Las mujeres no son hombres reprimidos Imprimir

Ante estímulos visuales, los varones son especificos: los homosexuales se excitan con varones, los heterosexuales con mujeres. En cambio, el cuerpo de las mujeres (no su subjetividad) responde a los dos sexos.

Sexual and Relationship Therapy, 20(4):377-390, 2005

 

Comentario principal

Una breve reseña y discusión de las diferencias sexuales en la especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual

 

Meredith L. Chivers*

 

*Correspondencia a: Centre for Addiction and Mental Health, Clinical Sexology Services, 250 College Street, Toronto, Ontario, Canada, M5T 1R8. Tel: (416) 535 8501 ext. 6960. Email: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

Gracias a Ray Blanchard, James Cantor y Michael Seto por sus útiles comentarios sobre una versión más temprana de este manuscrito.

 

Centre for Addiction and Mental Health, Clinical Sexology Services, Toronto, Ontario, Canada.

 

Aceptado 23 de junio del 2005.

 

Sexual and Relationship Therapy, 20(4):377-390, 2005

Comentario principal

 

Una breve reseña y discusión de las diferencias sexuales en la especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual

 

Meredith L. Chivers*

 

*Correspondencia a: Centre for Addiction and Mental Health, Clinical Sexology Services, 250 College Street, Toronto, Ontario, Canada, M5T 1R8. Tel: (416) 535 8501 ext. 6960. Email: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

Gracias a Ray Blanchard, James Cantor y Michael Seto por sus útiles comentarios sobre una versión más temprana de este manuscrito.

 

Centre for Addiction and Mental Health, Clinical Sexology Services, Toronto, Ontario, Canada.

 

Aceptado 23 de junio del 2005.

 

Palabras Clave: activación fisiológica [arousal] sexual, diferencia sexual, preferencia sexual, interés sexual, respuesta sexual, orientación sexual, mujer [female], hombre [male].

 

“Debe abandonarse la idea de que las mujeres son simplemente hombres reprimidos que esperan ser liberados.”

 

Donald Symons, La Evolución de la Sexualidad Humana

Introducción

 

Las diferencias sexuales en sexualidad humana son abundantes e incluyen variaciones físicas, sicológicas y sicofisiológicas (Geary, 1998) Los ejemplos incluyen la frecuencia de masturbación (Oliver & Hyde, 1993), el impulso sexual (Baumeister et al., 2001), la habituación de la activación fisiológica [arousal] sexual a los estímulos sexuales (Laan & Everaerd, 1995ab; O'Donohue & Geer, 1985), la cognición (Geer & Bellard, 1996), la activación fisiológica [arousal] autoinformada a estímulos sexuales (Murnen & Stockton, 1997), y la concordancia entre activación fisiológica [arousal] sexual genital y autoinformada (Laan & Janssen, en prensa; Chivers et al., 2005), para nombrar solamente unas pocas. Estos ejemplos sugieren considerable variabilidad entre los sexos en diversos aspectos de la sexualidad. Sin embargo, la mayoría de los modelos tradicionales de respuesta sexual (APA, 1994), disfunción sexual (Barlow, 1986), y orientación sexual (Bem, 1996) no son específicos de cada sexo y, como tales, pueden no explicar adecuadamente las diferencias observadas en la sexualidad del varón y la de la mujer. Como lo sugiere la cita de Symons (1979), los modelos indiferenciados de sexualidad corren el riesgo de sesgar las observaciones e interpretaciones de fenómenos sexuales tales como déficit, excesos, etcétera, dependiendo de cuál estándar es el adoptado. Recientemente, sin embargo, ha habido un vuelco de paradigma en pensar sobre la sexualidad del varón y de la mujer, y están emergiendo modelos sexoespecíficos, e.g., las recomendaciones recientes de revisión de la definición de disfunción sexual de la mujer (Basson et al., 2003).

La relación entre las preferencias sexuales y la activación fisiológica [arousal] sexual es otro ejemplo de una importante diferencia sexual en la sicofisiología sexual. La diferencia sexual observada en la correspondencia entre activación fisiológica [arousal] sexual y orientación sexual, con discordancia evidenciada en las mujeres, es un ejemplo de relativa independencia entre los aspectos fisiológicos, sicológicos y comportamentales de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres. Este efecto de no especificidad tiene probablemente implicaciones para comprender el desarrollo y la expresión de las preferencias sexuales de las mujeres, la determinación [assessment] sicofisiológica de las preferencias sexuales de la mujer y la comprensión clínica del funcionamiento sexual normativo y desordenado en las mujeres. Poniendo el acento en la sexualidad de la mujer, este paper proveerá una idea general de las diferencias sexuales en la sicofisiología de la orientación sexual, sugerirá explicaciones alternativas para la no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres, y discurrirá brevemente sobre las implicaciones de un sistema de respuesta sexual no especifico y automático para la sexualidad de las mujeres.

Activación fisiológica [arousal] Sexual: Definición y medición

 

La activación fisiológica [arousal] sexual es un estado emocional (Geer et al., 1992) iniciado por el procesamiento de estímulos sexuales externos (e.g., visuales, táctiles) o internos (e.g., fantasía). La activación fisiológica [arousal] sexual está compuesta de componentes interactuantes que incluyen cambios fisiológicos, expresión emocional y conducta motivada (Frijda, 1986). De modo similar a otras emociones, la activación fisiológica [arousal] sexual posee antecedentes claros y distintos [distinct] (e.g., estímulos sexuales) y patrones de expresión (e.g., sicológica, física, comportamental) que sirven para regular los comportamientos que son fundamentales para la reproducción sexual. (Everaerd et al., 2001). La experiencia de la activación fisiológica [arousal] sexual, o activación fisiológica [arousal] sexual subjetiva, es una apreciación de la integración dinámica de las respuestas de activación fisiológica [arousal] sicológicas (e.g., cognición, emoción, percepción) y de tanto las respuestas fisiológicas, tanto generalizadas como sexoespecíficas.

La activación fisiológica [arousal] sexual se induce en escenarios de laboratorio [laboratory settings] mediante exposición a fuentes internas (e.g., cognición) o externas de estímulos sexuales: lo más común es que éstos incluyan imágenes sexuales o películas que pintan actos sexuales, cintas de audio que describen interacciones sexuales, o fantasía sexual. Dos aspectos de la activación fisiológica [arousal] sexual, la activación fisiológica [arousal] genital y la subjetiva (autoinformada), son el foco de la mayoría de la investigación sobre activación fisiológica [arousal] sexual. La activación fisiológica [arousal] sexual autoinformada es típicamente medida o bien después de un estímulo sexual, o bien concurrentemente con un estímulo sexual mediante el uso de un aparato, tal como una palanca, que cuantifica cambios a medida que el participante procesa el estímulo. La activación fisiológica [arousal] sexual autoinformada es diferente de la respuesta genital autoinformada; la primera se refiere primordialmente a un estado emocional de activación fisiológica [arousal] sexual, en tanto que la segunda es una estimación subjetiva de la extensión de la respuesta fisiológica.

Tanto para hombres como para mujeres, la activación fisiológica [arousal] sexual genital se refiere a la vasocongestión genital. Lo más común en la medición de la vasocongestión genital es hacerlo usando una fotoplecismografía vaginal o un plecismógrafo peneano circunferencial: el primero mide los aumentos en vasocongestión del epitelio vaginal, y el último mide cambios en la circunferencia peneana a medida que la vasocongestión produce erección. Aunque la vasocongestión genital es probablemente un proceso fisiológicamente idéntico en mujeres y varones, los resultados finales (lubricación vaginal y erección) no lo son. La lubricación vaginal es producto de vasocongestión genital; sin embargo, la relación entre magnitud de vasocongestión y cantidad de lubricación no se comprende bien. Sin embargo, las mediciones de erección determinan directamente el estado final de la vasocongestión genital en lo hombres. Aunque ambas mediciones tienen buenas propiedades sicométricas (Janssen, 2002), cuando se considera el significado de las diferencias sexuales en sicopatología sexual es crucial considerar cuidadosamente cómo se operacionalizan y se miden la activación fisiológica [arousal] subjetiva y la genital en cada sexo.

Intereses sexuales: Definición y medición

 

El interés sexual se ejemplifica en la aparición mayor de pensamiento, sentimientos y comportamientos sexuales que involucren la persona, objeto o actividad de interés preferidos. En general, la mayoría de los adultos se sienten sexualmente atraídos a otros adultos, sea personas del sexo opuesto o, menos frecuentemente, personas del mismo sexo. Orientación sexual es la expresión comúnmente usada para describir este interés sexual, y puede ser definida como el grado de interés sexual que se siente por personas del mismo sexo, comparadas con personas del sexo opuesto. Los intereses sexuales, o preferencias, se expresan en fantasía y comportamiento sexuales (Sell, 1997), y estas dimensiones de orientación sexual están típicamente altamente correlacionadas entre los varones. Los intereses sexuales pueden también ser descritos como sujetos a variación [varying] en cuanto a la categoría o blanco preferido (e.g., varones o mujeres, juveniles versus adultos) u objetos (e.g., humanos versus materiales) y por la actividad preferida (e.g., relación sexual consensual, travestismo, exhibir los propios genitales; Freund et al.,1997). Esta nosología de intereses sexuales describe la variedad de intereses sexuales normativos y desviantes [deviant] en los varones, pero no es claro que este modelo de intereses sexuales se aplique a las mujeres.

Recientemente, los investigadores que estudian la orientación sexual han llamado la atención sobre una diferencia de cualidad en las preferencias sexuales de las mujeres y de los hombres, tal que las preferencias sexuales de las mujeres se manifiestan como flexibles, fluidas o menos categóricas (Baumeister, 2000). Las diferencias entre sexos en la distribución de atracciones sexuales (Bailey et al., 2000), la exclusividad de experiencia sexual del mismo sexo y del opuesto sexo (Kinsey et al., 19481953; Laumann et al., 1994; Rust, 1992), la relación entre atracciones sexuales y comportamientos sexuales (Bailey et al., 2000), y el desarrollo y la estabilidad temporal de la identidad sexual (Bell et al., 1981; Diamond, 2000ab2003; Kinnish et al., 2005; Savin-Williams & Diamond, 2000) sugiere que, para las mujeres, hay una mayor variabilidad entre las manifestaciones sicológicas y comportamentales de las preferencias sexuales. El desarrollo de la orientación sexual también difiere en que, par alas mueres, las primeras atracciones sexuales del mismo sexo a menudo emergen de amistades apasionadas (Diamond, 2000ab), en tanto que los hombres citan la activación fisiológica [arousal] sexual ante personas del mismo sexo o del sexo opuesto como una fuente de información más importante sobre las atracciones sexuales durante la formulación de su identidad sexual (Bell et al., 1981; Savin-Williams & Diamond, 2000). También, la investigación sobre las bases biológicas de la orientación sexual sugiere etiologías sexualmente dimórficas de la orientación sexual (Mustanski et al., 2002). La ausencia de efectos de orientación sexual en la sicofisiología sexual de la mujer es otro ejemplo de la no especificidad de la sexualidad de la mujer, que puede estar relacionada con la flexibilidad aumentada de los intereses sexuales de la mujer, comparada con los del hombre.

La activación fisiológica [arousal] sexual como indicador de interés sexual

 

Se cree que la activación fisiológica [arousal] sexual en respuesta a las categorías preferidas de sujetos-blanco es una indicación de atracción sexual, al menos para los varones. La respuesta de activación fisiológica [arousal] sexual ante una imagen, un objeto o un pensamiento es un indicador del potencial erótico de esa categoría de estímulos para esa persona. “Especificidad de categoría” se refiere a la activación fisiológica [arousal] sexual que es altamente dependiente de las características de los blancos sexuales o de las actividades sexuales retratadas en una categoría de estímulos. Los estímulos sexuales que pintan los individuos o blancos sexuales que corresponden a los intereses sexuales observados de una persona se considerarían preferidos, y los estímulos que pinten cualquier otra cosa de otra manera, no preferidos. Si hay una fuerte asociación entre las preferencias sexuales y las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual ante diferentes categorías de estímulos sexuales, se podrían hacer inferencias sobre los intereses sexuales de una persona y de su comportamiento sexual futuro midiendo las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual. Para estudios que examinen la asociación entre orientación sexual y respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual, la especificidad por categorías refiere a la activación fisiológica [arousal] que es altamente dependiente de las características de género de un estimulo sexual, y cuando se usan estímulos sexuales visuales, la especificidad por categoría se manifiesta como respuestas diferenciales ante representaciones visuales de varones y mujeres. La preferencia sexual por una cierta categoría sería indicada por una activación fisiológica [arousal] significativamente más grande ante una categoría de estímulos sexuales versus otra categoría.

Hombres

 

Típicamente los hombres muestran un patrón de activación fisiológica [arousal] sexual específico por categoría, i.e., sus patrones de activación fisiológica [arousal] sexual genitales y autoinformados en respuesta a estímulos sexuales preferidos y no preferidos corresponden a sus intereses sexuales aseverados u observados. Se ha demostrado que esto es cierto para las atracciones sexuales de los hombres hacia adultos del mismo sexo y del sexo opuesto (Barr & McConaghy, 1971; Chivers et al., 2004; Chivers & Bailey, 2005; Freund, 1963; Freund et al., 1973,1974; Mavissakalian et al. 1975; Reiger et al., 2005; Sakheim et al., 1985; Tollison et al., 1979), hacia personas físicamente inmaduras, i.e., paidofilia (Blanchard et al., 2001; Freund & Blanchard, 1989; Freund & Watson, 1991; Seto et al., 2000), y hacia objetos fetichísticos, i.e., fetichismo travesti [travestic fetishism] (Blanchard et al., 1986). De modo similar, los violadores y hombres de la comunidad sexualmente coercitivos encarcelados demuestran relativamente mayor respuesta genital a estímulos que pintan la agresión (Bernat et al., 1999; Lalumière & Quinsey, 1994; Lalumière et al., 2003; Lohr et al., 1997). La activación fisiológica [arousal] autoinformada de los hombres también demuestra especificidad de categoría: típicamente los hombres no informan activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos no preferidos (Chivers et al., 2004; Mavissakalian et al., 1975; Sakheim et al., 1985; Steinman et al., 1981).

