Travestis en primera plana Imprimir

Travestis: Sordidez en Primera Plana

Cómo se construye en los diarios argentinos 
el discurso hétero sobre las minorías sexuales Escribe: Nicolas Pinkus

Nicolás Pinkus es periodista y docente en las Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de Lomas de Zamora y en la Universidad de San Andrés. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA y Magister en Periodismo por la Universidad de San Andrés. Escribió su tesis “Análisis del Tratamiento Discursivo de las Minorías Sexuales en la Cobertura Periodística de los Diarios Nacionales Argentinos” durante los años 2002 y 2003, y la defendió exitosamente en el año 2004.
Es la primera vez, que sepamos, que en nuestro país se analiza críticamente el discurso de los medios de la prensa general sobre el subgrupo travesti de las minorías sexuales, en un momento crítico de la historia de la sexualidad porteña: la tesis describe minuciosamente el discurso de cuatro grandes periódicos durante tres semanas claves de la batalla social que se desató en la Ciudad al derogarse los edictos policiales, con lo que se dejó de penalizar la prostitución, hasta que la Legislatura reinstauró la penalización, cediendo así a la presión popular, que se centraba en las travestis.
De esa tesis (139 páginas) presentamos aquí las “Conclusiones”. Para conectarse con el autor, se puede escribir a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

Características del corpus seleccionado

La cobertura periodística que se analiza corresponde a una muestra de ediciones de prensa gráfica periódica argentina de circulación nacional. Dicha muestra comprende lo publicado con relación al Código de Convivencia Urbana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sancionado por la Legislatura porteña el 9 de marzo de 1998; que representaba la derogación de los edictos policiales, los que habían regulado las normas de vida y cohabitación en la ciudad por más de un siglo.
La muestra escogida comprende el análisis discursivo de tres semanas estratégicas de la temporalmente extensa cobertura periodística generada por Clarín, Página/12, Crónica y La Nación en torno a dicho Código.

Semana 1

(10 de marzo de 1998 – 16 de marzo de 1998)

Rescata los primeros días en que los diarios publican y dan cuenta de lo nuevo: la sanción y promulgación legislativa del nuevo marco legal. Esta semana es imprescindible para comprender la relación de los diarios con ese tipo de noticia. Cómo lo clasifican como noticia (si es publicado en la sección política, en información general, en policiales, etcétera). Esta clasificación de la noticia es central en la construcción cognitiva del acontecimiento: revela al lectorado si el problema es de naturaleza política, moral, ciudadano, etcétera y potencia la asignación de responsables, afectados, partícipes. Cómo se jerarquizan las diversas regulaciones que el nuevo marco normativo reglamenta (sobre accidentes de tránsito, vagancia, venta de alcohol a menores y el escándalo en la vía pública).

Semana 2

(19 de junio de 1998 - 25 de junio de 1998)

Este lapso se destaca de la cobertura general porque pone de manifiesto las tensiones existentes entre vecinos de la ciudad, autoridades y travestis. La polémica cobra absoluto protagonismo y los diarios asumen roles diferenciados con respecto a ciertos ejes que claramente se ponen en juego en la cobertura mediática: la gestión del espacio urbano, la noción de ciudadanía, la relación del campo político y la protesta social, los derechos civiles de distintos actores.

Semana 3

(27 de junio de 1998 - 3 de julio de 1998)

Durante los días seleccionados, las coberturas dan cuenta de modificación del artículo 71 del Código de Convivencia, que despenalizaba la prostitución. La Legislatura reintroduce medidas represivas -similares a las que figuraban en los derogados edictos- que sancionan la prostitución en la vía pública. (…)

I. La cobertura periodística según cada diario

Evaluar los resultados del presente análisis discursivo de las coberturas periodísticas seleccionadas requiere la distinción de procedimientos y operaciones discursivas específicas y particulares de cada uno de los medios gráficos investigados.

Surge del trabajo analítico que cada diario selecciona, elige, opera sobre los hechos cubiertos de manera singular. Aún cuando es necesario formular conclusiones generales sobre cómo los dia-rios tratan discursivamente a las minorías sexuales, primero hay que calibrar y distinguir los aspectos en que estos diarios divergen fuertemente en la construcción del acontecimiento que se ha relevado (cobertura de travestismo oferente de sexo en las calles de Palermo).

Clarín: A lo largo de las tres semanas relevadas, se observa que el matutino construye el aconte-cimiento desde el concepto de “la inseguridad”. De esta forma, desaparece la centralidad político-cultural de los hechos cubiertos y se los interpreta como epifenómenos de una problemática más amplia. Al hacer esta focalización discursiva, todos los rasgos inherentes a la especificidad de las minorías sexuales se debilitan. Se habla, entonces, de la inseguridad y de las limitaciones que la Policía Federal “sufre” al haber sido derogados los edictos policiales.

