Compromiso y curación: Hombres gays y la necesidad de amor romántico Imprimir

Isay, Richard A. (2006) (Fragmentos[2])

Prólogo
(…) Una relación amorosa con el tiempo puede transformar la vida de cualquiera. La devoción sostenida de una persona es especialmente importante para los hombres gays que han sido rechazados o mal entendidos por uno o ambos progenitores en la infancia y después por sus pares durante la adolescencia. Como adultos, generalmente descubren que su capacidad de experimentar o expresar necesidad ahora está inhibida y que su capacidad de aceptar el amor de otro se vuelve más difícil con cada año que pasa.

 

 

Muchos de estos hombres (desconfiados, temerosos o incluso sin apercibirse de su necesidad de amor) han buscado la felicidad sin intimidad o la intimidad sin compromiso hasta su edad mediana. Entonces una sensación de vacío o soledad generalmente los convence de que una relación íntima y comprometida que combine pasión sexual y amistad profunda por muchos años tiene la mejor chance de proveer la felicidad que hasta entonces los ha eludido. Al llegar este momento, sin embargo, la mayoría se han acostumbrado a los placeres prontamente disponibles que según han descubierto pueden obviar su necesidad del amor de otra persona: el sexo al azar o breves aventuras combinadas con amistades, trabajo, ambientes de buen gusto y a veces alcohol y otras drogas recreativas. Otros nunca ven el valor del amor y no ofrecerán el esfuerzo de iniciar una relación o de mantener la vulnerabilidad o la dependencia que sostienen la intimidad y la mantienen interesante y excitante.

Muchos hombres gays tienen la esperanza de que el reconocimiento legal del matrimonio del mismo sexo resolverá sus problema de formar o sostener relaciones íntimas. Adoptar niños o comprometerse en matrimonio o unión civil le dará a algunos hombres gays el incentivo para mantener estos vínculos. Sin embargo, formar una unión no nos hará sortear las dificultades con las relaciones íntimas que se originaron durante la infancia y que son la causa de que muchos varones gays desconfíen del amor.

(…) Como toda empresa humana valiosa, el amor requiere esfuerzo y perseverancia para adquirirlo y mantenerlo. Cuanto antes una persona aprende a valorar el amor, tanto más rápido se trabajará para nutrirlo y sostenerlo y tanta más práctica adquirirá en el arte de amar.  (…)

  1. 1. EL PROBLEMA  DEL AMOR ROMÁNTICO

(…)Algunos  tienen dificultad para enamorarse, y permanecer enamorados es todavía más difícil. (…)

(…) El amor romántico está basado en la pasión sexual, y esta pasión es de importancia primordial tempranamente en todas las relaciones de amor romántico. La naturaleza y el grado del deseo sexual de uno, sin embargo, cambiará con el tiempo. A medida que el amor romántico es alterado por la familiaridad y por el cuidado y la preocupación por el bienestar de otra persona, se vuelve menos egoísta y más sobre las necesidades de él, menos una expresión de excitación de tono agudo y más sobre cercanía. Las relaciones comprometidas de amor romántico están motivadas por el deseo de felicidad.

Las relaciones amorosas de largo plazo son difíciles para todos. (…) Aunque los heterosexuales tienen dificultad en mantener relaciones, las relaciones comprometidas entre hombres gays son todavía más difíciles de mantener.

[Los gays] no solamente deben tener el derecho de casarse: se los debería alentar a que lo hagan. El matrimonio da a dos personas que están esforzándose en permanecer juntos la sensación de que su relación tiene una significación especial y extraordinaria. Es una estructura familiar dentro de la cual pueden experimentar y expresar el amor y la consideración que tienen el uno por el otro y hacer las acomodaciones y compromisos cotidianos que todas las relaciones íntimas demandan. (…) Incluso la acostumbrada ausencia de niños en las relaciones gays no es una de las razones principales para que la mayoría de estas relaciones no duren. Una razón más crucial es que muchos hombres gays carecen amor por sí mismos, lo que les hace difícil y a menudo imposible dar y aceptar amor por ningún período significativo de tiempo.

El verdadero amor por sí mismo deriva de que un niño se haya sentido amado, aceptado y apreciado El amor de los progenitores da la confianza de que él o ella se merece ser amado e inclina a esa persona a proveer consideración, apoyo y afirmación a otra, lo que entonces alienta el amor. Quienes no se valoran a sí mismos y que no creen que pueden ser amados se inclinan a ser egoístas, demandantes, crueles o críticos en sus relaciones íntimas como modo de desalentar el amor de sus parejas. Y si una pareja, por amor o preocupación, puede pasar por alto el modo en que lo tratan y puede hacer un esfuerzo para responder amorosamente, su amor generalmente será rechazado. Los que carecen de amor por sí mismos están convencidos de que el amor de otro, antes o después, se transformará en el rechazo familiar y esperado que creen merecer.

(…) La manera en que los varones homosexuales son criados y tratados por sus progenitores (que generalmente no están educados sobre las necesidades particulares de sus niños, y no sienten empatía por ellos) es la razón principal por la que la mayoría de los hombres gay no han desarrollado el amor de sí mismos que los capacita para confiar en el amor de otro. Algunos tienen dificultad en enamorarse y otros descubren que son incapaces de apoyarse y depender de otra persona por un período extenso de tiempo. Esto los vuelve incapaces o les quita la voluntad de hacer el compromiso que es indispensable para un amor duradero.

Todos los hombres criados en nuestra sociedad machista están aculturados para ser independientes. Como adultos, tanto hombres heterosexuales como homosexuales se sienten estorbados sin deben depender de otra persona y hacen elecciones inconscientes, a causa de la ansiedad que les causa su dependencia, que pueden desestabilizar sus relaciones íntimas. Sin embargo dos gays en una relación, sin ser frenados por la tolerancia que una mujer tiene por la dependencia de su pareja o promoviéndola, a menudo sin darse cuenta pero a veces explícitamente se alientan entre sí a tener sexo fuera de la relación y a hacer elecciones vocacionales que implican separaciones muy largas. [Esto] hace difusa la dependencia no deseada y en última instancia mina la confianza de ambos miembros de la pareja y su amor (…)

(…) cuando adolescentes su miedo al rechazo puede haberles hecho problemático ser abiertamente gays y dificultó encontrar pares gays para amistades y para encuentros sexuales y románticos. Los adolescentes gays todavía generalmente ocultan su orientación sexual, lo que hace imposible que hagan experiencias y finalmente aprendan una conducta de cortejo apropiada. Esto puede dar también como resultado que muchachos heterosexuales inalcanzables sean el objeto exclusivo de la fantasía sexual de un gay adolescente, llevándolo a apasionados enamoramientos poderosos, humillantes y no correspondidos, y a menudo al rechazo que causa más desconfianza hacia las relaciones.