Hay también evidencia de que la activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos sexuales preferidos está relacionada con el comportamiento sexual en los hombres. Las fuertes correlaciones entre la activación fisiológica [arousal] sexual relativa ante estímulos de varón y de mujer e índices de comportamiento sexual con el mismo sexo o con el sexo opuesto indican que los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual del laboratorio están positivamente relacionados con el comportamiento sexual pasado (Chivers, 2003). En la investigación diseñada para permitir comportamiento sexual voluntario mientras se contemplan los estímulos sexuales, los hombres tenían mucha más probabilidad de involucrarse en autoestimulación cuando veían los estímulos sexuales preferidos versus los estímulos sexuales no preferidos, e informaban mayor activación fisiológica [arousal] ante los estímulos sexuales preferidos (Schmidt, 1975). Entre los delincuentes sexuales, también se ha demostrado que los patrones de activación fisiológica [arousal] genital predicen el futuro comportamiento sexual. Por ejemplo, entre los delincuentes sexuales identificados que actúan en perjuicio de infantes, los patrones específicos de respuestas genitales a las imágenes sexuales de infantes predicen el comportamiento sexual futuro con infantes (Hanson & Bussière, 1998). Tomados en conjunto, estos datos muestran que en el laboratorio la activación fisiológica [arousal] sexual de los hombres llega a su máximo ante los estímulos sexuales preferidos, y que los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual en el laboratorio están relacionados con comportamientos sexuales pasados, concurrentes y futuros.

Mujeres

 

La relación entre los intereses sexuales de las mujeres y los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual es menos directa [straightforward] que la de los hombres. Las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual subjetivas de las mujeres pueden ser descritas como relativamente específicas de categoría. Los estudios que informan diferencias significativas en niveles medios de respuesta a estímulos sexuales preferidos y no preferidos sugieren especificidad (e.g., Blackford et al., 1996; Chivers et al., 2004; Schmidt, 1975; Steinman et al., 1981; Wincze & Qualls, 1984); sin embargo, esta comparación no toma en cuenta los niveles absolutos de respuesta, solamente consideran la respuesta relativa. En promedio, las mujeres informan activación fisiológica [arousal] sexual incrementada tanto ante estímulos sexuales preferidos como no preferidos (Schmidt, 1975; Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996), lo que sugiere que las respuestas cognitivas y afectivas a los estímulos sexuales no son dependientes de los estímulos sexuales que pintan un interés sexual preferido. La exposición a estímulos sexuales preferidos y no preferidos da como resultado tasas similares de masturbación y comportamientos sexuales en pareja entre las mujeres, en contraste con los hombres (Schmidt, 1975). Esto sugiere que entre las mujeres la motivación para involucrarse en conductas sexuales es también menos dependiente de la exposición a los estímulos sexuales preferidos.

Fisiológicamente, la activación fisiológica [arousal] sexual de las mujeres se describe mejor llamándola no específica. Las mujeres demuestran aumentos sustanciales en respuesta genital tanto a los estímulos sexuales preferidos como a los no preferidos, y estas respuestas no son significativamente más grande para los estímulos preferidos (Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996; Steinman et al., 1981; Wilson & Lawson, 1978; Wincze & Qualls, 1984). Las respuestas de activación fisiológica [arousal] genital de las mujeres están débilmente relacionadas con sus preferencias sexuales; aunque una mujer puede informar preferencias comportamentales y sicológicas (atracción, pensamientos, excitación sexual autoinformada) en relación con las mujeres, los hombres, o ambos, sus respuestas genitales no son más altas ante imágenes sexuales de su sexo preferido. Otro modo de conceptuar este efecto es que las respuestas genitales de las mujeres son no específicas en relación con las características sexuales que pueden desencadenar respuestas genitales (Chivers & Bailey, 2005).

Esta perspectiva de no especificidad de la respuesta sexual hace surgir la pregunta de cómo se define una característica sexual: ¿qué claves de un estímulo sexual lo definen como sexual, y como perteneciente a una categoría de estímulos sexuales preferidos? Algunos han sugerido que las claves sexuales son significados sexuales intrínsecos que se procesan automáticamente y general vasocongestión genital antes de un procesamiento superior de los estímulos sexuales (Van Lunsen & Laan, 2005). La investigación que muestra que los estímulos sexuales visuales producen una respuesta genital más alta que los estímulos puramente cognitivos (Both et al., 2005), y también que los estímulos visuales sexualmente explícitos, e.g., representaciones visuales francas de órganos sexuales y actos sexuales, generan respuestas genitales más altas que los estímulos sexualmente sugerentes (Heiman, 1977), indican que las claves sexuales también incluyen características sexuales visuales, además de significaciones sexuales.

Dado que las respuestas de excitación de los varones son específicas por categoría, se podría esperar que las características visuales fueran las que identifican de modo no ambiguo a los individuos u objetos que pertenecen a una categoría sexual preferida. Por ejemplo, las características visuales que indican un sexo preferido incluirían las características primarias y secundarias (e.g., pene, senos desarrollados [full breasts], forma del cuerpo). Sin embargo, par alas mujeres las características sexuales que activan las respuestas genitales no parecen reflejar exclusivamente el sexo preferido (Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996). La vasocongestión vaginal puede ser provocada por la exposición a características sexual no específicas, i.e., cualquier contenido o significado sexuales, sea o no que las categorías de blancos sexuales o actividades sexuales sean las preferidas.

Para poner a prueba esta hipótesis, examinamos en hombres y mujeres las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual subjetivas ante estímulos que pintan actividad sexual, y que por lo tanto tienen significado sexual, pero que no incluyen blancos humanos plausibles (actores humanos). Creamos un estímulo sexual no humano retratando a bonobos machos y hembras involucrados en relación sexual penil-vaginal cara a cara, y medidos las respuestas de activación fisiológica [arousal] de las mujeres y las de los hombres a esto y a los estímulos sexuales humanos (parejas de gays, lesbianas y heterosexuales involucrados en sexo oral y penetrativo; Chivers & Bailey, en prensa). Las mujeres mostraron un aumento significativo de activación fisiológica [arousal] genital ante un estímulo sexual no humano, pero no informaron estar sexualmente excitados ante este estímulo. Esto significa que las claves sexuales de la película fueron suficientes para activar una respuesta genital automática, pero no una experiencia sicológica de la activación fisiológica [arousal] sexual. También las mujeres mostraron un patrón no específico de activación fisiológica [arousal] genital ante los estímulos sexuales humanos, replicando los efectos informados por Laan et al. (1996) y por Chivers et al. (2004). Los hombres no mostraron activación fisiológica [arousal] ni genital ni subjetiva ante los estímulos sexuales no humanos, y mostraron un patrón de categoría específica en su activación fisiológica [arousal] genital y subjetiva ante los estímulos humanos. Estos resultados sugieren que las respuestas genitales de las mujeres pueden ser provocadas por el procesamiento de estímulos sexuales muy generales

Explicaciones alternativas de la no especificidad de la respuesta sexual de la mujer

 

Un desafío al descubrimiento de la no especificidad de la mujer podría ser que la no especificidad sea común a ambos sexos y que la respuesta específica por categoría de los varones sea el resultado de una inhibición consciente o inconsciente de las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual a los estímulos sexuales no preferidos. (El término “inconsciente” se usa a lo largo de este artículo para describir los procesos cognitivos que se producen por debajo del umbral de la conciencia.) La investigación sobre la Manipulación consciente de la respuesta genital sugiere que los hombres son capaces de reducir, pero no de incrementar, sus respuestas a estímulos sexuales no preferidos (Adams et al., 1992). Si los hombres estuvieran involucrándose en inhibir respuestas de activación fisiológica [arousal], entonces aumentar la activación fisiológica [arousal] ante estímulos sexuales no preferidos debería ser algo posible de hacer frenando los esfuerzos de inhibición. En verdad, los hombres demuestran respuestas genitales significativas ante los estímulos sexuales no preferidos eróticamente intensos (e.g., películas de actividad sexual), pero éstas son típicamente mucho más bajas que ante estímulos preferidos (Chivers, 2003; Chivers & Bailey, en prensa). Quizás, en los hombres, la activación fisiológica [arousal] genital ante estímulos no preferidos sea el remanente de los esfuerzos para suprimir las respuestas genitales.

Otra posibilidad es que la significación sexual por sí sola sea capaz de generar una respuesta modesta de activación fisiológica [arousal] en los hombres, pero esta respuesta se hace mucho más grande cuando se acopla a características de una categoría sexual preferida. Sin embargo, esto parece improbable porque los varones no mostraron ningún aumento en la respuesta genital a estímulos sexuales no humanos (Chivers & Bailey, en prensa); por lo tanto los características sexuales generales o el significado sexual por sí mismo pueden no ser suficientes para generar una respuesta de activación fisiológica [arousal] en los hombres. También, no se requieren los características sexuales visuales de una pareja sexual preferida para la respuesta genital de los hombres, porque los hombres pueden mostrar respuestas genitales a estímulos sexuales humanos no preferidos (Chivers, 2003; Chivers & Bailey, en prensa).

Por otra parte, la inhibición de las respuestas sexuales no querida puede darse en un nivel inconsciente en los varones, donde las estimaciones [appraisals] de los estímulos sexuales son automáticas (Janssen et al., 2000). Tomando como base los datos que no mostraban ningún efecto genérico en una medición sicofisiológica del procesamiento afectivo temprano, Both et al. (2003) propusieron que no hay diferencias sexuales en el procesamiento automático de los estímulos sexuales; en lugar de ello, las diferencias sexuales emergen en la estimación de los estímulos sexuales y en la regulación de las respuestas sexuales, que son procesos que involucran procesamiento consciente (Spiering et al., 2004). Se necesita una indagación más profunda en los sistemas cognitivos y afectivos que gobiernan el procesamiento de los estímulos sexuales para clarificar la naturaleza de la especificidad de respuesta tanto en mujeres como en hombres.

Una segunda amenaza para la validez de una hipótesis de no especificidad, en relación con las mujeres, es el sesgo de voluntariado. Las mujeres que participan en estudios de activación fisiológica [arousal] sexual son típicamente no representativas (e.g., Morokoff, 1986; Wolchik et al., 19831985). Comparadas con no voluntarios, los voluntarios de investigación sexual informan más experiencia sexual, actitudes sexuales más liberales y mayor interés sexual en materiales explícitamente sexuales (e.g., Wolchik et al., 1985). Las voluntarias de investigación sexual sicofisiológica, probablemente una muestra de mujeres todavía más rarificada, informan mayor experiencia masturbatoria y no coital (i.e., sexo oral), menos inhibición sexual, e informan más experiencia con materiales eróticos, 1985; Wolchik et al., 1983), que los no voluntarios. Morokoff (1985) ha demostrado también que las mujeres sexualmente más inhibidas experimentan una respuesta vaginal más alta a los materiales eróticos que las mujeres menos inhibidas. Quizás las respuestas no específicas son comunes solamente a esas mujeres que están dispuestas a participar en estudios de activación fisiológica sexual [sexual arousal], i.e., mujeres con mayor experiencia sexual. En un test indirecto de determinación de efectos de sesgo, Chivers et al. (2004) mostraron que las respuestas genitales no específicas de activación fisiológica no están relacionadas con variables que distingan a las participantes de las mujeres que eligen no participar en la investigación de activación fisiológica [arousal] sexual.

Una alternativa final para la falta de especificidad en la activación fisiológica [arousal] genital de las mujeres es metodológica: la fotoplecismografía vaginal no puede detectar un patrón de respuesta específico de categoría, en tanto que la plecismografía peneana puede hacerlo. Aunque la activación fisiológica [arousal] sexual genital de las mujeres puede ser medida confiablemente, la investigación que da apoyo a su validez de constructo es menos abundante que para las mediciones falométricas de los varones (Janssen, 2002). Chivers et al. (2004) examinaron la especificidad de la respuesta genital entre mujeres transexuales con intereses sexuales que variasen entre varones y mujeres y demostraron que, usando la fotoplecismografía vaginal, es posible detectar un patrón específico de categoría en mujeres transexuales. Este estudio no solamente valida la interpretación de que el patrón de activación fisiológica [arousal] natal de las mujeres es la no especificidad, sino que también sugiere que el sexo, y no el género, está más fuertemente relacionado con un patrón de respuesta categórica en los varones biológicos.