Hay un fuerte acento en los “padecimientos” que las fuerzas policiales tienen, lo que sintoniza con la agenda mediática ya constituida previamente por este medio y que se verificaba como preocupación central de la opinión pública, según diversos sondeos. Explicar lo nuevo por remisión a categorías ya compartidas entre diario y lector es una estrategia cognitiva habitual del periodismo. Sin embargo, en este caso lo nuevo desaparece en su complejidad ontológica: ¿qué es el travestismo? ¿Por qué están en Palermo? Son, así, preguntas vaciadas de su espesor identitario y resemantizadas como variables de la peligrosidad en las calles.

La ya mencionada operación reductora se inicia en la cobertura desde el primer día de publicación: de las variadas normas que establecía el Código aprobado, sólo se consignó relevante el polo travestismo/inseguridad; polo que, argumentativamente modela una suerte de entimema donde travestismo e inseguridad quedan soldadas como una identidad.

Debido a esta operación reductora y esta valorización del rol policial, el complejo campo de identidades, prácticas e intercambios que debe pensarse para hablar de minorías sexuales, queda vacante. Se publican frases que revelan indiferencia ante el perfil identitario de las minorías sexuales. De esta manera, Clarín puede publicar que – entrado en vigencia el Código- “las personas del mismo sexo podrán besarse en la calle”, enunciado de tal generalidad e inexactitud que el medio nunca toleraría en sus coberturas de eventos protagonizados por actores políticos y/o económicos.

La focalización reductora mencionada se complementa con otras operaciones discursivas. Por ejemplo, la reticencia a la fotografía testimonial y a la publicación de voces de fuentes no oficiales –que se producen escasamente- permiten fundir el acontecimiento en la dinámica del discurso polémico de características agonísticas: policía vs. travestis, vecinos vs. travestis, Legislatura vs. Gobierno, etcétera. Polémica con un dato constante: la ausencia de la voz travesti, al menos hasta la tercera semana consignada.

Esta dinámica discursiva no se construye solamente en el plano verbal, sino también en su faz icónica. Las fotografías del diario suelen evitar la retórica testimonial y generar metonimias visuales reforzadoras de estereotipos: botas altas y medias red como metonimia de la prostitución, fragmentación de su cuerpo...y la metonimia fundante de criminalización del travesti: la foto que certifica la oferta, nunca la demanda. ¿Qué razón obliga a no retratar al cliente en la negociación por sexo pago y sí habilita el retrato del rostro travesti?

Por lo consignado, es visible que Clarín construye un acontecimiento de índole policial, privilegiado unidimensionalmente desde la pro-blemática de la inseguridad urbana. Su cobertura no indaga informativamente sobre una forma de vida, el travestismo, sino sobre su naturalización estereotipada como sinónimo de “escándalo”, “caos” y “mala vida”. Tampoco se cuestiona la relación de gestión urbana, sobre los derechos de uso del espacio público por parte de diferentes actores ni sobre la negociación intersubjetiva por tolerar diferentes prácticas en el ámbito de la calle. (Estas dimensiones del acontecimiento están totalmente ausentes en los textos de géneros informativos y se observan muy marginalmente en las piezas de géneros comentativos).

Crónica: A diferencia de Clarín y los otros medios analizados, Crónica demora darle status de máxima noticiabilidad a la sanción del Código de Convivencia Urbana. En un principio, no categoriza al acontecimiento como un ítem jerárquico de su agenda. Tal vez por esa razón no fuerza una línea interpretativa sobre el mismo, permitiendo al lector juzgar el hecho con elementos objetivos. De esta forma, Crónica transcribe el texto del boletín oficial, respetando los criterios estilísticos verbales y de diagramación propios de la escritura legislativa. Pero luego, el diario dará un giro hacia la espectacularización informativa: drogas, prostitución, pornografía son realidades conexas que surgen en el barrio de Palermo de mano de la prostitución travesti. Pese a su prolijidad inicial, “Crónica” observa el acontecimiento identitario urbano del travestismo como la emergencia de un “submundo”, del orden de lo siniestro. Las imágenes refuerzan esta línea argumentativa causal de culpar a las travestis de crear “caos” en un barrio “tranquilo”.

Aquí también se observa cómo la cobertura periodística del Código se reduce a la oferta de sexo callejero y se comprende en términos rígidos de enfrentamiento: vecinos vs. travestis. Para “Crónica”, el barrio fue invadido por marginales, demostrando no tener ningún interés en reflexionar sobre la propiedad y uso del espacio público urbano. Con relación a la identidad sexual, la confusión es completa: el vespertino designa a la minoría travesti como “las chicas” ó “los homos”.

