidad del individuo que estima debe hacerse a través del amor, el cual mejora su alma, y no del odio que la corrompe haciéndola esclava de la persona odiada.

III.- Del sufrimiento y el dolor

Luego se desarrollan algunas ideas a partir de los sentimientos de dolor y sufrimiento. De ningún modo son considerados como cosas malas en si mismas que deban evitarse, u olvidarse una vez vividas. Desde luego que tampoco son vistas como algo bueno, pues el autor cita la condena de Dante3 al último círculo del infierno a quienes vivan voluntariamente en el dolor. Afrontar las circunstancias que nos presenta la vida y recordar sin rencor como algo propio de nuestro ser todo lo vivido; tal parecería ser su convicción.

En este sentido propone en primer lugar aceptar como algo propio de nuestra persona aun las experiencias que más dolor nos han causado, sin renegar de ellas ni ocultarlas. Sostiene que quien se avergüence de su pasado y lo niegue, encadena su pensamiento a una obsesión por un hecho que no puede superar, y de esta forma detiene el desarrollo de su personalidad. Negar nuestro pasado, dice Wilde, “no es menos que negar el alma”.

Tal vez en uno de los mejores párrafos de su carta, afirma que el dolor es necesario para el desarrollo pleno de nuestra personalidad y para alcanzar la perfección del alma. Confiesa haber vivido (antes de su condena) para la belleza y el placer, pero admite que hubiera sido un error seguir con esa vida. El dolor y el sufrimiento fueron para su alma una revelación que le permitió contemplar el mundo desde un punto de vista distinto; éstos le hicieron ver y conmoverse allí donde otros temperamentos más duros y groseros no encuentran nada. Pero para que sucediera tal cosa, le fue necesario reaccionar con humildad frente a la desdicha; la rebelión que sintió en un primer momento lo hubiera convertido en un insensible si hubiera mantenido esa actitud. La rebelión no destruye el corazón (los corazones están para ser destruídos) sino que lo transforma en piedra.

IV.- De la frivolidad

Tal insensibilidad le hubiera sobrevenido también si continuaba con su vida anterior. En varias oportunidades afirma que “el vicio supremo es la frivolidad”. Frivolidad, en el sentido de perseguir ciegamente el placer, evitar sistemáticamente el dolor o restarle importancia; preocuparse demasiado por cosas materiales o buscar tener un buen nombre aún a fuerza de la mentira y la apariencia. En suma, vivir sin entender demasiado lo que se hace.

La frivolidad y la mentira aparecen en la trama de sus obras de teatro y de sus cuentos El fantasma de Canterville y El crimen de Lord Arthur Saville. Sin embargo, el triunfo de la verdad y la sinceridad en sus personajes sobreviene hacia el final de todas estas obras. En El crítico como artista y La decadencia de la mentira Wilde, a través de uno de sus personajes, expresa la interpretación superficial, vulgar y burguesa del arte y por medio del otro (en el que encarna su propio pensamiento) refuta y pone en evidencia la estupidez e inconsistencia de esa interpretación. A su vez en El alma del hombre bajo el socialismo sostiene que es el público quien debe tratar de aprender y mejorarse para superar su superficialidad e ignorancia y poder entender una obra de arte; no debe el artista simplificar o vulgarizar su obra para que sea comprendida por una mayor cantidad de personas. Hacia el final de la misma obra, también sostiene la posibilidad del desarrollo de la propia personalidad a través del dolor, aunque cree que lo mejor es la autorrealización a través de la felicidad.

En El retrato de Dorian Gray describe la lenta pero continua degradación del alma de un hombre que padecía el vicio supremo de la frivolidad. En un principio, conmovido por las bellezas exteriores el protagonista decide vivir sólo para el placer. Se da en la obra un ejemplo perfecto de cómo se afronta el dolor de una manera frívola: con sarcasmo y cinismo el protagonista le resta toda importancia a la muerte de su amada, quien fue abandonada por él y por eso ella se suicidó. Duro e inconmovible ante el sufrimiento, aburrido de los placeres experimentados y ávido de conseguir a cualquier precio nuevos placeres, el protagonista hacia el final de la obra teme que el secreto de la corrupción de su alma sea conocido por otras personas. Aparece aquí la idea de que el arrepentimiento verdadero modifica el pasado, aunque el protagonista no logra modificar el suyo: él no está arrepentido, no tiene conciencia de sus errores; sólo quiere que su pasado no sea conocido. Por eso, decide destruir su retrato (en el que estaba representado su pasado y la corrupción de su alma) y al hacerlo muere (recordar aquí la idea de que negar el pasado “no es menos que negar el alma”).