(…) algunos gays también tienen miedo de normalizar sus relaciones, creyendo que al hacerlo serán confinados por la aceptación social que los privará de la libertad de determinar ellos mismos la estructura de sus relaciones. (…) Sin embargo, promover una nueva democracia sexual o tomar decisiones vocacionales o de otro tipo que no consideren las necesidades de la pareja de uno o de la relación son muy a menudo una racionalización para que los gays compensen sus necesidades no bienvenidas, falta de amor por sí mismos y desconfianza del amor de otra persona. Respetar el derecho de la pareja a hacer lo que quiera cuando quiera puede ser democrático en cuanto que no se impone nuestra voluntad a él, pero suele no ser respetuoso de la relación o de las necesidades de largo plazo de los dos miembros de la pareja. Permitir esta libertad puede eclipsar la sensación de obligación y deber de uno con el otro y puede dañar la capacidad de hacer los sacrificios y compromisos necesarios para alimentar el amor de uno por el otro.

Cuando la autoestima ha sido suficientemente dañada y por tanto uno no cree que sea posible ser amado o que merezca ser feliz, puede no ser capaz de hacer el esfuerzo o encontrar coraje para afrontar ansiedades y miedos normales que surgen en respuesta a los desafíos cotidianos. Luchar por la felicidad y la autosatisfacción personal se cree entonces justificable solamente en momentos de peligro extremo o crisis personal.

En parte por esta razón en el clímax de la epidemia de SIDA y antes de que hubiera tratamientos disponibles los gays parecieron ser más valientes y autodisciplinados que ahora: parecieron demostrar mayor lealtad entre sí, vincularse más pronto en amistades estrechas y estar más interesados en buscar y sostener relaciones románticas comprometidas. Ahora que hay disponibles una variedad de tratamientos de VIH y SIDA, los jóvenes gays y también los que están en su treintena y su cuarentena se están dedicando otra vez a perseguir los placeres del sexo anónimo sin protección.

Este renovado interés en la actividad sexual riesgosa ha sido facilitado por el uso de internet para el levante y los cristales de metanfetaminas, que impulsa temporariamente la autoconfianza y la libido a la vez que baja las inhibiciones sexuales. El hecho de que las conductas de riesgo estén en aumento sugiere que muchos gays creen que no merecen ser felices y estar bien. A menudo racionalizan su convicción diciendo que la diversión vale el peligro. Muchos de estos mismas personas creen también que las relaciones comprometidas y de largo plazo involucran mucho trabajo. El amor requiere la creencia de que uno vale el esfuerzo necesario para encontrarlo y requiere coraje y autodisciplina para sostenerlo.

(…) Las grandes áreas metropolitanas ofrecen alternativas al amor de una persona que son más accesible. La disponibilidad de sexo, las amistades con otros gays y los entretenimientos y diversiones de la ciudad pueden hacer parecer que una relación es menos necesaria que para las personas de áreas rurales, que pueden esforzarse más para que sus relaciones sean viables, superando por necesidad cualquier desconfianza del amor que puedan tener (…).

(…) los amigos proveen la comunidad de pares que da apoyo y comprensión, de la que muchos carecieron cuando crecían. (…)  Para muchos gays, especialmente para aquellos que no son religiosos y que no tienen hijos, amar y ser amados en una relación de largo plazo generalmente da a sus vidas significación trascendente. (…)

 

  1. 2. ¿Por qué es tan difícil necesitar el amor?

 

(…) Experimentar necesidad del amor de otra persona es necesario tanto para enamorarse como para seguir enamorado. Aunque un hombre puede no estar consciente de su necesidad cuando se enamora, debe llegar a estarlo si va a tomar el compromiso necesario para seguirlo estando.

La necesidad de amor es biológica. A causa del rápido crecimiento del cerebro del infante humano, tiene un nacimiento temprano en relación con los otros mamíferos. Este nacimiento prematuro da como resultado un prolongado período de indefensión y dependencia de sus progenitores para sobrevivir.

El cerebro humano es máximamente impresionable durante los primeros años de vida. En este tiempo codifica cómo se siente el amor en términos de lo bien que se satisfacen las propias necesidades y el tacto, los tonos vocales, las expresiones faciales y las conductas de quienes las satisfacen. En esos años el niño aprende lo que debe hacer para generar el amor y cuidado que necesita. El interjuego entre la capacidad de un niño para dar señales de sus necesidades y la respuesta del cuidador a ellas provee el modelo para que como adultos amemos y seamos amados.

(…) Los progenitores deben impartir suficiente confort y seguridad al iño para permitirle dar los pasos literales y figurativos que se necesitan para volverse un individuo. En el proceso, (…) la cantidad de gente que necesita naturalmente se expande sus progenitores a otros, Los métodos que usa para conseguir amor y atención se vuelven cada vez más matizados y marcados. (…) para que un adolescente (…) se enamore debe estar suficientemente separado y seguro para sentirse confiado de que conseguirá algo valioso por amar a otra persona (…)

Los padres de la mayoría de los muchachos homosexuales a menudo son indiferentes, críticos, o directamente los rechazan simplemente porque no son muchachos como los demás. Tienen una o más características que se asocian más a menudo con las niñas que con los niños. El rasgo más frecuentemente observado es la falta de interés en el juego brusco. Otros rasgos, como la preferencia por jugar con niñas y no con otros niños, también son comunes. A algunos les gusta jugar con muñecas, y unos pocos se prueban la ropa de la madre o las hermanas. (…) Aunque no todos los gays tienen estos rasgos cuando niños, la mayoría recuerdan haber tenido al menos algunos. (…)

En la infancia temprana los muchachos homosexuales generalmente son expresivos y despliegan su entusiasmo, excitación y desilusión con facilidad. Los progenitores tienden a encontrar que esta expresividad emocional es de nenas y les aconsejas que sean más como los otros muchachos. Como resultado, algunos chicos dejan de expresar no solamente su obvia exuberancia sino también otras emociones, tales como llorar, enojarse o desesperarse cuando sus necesidades no son satisfechas. Después de años de suprimir estos afectos, muchos muchachos y hombres, con esta base solamente, pierden contacto con las necesidades frustradas que originalmente habían originado sus emociones.