La Nación: A diferencia de Clarín y Crónica, este matutino contextualiza y clasifica el acontecimiento como de “naturaleza política”. Por tal razón, la selección de fuentes son principalmente voces gubernamentales y parlamentarias. Pero, aunque político, sus repercusiones serán interpretadas en clave moral. De esta manera, el espacio urbano es concebido antinómicamente como “familiar vs. marginal”. Marginal en su valencia semántica: lo que está fuera de las normas morales y lo que (debe) estar apartado del lugar donde viven las familias. Aunque nunca se pierde el conflicto político acerca del Código de Convivencia Urbana; tal conflicto será investido de una clara dimensión moral.

“La Nación” recurre, en su cobertura, a fuentes eclesiásticas. Si bien otros diarios, lo realizan esporádicamente y como estrategia de plura-lidad informativa, este diario despliega las voces religiosas como marco de explicación e interpretación del acontecimiento –algo notorio en la segunda semana analizada. Por dicha razón, se suma a la cobertura la oposición moral / pecado; topografía que explicará qué derechos tiene uno y otro actor social para ejercer sus prácticas en las calles de la ciudad.

No existe para el medio ninguna necesidad de problematizar la identidad travesti ni de definir qué son las minorías sexuales. Simplemente son categorizadas como agresoras del orden público, de la convivencia supuestamente armónica y estable entre los vecinos. Como los otros matutinos, el control discursivo de la pa-labra de los actores excluye casi completamente la voz minoritaria: las travestis no hablan, no se expresan salvo en su performance estereotipada, como sinonimia de prostitución y escándalo. Discursivamente, las travestis no son sujetos políticos, no son ciudadanos.

Página/12: La cobertura de Páginas/12 refuerza un dato apenas focalizado por los otros diarios: la necesidad democrática de un Código de Convivencia. Se enfatiza que tal nuevo instrumento legal reemplaza a los “odiados” edictos policiales; la novedad es percibida como positiva. Aunque Clarín también lo hace, Página/12 profundiza en todas las normas del Código y no solamente las que despenalizarían la prostitución. Sólo comienza a focalizar la cobertura en las minorías sexuales debido a la reacción política, religiosa y policial. La aprobación del Código siempre es clasificada como un acontecimiento cultural, político y social y no como un epifenómeno de los problemas de inseguridad.

Si en algo se destaca y diferencia este medio es en la proliferación de las voces minoritarias. En el diario, desde las primeras ediciones que dan cuenta del acontecimiento, se escuchan las voces de las travestis, de las asociaciones de GLTTB. Las minorías sexuales son protagonistas políticas y cívicas del acontecimiento, tanto como los vecinos, la Policía y el Gobierno. En su cobertura, Página/12 no sólo registra la voz de las minorías sexuales, sino que las percibe como palabra institucional, es decir, visibiliza un campo extenso de organizaciones no gubernamentales que reflexiona sobre el peso político y cultural de las minorías y confronta con otros poderes sociales para establecer su agenda de derechos y demandas. Hablan también los policías, los legisladores y los vecinos, con lo que se busca construir un paisaje polifónico-democrático.

Desde esta clasificación del acontecimiento como democrático, Página/12 desplegará una fuerte crítica a ciertos poderes públicos, por percibirlos como represivos. Así enfrentará dos universos discursivos: lo conservador y represivo, con ecos que remedan al Proceso de Reorganización Policial (quienes añoran los antiguos edictos) contra quienes persiguen una mayor demo-cratización social, que incluya a todos los sectores sociales como negociadores de la mutua convivencia.

Esta cobertura también se diferencia en su concepción de qué es la ciudad. Página/12 construye un concepto de lo público y lo urbano como un escenario democrático y público, donde no hay prerrogativas fijadas de antemano para que ciertos actores sociales hegemonicen el espacio urbano y la gestión del mismo. Por el contrario, el escenario urbano es visto como un tejido donde convergen todas las experiencias y que debe ser negociado por los actores, aunque sí se establece la necesidad de un Código que no reprima la participación de ninguna forma de vida.

II. Conclusiones generales

El análisis efectuado sobre la cobertura de la sanción y entrada en vigencia del Código de Convivencia Urbana revela las dificultades que los diarios nacionales argentinos de mayor impacto en la opinión pública tienen para informar y representar equilibradamente a las minorías sexuales.

