Homosexualidad (Werner-Cardoso) Imprimir

Homosexualidad

Fernando Luiz Cardoso y Dennis Werner

INTRODUCCIÓN

Podríamos definir “homosexualidad” simplemente como relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Sin embargo detrás de esta simple definición yacen muchos fenómenos diferentes. La gente varía tremendamente en sus conductas del mismo sexo, en sus deseos sexuales y en los modos en que se definen a sí mismos. Las culturas también difieren ampliamente en los modos en que definen y tratan a estas relaciones y a las personas que se involucran en ellas.

Nuestro conocimiento ha crecido tremendamente en los años recientes. Pero por varias razones esta literatura se ha ocupado en su mayor parte de la homosexualidad del varón. Los informes escritos han venido en su mayor parte de hombres, que pueden no haberse interesado en o no haber sido plenamente conscientes de lo que hacen las mujeres. También la sexualidad de las mujeres habitualmente ha estado restringida a una esfera más privada más limitada de allegados que es menos visible, o que se considera menos importante. Finalmente, la sexualidad de la mujer puede ser más difícil de distinguir del “afecto,” o puede, de hecho, ser menos común que la homosexualidad del varón. Aunque se pueden trazar paralelos y constrastes con la homosexualidad del varón, los lectores deben ser conscientes de que la información disponible es dispar.

Fuente: Encyclopedia of Sex and Gender: Men and Women in the World’s Cultures. Volume I: Topics and Cultures A–K. Edited by Carol R. Ember & Melvin Ember. 2003_Kluwer Academic/Plenum Publishers_New York. Páginas 204-215

HISTORIA INTELECTUAL DE LA HOMOSEXUALIDAD

 

Probablemente desde los comienzos de la cultura humana la gente ha estado pensando en la homosexualidad. Registros de esas reflexiones han llegado a nosotros en forma de mitos, historias políticas, documentos legales, literatura  y mandatos religiosos. Hasta los intentos de explicar la homosexualidad datan de tiempos antiguos.

La alfarería de la cultura mochica del Perú de hace más de dos mil años muestra actos homosexuales (Gregersen, 1983),  y los dibujos en roca de relación sexual homosexual de la cultura africana Khoi-San pueden tener miles de años (Epprecht, 1998). Sin embargo, son los registros escritos de las civilizaciones tempranas los más informativos sobre cómo la gente conceptualizaba la homosexualidad.

Mesopotamia, Egipto y la India

 

Los registros de los templos sumerios de mediados del tercer milenio AC mencionan a los sacerdotes gala, quienes por siglos prestaron servicio a la Diosa Inanna/Ishtar. Estos sacerdotes y sus equivalentes posteriores de Babilonia y Asiria adoptaban los modales y los vestidos de la mujer y se involucraban en relación sexual anal pasiva con otros hombres. La palabra escrita gala combinaba los símbolos de pene y ano. Los augurios babilonios y asirios incluso instruían a los hombres para que tuvieran sexo con estos sacerdotes para atraer la buena suerte. Pero no todos los tipos de homosexualidad eran considerados positivos. Las leyes asirias medias de 1250 AC decretaban castigos severos para los hombres que acusaran falsamente a otros de homosexualidad pasiva o que violaran a sus compañeros (Roscoe, 1997).  De Egipto vienen asociaciones similares entre homosexualidad pasiva y humillación. En un antiguo mito el dios Horus viola al dios Seth para humillarlo (Roscoe, 1997), y en el Libro de los Muertos (después del 2000 AC) un muerto argumenta que el dios “Atum no tiene poder sobre mí, porque yo copulo entre sus nalgas” (Gregersen, 1983). Los registros de homosexualidad en India datan de un período mucho más tardío. Los libros legales del siglo IV AC se refieren a eunucos que ocupan puestos importantes en las cortesindias. Registros posteriores muestran que algunos tenían aventuras amorosas con sus dueños, y podrían haber sido castrados específicamente para propósitos sexuales. El Kama Sutra (siglo V DC) da instrucciones sobre cómo ser felado por eunucos (Murray, 2000).

China y Japón

 

En China y Japón la homosexualidad también aparece en algunos de los textos sobrevivientes más tempranos. En un relato de la dinastía china Zhou oriental  (770–256 AC) el duque  Ling de Wei se enamora de un muchacho llamado Mizi Xia. El muchacho encuentra un durazno especialmente dulce y lo comparte con el duque. Desde esa época al presente el término “durazno compartido” se ha referido a los vínculos homosexuales de varones (Hinsch, 1990). En Japan, referencias ambiguas a la homosexualidad aparecen en el siglo VIII DC, y registros no ambiguos aparecen en diarios personales del siglo XI (Leupp, 1994). La mayoría de los textos chinos y japoneses describen asuntos amorosos entre un gobernante y su joven favorito, y probablemente fueron registrados porque tenían implicaciones políticas. Los gobernantes a menudo intentaban proveer de tierra y otros regalos a sus protegidos.