Implicaciones de respuesta genital automática y no específica en las mujeres

 

Un aspecto notable y raramente estudiado [assessed] de la activación fisiológica [arousal] genital de la mujer es la casi instantáneo incremento de respuesta genital cuando comienza un estímulo sexual. La latencia de aumentos visible en la amplitud del pulso vaginal, la medición sicofisiológica de la vasocongestión vaginal, ante estímulos sexuales es notablemente corta y típicamente muestra un marcado aumento en la amplitud segundos después del comienzo de un estímulo sexual (Laan & Janssen, en prensa). La velocidad de esta respuesta sugiere claves sexuales que son procesadas y apreciadas inconscientemente, iniciando una respuesta fisiológica que es “automática” (Van Lunsen & Laan, 2004). Como especularon Van Lunsen y Laan, las características visuales sexuales pueden estar dentro de una clase de estímulos evolutivamente relevantes y biológicamente preparados (cfr. Seligman, 1971) que inician automáticamente la respuesta sexual (Geer et al., 1992). Para las mujeres, la vasocongestión genital reflexiva y automática en respuesta a características sexuales visuales puede ser un mecanismos protector (Laan, 1994), que prepara los genitales para la actividad sexual por medio de la lubricación, facilitando la penetración y reduciendo la probabilidad de lastimaduras o infecciones genitales durante la actividad sexual. Esto puede explicar por qué a veces mujeres que han sido sexualmente asaltadas informan lubricación vaginal y, para algunas personas, orgasmo durante la actividad sexual no deseada (Levin & van Berlo, 2004). También, las mujeres muestran respuesta genital incrementada en respuesta a representaciones de coerción sexual en el laboratorio (Both et al., 2003; Laan et al., 1995; Stock, 1983). El hecho de que las mujeres experimenten una respuesta genital física ante sexo no deseado y representaciones de coerción sexual es sugerente de que la respuesta de vasocongestión de las mujeres está iniciada automáticamente por la exposición a los estímulos sexuales, sean preferidos, deseados, o no. Una mujer que ha experimentado vasocongestión genital y respuesta física durante un ataque sexual puede sentirse consolada por reinterpretan su respuesta sexual física como que su cuerpo estaba protegiéndose.

Una respuesta de activación Una respuesta de activación fisiológica sexual [arousal] no específica ante los estímulos sexuales puede tener implicaciones para entender las diferencias entre sexos en la orientación sexual. La no especificidad de la activación fisiológica sexual [arousal] es otro ejemplo de la flexibilidad sexual de la mujer, consistente con la concepción de Baumeister (2000) sobre la maleabilidad de la sexualidad de la mujer, en relación con la de los varones. La activación fisiológica sexual no específica puede facilitar mayor fluidez de las preferencias sexuales de la mujer al no limitar las respuestas sexuales. Por ejemplo, algunas mujeres que participan en el movimiento feminista eligen identificarse como lesbianas a modo de declaración política (Blumstein & Schwartz, 1977). Lo que es más sorprendente de esto es que las mujeres tenían la sensación de haber tenido la posibilidad de elegir. Es mucho más probable que los varones afirmen que siempre han sabido que eran gays y que nunca sintieron que su orientación sexual fuera una elección voluntaria (Whisman, 1996). Que las mujeres puedan hacer esta elección implica que hay una diferencia sexual tanto en la capacidad de la cultura como en la capacidad de la política de moldear la expresión sexual  (Baumeister & Twenge, 2002) y la motivación sexual de la mujer (Baumeister et al., 2001).

Un  sistema sexual donde la activación fisiológica [arousal] sexual puede ser generada por una amplia variedad de estímulos sexuales, tanto preferidos como no preferidos, puede tener implicaciones también para la expresión de preferencias sexuales menos típicas. La sexología clínica hace ya mucho que ha documentado la sobrerrepresentación de los varones que presentan preferencias sexuales atípicas (Hunter & Mathews, 1997). Los estudios epidemiológicos de los intereses similares-a-las-parafilias en las mujeres dan apoyo a la observación de la literatura clínica sobre una diferencia sexual en las tasas de intereses sexuales desviantes [deviant], con más varones informando activación fisiológica sexual al vestir la ropa del sexo opuesto (2.8 % vs. 0.4%; Långström & Zucker, 2005), activación fisiológica sexual al exponer sus genitales (4.3% vs. 2.1%), y con activación fisiológica sexual al espiar el comportamiento sexual de otros y sentirse sexualmente activado por esto (13% vs. 4%) (Långström & Seto, en prensa). La tasa excepcionalmente baja de intereses sexuales parafílicos entre las mujeres sugiere que las “equivocaciones” [“errors”] en las preferencias sexuales de las mujeres son menos probables que en los varones. O quizás, como la activación fisiológica sexual es no específica y hasta cierto punto es independiente de los procesos sicológicos, las desviaciones [deviations] sexuales de las mujeres se manifestarán como problemas que tienen una apariencia muy diferentes de la de los hombres. La definición de parafilia tiene que ver con la activación sexual categórica y con la preferencia sexual por algo. Para las mujeres, es posible que esta definición no sirva. En lugar de ellos, el comportamiento sexual de las mujeres puede estar más gobernado por procesos románticos y afectivos (Diamond, 2004) que por las atracciones sexuales direccionales y por la activación fisiológica sexual. Las desviaciones [Deviations] en la sexualidad de las mujeres puede por lo tanto manifestarse como mala regulación [dysregulation] del apego romántico/afectivo, como en la erotomanía primaria (Brüne, 2001 2003).

La no especificidad de las respuestas sexuales de las mujeres es otro ejemplo de lo que parece ser un truismo para la activación fisiológica [arousal] sexual de la mujer: la fisiología y la sicología pueden no corresponderse. Los estudios que examinan los efectos de los agentes farmacológicos diseñados para aumentar la activación fisiológica sexual de las mujeres en general han sacado como conclusión que éstos son efectivos porque aumentan la vasocongestión genital, pero no aumentan significativamente la activación subjetiva [subjective arousal] (Laan et al., 2001 2002; Meston & Heiman, 1998; Meston & Worcel, 2002). De modo similar, las mujeres que muestran desorden de la activación fisiológica [arousal] sexual no muestran respuesta genital significativamente más baja, comparadas con mujeres sin problemas de activación fisiológica [arousal] sexual (Morokoff & Heiman, 1980), pero informan activación sexual más baja ante estímulos s4exuales en el laboratorio. Los modelos más nuevos de la disfunción sexual de la mujer toman en consideración la desconexión entre la excitación sicológica y la fisiológica, y subrayan los roles de los factores sicológicos, relacionales y contextuales en el desarrollo y mantenimiento del desorden de activación sexual en las mujeres (Basson et al., 2003).

Si la activación fisiológica [arousal] sexual de las mujeres no es específica por categorías, examinar los patrones de activación fisiológica [arousal] ante estímulos sexuales preferidos y no preferidos tiene muy poca probabilidad de ser un medio de determinar objetivamente los intereses sexuales de la mujer. Recuérdese que la no especificidad se observa en respuestas de activación fisiológica [arousal] ante categorías preferidas de blancos u objetos sexuales. Se desconoce, sin embargo, si las mujeres también muestran respuestas de activación fisiológica [arousal] no específica ante estímulos sexuales que pinten actividades preferidas y no preferidas. Las mujeres sí muestran respuestas genitales significativamente mayores ante estímulos que representan actividad consensual, versus no consensual (Both et al., 2003; Laan et al., 1995; Stock, 1983), lo que sugiere especificidad de categoría para actividades sexuales en mujeres. Sin embargo, los estímulos usados en estos estudios no fueron ideales para poner a prueba esta hipótesis, porque contenían cantidades de explicitud sexual [sexual explicitness] que diferían entre sí, de modo que no es claro si esta diferencia está relacionada con las preferencias de consentimiento de la actividad sexual o con la cantidad de claves sexuales explícitas en las películas. Sigue estando sin determinar si las mujeres que informaban preferencias particulares de actividad sexual, tales como preferencias de sadismo o masoquismo, muestran patrones específicos de categoría en activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos de actividades sexuales preferidas o no preferidas.

Observaciones para concluir

 

A todo lo largo de este articulo me he referido a la diferencia en activación fisiológica [arousal] sexual como una “diferencia sexual” y no una diferencia de género. Este ultimo término sería apropiado si la especificidad de categoría se aplicara solamente a los varones biológicos que viven en un rol de género de varón, y éste no es el caso. La activación fisiológica [arousal] sexual sexoespecífica ha sido observada en transexuales postoperados de varón a mujer, i.e., varones biológicos que se identifican como mujeres y que tienen vaginas construidas quirúrgicamente (Lawrence et al., 2005). Si la no especificidad estuviera más fuertemente relacionada con el rol genérico de la mujer, entonces los individuos que se identifican como mujeres, sean o no biológicamente varones, deberían mostrar este patrón de activación fisiológica [arousal] sexual. En lugar de ello, los varones biológicos continúan mostrando un patrón de respuesta sexual específico por categoría, sin tener en cuenta su identidad genérica.

Es esencial advertir que esta diferencia sexual, la no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres, está limitada a las respuestas afectivas y fisiológicas dadas al procesamiento de estímulos sexuales visuales. Los neurocientíficos que estudian la activación cerebral durante el procesamiento de los estímulos sexuales visuales muestran que los varones muestran mayor activación en regiones del cerebro asociadas con la activación fisiológica [arousal] emocional y la recompensa que las mujeres, lo que sugiere que los estímulos visuales poseen para los hombres un valor de incentivo más alto (Hamann et al., 2004). Es por lo tanto concebible que se puedan obtener diferentes efectos para otras modalidades de estímulos sexuales, tales como los táctiles o los auditivos. Por ejemplo, quizás las respuestas de los varones a estímulos sexuales no preferidos puedan ser acentuadas [enhanced] por estimulación táctil, lo que sugiere que la especificidad puede ser superada [overridden] por un input sensorio compitiente.

La no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual de la mujer está entre las muchas diferencias sexuales, lo que sugiere que la sexualidad de la mujer y la del varón no son caras opuestas de la misma moneda. Los investigadores que apuntan a desarrollar modelos de sexualidad más parsimoniosos deberían considerar la posibilidad de que las mujeres y los hombres pueden ni siquiera estar usando la misma moneda [currency] cuando se trata de sexo; los roles funcionales de la sexualidad pueden ser tan diferentes para hombres y mujeres que extrapolar de los unos a los otros puede no tener sentido (Baumeister & Vohs, 2004). Como lo notó Lloyd (2004), las perspectivas del varón sobre la sexualidad de la mujer han conducido a algunos investigadores a proponer hipótesis androcéntricas sobre la función del orgasmo de la mujer, cuando hay datos limitados que dan apoyo a estas ideas. Los modelos futuros de la sexualidad de la mujer pueden demostrar mayor validez si se fundan sobre descubrimientos empíricos y no sobre creencias políticas sobre las diferencias o la igualdad de sexo y de género. Así como las mujeres no son hombres sexualmente reprimidos que necesitan de liberación, los hombres no son mujeres hipersexuadas que necesiten ser disciplinadas.

Referencias

 

[1] Adams, H. E., Motsinger, P., McAnulty, R. D. and Moore, A. L. (1992) Voluntary control of penile tumescence among homosexual and heterosexual subjects, Archives of Sexual Behavior, 21, pp. 17–31.

[2] American Psychiatric Association (APA) (1994) Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 4th edn , Washington, DC: American Psychiatric Association.

[3] Bailey, J. M., Dunne, M. P. and Martin, N. G. (2000) Genetic and environmental influences on sexual orientation and its correlates in an Australian twin sample, Journal of Personality and Social Psychology, 78, pp. 524–536.

[4] Barlow, D. H. (1986) Causes of sexual dysfunction: The role of anxiety and cognitive interference, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 54, pp. 140–148.

[5] Barr, R. F. and McConaghy, N. (1971) Penile volume changes to appetitive and aversive stimuli in relation to sexual orientation and conditioning performance, British Journal of Psychiatry,  119, pp. 377–383.

[6] Basson, R., Leiblum, S., Brotto, L., Derogatis, L., Fourcroy, J., Fugl-Meyer, K., Graziottin, A., Heiman, J. R., Laan, E., Meston, C., Schover, L., van Lankveld, J. and Schultz, W. (2003) Definitions of women's sexual dysfunction reconsidered: Advocating expansion and revision, Journal of Psychosomatic Obstetrics and Gynecology, 24, pp.  221–229.

[7] Baumeister, R. F. (2000) Gender differences in erotic plasticity: The female sex-drive as socially flexible and responsive, Psychological Bulletin, 126, pp. 347–374.

[8] Baumeister, R. F. and Twenge, J. M. (2002) Cultural suppression of female sexuality, Review of General Psychology, 6, pp. 166–203.

[9] Baumeister, R. F., Catanese, K. R. and Vohs, K. D. (2001) Is there a gender difference in strength of sex drive? Theoretical views, conceptual distinctions and a review of relevant evidence, Personality and Social Psychology Review, 5, pp. 242–273.

[10] Baumeister, R. F. and Vohs, K. D. (2004) Sexual economics: Sex as female resource for social exchange in heterosexual interactions, Personality and Social Psychology Review, 8, pp. 339–363.

[11] Bell, A. P., Weinberg, M. S. and Hammersmith, S. K. (1981) Sexual preference: Its development in men and women , Bloomington: Alfred C. Kinsey Institute of Sex Research.

[12] Bem, D. J. (1996) Exotic becomes erotic: A developmental theory of sexual orientation, Psychological Review, 103, pp. 320–335.

[13] Bernat, J. A., Calhoun, K. S. and Adams, H. E. (1999) Sexually aggressive and nonaggressive men: Sexual arousal and judgments in response to acquaintance rape and consensual analogues, Journal of Abnormal Psychology, 108, pp. 662–673.

[14] Blackford, L., Doty, S. and Pollack, R. (1996) Differences in subjective arousal in heterosexual, bisexual and lesbian women, Canadian Journal of Human Sexuality , 5, pp. 157–167.

[15] Blanchard, R., Racansky, I. G. and Steiner, B. W. (1986) Phallometric detection of fetishistic arousal in heterosexual male cross-dressers, The Journal of Sex Research, 22, pp.  452–462.

[16] Blanchard, R., Klassen, P., Dickey, R., Kuban, M. E. and Blak, T. (2001) Sensitivity and specificity of the phallometric test for pedophilia in nonadmitting sex offenders, Psychological Assessment, 13, pp. 118–126.

[17] Blumstein, P. W. and Schwartz, P. (1977) Bisexuality: Some social psychological issues, Journal of Social Issues , 33, pp. 30–45.

[18] Both, S., Everaerd, W. and Laan, E. (2003) Modulation of spinal reflexes by aversive and sexually appetitive stimuli, Psychophysiology, 40, pp. 174–183.