Esta investigación no juzga el probado rigor profesional de estos medios gráficos ni su compromiso con sus lectores. Sí pone de manifiesto cómo las operaciones productivas elegidas en el proceso de construcción de la noticia producen una representación distorsionada de las minorías sexuales que agrava la visibilidad de las mismas y su aceptación como sujetos políticos plenos, como actores sociales integrados al juego democrático y la polifonía social que le es inherente.

He consignado las diferencias específicas presentes entre los medios analizados. Sin embargo, hay observaciones que -aunque en distinto grado- sistematizan conclusiones generales que aquí se detallarán. Esto es, más allá de las diferencias ya establecidas, hay una serie de recurrencias que permitirían esbozar lineamientos generales acerca del tratamiento discursivo que los medios construyen sobre las minorías sexuales.

En primer lugar, las minorías sexuales no son representadas en virtud de su compleja configuración identitaria. Es cierto que las estrategias de designación son variadas, abarcando desde la ignorancia absoluta (“las chicas”, “los homos”, según Crónica) a la representación no agresiva y respetuosa (“Clarín”, “Página/12”). Sin embargo, las travestis nunca son percibidas como una identidad en construcción permanente, mediante prácticas, sino como un dato fijo que inhibe dar cuenta de sus oscilaciones. Con excepción de “Página/12”, esta performance de la identidad minoritaria no es construida por los diarios como el despliegue de estrategias sexuales sí, pero también políticas, culturales y sociales. Incluso la visión de Página/12 es rígida: no se trata de confrontar a travestis y vecinos, sino poder comprender que se trata de dos versiones del “ser-vecino”, de ocupar y gestionar el espacio urbano. Aún la mirada más mesurada sobre el acontecimiento no ahonda en el fenómeno identitario del travestismo y –sólo como una más de sus prácticas – el ejercicio de la prostitución. Jamás se vislumbra el análisis de que la causa del comercio sexual pueda relacionarse con la exclusión social y la discriminación. Así, en lugar de comprender el travestismo como un ejercicio de la identidad sexual minoritaria, se la concibe como un resultado, una realidad ajena y no vinculada con los estilos de vida tradicionales. Sólo desde esta mistificación negativa de la tra-vesti puede generarse toda la retórica de la “ocupación” o “invasión” del barrio. Los diarios –esencialmente “La Nación”- perciben a la travesti como una amenaza al relato social que naturaliza la ciudad como un escenario familiar.

Ninguna cobertura tampoco escenifica el conflicto como un problema de gestión del espacio público. La vida cotidiana en las ciudades latinoamericanas se ha trastocado drásticamente, haciendo emerger mútiples modos de vida y experiencias que antes se hallaban distanciadas lógica y espacialmente. Desterritorializada y multicultu-ral, Buenos Aires no escapa a ese fenómeno de re organización material y simbólico de lo urbano. Sin embargo, los diarios analizados no contextualizan el conflicto en Palermo como un problema de choque entre diferentes imaginarios urbanos que habilitan o penalizan ciertas formas de consumo, cierto tipo de interacciones y un tipo particular de gestión del espacio público.

Las coberturas periodísticas se plasman materialmente en textos, fotografías, uso de fuentes... cada una de esas instancias materiales ha sido producto de una decisión codificada por rutinas de producción. Y allí se observa que la producción de la noticia, debido tal vez a su rutinización, no puede repensar sus estrategias de trabajo. Si necesita cubrir fotográficamente un refe-rente no conocido o arduo para la representación, seleccionará operaciones convencionalizadas, lo que generará la ratificación de estereotipos. Son pocas las fotografías que dan visibilidad a las travestis como sujetos políticos, como ciudadanos. Pese a que asistieron a los debates en la Legislatura, pese a que destruían sus D.N.I como acción de protesta civil, los diarios abrumadoramente siguieron representando icónicamente a las travestis como naturalmente ligadas al ejercicio de la prostitución callejera.

De esta manera, las coberturas de la polémica por la aprobación del Código de Convivencia Urbana generaron un efecto paradojal: logran dar una exposición inédita del travestismo a través de las múltiples publicaciones, pero tal aumento notorio de la exposición se realiza dentro del campo del estereotipo, la criminalización de las minorías sexuales o su percepción como disruptoras del orden simbólico y cotidiano que debería prevalecer en los barrios de Buenos Aires (“el escándalo”).

Como ha señalado Borrat, los diarios son actores políticos. Cumplen un rol activo en la cognición social, en la percepción y categorización de los objetos y procesos sociales. En el acontecimiento analizado, los diarios estudiados no parecen haben generado un aporte significativo a la democratización y la consolidación de la actitud tolerante de los ciudadanos de Buenos Aires.