 

(…) Como muchos chicos homosexuales no son aceptados por lo que son, al llegar a la adolescencia se sienten inseguros e incómodos consigo mismos y en sus interacciones con pares. La mayor claridad de sus fantasías con el mismo sexo, una creciente conciencia de su deseo, y su frustrada atracción a los pares heterosexuales causan solamente más miedo del rechazo. Algunos se adaptan a este miedo volviéndose demasiado preocupados por las opiniones de los demás y cambiando alianzas y opiniones de acuerdo con lo que cree que los otros esperan. Unos pocos se hacen defensiva pero orgullosamente independientes de la aprobación de sus pares. Al llegar a los quince o dieciséis, muchos varones homosexuales tienen un considerable resentimiento inconsciente sobre la falta de aceptación y comprensión de sus progenitores, pero generalmente solamente están conscientes del enojo por ser rechazados por su pares. Muchos ya entonces se sienten avergonzados de su frustrada necesidad de amor y algunos incluso como adolescentes son incapaces de experimentar esa necesidad. (…)

 

Apoyarse en Placeres Alternativos

 

(…) Una variación del tema de buscar una “familia” en lugar de necesitar el amor de otro hombre se encuentra en los homosexuales que se casan con mujeres. A menudo extraen comodidad y seguridad emocional de un vínculo con una cónyuge y niños, y por años no desean una relación con otros hombre. Pueden tener sexo anónimo o breves aventuras pero, hasta no entrar en la cuarentena, la mayoría no quieren dejar de lado su respetabilidad percibida por una relación que sigue recibiendo desaprobación. Y aunque tengan ansia de una relación íntima con otro hombre, son incapaces de dejar sus matrimonios por la conexión emocional con su cónyuge y sus hijos.

(…) Apoyarse en una familia extendida, una cónyuge heterosexual o amigos, a la vez que se tienen experiencias sexuales al azar, no es el único medio por el que los hombres gay intentar compensar su necesidad del amor de otro hombre, así como evitar el dolor y el rechazo que aprendieron de sus relaciones con sus progenitores y después con pares en la adolescencia. Algunos se sienten gratificados por su trabajo que reemplaza a una relación íntima con un hombre, y otros buscan la comodidad de un ambiente no humano como un hogar que puede ser controlado y perfeccionado y que ofrece por un tiempo la sensación de tibieza y seguridad que no pueden confiar en que les provea otra persona.

(…) He visto el amor y gratificación que algunos gays derivan de sus relaciones con cónyuges heterosexuales y sus hijos, amigos y familia extendida, su trabajo y sus hogares. Sin embargo la mayoría de estos hombres que cuando estaban en su veintena o a comienzos de su treintena negaban necesitar una relación romántica duradera con otro hombre o estaban demasiado avergonzados por su necesidad de buscar una, comienzan a sentir ansias de una al llegar el final de su treintena o en su cuarentena. Muchos descubren que los encuentros sexuales y las relaciones de corto plazo proveen solamente placer transitorio. Aprecian el amor de los amigos pero ahora encuentran que sus amigos tienen sus propias preocupaciones, que a veces incluyen parejas, y no pueden proveer el amor y la atención consistentes que anhelan. Cada vez se les hace más consciente la ansiedad y el dolor de la soledad y se vuelven más aprensivos por el envejecimiento y el rechazo. También se preocupan por su mortalidad y futuras enfermedades. Es en los cuarenta que la mayoría de los gays crecen hasta entender que una relación amorosa duradera con otro hombre les proveerá una sensación de valía de sí y de felicidad en última instancia.

Para cuando quieren una relación algunos gays encuentran difícil deshacer las adaptaciones que han hecho para negar su necesidad del amor de otro hombre: sexo con desconocidos, aventuras breves, apoyo exclusivo en amigos, un casamiento heterosexual, trabajo, cada vez más absortos en sí mismos, preocupados por su apariencia, con la creación de ambiente hermoso y reconfortante que habitan solos, o el uso excesivo de alcohol y drogas recreativas. Para entonces pueden haber descubierto que es difícil desarrollar una capacidad de cariño, preocupación y compasión que les permitiría mantener el amor e incorporar su deseo erótico apasionado en una afiliación íntima y amorosa. (…)

 

  1. Amor y Sexo en Relaciones Gays Adultas

 

(…) La prevalencia del sexo casual fuera de las relaciones comprometidas y el sexo disminuido o la ausencia total de sexo dentro de ellas son consideradas por muchos gays como una respuesta normal a estar en una pareja (…) cuando estas “innovaciones” y aventuras extramaritales se producen en una base regular, generalmente son destructivas para las relaciones primarias de uno. Si bien la monogamia puede no ser necesaria para mantener una relación de largo plazo emocionalmente comprometida, luchar por la fidelidad sexual minimiza las ocasiones para celos dolorosos, mentiras y evadir la verdad, todo lo cual se produce incluso cuando se permite el sexo con otros. La honestidad puede no ser la mejor política en todas las circunstancias, pero la deshonestidad a lo largo del tiempo inevitablemente mina el sentido del propio valor personal, implica una falta de consideración por la pareja de uno y destruye la confianza esencial para una relación amorosa.

 

Fidelidad Sexual

 

(…) Para los humanos el sexo es más que el medio de propagación de la especie; es un importante modo de expresar y recibir una variedad de placeres, incluyendo ternura, afecto, comodidad e incluso agresión. A no ser que busquemos otros para gratificar estas necesidades biológicas y sicológicas, necesitamos a nuestras parejas para satisfacerlas.

Cuando el sexo no es para la propagación de la especie y no hay hijos, como es todavía verdada para la mayoría de las parejas gays, la pareja de uno y la relación misma probablemente será incluso más necesarias para la comodidad, la seguridad y la felicidad que en las parejas heterosexuales, cuyas necesidades emocionales a menudo están satisfechas en parte o se desplazan a sus hijos. (…) Y entonces, como lo hacen muchas parejas gays mucho más temprano en sus relaciones, las parejas heterosexuales pueden encontrar que sus parejas carecen de algunas cualidades esenciales o que sus parejas son incapaces de satisfacer sus necesidades emocionales. Así buscan otras fuentes de gratificación emocional y sexual, lo que a veces conduce a la disolución de matrimonios.

Luchar por la fidelidad sexual así como por la emocional es particularmente difícil para hombres gays. La naturaleza de la sexualidad del varón hace innecesario para la mayoría de los hombres establecer una conexión emocional para tener placer sexual, y es fácil encontrar parejas sexuales, especialmente en áreas urbanas. El problema no es que “aliviarse” ocasionalmente con alguien fuera de la relación primaria propia sea necesariamente dañino. Puede hasta agregar alguna excitación a una relación por un tiempo. El problema es que el sexo con desconocidos y las aventuras que lo acompañan son tan poderosas y excitantes que antes o después los contactos sexuales al azar subvierten el deseo por una pareja más familiar.

 

Sexo Fuera de las Relaciones

 

Los encuentros sexuales anónimos y aventuras breves o largas sonb un modo en que los gays tratan su no deseada necesidad de parejas y su ansiedad sobre el compromiso y la intimidad. Estos encuentros pueden también servir para descargar enojo inconsciente o evocar los celos; los dos habitualmente es mejor que se los exprese articuladamente y no que se actúe a partir de ellos, preocupándonos por la propia sensación de nuestro valor y por el respeto por nuestra pareja y la relación. (…) Sin embargo su expectativa de no permanencia es lo que impulsa a algunos gays a buscar sin desearla la inestabilidad y promover la propia falta de permanencia que temen. Esto impide que muchos hombres gays hagan los esfuerzos necesarios y el sacrificio del placer momentáneo que puede capacitarlos para que integren una pasión más grande en sus relaciones amorosas y para que descubran la comodidad y cercanía que se producen en el sexo con la propia pareja. Los priva de la oportunidad de conseguir más placer de su relación y además mayor felicidad.