[19] Both, S., Everaerd, W., Laan, E. and Gooren, L. (2005) Effect of a single dose of levodopa on sexual response in men and women, Neuropsychopharmacology, 30, pp. 173–180.

[20] Brüne, M. (2001) De Clérambault's syndrome (erotomania) in an evolutionary perspective, Evolution and Human Behavior , 22, pp. 409–415.

[21] Brüne, M. (2003) Erotomanic stalking in evolutionary perspective, Behavior Sciences and the Law, 21, pp.  83–88.

[22] Chivers, M. L. (2003) A sex difference in the specificity of sexual arousal, Unpublished doctoral  dissertation. Evanston, USA: Northwestern University.

[23] Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) A sex difference in features that elicit genital response, Biological Psychology, 70, pp. 115–120.

[24] Chivers, M. L., Rieger, G., Latty, E. and Bailey, J. M. (2004) A sex difference in the specificity of sexual arousal, Psychological Science, 15, pp. 736–744.

[25] Chivers, M. L., Seto, M. C., Lalumière, M. L., Laan, E. and Grimbos, T. (2005) Agreement of genital and subjective measures of sexual arousal: A meta-analysis, Poster presented at the Annual Meeting of the International Academy of Sex Research. Ottawa,  Canada.

[26] Diamond, L. M. (2000a) Passionate friendships among adolescent, sexual-minority women, Journal of Research on Adolescence , 10, pp. 191–209.

[27] Diamond, L. M. (2000b) Sexual identity, attractions and behavior among young sexual-minority women over a 2-year period, Developmental Psychology, 36, pp. 241–250.

[28] Diamond, L. M. (2003) What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire, Psychological Review, 110, pp. 173–192.

[29] Diamond, L. M. (2004) Emerging perspectives on distinctions between romantic love and sexual desire, Current Directions in Psychological Science, 13, pp. 116–119.

[30] Everaerd, W., Laan, E. T.M., Both, S. and Spiering, M. (2001) Sexual motivation and desire, in: W. Everaerd, E. Laan and S. Both (Eds). Sexual appetite, desire and motivation: Energetics of the sexual system, pp. 95–110. Amsterdam: Royal Netherlands Academy of Arts  and Sciences.

[31] Freund, K. (1963) A laboratory method for diagnosing predominance of homo- or hetero-erotic interest in the male, Behaviour Research and Therapy, 1, pp. 85–93.

[32] Freund, K. and Blanchard, R. (1989) Phallometric diagnosis of pedophilia, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 57, pp. 100–105.

[33] Freund, K. and Watson, R. J. (1991) Assessment of the sensitivity and specificity of a phallometric test: An update of phallometric diagnosis of pedophilia, Psychological Assessment, 3, pp. 254–260.

[34] Freund, K., Langevin, R., Cibiri, S. and Zajac, Y. (1973) Heterosexual aversion in homosexual males, British Journal of Psychiatry , 122, pp. 163–169.

[35] Freund, K., Langevin, R., Cibiri, S. and Zajac, Y. (1974) Heterosexual aversion in homosexual males: A second experiment, British Journal of Psychiatry , 125, pp. 177–180.

[36] Freund, K., Seto, M. C. and Kuban, M. (1997) Frotteurism and the theory of courtship disorder, in: D. R. Laws and W. O'Donohue (Eds). Sexual deviance: Theory, assessment and treatment,  pp. 111–130. New York: Guilford Press.

[37] Frijda, N. H. (1986) The emotions , Cambridge, UK: Cambridge University Press.

[38] Geary, D. C. (1998) Male, female: The evolution of human sex differences, Washington, DC: American  Psychological Association.

[39] Geer, J. H. and Bellard, H. S. (1996) Sexual content induced delays in unprimed lexical decisions: Gender and context effects, Archives of Sexual Behavior , 25, pp. 379–395.

[40] Geer, J. H., Lapour, K. J. and Jackson, S. R. (1992) The information processing approach to human sexuality, in: N. Birbaumer and A. Ohman (Eds). The structure of emotion: Psychophyiological, cognitive and clinical aspects, pp. 128–155. Toronto:  Hogrefe-Huber.

[41] Hamann, S., Herman, R. A., Nolan, C. L. and Wallen, K. (2003) Men and women differ in amygdala response to visual sexual stimuli, Nature Neuroscience , 301, pp. 1104–1107.

[42] Hanson, R. K. and Bussière, M. T. (1998) Predicting relapse: A meta-analysis of sexual offender recidivism studies, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66, pp. 348–362.

[43] Heiman, J. R. (1977) A psychophysiological exploration of sexual arousal patterns in females and males, Psychophysiology , 14, pp. 266–274.

[44] Hunter, J. A. and Mathews, R. (1997) Sexual deviance in females, in: D. R. Laws and W. O'Donohue (Eds). Sexual deviance: Theory, assessment and treatment, pp. 465–480. New York: Guilford  Press.

[45] Janssen, E. (2002) Psychophysiological measures of sexual response, in: M. W. Wiederman and B. E. Whitley (Eds). Handbook for conducting research on human sexuality, pp.  139–171. Mahwah, NJ: Erlbaum.

[46] Janssen, E., Everaerd, W., Spiering, M. and Janssen, J. (2000) Automatic processes and the appraisal of sexual stimuli: Toward an information processing model of sexual arousal, Journal of Sex Research , 37, pp. 8–23.

[47] Kinnish, K. K., Strassberg, D. S. and Turner, C. W. (2005) Sex differences in the flexibility of sexual orientation: A multidimensional retrospective assessment, Archives of Sexual Behavior, 34, pp. 173–184.

[48] Kinsey, A. C., Pomeroy, W. B. and Martin, C. E. (1948) Sexual behavior in the human male, Bloomington:  Indiana University Press.

[49] Kinsey, A. C., Pomeroy, W. B., Martin, C. E. and Gebhard, P. H. (1953) Sexual behavior in the human female , Philadelphia: Saunders.

[50] Laan, E. (1994) Determinants of sexual arousal in women, Unpublished doctoral dissertation. Amsterdam, The  Netherlands: University of Amsterdam.

[51] Laan, E. and Everaerd, W. (1995a) Determinants of female sexual arousal: Psychophysiological theory and data, Annual Review of Sex Research , 6, pp. 32–76.

[52] Laan, E. and Everaerd, W. (1995b) Habituation of female sexual arousal to slides and film, Archives of Sexual Behavior, 24, pp. 517–541.

[53] Laan, E. and Janssen, E. How do men and women feel? Determinants of subjective experience of sexual arousal, in: E. Janssen (Ed.). The psychophysiology of sex, (in press). Bloomington, IN:  Indiana University press.

[54] Laan, E., Everaerd, W. and Evers, A. (1995) Assessment of female sexual arousal: Response specificity and construct validity, Psychophysiology , 32, pp. 476–485.

[55] Laan, E., Sonderman, M. and Janssen, E. (1996) Straight and lesbian women's sexual responses to straight and lesbian erotica: No sexual orientation effects, Poster presented at the 22nd Annual Meeting of the International Academy of Sex Research. Rotterdam,  Netherlands.

[56] Laan, E., van Lunsen, R. H. and Everaerd, W. (2001) The effects of tibolone on vaginal blood flow, sexual desire and arousability in postmenopausal women, Climacteric , 4, pp. 28–41.

[57] Laan, E., van Lunsen, R. H., Everaerd, W., Riley, A., Scott, E. and Boolell, M. (2002) The enhancement of vaginal vasocongestion by sildenafil in healthy premenopausal women, Journal of Women's Health and Gender-Based Medicine, 11, pp. 357–365.

[58] Lalumière, M. L. and Quinsey, V. L. (1994) The discriminability of rapists from non-sex offenders using phallometric measures: A meta-analysis, Criminal Justice and Behavior, 21, pp.  150–175.

[59] Lalumière, M. L., Quinsey, V. L., Harris, G. T., Rice, M. E. and Trautrimua, C. (2003) Are rapists differentially aroused by coercive sex in phallometric assessments?, Annals of the New York Academy of Sciences , 989, pp. 211–224.

[60] Långström, N. and Seto, M. C. Exhibitionistic and voyeurism behavior in a Swedish national population survey, Archives of Sexual Behavior , in press.

[61] Långström, N. and Zucker, K. (2005) Transvestic fetishism in the general population: Prevalence and correlates, Journal of Sex and Marital Therapy , 31, pp. 87–95.

[62] Laumann, E. O., Gagnon, J. H., Michael, R. T. and Michaels, S. (1994) The social organization of sexuality: Sexual practices in the United States, Chicago: University of Chicago  Press.

[63] Lawrence, A., Latty, E., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) Measurement of sexual arousal in postoperative male-to-female transsexuals using vaginal photoplethysmography, Archives of Sexual Behavior, 34, pp. 135–145.

[64] Levin, R. J. and van Berlo, W. (2004) Sexual arousal and orgasm in subjects who experience forced or non-consensual sexual stimulation — a review, Journal of Clinical Forensic Medicine, 11, pp. 82–88.

[65] Lloyd, E. A. (2005) The case of the female orgasm: Bias in the science of evolution, Cambridge, MA: Harvard  University Press.

[66] Lohr, B. A., Adams, H. E. and Davis, J. M. (1997) Sexual arousal to erotic and aggressive stimuli in sexually coercive and noncoercive men, Journal of Abnormal Psychology, 106, pp. 230–242.

[67] Mavissakalian, M., Blanchard, E. B., Abel, G. C. and Barlow, D. H. (1975) Responses to complex erotic stimuli in homosexual and heterosexual males, British Journal of Psychiatry, 126,  pp. 252–257.

[68] Meston, C. M. and Heiman, J. R. (1998) Ephedrine-activated physiological sexual arousal in women, Archives of General Psychiatry, 55, pp. 652–656.

[69] Meston, C. M. and Worcel, M. (2002) The effects of yohimbine plus l-arginine glutamate on sexual arousal in postmenopausal women with sexual arousal disorder, Archives of Sexual Behavior, 31, pp. 323–332.

[70] Morokoff, P. J. (1985) Effects of sex guilt, repression, sexual ‘arousability’ and sexual experience on female sexual arousal during erotica and fantasy, Journal of Personality and Social Psychology, 49, pp. 177–187.

[71] Morokoff, P. J. (1986) Volunteer bias in the psychophysiological study of female sexuality, Journal of Sex Research , 22, pp. 35–51.

[72] Morokoff, P. J. and Heiman, J. R. (1980) Effects of erotic stimuli on sexually functional and dysfunctional women: Multiple measures before and after sex therapy, Behaviour Research and Therapy, 18, pp. 127–137.

[73] Murnen, S. K. and Stockton, M. (1997) Gender and self-reported sexual arousal in response to sexual stimuli: A meta-analytic review, Sex Roles, 37, pp. 135–153.

[74] Mustanski, B., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2002) A review and critique of the evidence for a biological basis of human sexual orientation, Annual Review of Sex Research, 13, pp.  89–140.

[75] O'Donahue, W. T. and Geer, J. H. (1985) The habituation of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior,  14, pp. 233–246.

[76] Oliver, M. B. and Hyde, J. S. (1993) Gender differences in sexuality: A meta-analysis, Psychological Bulletin, 114, pp. 29–51.

[77] Rieger, G., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) Sexual arousal patterns of bisexual men, Psychological Science , 16, pp. 574–584.

[78] Rust, P. C. (1992) The politics of sexual identity: Sexual attraction and behavior among lesbian and bisexual women, Social Problems , 39, pp. 366–386.

[79] Sakheim, D. K., Barlow, D. H., Beck, J. G. and Abrahamson, D. J. (1985) A comparison of male heterosexual and male homosexual patterns of sexual arousal, Journal of Sex Research, 21, pp.  183–198.

[80] Savin-Williams, R. C. and Diamond, L. M. (2000) Sexual identity trajectories among sexual-minority youths: Gender comparisons, Archives of Sexual Behavior, 29, pp. 607–627.

[81] Schmidt, G. (1975) Male-female difference in sexual arousal and behavior during and after exposure to sexual explicit stimuli, Archives of Sexual Behavior, 4, pp. 353–365.

[82] Seligman, M. E. (1971) Phobias and preparedness, Behaviour Therapy , 2, pp. 307–320.

[83] Sell, R. L. (1997) Defining and measuring sexual orientation: A review, Archives of Sexual Behavior, 26, pp. 643–658.

[84] Seto, M. C., Lalumière, M. L. and Blanchard, R. (2000) The discriminative validity of a phallometric test for pedophilic interests among adolescent sex offenders against children, Psychological Assessment, 12, pp. 319–327.

[85] Spiering, M., Everaerd, W. and Laan, E. (2004) Conscious processing of sexual information: Mechanisms of appraisal, Archives of Sexual Behavior, 33, pp. 369–380.

[86] Steinman, D. L., Wincze, J. P., Sakheim, Barlow, D. H. and Mavissakalian, M. (1981) A comparison of male and female patterns of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior, 10, pp. 529–547.

[87] Stock, W. E. (1983) The effects of violent pornography on the sexual responsiveness and attitudes of women, Unpublished doctoral dissertation. Stonybrook, NY, USA: State University of New  York at Stonybrook.

[88] Symons, D. (1979) The evolution of human sexuality ,: Oxford Press.

[89] Tollison, C. D., Adams, H. E. and Tollison, J. W. (1979) Cognitive and physiological indices of sexual arousal in homosexual, bisexual and heterosexual males, Journal of Behavioral Assessment, 1, pp. 305–314.

[90] Van Lunsen, R. and Laan, E. (2004) Genital vascular responsiveness and sexual feelings in midlife women: Psychophysiologic, brain and genital imaging studies, Menopause, 11, pp.  741–748.

[91] Whisman, V. (1996) Queer by choice , New York: Routledge.

