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Espejo 16

Editorial N 16


La modificación mediante  Resolución 365 del 99 de la Resolución 702 del 93 es trascendente: el viejo texto decía “los varones homosexuales y bisexuales serán excluidos” de la donación de sangre.  Nos excluía por ser nosotros, no por haber incurrido en prácticas o conductas de riesgo.

La sangre siempre es un líquido peligroso: puede tener agentes patógenos no detectados. Lo seguro es la autotranfusión, pero no siempre  se puede: hay accidentes y urgencias. Donar sangre es un deber hacia la sociedad, que tiene derecho a hacer preguntas privadas porque está en juego la calidad de los bancos de sangre, que son públicos; pero deben preguntar qué hicimos, no qué somos. Ser juzgados por nuestras acciones y no nuestra condición es requisito para la igualdad de ciudadanía.

Homosexuales y bisexuales queremos cumplir nuestro deber social, y reforzar el reclamo de los derechos de que carecemos. Deben aceptarnos abiertamente las Fuerzas Armadas,  las policías y fuerzas de seguridad: los gays y lesbianas que actúen bien les harán bien. Ayudarán   a que dejen de ser las Fuerzas  Armadas de la dictadura y “la maldita policía” de la corrupción, y a que   limpien su historial y a evitar la  exacción y el soborno.

Queremos pagar impuestos, no coimas. Los boliches no tienen por qué preguntarles a comisarios y subcomisarios si quieren o no seguir recibiendo sobres: deben negarse a darlos. No habrá tráfico de drogas  ni menores en nuestros sitios, pero exigiremos una Policía de la Ciudad de Buenos Aires decente y responsable, no inescrupulosos que empiezan por exigir 5 pesos a quienes salen de una discoteca gay para no llevarlos por averiguación de antecedentes y terminan poseyendo cadenas de prostíbulos.

Veremos cómo lograr que taxis, travestis y clientes negocien a salvo y fuera del espacio público, porque Ejecutivo Nacional debe avergonzarse tanto de su Decreto 150 como la Legislatura de su oportunismo, pasando de la tolerancia a prohibir la oferta y demanda pública de sexo en la calle.

            Necesitamos ayuda y aliados para convencer, no para vencer. La Ley de Parteneriato sigue en la Cámara de Diputados sin más firma que la de la  diputada Musa. La mayor ayuda viene de afuera, de LUSIDA o de la propia SIGLA: el Fondo Naciones Unidas para Actividades de Población donó preservativos para el Proyecto SINSIDA, SIGLA beca para estudios terciarios a nuestros socios  seropositivos; el Servicio Legal atiende los primeros y terceros miércoles de cada mes, de 18 a 20: seguimos emitiendo Totalmente Natural en Buenos Aires y Quilmes, y Cecilia Ferrari  organiza un nuevo ciclo de conferencias.

             Pero el virus hace presa en varones a los que la angustia, la soledad, la facilidad o el hábito llevan a túneles, parques, cortaderas y matorrales.  Los jóvenes sufren esa continuidad de la peor tradición gay, mientras se debilita la mejor: la facilidad de comprensión entre diferentes clases sociales y orígenes culturales. Gays, lesbianas y microminorías de travestis y transexuales necesitan voluntad de construir puentes.

La soledad y el aislamiento duelen más si al pedir ayuda obtenemos respuestas declamatorias (“yo no discrimino, te quiero mucho, hacé tu vida”) pero no se cambia la convicción íntima de que nuestra condición es sinónimo de  enfermos o perversos:  en suma, mala gente. Ojalá nuestros allegados héteros (familiares y amigos) aprendan a juzgarnos por lo que hacemos, no por lo que somos.

                                        Rafael Freda.

Última actualización el Sábado, 29 de Noviembre de 2008 18:53