Depender de otra persona generalmente asusta. Puede evocar el miedo de ser lastimado o abandonado; casi siempre la dependencia nos hace sentir como niños. La mayoría de los gays y muchos héteros manejan la vulnerabilidad que genera su dependencia buscando excitación fuera de su relación primaria, en lugar de esorzarse en hacer que la vulnerabilidad misma sea excitante y por ello (…) hacer la relación más interesante y peligrosa.

(…) los hombres gays se sienten especialmente incómodos con la dependencia natural evocada en sus relaciones íntimas. Todos los varones de nuestra cultura son llevados a creer que la dependencia es femenina y por lo tanto encuentran cuando adultos temible apoyarse uno en otro. Sin embargo, como los varones homosexuales típicos tienen rasgos más femeninos que los heterosexuales y como genberalmente han sido advertidos severamente de que los repudien, al llegar el momento en que son adultos muchos gays aborrecen los remanentes de su infancia afeminada y les disgusta parecer y sentirse femeninos. Algunos buscan diversión sexual para disminuir su dependencia y necesidad de sus parejas, en un esfuerzo por aminorar su incomodidad con los sentimientos femeninos que su dependencia ha evocado.

A diferencia de los sentimientos eróticos de un muchacho heterosexual por su madre, las sensaciones sexuales más tempranas del muchacho homosexual pueden estar conectadas con un padre que muy frecuentemente encuentra a su hijo demasiado diferente de él para sentirse cómodo con él, y favorece entonces a sus otros hijos, varones y mujeres. Como muchos de los pares a los que este muchacho se siente atraído en la infancia y adolescencia tempranas son heterosexuales y por lo tanto lo rechazan y son inalcanzables, como adulto puede descubrir que está atraído solamente por hombres que de modo familiar lo rechazan o son sexualmente inalcanzables. (…) Algunos hombres gays puede inicialmente sentirse atraídos a un cierto tipo de pareja a causa de su masculinidad percibida y pueden reconocer que sus fuertes brazos o sus músculos les recuerdan a sus padres o a otros parientes heterosexuales de su infancia. Después de un tiempo, sin embargo, a medida que se hacen más apegados emocionalmente, el reconocimiento de su atracción a hombres que se parecen a sus padres los vuelve ansiosos de perder su interés sexual. Descubren que los excitan mucho más hombres a los que no están tan íntimamente vinculados.

La atracción puede erosionarse todavía más cuando reconocen que en el amor y el sexo en relaciones gay adultas sus parejas se han vuelto cada vez más dependientes de ellos y por lo tanto parecen menos masculinos y más vulnerables al ser lastimados por cualquier enojo o conflicto. Muchos varones gays buscan sexo con desconocidos, no solamente porque lo no familiar es más excitante, sino porque los desconocidos no son dependientes, parecen ser más masculinos y parecen invulnerables al enojo de retaliación.

A menudo un hombre gay diversifica su interés sexual apartándolo de una pareja porque su dependencia lo hace sentir sofocado; cree que está metiéndose como un intruso en su libertad. Se siente ansioso porque la intimidad lo hace recordar su dependencia temprana de una madre que ha esperado demasiado de él o le impuso demasiadas demandas para llegar a sentirse feliz ella. A menudo ignoraba las necesidades y deseos de su hijo, lo que condujo a que él generase la convicción de que sus necesidades y su vida interna no eran importantes. En su cercanía con una pareja, no importa lo cuidadoso, comprometido o cariñoso que esa pareja haya sido, experimenta que estar sufriendo una intrusión similar y se siente impotente para aseverar o bien su independencia o sus propias necesidades.

Los hombres gays, por supuesto, han sido aculturados para separar sexo y amor. Ha habido avances sociales y políticos en los últimos veinte años, pero los actos sexuales entre personas del mismo género todavía son considerados aborrecibles por la mayoría de los miembros de nuestra sociedad, y los que expresan abiertamente su atracción a menudo son objeto de desprecio y a veces de ataques. Muchos adolescentes homosexuales internalizan este odio y, como adultos, se consideran malos o pecadores a causa de su deseo. Un gay por lo tanto puede desear donde no tiene amor y amar donde no tiene deseo porque el amor no se corresponde con el sexo que es considerado malo o pecaminoso.

(…) para muchos hombres gays la masturbación, la pornografía, los encuentros anónimos en baños públicos y el sexo en cines porno son todavía sus únicos desahogos sexuales. La excitación de tener sexo con extraños en lugares precarios es un placer aprendido que a menudo se vuelve habitual.

 

Celos

 

La prevalencia de la separación del sexo y el amor en las relaciones de varones gays es también un intento de minimizar los celos. Esta dolorosa emoción evolucionó a partir de nuestra necesidad primitiva de competir por limitados recursos sexuales y ambientales y de la agresión manifiesta que necesitábamos para repeler a los intrusos que amenazaban estos recursos. Muy probablemente en humanos los celos primero se desarrollaron para avisar de amenazas a las provisiones reproductivas y alimentarias, pero más tarde, con la formación de de las familias, advertía cuando una tercera persona era una amenaza a un objeto sexual que era también la fuente del amor y la seguridad para uno mismo y para la propia progenie.

Los celos son una emoción que no siempre retrata a las amenazas de modo preciso o realista; nos alerta de peligros que pueden ser tanto imaginarios como reales. Cuando nos alerta de una amenaza imaginada y no realista, a menudo son dañinos y provocan una posesividad que puede destruir nuestras relaciones. Cuando los celos son evocados por una verdadera amenaza generalmente son beneficiosos. La mayoría de los varones gays en relaciones comprometidas nunca reconocerían sus celos sexuales. Reconocen y aceptan los celos de uno con el otro por trabajo, dinero, posesiones o incluso la atención de amigos y conocidos, pero en general no avalan la existencia de celos sexuales en sus relaciones más íntimas. Esto se da en parte para negar los celos sexuales porque muchos rechazan la idea de ni siquiera esforzarse por la monogamia; de modo no realista, tienen la esperanza de que contactos sexuales recreativos de fuera, si están acordados, ayudarán en vez de destruir sus relaciones primarias.