[92] Wilson, G. T. and Lawson, D. M. (1978) Expectancies, alcohol and sexual arousal in women, Journal of Abnormal Psychology , 87, pp. 358–367.

[93] Wincze, J. P. and Qualls, C. B. (1984) A comparison of structural patterns of sexual arousal in male and female homosexuals, Archives of Sexual Behavior, 13, pp. 361–370.

[94] Wolchik, S. A., Spencer, S. L. and Lisi, I. S. (1983) Volunteer bias in research employing vaginal measures of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior, 12, pp. 399–408

[95] Wolchik, S. A., Braver, S. L. and Jensen, K. (1985) Volunteer bias in erotica research: Effects of intrusiveness of measure and sexual background, Archives of Sexual Behavior, 14, pp. 93–107.

 

“Debe abandonarse la idea de que las mujeres son simplemente hombres reprimidos que esperan ser liberados.”

 

Donald Symons, La Evolución de la Sexualidad Humana

Introducción

 

Las diferencias sexuales en sexualidad humana son abundantes e incluyen variaciones físicas, sicológicas y sicofisiológicas (Geary, 1998) Los ejemplos incluyen la frecuencia de masturbación (Oliver & Hyde, 1993), el impulso sexual (Baumeister et al., 2001), la habituación de la activación fisiológica [arousal] sexual a los estímulos sexuales (Laan & Everaerd, 1995ab; O'Donohue & Geer, 1985), la cognición (Geer & Bellard, 1996), la activación fisiológica [arousal] autoinformada a estímulos sexuales (Murnen & Stockton, 1997), y la concordancia entre activación fisiológica [arousal] sexual genital y autoinformada (Laan & Janssen, en prensa; Chivers et al., 2005), para nombrar solamente unas pocas. Estos ejemplos sugieren considerable variabilidad entre los sexos en diversos aspectos de la sexualidad. Sin embargo, la mayoría de los modelos tradicionales de respuesta sexual (APA, 1994), disfunción sexual (Barlow, 1986), y orientación sexual (Bem, 1996) no son específicos de cada sexo y, como tales, pueden no explicar adecuadamente las diferencias observadas en la sexualidad del varón y la de la mujer. Como lo sugiere la cita de Symons (1979), los modelos indiferenciados de sexualidad corren el riesgo de sesgar las observaciones e interpretaciones de fenómenos sexuales tales como déficit, excesos, etcétera, dependiendo de cuál estándar es el adoptado. Recientemente, sin embargo, ha habido un vuelco de paradigma en pensar sobre la sexualidad del varón y de la mujer, y están emergiendo modelos sexoespecíficos, e.g., las recomendaciones recientes de revisión de la definición de disfunción sexual de la mujer (Basson et al., 2003).

La relación entre las preferencias sexuales y la activación fisiológica [arousal] sexual es otro ejemplo de una importante diferencia sexual en la sicofisiología sexual. La diferencia sexual observada en la correspondencia entre activación fisiológica [arousal] sexual y orientación sexual, con discordancia evidenciada en las mujeres, es un ejemplo de relativa independencia entre los aspectos fisiológicos, sicológicos y comportamentales de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres. Este efecto de no especificidad tiene probablemente implicaciones para comprender el desarrollo y la expresión de las preferencias sexuales de las mujeres, la determinación [assessment] sicofisiológica de las preferencias sexuales de la mujer y la comprensión clínica del funcionamiento sexual normativo y desordenado en las mujeres. Poniendo el acento en la sexualidad de la mujer, este paper proveerá una idea general de las diferencias sexuales en la sicofisiología de la orientación sexual, sugerirá explicaciones alternativas para la no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres, y discurrirá brevemente sobre las implicaciones de un sistema de respuesta sexual no especifico y automático para la sexualidad de las mujeres.

Activación fisiológica [arousal] Sexual: Definición y medición

 

La activación fisiológica [arousal] sexual es un estado emocional (Geer et al., 1992) iniciado por el procesamiento de estímulos sexuales externos (e.g., visuales, táctiles) o internos (e.g., fantasía). La activación fisiológica [arousal] sexual está compuesta de componentes interactuantes que incluyen cambios fisiológicos, expresión emocional y conducta motivada (Frijda, 1986). De modo similar a otras emociones, la activación fisiológica [arousal] sexual posee antecedentes claros y distintos [distinct] (e.g., estímulos sexuales) y patrones de expresión (e.g., sicológica, física, comportamental) que sirven para regular los comportamientos que son fundamentales para la reproducción sexual. (Everaerd et al., 2001). La experiencia de la activación fisiológica [arousal] sexual, o activación fisiológica [arousal] sexual subjetiva, es una apreciación de la integración dinámica de las respuestas de activación fisiológica [arousal] sicológicas (e.g., cognición, emoción, percepción) y de tanto las respuestas fisiológicas, tanto generalizadas como sexoespecíficas.

La activación fisiológica [arousal] sexual se induce en escenarios de laboratorio [laboratory settings] mediante exposición a fuentes internas (e.g., cognición) o externas de estímulos sexuales: lo más común es que éstos incluyan imágenes sexuales o películas que pintan actos sexuales, cintas de audio que describen interacciones sexuales, o fantasía sexual. Dos aspectos de la activación fisiológica [arousal] sexual, la activación fisiológica [arousal] genital y la subjetiva (autoinformada), son el foco de la mayoría de la investigación sobre activación fisiológica [arousal] sexual. La activación fisiológica [arousal] sexual autoinformada es típicamente medida o bien después de un estímulo sexual, o bien concurrentemente con un estímulo sexual mediante el uso de un aparato, tal como una palanca, que cuantifica cambios a medida que el participante procesa el estímulo. La activación fisiológica [arousal] sexual autoinformada es diferente de la respuesta genital autoinformada; la primera se refiere primordialmente a un estado emocional de activación fisiológica [arousal] sexual, en tanto que la segunda es una estimación subjetiva de la extensión de la respuesta fisiológica.

Tanto para hombres como para mujeres, la activación fisiológica [arousal] sexual genital se refiere a la vasocongestión genital. Lo más común en la medición de la vasocongestión genital es hacerlo usando una fotoplecismografía vaginal o un plecismógrafo peneano circunferencial: el primero mide los aumentos en vasocongestión del epitelio vaginal, y el último mide cambios en la circunferencia peneana a medida que la vasocongestión produce erección. Aunque la vasocongestión genital es probablemente un proceso fisiológicamente idéntico en mujeres y varones, los resultados finales (lubricación vaginal y erección) no lo son. La lubricación vaginal es producto de vasocongestión genital; sin embargo, la relación entre magnitud de vasocongestión y cantidad de lubricación no se comprende bien. Sin embargo, las mediciones de erección determinan directamente el estado final de la vasocongestión genital en lo hombres. Aunque ambas mediciones tienen buenas propiedades sicométricas (Janssen, 2002), cuando se considera el significado de las diferencias sexuales en sicopatología sexual es crucial considerar cuidadosamente cómo se operacionalizan y se miden la activación fisiológica [arousal] subjetiva y la genital en cada sexo.

Intereses sexuales: Definición y medición

 

El interés sexual se ejemplifica en la aparición mayor de pensamiento, sentimientos y comportamientos sexuales que involucren la persona, objeto o actividad de interés preferidos. En general, la mayoría de los adultos se sienten sexualmente atraídos a otros adultos, sea personas del sexo opuesto o, menos frecuentemente, personas del mismo sexo. Orientación sexual es la expresión comúnmente usada para describir este interés sexual, y puede ser definida como el grado de interés sexual que se siente por personas del mismo sexo, comparadas con personas del sexo opuesto. Los intereses sexuales, o preferencias, se expresan en fantasía y comportamiento sexuales (Sell, 1997), y estas dimensiones de orientación sexual están típicamente altamente correlacionadas entre los varones. Los intereses sexuales pueden también ser descritos como sujetos a variación [varying] en cuanto a la categoría o blanco preferido (e.g., varones o mujeres, juveniles versus adultos) u objetos (e.g., humanos versus materiales) y por la actividad preferida (e.g., relación sexual consensual, travestismo, exhibir los propios genitales; Freund et al.,1997). Esta nosología de intereses sexuales describe la variedad de intereses sexuales normativos y desviantes [deviant] en los varones, pero no es claro que este modelo de intereses sexuales se aplique a las mujeres.

Recientemente, los investigadores que estudian la orientación sexual han llamado la atención sobre una diferencia de cualidad en las preferencias sexuales de las mujeres y de los hombres, tal que las preferencias sexuales de las mujeres se manifiestan como flexibles, fluidas o menos categóricas (Baumeister, 2000). Las diferencias entre sexos en la distribución de atracciones sexuales (Bailey et al., 2000), la exclusividad de experiencia sexual del mismo sexo y del opuesto sexo (Kinsey et al., 19481953; Laumann et al., 1994; Rust, 1992), la relación entre atracciones sexuales y comportamientos sexuales (Bailey et al., 2000), y el desarrollo y la estabilidad temporal de la identidad sexual (Bell et al., 1981; Diamond, 2000ab2003; Kinnish et al., 2005; Savin-Williams & Diamond, 2000) sugiere que, para las mujeres, hay una mayor variabilidad entre las manifestaciones sicológicas y comportamentales de las preferencias sexuales. El desarrollo de la orientación sexual también difiere en que, par alas mueres, las primeras atracciones sexuales del mismo sexo a menudo emergen de amistades apasionadas (Diamond, 2000ab), en tanto que los hombres citan la activación fisiológica [arousal] sexual ante personas del mismo sexo o del sexo opuesto como una fuente de información más importante sobre las atracciones sexuales durante la formulación de su identidad sexual (Bell et al., 1981; Savin-Williams & Diamond, 2000). También, la investigación sobre las bases biológicas de la orientación sexual sugiere etiologías sexualmente dimórficas de la orientación sexual (Mustanski et al., 2002). La ausencia de efectos de orientación sexual en la sicofisiología sexual de la mujer es otro ejemplo de la no especificidad de la sexualidad de la mujer, que puede estar relacionada con la flexibilidad aumentada de los intereses sexuales de la mujer, comparada con los del hombre.

La activación fisiológica [arousal] sexual como indicador de interés sexual

 

Se cree que la activación fisiológica [arousal] sexual en respuesta a las categorías preferidas de sujetos-blanco es una indicación de atracción sexual, al menos para los varones. La respuesta de activación fisiológica [arousal] sexual ante una imagen, un objeto o un pensamiento es un indicador del potencial erótico de esa categoría de estímulos para esa persona. “Especificidad de categoría” se refiere a la activación fisiológica [arousal] sexual que es altamente dependiente de las características de los blancos sexuales o de las actividades sexuales retratadas en una categoría de estímulos. Los estímulos sexuales que pintan los individuos o blancos sexuales que corresponden a los intereses sexuales observados de una persona se considerarían preferidos, y los estímulos que pinten cualquier otra cosa de otra manera, no preferidos. Si hay una fuerte asociación entre las preferencias sexuales y las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual ante diferentes categorías de estímulos sexuales, se podrían hacer inferencias sobre los intereses sexuales de una persona y de su comportamiento sexual futuro midiendo las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual. Para estudios que examinen la asociación entre orientación sexual y respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual, la especificidad por categorías refiere a la activación fisiológica [arousal] que es altamente dependiente de las características de género de un estimulo sexual, y cuando se usan estímulos sexuales visuales, la especificidad por categoría se manifiesta como respuestas diferenciales ante representaciones visuales de varones y mujeres. La preferencia sexual por una cierta categoría sería indicada por una activación fisiológica [arousal] significativamente más grande ante una categoría de estímulos sexuales versus otra categoría.

Hombres

 

Típicamente los hombres muestran un patrón de activación fisiológica [arousal] sexual específico por categoría, i.e., sus patrones de activación fisiológica [arousal] sexual genitales y autoinformados en respuesta a estímulos sexuales preferidos y no preferidos corresponden a sus intereses sexuales aseverados u observados. Se ha demostrado que esto es cierto para las atracciones sexuales de los hombres hacia adultos del mismo sexo y del sexo opuesto (Barr & McConaghy, 1971; Chivers et al., 2004; Chivers & Bailey, 2005; Freund, 1963; Freund et al., 1973,1974; Mavissakalian et al. 1975; Reiger et al., 2005; Sakheim et al., 1985; Tollison et al., 1979), hacia personas físicamente inmaduras, i.e., paidofilia (Blanchard et al., 2001; Freund & Blanchard, 1989; Freund & Watson, 1991; Seto et al., 2000), y hacia objetos fetichísticos, i.e., fetichismo travesti [travestic fetishism] (Blanchard et al., 1986). De modo similar, los violadores y hombres de la comunidad sexualmente coercitivos encarcelados demuestran relativamente mayor respuesta genital a estímulos que pintan la agresión (Bernat et al., 1999; Lalumière & Quinsey, 1994; Lalumière et al., 2003; Lohr et al., 1997). La activación fisiológica [arousal] autoinformada de los hombres también demuestra especificidad de categoría: típicamente los hombres no informan activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos no preferidos (Chivers et al., 2004; Mavissakalian et al., 1975; Sakheim et al., 1985; Steinman et al., 1981).

