Homosexualidad y cerebro Imprimir

Este texto fue hipotético en 1989. En estos 20 años se encontraron pruebas científicas de la existencia de cerebros diversos para varón y mujer por hormonización prenatal y de redes neurales diversas de orientación sexual.

Fragmento de The Great Sex Divide, pp. 78-80. Ed. Peter Owen (London) 1989; Scott-Townsend (Washington D.C.) 1992.

Glenn Wilson

Hay muchas personas que parecen ser físicamente representantes normales de un sexo o del otro, pero que prefieren el contacto sexual con miembros de su propio sexo. La tolerancia incrementada de este comportamiento en las décadas recientes ha conducido a algunas personas a argumentar que no hay necesidad de explicación teórica de la homosexualidad, o al menos no más que lo que se necesita 'explicar' la heterosexualidad. Para el teórico de la evolución esto es un sinsentido; la heterosexualidad tiene obvios beneficios de supervivencia, en tanto que la homosexualidad no, así que esta última tiene propensión a hacer surgir más curiosidad científica y demanda una explicación especial.

Una popular teoría biológica dice que, durante el proceso de virilización  [masculinization] del varón [male] en desarrollo, algunos núcleos críticos del cerebro de alguna manera escapan a la exposición a la hormona de varón en circulación y que el 'interruptor' que indica el sujeto-blanco sexual [sex target] por lo tanto no es reseteado en la dirección propia del varón (Feldman y MacCulloch, 1971). Esto nos deja con un individuo que es varón en su cuerpo pero mujer en su preferencia sexual. De modo menos común (supone la teoría) este interruptor de "objetivo sexual" accidentalmente se viriliza [masculinizes] en una mujer por constitución, que permanece normal en lo demás, con lo que se obtiene una lesbiana.

La fuerza de esta hipótesis se muestra en una reseña reciente de investigación hecha por Ellis y Ames (1987), aunque el efecto de las hormonas sexuales prenatales probablemente es más complejo que lo afirmado más arriba. Aparte de un proceso de masculinización que en gran medida está bajo el control de la testosterona, podemos tener que reconocer algunos efectos mulierizadores [feminizing] separados sobre el cerebro bajo el control de las hormonas de mujer, especialmente la hormona luteinizadora (LH). Esto significa que las personas pueden ser más o menos femeninas, así como también más o menos masculinas, y que estas dos dimensiones arrojan una gama más amplia de tipos sexuales.

Además, es necesario separar los dispositivos [settings] cerebrales dedicados a la orientación sexual de los dispositivos cerebrales de comportamiento sexotípico. Es posible, por ejemplo, tener un individuo que sea hipermasculino [en inglés, macho] tanto en cuerpo como en personalidad pero que prefiera parejas sexuales varones, o viceversa. Esto es porque los efectos de virilización / mulierización [masculinización / feminización] se producen en diferentes partes del cerebro y, lo que es más importante, en momento diferentes a lo largo del desarrollo prenatal. Hay indicaciones de que la orientación sexual en los seres humanos depende críticamente del balance hormonal que prevalece durante los meses de preñez tercero y cuarto, en tanto que las características sexuales secundarias y los patrones de conducta sexotípica son más influidos por las hormonas que circulan durante los meses de preñez quinto y sexo. Si el balance hormonal cambia de una fase de desarrollo fetal a la siguiente, se podrán observar inconsistencias entre la orientación sexual y la conducta de roles sexuales. La orientación sexual se fija relativamente temprano en la vieja parte 'límbica' del cerebro, en tanto que las conductas de rol sexual se estructuran [are laid down] en momentos más tardíos de la preñez en partes más diversas, 'más nuevas' del cerebro.

Ellis y Ames continúan reseñando un impresionante cuerpo de investigación animal y humana que establece bastante más allá de cualquier duda que lo que llamamos homosexualidad (una inversión de la relación normal entre el tipo corporal y la orientación sexual) puede ser creado por cinco diferentes procedimientos:

  • Alteración directa de hormonas (por inyección o por castración) durante el desarrollo fetal.
  • Usar drogas para bloquear o aumentar los efectos de los andrógenos. La lista de drogas que pueden al menos parcialmente hacer cambiar la dirección [divert] de la masculinización  del cerebro incluyen Depo-Provera, acetato de ciproterona, barbitúricos, diazepam y marihuana.
  • Exposición de la madre a severo estrés emocional. Las hormonas del estrés trasportadas por la sangre de la madre pueden atravesar la placenta e interferir con la producción de testosterona en el bebé.
  • En algunas circunstancias el sistema inmunitario puede reaccionar contra los bioquímicos necesarios para la diferenciación sexual, identificándolos con sustancias extrañas y atacándolos con anticuerpos que los destruyen. En última instancia esto también puede revertir la orientación sexual.
  • Criar animales jóvenes aislados del sexo opuesto también dificulta la adaptación heterosexual, aunque el problema puede ser uno de habilidad y confianza sociales, y no de orientación sexual como tal.
Última actualización el Lunes, 17 de Agosto de 2009 17:08