(…) Los hombres gays en pareja gastan tanto esfuerzo en negar sus celos sexuales porque las relaciones íntimas y comprometidas son muy esenciales para su felicidad en última instancia y sensación de bienestar. Los celos los hacen conscientes de su necesidad de amor y seguridad, lo que a menudo es humillante porque la mayoría de los gays están convencidos de que sus necesidades emocionales son serán satisfechas; si confían demasiado en una u otra persona, piensan que serán nuevamente lastimados o rechazados como lo fueron en la infancia y en la adolescencia. Los celos, como otros afectos fuertes, a menudo son considerados como signo de ser afeminados; experimentar este sentimiento es algo que repele a la mayoría de los gays. Sin embargo, los celos pueden ser útiles para mantener nuestras afiliaciones íntimas, y cuando los gays niegan que existen, a menudo colocan sus relaciones en riesgo.

(…) Correr Riesgos, VIH y Amor

 

Los hombres por naturaleza son agresivos buscadores de aventuras y tomadores de riesgos. Los muchachos homosexuales parecen ser generalmente menos físicamente agresivos que los chicos heterosexuales, pero los gays adultos, como los heterosexuales, también corren riesgos y buscan aventuras. Esto puede en parte explicar su búsqueda de amor sexual y sexo diferente en parejas adultas de relación gau. Dos hombres juntos, no estorbados por el deseo de estabilidad de una mujer que busca la estabilidad que beneficiará la crianza de la progenie, tienen mayor inclinación que una pareja heterosexual a buscar aventuras sexuales que pueden colocar su salud, la salud de su pareja y su relación en peligro. Es desdichado tanto para su relación como para su salud que estos dos rasgos parecen ser conformes al género y no “cambiados” en los hombres gays, como lo son muchos otros rasgos. (…)

. . .

Hay tensión en la vida de cualquier hombre entre la búsqueda de seguridad y la sed de novedad, excitación y aventura. Nuestra vida temprana se pasa en separaciones aventureras y a veces aterradoras de los progenitores, a medida que aprendemos las ventajas de la locomoción y la mayor independencia y después, más tarde, los placeres que puede ofrecer. Los niños e incluso los adolescentes renuevan fuerzas volviendo de vez en cuando al amor, seguridad y comodidad que ofrecen sus progenitores, lo que, si es suficientemente bueno, eventualmente lo prepara para amar a otras personas.

Para que muchos hombres gays confíen en que su amor no será traicionado y para que aprecien que el amor es todavía mejor para sostenerlos en el sufrimiento que el sufrimiento para sostener el amor, tienen que aprender a valorar el amor y la seguridad por encima de la excitación de lo nuevo y no familiar. Solamente la convicción de que el amor romántico que perdura ofrece la mejor oportunidad de una felicidad superior motivará a un hombre gay (antes que lo manden la enfermedad, el envejecimiento o el miedo de morir) a ejercitar su autoconciencia, autocontrol, coraje y determinación, que pueden subvertir su interés inherente y que lo impulsa a la aventgura y el placer del momento, en favor del amor y la devoción de una persona distinta.

 

  1. 4. Enamorarse

 

(…) El apego apasionado puede no ser necesario para formar una relación amorosa y comprometido, y está lejos de todo lo que es necesario para lograrlo. Sin embargo, enamorarse, lo vincula a uno con otra persona; a menudo motiva el deseo de explorar una vida juntos y geeralmente realza el interés sostenido y la devoción a la pareja a lo largo de los años.

Algunos gays no pueden experimentar esta pasión. Cada uno de los gays con los que he trabajado y que ha tenido dificultad en enamorarse ha sido incapaz de separarse de su madre. Se mantienen pegados a ella no porque ella haya sido emocionalmente generosa, sino porque les ha hecho imposible confiar en que necesitar a otra persona le facilitará el amor que desea. Generalmente tiene la esperanza que lo impulsa, que lo más a menudo es inconsciente, de que algún día la madre le dará el amor que nunca le dio pero que continua ansiando. Como muchos gays no han recibido el amor que necesitan, no buscan intimidad humana para su comodidad y alegría, sino que se apoyan primordialmente en sus posesiones, trabajo y hogar, junto con relaciones superficiales que no requieren mucha necesidad de otra persona. Eventualmente descubren que ya no son capaces de sentir el ferviente deseo de enamorarse, pero quieren ser capaces de ello.

El impulso de desarrollo fisiológico es hacia independencia mayor y mayor, a partir de nuestros progenitores, pero siempre hay tensión entre la lucha por la autonomía y el anhelo de permanecer apegado y de que cuiden de uno. Para ser capaz de enamorarnos deben habernos dado suficiente amor para que creamos que en el futuro vendrá de otra persona. Debemos experimentar necesidad del amor que ha sido perdido. Si continuamos anhelando el amor de un progenitor que haga las veces de madre es porque nos hemos sentido privados de ese amor por él o ella: entonces generalmente no podemos experimentar suficiente deseo apasionado para ser capaces de enamorarnos.

(…) Es durante los años de prolongada dependencia del progenitor maternal que aprendemos qué es el cuidado y la comodidad que esperamos a partir de apoyarnos en otra persona. Si ha habido una disrupción en esta relación durante la infancia o la niñez por extensas separaciones, descuido o más a menudo la falta de interés del cuidador en las necesidades del niño a causa de su incapacidad de ser empático o empática, el nene aprende que ser dependiente de otro ser humano es inútil porque no le provee lo que necesita. Comienza a creer que no debe valer lo suficiente para merecer amor, atención o comprensión; si no fuese así estaría recibiéndolos. A no ser que haya algún cambio espectacular y consistente en las circunstancias futuras que afecte su bienestar emocional y lo capacite para confiar más y sentir una sensación mayor de valor propio, desarrollará modos alternativos para gratificar su necesidad de amor. Estos no necesitarán dependencia en otra persona con posibilidad de desilusiones; confiará en sí mismo y su ambiente para comodidad y seguridad.

 

La Necesidad de Amor Da Combustible a la Pasión

 

Experimentar la necesidad del amor de otra persona es de fundamental importancia para enamorarse. Para enamorarse, uno debe ser también capaz de idealizar los atributos del otro, tales como su cuerpo y sus rasgos, su potencia, su estatus o su carácter. Estas idealizaciones pueden ser irreales y transitorias, pero son esenciales para la atracción, el anhelo y la pasión que sentimos. La intensidad de esta pasión nos permite de vez en cuando experimentar la sensación de fusión y unión con otra persona que hace de enamorarse una experiencia tan poderosa, trascendente y a veces asustadora. Es difícil imaginar, sin embargo, que idealizaríamos a otro, sentiríamos pasión por él o nos sentiríamos confluyendo con él si no lo necesitáramos.

(…) Si un adulto recuerda que su madre mostraba poca empatía o interés en su vida interna cuando tenía seis o siete años, entonces ella muy probablemente tenía también dificultades en responder a él en la infancia y la niñez temprana. Sin embargo esto no es necesariamente el caso. La privación en la infancia y la niñez muy temprana puede ser muy a menudo responsable por nuestra incapacidad de enamorarnos, pero el abandono o privación emocional que se produce a mediados de la infancia también pueden explicar esta dificultad.