Hay también evidencia de que la activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos sexuales preferidos está relacionada con el comportamiento sexual en los hombres. Las fuertes correlaciones entre la activación fisiológica [arousal] sexual relativa ante estímulos de varón y de mujer e índices de comportamiento sexual con el mismo sexo o con el sexo opuesto indican que los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual del laboratorio están positivamente relacionados con el comportamiento sexual pasado (Chivers, 2003). En la investigación diseñada para permitir comportamiento sexual voluntario mientras se contemplan los estímulos sexuales, los hombres tenían mucha más probabilidad de involucrarse en autoestimulación cuando veían los estímulos sexuales preferidos versus los estímulos sexuales no preferidos, e informaban mayor activación fisiológica [arousal] ante los estímulos sexuales preferidos (Schmidt, 1975). Entre los delincuentes sexuales, también se ha demostrado que los patrones de activación fisiológica [arousal] genital predicen el futuro comportamiento sexual. Por ejemplo, entre los delincuentes sexuales identificados que actúan en perjuicio de infantes, los patrones específicos de respuestas genitales a las imágenes sexuales de infantes predicen el comportamiento sexual futuro con infantes (Hanson & Bussière, 1998). Tomados en conjunto, estos datos muestran que en el laboratorio la activación fisiológica [arousal] sexual de los hombres llega a su máximo ante los estímulos sexuales preferidos, y que los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual en el laboratorio están relacionados con comportamientos sexuales pasados, concurrentes y futuros.

Mujeres

 

La relación entre los intereses sexuales de las mujeres y los patrones de activación fisiológica [arousal] sexual es menos directa [straightforward] que la de los hombres. Las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual subjetivas de las mujeres pueden ser descritas como relativamente específicas de categoría. Los estudios que informan diferencias significativas en niveles medios de respuesta a estímulos sexuales preferidos y no preferidos sugieren especificidad (e.g., Blackford et al., 1996; Chivers et al., 2004; Schmidt, 1975; Steinman et al., 1981; Wincze & Qualls, 1984); sin embargo, esta comparación no toma en cuenta los niveles absolutos de respuesta, solamente consideran la respuesta relativa. En promedio, las mujeres informan activación fisiológica [arousal] sexual incrementada tanto ante estímulos sexuales preferidos como no preferidos (Schmidt, 1975; Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996), lo que sugiere que las respuestas cognitivas y afectivas a los estímulos sexuales no son dependientes de los estímulos sexuales que pintan un interés sexual preferido. La exposición a estímulos sexuales preferidos y no preferidos da como resultado tasas similares de masturbación y comportamientos sexuales en pareja entre las mujeres, en contraste con los hombres (Schmidt, 1975). Esto sugiere que entre las mujeres la motivación para involucrarse en conductas sexuales es también menos dependiente de la exposición a los estímulos sexuales preferidos.

Fisiológicamente, la activación fisiológica [arousal] sexual de las mujeres se describe mejor llamándola no específica. Las mujeres demuestran aumentos sustanciales en respuesta genital tanto a los estímulos sexuales preferidos como a los no preferidos, y estas respuestas no son significativamente más grande para los estímulos preferidos (Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996; Steinman et al., 1981; Wilson & Lawson, 1978; Wincze & Qualls, 1984). Las respuestas de activación fisiológica [arousal] genital de las mujeres están débilmente relacionadas con sus preferencias sexuales; aunque una mujer puede informar preferencias comportamentales y sicológicas (atracción, pensamientos, excitación sexual autoinformada) en relación con las mujeres, los hombres, o ambos, sus respuestas genitales no son más altas ante imágenes sexuales de su sexo preferido. Otro modo de conceptuar este efecto es que las respuestas genitales de las mujeres son no específicas en relación con las características sexuales que pueden desencadenar respuestas genitales (Chivers & Bailey, 2005).

Esta perspectiva de no especificidad de la respuesta sexual hace surgir la pregunta de cómo se define una característica sexual: ¿qué claves de un estímulo sexual lo definen como sexual, y como perteneciente a una categoría de estímulos sexuales preferidos? Algunos han sugerido que las claves sexuales son significados sexuales intrínsecos que se procesan automáticamente y general vasocongestión genital antes de un procesamiento superior de los estímulos sexuales (Van Lunsen & Laan, 2005). La investigación que muestra que los estímulos sexuales visuales producen una respuesta genital más alta que los estímulos puramente cognitivos (Both et al., 2005), y también que los estímulos visuales sexualmente explícitos, e.g., representaciones visuales francas de órganos sexuales y actos sexuales, generan respuestas genitales más altas que los estímulos sexualmente sugerentes (Heiman, 1977), indican que las claves sexuales también incluyen características sexuales visuales, además de significaciones sexuales.

Dado que las respuestas de excitación de los varones son específicas por categoría, se podría esperar que las características visuales fueran las que identifican de modo no ambiguo a los individuos u objetos que pertenecen a una categoría sexual preferida. Por ejemplo, las características visuales que indican un sexo preferido incluirían las características primarias y secundarias (e.g., pene, senos desarrollados [full breasts], forma del cuerpo). Sin embargo, par alas mujeres las características sexuales que activan las respuestas genitales no parecen reflejar exclusivamente el sexo preferido (Chivers et al., 2004; Laan et al., 1996). La vasocongestión vaginal puede ser provocada por la exposición a características sexual no específicas, i.e., cualquier contenido o significado sexuales, sea o no que las categorías de blancos sexuales o actividades sexuales sean las preferidas.

Para poner a prueba esta hipótesis, examinamos en hombres y mujeres las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual subjetivas ante estímulos que pintan actividad sexual, y que por lo tanto tienen significado sexual, pero que no incluyen blancos humanos plausibles (actores humanos). Creamos un estímulo sexual no humano retratando a bonobos machos y hembras involucrados en relación sexual penil-vaginal cara a cara, y medidos las respuestas de activación fisiológica [arousal] de las mujeres y las de los hombres a esto y a los estímulos sexuales humanos (parejas de gays, lesbianas y heterosexuales involucrados en sexo oral y penetrativo; Chivers & Bailey, en prensa). Las mujeres mostraron un aumento significativo de activación fisiológica [arousal] genital ante un estímulo sexual no humano, pero no informaron estar sexualmente excitados ante este estímulo. Esto significa que las claves sexuales de la película fueron suficientes para activar una respuesta genital automática, pero no una experiencia sicológica de la activación fisiológica [arousal] sexual. También las mujeres mostraron un patrón no específico de activación fisiológica [arousal] genital ante los estímulos sexuales humanos, replicando los efectos informados por Laan et al. (1996) y por Chivers et al. (2004). Los hombres no mostraron activación fisiológica [arousal] ni genital ni subjetiva ante los estímulos sexuales no humanos, y mostraron un patrón de categoría específica en su activación fisiológica [arousal] genital y subjetiva ante los estímulos humanos. Estos resultados sugieren que las respuestas genitales de las mujeres pueden ser provocadas por el procesamiento de estímulos sexuales muy generales

Explicaciones alternativas de la no especificidad de la respuesta sexual de la mujer

 

Un desafío al descubrimiento de la no especificidad de la mujer podría ser que la no especificidad sea común a ambos sexos y que la respuesta específica por categoría de los varones sea el resultado de una inhibición consciente o inconsciente de las respuestas de activación fisiológica [arousal] sexual a los estímulos sexuales no preferidos. (El término “inconsciente” se usa a lo largo de este artículo para describir los procesos cognitivos que se producen por debajo del umbral de la conciencia.) La investigación sobre la Manipulación consciente de la respuesta genital sugiere que los hombres son capaces de reducir, pero no de incrementar, sus respuestas a estímulos sexuales no preferidos (Adams et al., 1992). Si los hombres estuvieran involucrándose en inhibir respuestas de activación fisiológica [arousal], entonces aumentar la activación fisiológica [arousal] ante estímulos sexuales no preferidos debería ser algo posible de hacer frenando los esfuerzos de inhibición. En verdad, los hombres demuestran respuestas genitales significativas ante los estímulos sexuales no preferidos eróticamente intensos (e.g., películas de actividad sexual), pero éstas son típicamente mucho más bajas que ante estímulos preferidos (Chivers, 2003; Chivers & Bailey, en prensa). Quizás, en los hombres, la activación fisiológica [arousal] genital ante estímulos no preferidos sea el remanente de los esfuerzos para suprimir las respuestas genitales.

Otra posibilidad es que la significación sexual por sí sola sea capaz de generar una respuesta modesta de activación fisiológica [arousal] en los hombres, pero esta respuesta se hace mucho más grande cuando se acopla a características de una categoría sexual preferida. Sin embargo, esto parece improbable porque los varones no mostraron ningún aumento en la respuesta genital a estímulos sexuales no humanos (Chivers & Bailey, en prensa); por lo tanto los características sexuales generales o el significado sexual por sí mismo pueden no ser suficientes para generar una respuesta de activación fisiológica [arousal] en los hombres. También, no se requieren los características sexuales visuales de una pareja sexual preferida para la respuesta genital de los hombres, porque los hombres pueden mostrar respuestas genitales a estímulos sexuales humanos no preferidos (Chivers, 2003; Chivers & Bailey, en prensa).

Por otra parte, la inhibición de las respuestas sexuales no querida puede darse en un nivel inconsciente en los varones, donde las estimaciones [appraisals] de los estímulos sexuales son automáticas (Janssen et al., 2000). Tomando como base los datos que no mostraban ningún efecto genérico en una medición sicofisiológica del procesamiento afectivo temprano, Both et al. (2003) propusieron que no hay diferencias sexuales en el procesamiento automático de los estímulos sexuales; en lugar de ello, las diferencias sexuales emergen en la estimación de los estímulos sexuales y en la regulación de las respuestas sexuales, que son procesos que involucran procesamiento consciente (Spiering et al., 2004). Se necesita una indagación más profunda en los sistemas cognitivos y afectivos que gobiernan el procesamiento de los estímulos sexuales para clarificar la naturaleza de la especificidad de respuesta tanto en mujeres como en hombres.

Una segunda amenaza para la validez de una hipótesis de no especificidad, en relación con las mujeres, es el sesgo de voluntariado. Las mujeres que participan en estudios de activación fisiológica [arousal] sexual son típicamente no representativas (e.g., Morokoff, 1986; Wolchik et al., 19831985). Comparadas con no voluntarios, los voluntarios de investigación sexual informan más experiencia sexual, actitudes sexuales más liberales y mayor interés sexual en materiales explícitamente sexuales (e.g., Wolchik et al., 1985). Las voluntarias de investigación sexual sicofisiológica, probablemente una muestra de mujeres todavía más rarificada, informan mayor experiencia masturbatoria y no coital (i.e., sexo oral), menos inhibición sexual, e informan más experiencia con materiales eróticos, 1985; Wolchik et al., 1983), que los no voluntarios. Morokoff (1985) ha demostrado también que las mujeres sexualmente más inhibidas experimentan una respuesta vaginal más alta a los materiales eróticos que las mujeres menos inhibidas. Quizás las respuestas no específicas son comunes solamente a esas mujeres que están dispuestas a participar en estudios de activación fisiológica sexual [sexual arousal], i.e., mujeres con mayor experiencia sexual. En un test indirecto de determinación de efectos de sesgo, Chivers et al. (2004) mostraron que las respuestas genitales no específicas de activación fisiológica no están relacionadas con variables que distingan a las participantes de las mujeres que eligen no participar en la investigación de activación fisiológica [arousal] sexual.

Una alternativa final para la falta de especificidad en la activación fisiológica [arousal] genital de las mujeres es metodológica: la fotoplecismografía vaginal no puede detectar un patrón de respuesta específico de categoría, en tanto que la plecismografía peneana puede hacerlo. Aunque la activación fisiológica [arousal] sexual genital de las mujeres puede ser medida confiablemente, la investigación que da apoyo a su validez de constructo es menos abundante que para las mediciones falométricas de los varones (Janssen, 2002). Chivers et al. (2004) examinaron la especificidad de la respuesta genital entre mujeres transexuales con intereses sexuales que variasen entre varones y mujeres y demostraron que, usando la fotoplecismografía vaginal, es posible detectar un patrón específico de categoría en mujeres transexuales. Este estudio no solamente valida la interpretación de que el patrón de activación fisiológica [arousal] natal de las mujeres es la no especificidad, sino que también sugiere que el sexo, y no el género, está más fuertemente relacionado con un patrón de respuesta categórica en los varones biológicos.

Implicaciones de respuesta genital automática y no específica en las mujeres

 

Un aspecto notable y raramente estudiado [assessed] de la activación fisiológica [arousal] genital de la mujer es la casi instantáneo incremento de respuesta genital cuando comienza un estímulo sexual. La latencia de aumentos visible en la amplitud del pulso vaginal, la medición sicofisiológica de la vasocongestión vaginal, ante estímulos sexuales es notablemente corta y típicamente muestra un marcado aumento en la amplitud segundos después del comienzo de un estímulo sexual (Laan & Janssen, en prensa). La velocidad de esta respuesta sugiere claves sexuales que son procesadas y apreciadas inconscientemente, iniciando una respuesta fisiológica que es “automática” (Van Lunsen & Laan, 2004). Como especularon Van Lunsen y Laan, las características visuales sexuales pueden estar dentro de una clase de estímulos evolutivamente relevantes y biológicamente preparados (cfr. Seligman, 1971) que inician automáticamente la respuesta sexual (Geer et al., 1992). Para las mujeres, la vasocongestión genital reflexiva y automática en respuesta a características sexuales visuales puede ser un mecanismos protector (Laan, 1994), que prepara los genitales para la actividad sexual por medio de la lubricación, facilitando la penetración y reduciendo la probabilidad de lastimaduras o infecciones genitales durante la actividad sexual. Esto puede explicar por qué a veces mujeres que han sido sexualmente asaltadas informan lubricación vaginal y, para algunas personas, orgasmo durante la actividad sexual no deseada (Levin & van Berlo, 2004). También, las mujeres muestran respuesta genital incrementada en respuesta a representaciones de coerción sexual en el laboratorio (Both et al., 2003; Laan et al., 1995; Stock, 1983). El hecho de que las mujeres experimenten una respuesta genital física ante sexo no deseado y representaciones de coerción sexual es sugerente de que la respuesta de vasocongestión de las mujeres está iniciada automáticamente por la exposición a los estímulos sexuales, sean preferidos, deseados, o no. Una mujer que ha experimentado vasocongestión genital y respuesta física durante un ataque sexual puede sentirse consolada por reinterpretan su respuesta sexual física como que su cuerpo estaba protegiéndose.