Podemos ver que los las ideas del dolor, el placer y la frivolidad son recurrentes en su obra, así como también el triunfo de la felicidad, el amor y la virtud sobre la frivolidad y la falsedad. En este sentido, en especial El retrato de Dorian Gray es un libro que sostiene fuertes convicciones éticas, al igual que el Fausto de Goethe (cuya obra el autor admiraba). Al respecto Borges escribió: “Wilde (es) un hombre que guarda (…) una invulnerable inocencia”4. Paradójicamente, hubo quienes quisieron ver un su obra algo inmoral y la usaron en su contra para condenarlo. Pero el mismo Wilde previó esto y, en el prefacio de su única novela, escribió “Quienes encuentran un significado horrible en las cosas bellas son corruptos sin ser encantadores. Eso es una falta”.

Esta unidad de pensamiento en gran parte de su obra a lo largo de su vida artística y su extraña similitud con su vida personal, Wilde la explica con una idea más: no hay hombre que no sea, en cada momento, lo que ha sido y lo que será. Esto significa no sólo que cada persona es su pasado, sino que ella misma es también un presagio de su propio futuro.

V.- Del amor

Con respecto al amor, el autor lo considera como la causa de todas las cosas: del mundo, de las almas y del dolor. Esto se entiende solamente si se comprende que Wide sólo creía en “un Dios cuyo nombre es Amor” como creador supremo. El amor tiene aquí un carácter divino, impropio de la naturaleza humana. Está presente la idea platónica de que el amor puede darse en los hombres sólo por una inspiración divina, que les permita franquear su naturaleza terrenal5.

De esta manera, el autor logra cierta simetría en su pensamiento: el dolor no sólo tiene un sentido (el desarrollo pleno del alma) sino que también tiene una causa divina, que es el amor en todas sus formas. Acerca del amor también escribió en sus cuentos El príncipe feliz; El ruiseñor y la rosa; El pescador y su alma y El gigante egoísta. En todos ellos aparece como algo superior y más importante que la vida, que impulsa a sus protagonistas al propio sacrificio. En su poema La voz de ella sostiene además que el amor nunca muere, lo que es acorde con su naturaleza divina (y por lo tanto inmortal, a diferencia de la naturaleza contingente y efímera del ser humano).

VI.- Del temperamento individualista

Llegando al final de la segunda parte de su carta, sostiene que la imitación de estereotipos es la negación de la propia personalidad: “Un hombre que desea ser algo separado de él mismo (…) invariablemente consigue ser lo que quiere. Ese es su castigo. Quienes quieren una máscara tienen que usarla”. Para el autor, el desarrollo de la propia personalidad con independencia de la de los demás es fundamental. Así lo expresa en El alma del hombre bajo el socialismo, donde propone que cada integrante de la sociedad se dedique exclusivamente a desarrollar su propia persona sin preocuparse por la situación o la forma de ser de sus vecinos. Asimismo, el amor en dicha sociedad debe basarse no en la semejanza con el otro, sino en el hecho que la otra persona es enteramente distinta.

VII.- Del arrepentimiento

Por último, Wilde sostiene que el arrepentimiento sincero es capaz de modificar el pasado, pues permite al arrepentido tomar conciencia de su falta y comenzar una vida nueva. De esta manera, insta a su amado a arrepentirse de su vida frívola y de sus errores. Desgraciadamente, éste siguió siendo quien era y abandonó al artista en la miseria, tres meses después de haber reiniciado su amistad.


Notas:

1- Soy un circo (fragmento), de H. Ferrer y A. Piazzolla.
2- Entre ellas, había varios testimonios falsos.
3- Divina Comedia; Infierno, Canto VII, 123.
4- Del libro Otras inquisiciones; Sobre Oscar Wilde.
5- Fedro o de la Belleza.