Es posible que una madre haya estado razonablemente disponible y haya sido razonablemente capaz de responder a su hijo en la infancia más temprana, cuando sus necesidades eran relativamente primitivas y simples, pero que haya encontrado difícil tolerar las demandas emocionales más complejas de un niño de cinco o seis años. El modo en que un niño usa entonces lo que tiene disponible en su ambiente para calmarse y compensar por la falta de tolerancia o comprensión maternas determinará cómo y dónde encontrará comodidad como adulto. Cuando el padre ha sido quien rechaza o está desinteresado, cuando no hay al alcance ninguna otra persona que se preocupe y cuando la madre esté preocupada o interesada en su hijo sólo cuando está siendo un niño bueno, de buen comportamiento y poco demandante, entonces es probable que desarrolle un alto nivel de autoconfianza y un interés en agradar a muchas personas, en lugar de apoyarse en una única persona para su sensación de seguridad, comodidad y amor. Veo este guión argumental a menudo en gays que no pueden enamorarse.

La atención enfática de la madre parece ser especialmente importante para el niño homosexual, que necesita de que ella le preste atención para compensar lo que generalmente ha sido el desinterés, falta de apreciación o rechazo directo de su padre. El vínculo de enamoramiento que ha formado con ella a causa de sus rasgos compartidos lo hace especialmente vulnerable a su desinterés en sus sentimientos y vida interna. A no ser que haya un sustituto disponible, la falta consistente de preocupación y la incomprensión de su madre es la causa de que él desconfíe hasta que ya no pueda encontrar comodidad en el amor de otra persona. A medida que pierde contacto con su necesidad de amor, también gradualmente se va haciendo menos capaz de idealizar los atributos de otra persona, encontrando por ello a ese individuo menos estimable y menos deseable.

(…) En las instancias en que el padre ha aceptado, ha afirmado al hijo, lo ha sustentado y amó a su hijo homosexual en la infancia, el temprano apego erótico del vaoncito con él generalmente le permite, cuando adulto, enamorarse a pesar de que su madre no ha prestado atención o no está interesada en sus sentimientos y vida interna. El amor y aceptación de su padre mitigan, aunque no lo protegen íntegramente, la desconfianza del amor causada por el descuido emocional de su madre. Aunque todavía puede anhelar el amor de su madre y generalmente continúa estando profundamente apegado a ella en la esperanza de conseguir su amor, siente que si su padre lo amara todavía sería capaz de enamorarse. Generalmente se enamora de hombres que le recuerdan a su padre pero después pierde ese amor rápidamente, debido a la desconfianza que es resultado de la falta de interés de su madre en su vida interna y en su falta de respeto por sus sentimientos y necesidades.

(…)

 

  1. 5. Permanecer enamorados

 

Permanecer enamorados no es algo que nos acontece: es algo que elegimos que nos ocurra. Para permanecer enamorados primero uno tiene que decidir comprometerse con la pareja y con la relación misma. Aunque elegir comprometerse con otro no garantiza que una relación funcionará o que la pareja que uno a elegido es la persona con la que uno debería estar, no ser capaz de hacer un compromiso o no querer hacerlo garantiza que uno no será capaz de seguir enamorado y que la relación no durará.

El amor duradero no se produce sin esfuerzo. A veces el esfuerzo que debemos hacer es un compromiso mundano; a veces es un sacrificio de nuestras propias necesidades para dar prioridad a las de nuestra pareja; a menudo es la expresión verbal y física de nuestro amor y consideración. Estas empresas están motivadas por nuestra convicción de que el amor de otra persona es indispensable para nuestra felicidad última y, por lo tanto, nuestra relación es la prioridad de nuestra vida.

Amar a la propia pareja lo hace sentir valorado, lo que le permite amar y motiva su amor a su vez. Es el ciclo de dar y recibir amor lo que nutre y sostiene cualquier relación íntima a lo largo del tiempo. Para que el amor permanezca, debemos ser capaces tanto de amar como de ser amados, y de valorar ambos hechos. La mayoría de los adultos con autoestima saludable expresa el amor por sí mismos en relaciones comprometidas con la expectativa de que serán amados y de que merecen ser amados. Aquellos que carecen de amor por sí mismos generalmente creen que el compromiso a otro no vale el esfuerzo que cuesta. Están convencidos de que no merecen ser amados porque no se sintieron amados en la infancia.

Aunque hacer el compromiso de amar a otra persona es difícil para cualquiera, generalmente los varones tienen más dificultad que los heterosexuales porque su autoestima está muy frecuentemente lisiada y su amor por sí mismo, que es requisito, por lo tanto falta. (…).

Los gays que no pueden permanecer enamorados no se apoyan tanto en su ambiente para su comodidad y seguridad como aquellos que no pueden enamorarse, porque generalmente tienen un amor más confiable en la infancia. Aunque también desconfían del amor de una sola persona, están mejor relacionados con el amor y por lo tanto se sienten menos amenazados por su necesidad de amor que los gays que no se pueden enamorar. En lugar de confiar totalmente en sí mismos o de buscar en su hogar y sus cercanías físicas la comodidad, han aprendido a apoyarse en lo que creen que es el pastiche más confiable de relaciones menos íntimas: amigos y conocidos cariñosos, familia extendida, sus relaciones laborales y una variedad de otros hombres con los que tienen sexo. A menudo encuentran fácil enamorarse y amar al menos por un corto tiempo, pero encuentran difícil aceptar el amor de otro por largo tiempo. Ser amado hace surgir una necesidad de amor que no quieren y que no creen merecer.

 

Enamorarse y Desenamorarse

 

El rechazo de un padre por su hijo homosexual o por el retiro emocional de un padre cuando el muchacho tiene cinco, seis o siete años causan que el varoncito sienta que él no puede ser amado y que, cuando es adulto, desconfíe o devalúe el amor de otro hombre. El rechazo de su padre y el favoritismo por sus hermanos o hermanas a menudo impulsa a un gay adulto a ser competitivo con su pareja, como lo era con sus hermanos preferidos por su padre, contribuyendo así más a la dificultad que tiene en permanecer comprometido y apegado a cualquier amado.

El rechazo que la mayoría de los muchachos homosexuales experimentan más tarde en la adolescencia de parte de sus pares, sus enamoramientos no correspondidos porque se enamora de chicos heterosexuales, y el prejuicio social que les enseña que tener anhelo por otro hombres es malo, pecaminoso o perverso, todo refuerza y puede intensificar su desconfianza anterior por el amor y su creencia de que no recibirán el amor que necesitaban.