Una respuesta de activación Una respuesta de activación fisiológica sexual [arousal] no específica ante los estímulos sexuales puede tener implicaciones para entender las diferencias entre sexos en la orientación sexual. La no especificidad de la activación fisiológica sexual [arousal] es otro ejemplo de la flexibilidad sexual de la mujer, consistente con la concepción de Baumeister (2000) sobre la maleabilidad de la sexualidad de la mujer, en relación con la de los varones. La activación fisiológica sexual no específica puede facilitar mayor fluidez de las preferencias sexuales de la mujer al no limitar las respuestas sexuales. Por ejemplo, algunas mujeres que participan en el movimiento feminista eligen identificarse como lesbianas a modo de declaración política (Blumstein & Schwartz, 1977). Lo que es más sorprendente de esto es que las mujeres tenían la sensación de haber tenido la posibilidad de elegir. Es mucho más probable que los varones afirmen que siempre han sabido que eran gays y que nunca sintieron que su orientación sexual fuera una elección voluntaria (Whisman, 1996). Que las mujeres puedan hacer esta elección implica que hay una diferencia sexual tanto en la capacidad de la cultura como en la capacidad de la política de moldear la expresión sexual  (Baumeister & Twenge, 2002) y la motivación sexual de la mujer (Baumeister et al., 2001).

Un  sistema sexual donde la activación fisiológica [arousal] sexual puede ser generada por una amplia variedad de estímulos sexuales, tanto preferidos como no preferidos, puede tener implicaciones también para la expresión de preferencias sexuales menos típicas. La sexología clínica hace ya mucho que ha documentado la sobrerrepresentación de los varones que presentan preferencias sexuales atípicas (Hunter & Mathews, 1997). Los estudios epidemiológicos de los intereses similares-a-las-parafilias en las mujeres dan apoyo a la observación de la literatura clínica sobre una diferencia sexual en las tasas de intereses sexuales desviantes [deviant], con más varones informando activación fisiológica sexual al vestir la ropa del sexo opuesto (2.8 % vs. 0.4%; Långström & Zucker, 2005), activación fisiológica sexual al exponer sus genitales (4.3% vs. 2.1%), y con activación fisiológica sexual al espiar el comportamiento sexual de otros y sentirse sexualmente activado por esto (13% vs. 4%) (Långström & Seto, en prensa). La tasa excepcionalmente baja de intereses sexuales parafílicos entre las mujeres sugiere que las “equivocaciones” [“errors”] en las preferencias sexuales de las mujeres son menos probables que en los varones. O quizás, como la activación fisiológica sexual es no específica y hasta cierto punto es independiente de los procesos sicológicos, las desviaciones [deviations] sexuales de las mujeres se manifestarán como problemas que tienen una apariencia muy diferentes de la de los hombres. La definición de parafilia tiene que ver con la activación sexual categórica y con la preferencia sexual por algo. Para las mujeres, es posible que esta definición no sirva. En lugar de ellos, el comportamiento sexual de las mujeres puede estar más gobernado por procesos románticos y afectivos (Diamond, 2004) que por las atracciones sexuales direccionales y por la activación fisiológica sexual. Las desviaciones [Deviations] en la sexualidad de las mujeres puede por lo tanto manifestarse como mala regulación [dysregulation] del apego romántico/afectivo, como en la erotomanía primaria (Brüne, 2001 2003).

La no especificidad de las respuestas sexuales de las mujeres es otro ejemplo de lo que parece ser un truismo para la activación fisiológica [arousal] sexual de la mujer: la fisiología y la sicología pueden no corresponderse. Los estudios que examinan los efectos de los agentes farmacológicos diseñados para aumentar la activación fisiológica sexual de las mujeres en general han sacado como conclusión que éstos son efectivos porque aumentan la vasocongestión genital, pero no aumentan significativamente la activación subjetiva [subjective arousal] (Laan et al., 2001 2002; Meston & Heiman, 1998; Meston & Worcel, 2002). De modo similar, las mujeres que muestran desorden de la activación fisiológica [arousal] sexual no muestran respuesta genital significativamente más baja, comparadas con mujeres sin problemas de activación fisiológica [arousal] sexual (Morokoff & Heiman, 1980), pero informan activación sexual más baja ante estímulos s4exuales en el laboratorio. Los modelos más nuevos de la disfunción sexual de la mujer toman en consideración la desconexión entre la excitación sicológica y la fisiológica, y subrayan los roles de los factores sicológicos, relacionales y contextuales en el desarrollo y mantenimiento del desorden de activación sexual en las mujeres (Basson et al., 2003).

Si la activación fisiológica [arousal] sexual de las mujeres no es específica por categorías, examinar los patrones de activación fisiológica [arousal] ante estímulos sexuales preferidos y no preferidos tiene muy poca probabilidad de ser un medio de determinar objetivamente los intereses sexuales de la mujer. Recuérdese que la no especificidad se observa en respuestas de activación fisiológica [arousal] ante categorías preferidas de blancos u objetos sexuales. Se desconoce, sin embargo, si las mujeres también muestran respuestas de activación fisiológica [arousal] no específica ante estímulos sexuales que pinten actividades preferidas y no preferidas. Las mujeres sí muestran respuestas genitales significativamente mayores ante estímulos que representan actividad consensual, versus no consensual (Both et al., 2003; Laan et al., 1995; Stock, 1983), lo que sugiere especificidad de categoría para actividades sexuales en mujeres. Sin embargo, los estímulos usados en estos estudios no fueron ideales para poner a prueba esta hipótesis, porque contenían cantidades de explicitud sexual [sexual explicitness] que diferían entre sí, de modo que no es claro si esta diferencia está relacionada con las preferencias de consentimiento de la actividad sexual o con la cantidad de claves sexuales explícitas en las películas. Sigue estando sin determinar si las mujeres que informaban preferencias particulares de actividad sexual, tales como preferencias de sadismo o masoquismo, muestran patrones específicos de categoría en activación fisiológica [arousal] sexual ante estímulos de actividades sexuales preferidas o no preferidas.

Observaciones para concluir

 

A todo lo largo de este articulo me he referido a la diferencia en activación fisiológica [arousal] sexual como una “diferencia sexual” y no una diferencia de género. Este ultimo término sería apropiado si la especificidad de categoría se aplicara solamente a los varones biológicos que viven en un rol de género de varón, y éste no es el caso. La activación fisiológica [arousal] sexual sexoespecífica ha sido observada en transexuales postoperados de varón a mujer, i.e., varones biológicos que se identifican como mujeres y que tienen vaginas construidas quirúrgicamente (Lawrence et al., 2005). Si la no especificidad estuviera más fuertemente relacionada con el rol genérico de la mujer, entonces los individuos que se identifican como mujeres, sean o no biológicamente varones, deberían mostrar este patrón de activación fisiológica [arousal] sexual. En lugar de ello, los varones biológicos continúan mostrando un patrón de respuesta sexual específico por categoría, sin tener en cuenta su identidad genérica.

Es esencial advertir que esta diferencia sexual, la no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual en las mujeres, está limitada a las respuestas afectivas y fisiológicas dadas al procesamiento de estímulos sexuales visuales. Los neurocientíficos que estudian la activación cerebral durante el procesamiento de los estímulos sexuales visuales muestran que los varones muestran mayor activación en regiones del cerebro asociadas con la activación fisiológica [arousal] emocional y la recompensa que las mujeres, lo que sugiere que los estímulos visuales poseen para los hombres un valor de incentivo más alto (Hamann et al., 2004). Es por lo tanto concebible que se puedan obtener diferentes efectos para otras modalidades de estímulos sexuales, tales como los táctiles o los auditivos. Por ejemplo, quizás las respuestas de los varones a estímulos sexuales no preferidos puedan ser acentuadas [enhanced] por estimulación táctil, lo que sugiere que la especificidad puede ser superada [overridden] por un input sensorio compitiente.

La no especificidad de la activación fisiológica [arousal] sexual de la mujer está entre las muchas diferencias sexuales, lo que sugiere que la sexualidad de la mujer y la del varón no son caras opuestas de la misma moneda. Los investigadores que apuntan a desarrollar modelos de sexualidad más parsimoniosos deberían considerar la posibilidad de que las mujeres y los hombres pueden ni siquiera estar usando la misma moneda [currency] cuando se trata de sexo; los roles funcionales de la sexualidad pueden ser tan diferentes para hombres y mujeres que extrapolar de los unos a los otros puede no tener sentido (Baumeister & Vohs, 2004). Como lo notó Lloyd (2004), las perspectivas del varón sobre la sexualidad de la mujer han conducido a algunos investigadores a proponer hipótesis androcéntricas sobre la función del orgasmo de la mujer, cuando hay datos limitados que dan apoyo a estas ideas. Los modelos futuros de la sexualidad de la mujer pueden demostrar mayor validez si se fundan sobre descubrimientos empíricos y no sobre creencias políticas sobre las diferencias o la igualdad de sexo y de género. Así como las mujeres no son hombres sexualmente reprimidos que necesitan de liberación, los hombres no son mujeres hipersexuadas que necesiten ser disciplinadas.

Referencias

 

[1] Adams, H. E., Motsinger, P., McAnulty, R. D. and Moore, A. L. (1992) Voluntary control of penile tumescence among homosexual and heterosexual subjects, Archives of Sexual Behavior, 21, pp. 17–31.

[2] American Psychiatric Association (APA) (1994) Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 4th edn , Washington, DC: American Psychiatric Association.

[3] Bailey, J. M., Dunne, M. P. and Martin, N. G. (2000) Genetic and environmental influences on sexual orientation and its correlates in an Australian twin sample, Journal of Personality and Social Psychology, 78, pp. 524–536.

[4] Barlow, D. H. (1986) Causes of sexual dysfunction: The role of anxiety and cognitive interference, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 54, pp. 140–148.

[5] Barr, R. F. and McConaghy, N. (1971) Penile volume changes to appetitive and aversive stimuli in relation to sexual orientation and conditioning performance, British Journal of Psychiatry,  119, pp. 377–383.

[6] Basson, R., Leiblum, S., Brotto, L., Derogatis, L., Fourcroy, J., Fugl-Meyer, K., Graziottin, A., Heiman, J. R., Laan, E., Meston, C., Schover, L., van Lankveld, J. and Schultz, W. (2003) Definitions of women's sexual dysfunction reconsidered: Advocating expansion and revision, Journal of Psychosomatic Obstetrics and Gynecology, 24, pp.  221–229.

[7] Baumeister, R. F. (2000) Gender differences in erotic plasticity: The female sex-drive as socially flexible and responsive, Psychological Bulletin, 126, pp. 347–374.

[8] Baumeister, R. F. and Twenge, J. M. (2002) Cultural suppression of female sexuality, Review of General Psychology, 6, pp. 166–203.

[9] Baumeister, R. F., Catanese, K. R. and Vohs, K. D. (2001) Is there a gender difference in strength of sex drive? Theoretical views, conceptual distinctions and a review of relevant evidence, Personality and Social Psychology Review, 5, pp. 242–273.

[10] Baumeister, R. F. and Vohs, K. D. (2004) Sexual economics: Sex as female resource for social exchange in heterosexual interactions, Personality and Social Psychology Review, 8, pp. 339–363.

[11] Bell, A. P., Weinberg, M. S. and Hammersmith, S. K. (1981) Sexual preference: Its development in men and women , Bloomington: Alfred C. Kinsey Institute of Sex Research.

[12] Bem, D. J. (1996) Exotic becomes erotic: A developmental theory of sexual orientation, Psychological Review, 103, pp. 320–335.

[13] Bernat, J. A., Calhoun, K. S. and Adams, H. E. (1999) Sexually aggressive and nonaggressive men: Sexual arousal and judgments in response to acquaintance rape and consensual analogues, Journal of Abnormal Psychology, 108, pp. 662–673.

[14] Blackford, L., Doty, S. and Pollack, R. (1996) Differences in subjective arousal in heterosexual, bisexual and lesbian women, Canadian Journal of Human Sexuality , 5, pp. 157–167.

[15] Blanchard, R., Racansky, I. G. and Steiner, B. W. (1986) Phallometric detection of fetishistic arousal in heterosexual male cross-dressers, The Journal of Sex Research, 22, pp.  452–462.

[16] Blanchard, R., Klassen, P., Dickey, R., Kuban, M. E. and Blak, T. (2001) Sensitivity and specificity of the phallometric test for pedophilia in nonadmitting sex offenders, Psychological Assessment, 13, pp. 118–126.

[17] Blumstein, P. W. and Schwartz, P. (1977) Bisexuality: Some social psychological issues, Journal of Social Issues , 33, pp. 30–45.

[18] Both, S., Everaerd, W. and Laan, E. (2003) Modulation of spinal reflexes by aversive and sexually appetitive stimuli, Psychophysiology, 40, pp. 174–183.

[19] Both, S., Everaerd, W., Laan, E. and Gooren, L. (2005) Effect of a single dose of levodopa on sexual response in men and women, Neuropsychopharmacology, 30, pp. 173–180.

[20] Brüne, M. (2001) De Clérambault's syndrome (erotomania) in an evolutionary perspective, Evolution and Human Behavior , 22, pp. 409–415.

[21] Brüne, M. (2003) Erotomanic stalking in evolutionary perspective, Behavior Sciences and the Law, 21, pp.  83–88.

[22] Chivers, M. L. (2003) A sex difference in the specificity of sexual arousal, Unpublished doctoral  dissertation. Evanston, USA: Northwestern University.

[23] Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) A sex difference in features that elicit genital response, Biological Psychology, 70, pp. 115–120.

[24] Chivers, M. L., Rieger, G., Latty, E. and Bailey, J. M. (2004) A sex difference in the specificity of sexual arousal, Psychological Science, 15, pp. 736–744.