Muchos gays que no pueden permanecer enamorados se protegen de comprometerse con otra persona enamorándose y desenamorándose. Cuando están solos, sienten que no se los puede amar o que son defectuosos, así que buscan citas frenéticamente y tienen sexo con variedad de hombres, intentado recoger un reaseguro de su atractivo y capacidad de ser amados haciendo que otros se enamoren de ellos. Se enamoran, y lo hacen a menudo, pero el reaseguro que viene de esas relaciones de de corto alcance. Más temprano que tarde sienten la preocupación de que necesitan demasiado, que no obtendrán el amor que buscan o que sus enamorados lo dejarán porque sentirán su necesidades. Asustados de ser rechazados otra vez y lastimados como lo hicieron sus padres, dejan fuera el amor.

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El vínculo con una madre amoroso y que dé firmeza puede proteger a un varón homosexual de las dolorosas consecuencias del rechazo de su padre. (…) Sin embargo, ella puede explotar la relación para servir a sus propias necesidades. Puede tratarlo como una extensión de sí misma, buscar en él que satisfaga sus propios anhelos o ambiciones frustradas, o pasar por alto la lucha por autonomía e independencia que él desarrolla, haciéndole experimentar sus relaciones íntimas como una restricción insoportable o una violación de su libertad.

Algunas veces una madre puede inconscientemente ser seductora o demasiado física con su hijo homosexual para confrontar con su preocupación de que sea homosexual o con su miedo de que su estrecha conexión emocional pueda haber causado su homosexualidad. Un hombre gay adulto puede reaccionar a que su madre haya sido sexualmente provocativa al encontrar difícil ser sexual con cualquiera con quien mantenga una conexión emocional íntima y amorosa, al buscar sexo fuera de su relación o al dejar de estar enamorado.

(…) Buscar la Pareja Perfecta

 

Algunos de los hombres que entran y salen de estar enamorados se protegen de ser lastimados o de no conseguir lo que necesitan buscando la pareja “perfecta”. Siempre están buscando alguien que sea mejor que el hombre con quien están en el momento, alguien que sea muy apuesto y tremendamente inteligente con un trabajo mejor y un estatus social que los provea con el valor del que creen que carecen. A veces encuentran una nueva pareja con exactamente los rasgos positivos que están buscando, pero la capacidad de esa persona para amar, compadecer o comprometerse no está alta en su lista de atributos valorados. Un hombre gay que está buscando la pareja perfecta no valora el amor o no confía en él para nada. Generalmente ha sido lastimado por el rechazo de su padre y por la falta de atención de su madre a sus sentimientos, o por la falta de respeto a su necesidad de autonomía. No busca a alguien que sea amoroso o cariñoso porque está convencido de que no vale el amor que esa persona podría proveer. Los atributos superficiales que valora y busca resultan ser pobres sustitutos del amor, así que nuevamente resulta desencantado.

La relación inevitablemente llena su convicción inconsciente de que él no puede ser amado y que nadie puede proveerle el amor que necesita.

 

  1. 6. Cómo Trabaja la Terapia

 

(…) La Compulsión a Repetir Viejas Relaciones

 

¿Por qué los humanos nos inclinamos a repetir aspectos dolorosos y también amorosos de nuestras tempranas relaciones con nuestras madres y padres, y por qué es tan difícil cambiar los modo dañinos y destructivos en que hemos aprendido a amar y recibir amor?

La explicación neurofisiológica de la tendencia a repetir estos viejos patrones es que los sentimientos conectados con nuestras experiencias tempranas están almacenados en la porción del cerebro conocido como el sistema límbico. Un “amor” temprano que haya sido carente de atención, indiferente o rechazador se imprime en el cerebro joven e impresionable igual que el amor bueno y cariñoso de los progenitores puede hacerlo, proveyendo el prototipo de cómo se siente la ligazón emocional, la intimidad y el apego. (…)

La explicación sicológica de nuestra repetición de experiencias no placenteras así como de experiencias buenas es que buscamos los viejos sentimientos sobre el amor porque nos son familiares; sabemos qué esperar y cómo reaccionar, aunque repetir esas experiencias puede causar que nuestras relaciones sean miserables. Saber qué esperar y repetir los modos familiares de responder nos da la ilusión de control sobre la desdicha pasada al recrearla en el presente en la esperanza de que ahora podemos hacer que todo salga bien.

La comodidad que se obtiene de estar expuestos a personas que se comportan de modos familiares y la comodidad que se deriva de los modos familiares de adaptación a esta conducta hacen difícil que cambien los tipos de personas que amamos y nuestras respuestas a ellos. Por esto simplemente entender por qué alguien está incapacitado en su capacidad de amor no es suficiente para ayudarlo a resolver estas dificultades. Comprender solamente no conduce al cambio. Las conductas aprendidas en infancia y perfeccionadas en adolescencia para protegernos de la desilusión y el rechazo se vuelven habituales y deben ser reemplazadas por experiencias nuevas que permitan tener nuevas esperanzas, nuevas convicciones y nuevas expectativas. No podemos amar a otro o aceptar su amor hasta que nos sentimos merecedores de él. (…)

  1. 7. El Poder Terapéutico del Amor

 

El amor de los progenitores en la infancia forma la matriz en la que diseñamos todas nuestras relaciones íntimas adultas, haciendo difícil, aunque no imposible, cambiar lo que hemos aprendido sobre el amor. Uh hombre gay que, cuando niño, sintió que el amor de su padre era rechazante y que el de su madre era egoísta y falto de empatía, y que como adolescente experimentó el rechazo del amor no correspondido y después el prejuicio de la sociedad contra el amor y las relaciones homosexuales, a menudo es incapaz o bien de enamorarse o de mantener el amor. Mientras no entienda su persistente desconfianza del amor y las relaciones, puede negar que necesita amor. Mientras no entienda su atracción por experiencias de amor viejas y familiares, tendrá la inclinación de repetirlas.

La motivación para cambiar la naturaleza de nuestras relaciones se produce porque reconocemos que nuestras relaciones no son felices o que podríamos ser más felices. Vemos que nuestras relaciones más íntimas no son gratificantes y que nuestra desconfianza del amor y las relaciones nos ha conducido a sustitutos que en última instancia son insatisfactorios. El incentivo para estar en una relación o para hacer el esfuerzo de formar una relación más amorosa o más estable puede también provenir de preocupaciopnes sobre la soledad, la enfermedad futura o la finitud de la vida. Cualquiera de estas aprensiones puede motivarnos para que reordenemos nuestra prioridades y busquemos felicidad en una relación amorosa duradera.