[25] Chivers, M. L., Seto, M. C., Lalumière, M. L., Laan, E. and Grimbos, T. (2005) Agreement of genital and subjective measures of sexual arousal: A meta-analysis, Poster presented at the Annual Meeting of the International Academy of Sex Research. Ottawa,  Canada.

[26] Diamond, L. M. (2000a) Passionate friendships among adolescent, sexual-minority women, Journal of Research on Adolescence , 10, pp. 191–209.

[27] Diamond, L. M. (2000b) Sexual identity, attractions and behavior among young sexual-minority women over a 2-year period, Developmental Psychology, 36, pp. 241–250.

[28] Diamond, L. M. (2003) What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire, Psychological Review, 110, pp. 173–192.

[29] Diamond, L. M. (2004) Emerging perspectives on distinctions between romantic love and sexual desire, Current Directions in Psychological Science, 13, pp. 116–119.

[30] Everaerd, W., Laan, E. T.M., Both, S. and Spiering, M. (2001) Sexual motivation and desire, in: W. Everaerd, E. Laan and S. Both (Eds). Sexual appetite, desire and motivation: Energetics of the sexual system, pp. 95–110. Amsterdam: Royal Netherlands Academy of Arts  and Sciences.

[31] Freund, K. (1963) A laboratory method for diagnosing predominance of homo- or hetero-erotic interest in the male, Behaviour Research and Therapy, 1, pp. 85–93.

[32] Freund, K. and Blanchard, R. (1989) Phallometric diagnosis of pedophilia, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 57, pp. 100–105.

[33] Freund, K. and Watson, R. J. (1991) Assessment of the sensitivity and specificity of a phallometric test: An update of phallometric diagnosis of pedophilia, Psychological Assessment, 3, pp. 254–260.

[34] Freund, K., Langevin, R., Cibiri, S. and Zajac, Y. (1973) Heterosexual aversion in homosexual males, British Journal of Psychiatry , 122, pp. 163–169.

[35] Freund, K., Langevin, R., Cibiri, S. and Zajac, Y. (1974) Heterosexual aversion in homosexual males: A second experiment, British Journal of Psychiatry , 125, pp. 177–180.

[36] Freund, K., Seto, M. C. and Kuban, M. (1997) Frotteurism and the theory of courtship disorder, in: D. R. Laws and W. O'Donohue (Eds). Sexual deviance: Theory, assessment and treatment,  pp. 111–130. New York: Guilford Press.

[37] Frijda, N. H. (1986) The emotions , Cambridge, UK: Cambridge University Press.

[38] Geary, D. C. (1998) Male, female: The evolution of human sex differences, Washington, DC: American  Psychological Association.

[39] Geer, J. H. and Bellard, H. S. (1996) Sexual content induced delays in unprimed lexical decisions: Gender and context effects, Archives of Sexual Behavior , 25, pp. 379–395.

[40] Geer, J. H., Lapour, K. J. and Jackson, S. R. (1992) The information processing approach to human sexuality, in: N. Birbaumer and A. Ohman (Eds). The structure of emotion: Psychophyiological, cognitive and clinical aspects, pp. 128–155. Toronto:  Hogrefe-Huber.

[41] Hamann, S., Herman, R. A., Nolan, C. L. and Wallen, K. (2003) Men and women differ in amygdala response to visual sexual stimuli, Nature Neuroscience , 301, pp. 1104–1107.

[42] Hanson, R. K. and Bussière, M. T. (1998) Predicting relapse: A meta-analysis of sexual offender recidivism studies, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66, pp. 348–362.

[43] Heiman, J. R. (1977) A psychophysiological exploration of sexual arousal patterns in females and males, Psychophysiology , 14, pp. 266–274.

[44] Hunter, J. A. and Mathews, R. (1997) Sexual deviance in females, in: D. R. Laws and W. O'Donohue (Eds). Sexual deviance: Theory, assessment and treatment, pp. 465–480. New York: Guilford  Press.

[45] Janssen, E. (2002) Psychophysiological measures of sexual response, in: M. W. Wiederman and B. E. Whitley (Eds). Handbook for conducting research on human sexuality, pp.  139–171. Mahwah, NJ: Erlbaum.

[46] Janssen, E., Everaerd, W., Spiering, M. and Janssen, J. (2000) Automatic processes and the appraisal of sexual stimuli: Toward an information processing model of sexual arousal, Journal of Sex Research , 37, pp. 8–23.

[47] Kinnish, K. K., Strassberg, D. S. and Turner, C. W. (2005) Sex differences in the flexibility of sexual orientation: A multidimensional retrospective assessment, Archives of Sexual Behavior, 34, pp. 173–184.

[48] Kinsey, A. C., Pomeroy, W. B. and Martin, C. E. (1948) Sexual behavior in the human male, Bloomington:  Indiana University Press.

[49] Kinsey, A. C., Pomeroy, W. B., Martin, C. E. and Gebhard, P. H. (1953) Sexual behavior in the human female , Philadelphia: Saunders.

[50] Laan, E. (1994) Determinants of sexual arousal in women, Unpublished doctoral dissertation. Amsterdam, The  Netherlands: University of Amsterdam.

[51] Laan, E. and Everaerd, W. (1995a) Determinants of female sexual arousal: Psychophysiological theory and data, Annual Review of Sex Research , 6, pp. 32–76.

[52] Laan, E. and Everaerd, W. (1995b) Habituation of female sexual arousal to slides and film, Archives of Sexual Behavior, 24, pp. 517–541.

[53] Laan, E. and Janssen, E. How do men and women feel? Determinants of subjective experience of sexual arousal, in: E. Janssen (Ed.). The psychophysiology of sex, (in press). Bloomington, IN:  Indiana University press.

[54] Laan, E., Everaerd, W. and Evers, A. (1995) Assessment of female sexual arousal: Response specificity and construct validity, Psychophysiology , 32, pp. 476–485.

[55] Laan, E., Sonderman, M. and Janssen, E. (1996) Straight and lesbian women's sexual responses to straight and lesbian erotica: No sexual orientation effects, Poster presented at the 22nd Annual Meeting of the International Academy of Sex Research. Rotterdam,  Netherlands.

[56] Laan, E., van Lunsen, R. H. and Everaerd, W. (2001) The effects of tibolone on vaginal blood flow, sexual desire and arousability in postmenopausal women, Climacteric , 4, pp. 28–41.

[57] Laan, E., van Lunsen, R. H., Everaerd, W., Riley, A., Scott, E. and Boolell, M. (2002) The enhancement of vaginal vasocongestion by sildenafil in healthy premenopausal women, Journal of Women's Health and Gender-Based Medicine, 11, pp. 357–365.

[58] Lalumière, M. L. and Quinsey, V. L. (1994) The discriminability of rapists from non-sex offenders using phallometric measures: A meta-analysis, Criminal Justice and Behavior, 21, pp.  150–175.

[59] Lalumière, M. L., Quinsey, V. L., Harris, G. T., Rice, M. E. and Trautrimua, C. (2003) Are rapists differentially aroused by coercive sex in phallometric assessments?, Annals of the New York Academy of Sciences , 989, pp. 211–224.

[60] Långström, N. and Seto, M. C. Exhibitionistic and voyeurism behavior in a Swedish national population survey, Archives of Sexual Behavior , in press.

[61] Långström, N. and Zucker, K. (2005) Transvestic fetishism in the general population: Prevalence and correlates, Journal of Sex and Marital Therapy , 31, pp. 87–95.

[62] Laumann, E. O., Gagnon, J. H., Michael, R. T. and Michaels, S. (1994) The social organization of sexuality: Sexual practices in the United States, Chicago: University of Chicago  Press.

[63] Lawrence, A., Latty, E., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) Measurement of sexual arousal in postoperative male-to-female transsexuals using vaginal photoplethysmography, Archives of Sexual Behavior, 34, pp. 135–145.

[64] Levin, R. J. and van Berlo, W. (2004) Sexual arousal and orgasm in subjects who experience forced or non-consensual sexual stimulation — a review, Journal of Clinical Forensic Medicine, 11, pp. 82–88.

[65] Lloyd, E. A. (2005) The case of the female orgasm: Bias in the science of evolution, Cambridge, MA: Harvard  University Press.

[66] Lohr, B. A., Adams, H. E. and Davis, J. M. (1997) Sexual arousal to erotic and aggressive stimuli in sexually coercive and noncoercive men, Journal of Abnormal Psychology, 106, pp. 230–242.

[67] Mavissakalian, M., Blanchard, E. B., Abel, G. C. and Barlow, D. H. (1975) Responses to complex erotic stimuli in homosexual and heterosexual males, British Journal of Psychiatry, 126,  pp. 252–257.

[68] Meston, C. M. and Heiman, J. R. (1998) Ephedrine-activated physiological sexual arousal in women, Archives of General Psychiatry, 55, pp. 652–656.

[69] Meston, C. M. and Worcel, M. (2002) The effects of yohimbine plus l-arginine glutamate on sexual arousal in postmenopausal women with sexual arousal disorder, Archives of Sexual Behavior, 31, pp. 323–332.

[70] Morokoff, P. J. (1985) Effects of sex guilt, repression, sexual ‘arousability’ and sexual experience on female sexual arousal during erotica and fantasy, Journal of Personality and Social Psychology, 49, pp. 177–187.

[71] Morokoff, P. J. (1986) Volunteer bias in the psychophysiological study of female sexuality, Journal of Sex Research , 22, pp. 35–51.

[72] Morokoff, P. J. and Heiman, J. R. (1980) Effects of erotic stimuli on sexually functional and dysfunctional women: Multiple measures before and after sex therapy, Behaviour Research and Therapy, 18, pp. 127–137.

[73] Murnen, S. K. and Stockton, M. (1997) Gender and self-reported sexual arousal in response to sexual stimuli: A meta-analytic review, Sex Roles, 37, pp. 135–153.

[74] Mustanski, B., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2002) A review and critique of the evidence for a biological basis of human sexual orientation, Annual Review of Sex Research, 13, pp.  89–140.

[75] O'Donahue, W. T. and Geer, J. H. (1985) The habituation of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior,  14, pp. 233–246.

[76] Oliver, M. B. and Hyde, J. S. (1993) Gender differences in sexuality: A meta-analysis, Psychological Bulletin, 114, pp. 29–51.

[77] Rieger, G., Chivers, M. L. and Bailey, J. M. (2005) Sexual arousal patterns of bisexual men, Psychological Science , 16, pp. 574–584.

[78] Rust, P. C. (1992) The politics of sexual identity: Sexual attraction and behavior among lesbian and bisexual women, Social Problems , 39, pp. 366–386.

[79] Sakheim, D. K., Barlow, D. H., Beck, J. G. and Abrahamson, D. J. (1985) A comparison of male heterosexual and male homosexual patterns of sexual arousal, Journal of Sex Research, 21, pp.  183–198.

[80] Savin-Williams, R. C. and Diamond, L. M. (2000) Sexual identity trajectories among sexual-minority youths: Gender comparisons, Archives of Sexual Behavior, 29, pp. 607–627.

[81] Schmidt, G. (1975) Male-female difference in sexual arousal and behavior during and after exposure to sexual explicit stimuli, Archives of Sexual Behavior, 4, pp. 353–365.

[82] Seligman, M. E. (1971) Phobias and preparedness, Behaviour Therapy , 2, pp. 307–320.

[83] Sell, R. L. (1997) Defining and measuring sexual orientation: A review, Archives of Sexual Behavior, 26, pp. 643–658.

[84] Seto, M. C., Lalumière, M. L. and Blanchard, R. (2000) The discriminative validity of a phallometric test for pedophilic interests among adolescent sex offenders against children, Psychological Assessment, 12, pp. 319–327.

[85] Spiering, M., Everaerd, W. and Laan, E. (2004) Conscious processing of sexual information: Mechanisms of appraisal, Archives of Sexual Behavior, 33, pp. 369–380.

[86] Steinman, D. L., Wincze, J. P., Sakheim, Barlow, D. H. and Mavissakalian, M. (1981) A comparison of male and female patterns of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior, 10, pp. 529–547.

[87] Stock, W. E. (1983) The effects of violent pornography on the sexual responsiveness and attitudes of women, Unpublished doctoral dissertation. Stonybrook, NY, USA: State University of New  York at Stonybrook.

[88] Symons, D. (1979) The evolution of human sexuality ,: Oxford Press.

[89] Tollison, C. D., Adams, H. E. and Tollison, J. W. (1979) Cognitive and physiological indices of sexual arousal in homosexual, bisexual and heterosexual males, Journal of Behavioral Assessment, 1, pp. 305–314.

[90] Van Lunsen, R. and Laan, E. (2004) Genital vascular responsiveness and sexual feelings in midlife women: Psychophysiologic, brain and genital imaging studies, Menopause, 11, pp.  741–748.

[91] Whisman, V. (1996) Queer by choice , New York: Routledge.

[92] Wilson, G. T. and Lawson, D. M. (1978) Expectancies, alcohol and sexual arousal in women, Journal of Abnormal Psychology , 87, pp. 358–367.

[93] Wincze, J. P. and Qualls, C. B. (1984) A comparison of structural patterns of sexual arousal in male and female homosexuals, Archives of Sexual Behavior, 13, pp. 361–370.

[94] Wolchik, S. A., Spencer, S. L. and Lisi, I. S. (1983) Volunteer bias in research employing vaginal measures of sexual arousal, Archives of Sexual Behavior, 12, pp. 399–408

[95] Wolchik, S. A., Braver, S. L. and Jensen, K. (1985) Volunteer bias in erotica research: Effects of intrusiveness of measure and sexual background, Archives of Sexual Behavior, 14, pp. 93–107.

Última actualización el Lunes, 28 de Septiembre de 2009 16:01