Se necesita valentía para buscar la felicidad en lo que no es familiar y parece incierto. Necesitamos autodisciplina para abandonar nuestra confianza en placeres acostumbrados que pueden haber eliminado nuestra necesidad de amor. Debemos hacer que una relación amorosa se la prioridad en nuestra vida y dedicar el esfuerzo y la energía necesaria para sostenerla. Paradójicamente, solamente después de comprometernos con otros hombre y llegar a estar convencidos de que la relación con él es esencial a la propia felicidad es posible amar a la pareja de uno por sus cualidades buenas y malas y proveerle la sensación de valor que lo capacitará para devolvernos un amor no ambivalente y respetuoso. Es su amor lo que, con el tiempo, revisará el modo en que experimentamos el amor y en última instancia cambiará el modo en que nos percibimos a nosotros mismos, a otros y al mundo en derredor de nosotros.

(…) Epílogo

 

El amor de otra persona en una relación sexual íntima, sexual y cariñosa, sostenida por muchos años, es la cura por el empobrecido amor por sí mismos de los hombres gays que fueron heridos en la infancia por el rechazo de los progenitores o la indiferencia a sus necesidades distintivas y después fueron traumatizados por el rechazo de los pares y una cultura que menosprecia su pasión. Los gays que entonces se vuelven desconfiados, temerosos o sin darse cuenta de su necesidad de amor buscan la felicidad sin intimidad o la intimidad sin compromiso. Terminan por habituarse a los métodos que han usado para disminuir su necesidad de amor: sexo al azar o breves aventuras combinadas con amistades, trabajo y ambiente de buen gusto.

La indiferencia de los progenitores a los sentimientos de sus hijos homosexuales o su rechazo direcho de estos niños es causado por el prejuicio que todavía existe en nuestra sociedad. A pesar de las avances hechos durante los últimos diez o veinte años, todavía tenemosmucho que hacer para alcanzar la igualdad y la aceptación; esto incluye legalizar los matrimonios del mismo sexo e integrar en las fuerzas armadas hombres y mujeres abiertamente homosexuales. Incluso cuando haya llega la época en que la sociedad sea menos ambivalente, se necesitarán varias generaciones para que cambien las actitudes de los progenitores de modo que los sentimientos y necesidades únicos en su género de los niños gays sean valorados y no negados.

Mientras tanto, será tarea de los educadores y de los proveedores de salud mental ayudar a los progenitores a entender cómo su niños homosexuales son diferentes de otros niños y cómo son similares a otros niños, y lo importante que es proveer el amor, el respeto y la afirmación que harán posible que ellos tengan un respeto y amor por sí mismos saludables. Algunas organizaciones están actualmente intentando hacer este trabajo, pero se necesita hacer más hasta que el cambio cultural haga menos urgentes a estas empresas educacionales.

Para ewl futuro previsible, muchos si no la mayoría de los gays tendrán mucha dificultad para creer que valen el esfuerzo que requiere encontrar una pareja o ver los beneficios de amar y ser amado por otra persona por un largo período de tiempo.

Solamente la convicción de que el amor es esencial para su felicidad y bienestar les dará el necesario incentivo para expresar la necesidad de un amor al que han renunciado. Los educadores, profesionales de salud mental, líderes religiosos y los medios gays pueden todos ayudar a proveer esta convicción subrayando que la felicidad última de cada uno evoluciona principalmente a partir de una relación comprometida y amorosa.

También pueden subrayar la importancia de esforzarse por la fidelidad sexual, que ayuda a los gays a expresar compromiso, mantener pasión y engendrar confianza dentro de sus relaciones íntimas. Esto puede hacerse sin avergonzar ni denigrar el placer de experimentar y expresar el deseo sexual. En un esfuerzo de engendrar autoaceptación y por un comprensible temor a reforzar la vergüenza, la comunidad gay en general y los medios gays en particular han gastado considerablemente más tiempo, dinero y esfuerzo enalteciendo los placeres de la expresión sexual que en la afirmación de la felicidad que puede ser resultado de una relación amorosa de largo tiempo.

Hay razones prácticas para este énfasis en sexo y no en amor: es más fácil para un adulto joven que está en conflicto con su orientación sexual apreciar el placer de su deseo sexual que reconocer y expresar su necesidad de amar y ser amado. El sexo es más fácil de esconder de la vista de familia y amigos y, para los medios gays, es más fácil de vender. La prioridad dada a la expresión sexual superando al amor en un mal guiado esfuerzo de ayudar a los adultos jóvenes a aceptarse a sí mismos ha contribuido a la dificultad que tienen algunos gays en incorporar el sexo en sus relaciones amorosas.

 

(…) Si no hay grandes problemas como el abuso físico o emocional y si los dos se preocupan el uno por el otro, hay una probabilidad mucho más grande que el amigo del momento llegue a ser lo que uno busca que la probabilidad de encontrar uno mejor. Lo que eventudalmente hace que la pareja que se tiene sea la mejor posible es un compromiso de amarlo y una preocupación consiguiente por él y responder a sus necesidades. Generalmente este compromiso hará que él, a su vez, se muestre enamorado y preocupado por uno, lo que hará muy difícil encontrar a alguien nuevo que sea tan proveedor de amor como la pareja de varios años.

Muchos gays se aburren con sus parejas porque tienen miedo de su propia vulnerabilidad, necesidad y dependencia. El esfuerzo continuo que se necesita para que una relación sea tan amorosa como se pueda puede asustar, pero no debe aburrir. La mayoría de los gays que ha luchado desde la infancia y tienen conciencia de que han sufrido porque eran diferentes de otros tienen dentro de sí mismos la capacidad de encontrar parejas y el coraje y la tenacidad de mantener vínculos amorosos. Cuando eligen correr esos riesgos, sus vidas serán más felices.

Amar a otro hombre y ser amado por él ayuda a un gay a volverse un ser humano mejor y más compasivo.

 


[1] Admiro en Richard Isay la audacia y persistencia con que adaptó el sicoanálisis a la población gay. Se enfrentó directamente con las enseñanzas freudianas de que la homosexualidad se adquiere; derribó el dogma de la universalidad del complejo de Edipo afirmando que el primer estadio en los heterosexuales es enamorarse de sus madres, pero que en los homosexuales es enamorarse de sus padres. Implícita y a veces explícitamente afirma que la homosexualidad es innata. Sin embargo, confía en el poder y eficacia de su práctica, así que no duda en recomendar terapia a los varones homosexuales, al punto de aseverar que sin una terapia preocupada y cariñosa no es posible cambiar.  No me parece que eso sea cierto. La escucha atenta sin duda nos ayuda mucho; pero hemos visto demasiadas veces cómo los varones homosexuales entran en un mar de dudas, divagaciones y búsquedas que llevan tiempo y dinero y no siempre llegan a buen puerto. (Nota del traductor RF).

[2] De acuerdo con la nota anterior, traduje lo que quedó del texto una vez que quité los estudios de casos (que forman gran parte del libro), las recomendaciones terapéuticas y los elogios a la terapia destinados a que los lectores engrosen la cohorte de gays sicoanalizados.

Última actualización el Lunes, 04 de Julio de 2016 13:21