Antiguas Grecia y Roma

 

Fue con los griegos que las conjeturas sobre los orígenes de las diferentes actividades homosexuales se hicieron comunes. Las costumbres cretenses de segregar a los muchachos y alentar las relaciones homosexuales entre muchachos y hombres fueron atribuidas por Aristóteles a un deseo de mantener baja la tasa de nacimientos. Plutarco sugirió que la pederastia tebana era resultado de una política consciente para canalizar la “ferocidad natural ferocity de los varones adolescentes en propósitos socialmente útiles” (Murray, 2000). Jenofonte resaltó el contraste entre los emparejamientos transitorios de hombres y muchachos en Elis con las parejas más permanentes comunes en Tebas. En tanto que en Tebas, Esparta y Creta las relaciones físicas entre un mentor maduro (erastes) y un joven imberbe (eromenos) eran alentadas, Platón argumentó que en Atenas la relación idealmente evitaba el sexo físico al menos hasta que la pareja de uno hubiera probado su valor (Murray, 2000, p. 105).

Cuando Alejandro el Grande conquistó la mayor parte del mundo occidental comenzó un período de comparaciones transculturales más amplias. Los observadores advirtieron el uso homosexual de los eunucos y los muchachos esclavos afeminados en diferentes partes de los imperios helénicos, y de hecho, incluso antes de que Roma conquistara grecia el viejo sistema había dejado el terreno libre a sistemas más parecidos a los que había en los territorios conquistados. Al llegar los tiempos helenísticos tardíos Caricles pensó que la idea de mujeres que tenían sexo con mujeres era tan ridícula que la usó para cerrar un argumento por reductio ad absurdum.

En Roma lo que un hombre hiciera con su esclavo se consideraba asunto del hombre en cuestión, pero los hombres libres eran ridiculizados si, como adultos, se involucraban en homosexualidad “receptiva”. En el siglo V Celio Aureliano arguyó que la homosexualidad era una enfermedad heredada (Murray, 2000).

La Edad de los Descubrimientos

 

El descubrimiento europeo del Nuevo Mundo realzó en gran medida la curiosidad sobre la homosexualidad. Los muchos relatos de los exploradores sobre la “sodomía” en las culturas recién descubiertas a menudo se usaban para justificar el sometimiento de los pueblos nativos. A comienzos del siglo XVI Cieza de León se quejó de los prostitutos homosexuales del templo entre las culturas nativas a lo largo de la costa peruana, y estas quejas reforzaron la voluntad de los conquistadores de aniquilar las religiones nativas (Murray, 2000). En el temprano siglo XVI Balboa envió perros salvajes para matar a los chamanes homosexuales de las tribus de California (Grahn, 1986).

Exploradores, comerciantes y misioneros continuaron informando sobre actividades homosexuales en las culturas recién descubiertas hasta bien entrado el siglo XX. Con el tiempo los juicios morales disminuyeron y las descripciones se hicieron más ricas. El explorador inglés del siglo XIX, Sir Richard Burton (1867) basó muchas de sus detalladas descripciones de homosexualidad en diferentes países en la “observación participante.” Aunque nos dejó muchos textos valiosos, su viuda quemó muchos más (Rice, 1990).

Relatos Antropológicos

 

Hasta los años ochenta del siglo XX era típico que las referencias incidentales de los antropólogos a la homosexualidad no fueran más detalladas que las de los exploradores, misioneros o comerciantes. Ford y Beach (1951) compilaron y cuantificaron algo de esta información para otras culturas, y a través de los años cincuenta y sesenta los Archivos de Área de Relaciones Humanas trajinaron indexando relatos sobre cientos de otras. La mayoría de los relatos eran breves y a menudo ambiguos, pero al llegar el final de los sesenta los investigadores transculturales tuvieron la posibilidad de usar análisis estadísticos para examinar las teorías sicológicas y de otra índole sobre la homosexualidad del varón.

Al llegar los ochenta el movimiento de liberación gay había hecho posible que Herdt (1981) iniciara una nueva era en antropología en cuyo trabajo de campo había dedicación primordial a la homosexualidad. Muy aproximadamente al mismo tiempo el historiador social Michel Foucault publicó su influyente Historia de la Sexualidad (edición francesa, 1978; traducción inglesa, 1980),  que hizo del estudio de la homosexualidad uno de los temas centrales de la investigación académica.

Foucault argumentó que antes del siglo XIX la gente podía haber hablado de actos homosexuales, pero que no había noción del “homosexual” como una categoría social separada. Para algunos de sus seguidores esto significaba que los “homosexuales” mismos no existían hasta muy recientemente, cuando fueron socialmente “construidos.” Otros eruditos señalaron que la falta de una categoría no significa que los  “homosexuales” no existan, así como la falta de un concepto para “gen” no significa que los genes no existían antes de Mendel. Otros eruditos todavía fueron más allá e intentaron demostrar que la mayoría de las sociedades de hecho sí tenían conceptos para “homosexual” que, en esencia, eran los mismos en todas partes. Así nació el gran debate  “esencialista – constructivista” que permeó los estudios de géneros a todo lo largo de los ochenta y los noventa y dio como resultado descripciones mucho más ricas de la homosexualidad en las diferentes culturas (DeCecco & Elia, 1993).

Los intentos de reconciliar nuestro conocimiento de la variación transcultural con estudios de la biología de la homosexualidad dejaron en claro la necesidad de hacer distinciones más grandes en relación con qué es lo que se explica, si conductas, identidades o deseos homosexuales. Varios estudios recientes han usado otra vez estudios estadísticos transculturales para poner a prueba algunas de estas ideas.

 

La Diversidad de la Homosexualidad

Sistemas Culturales de Homosexualidad

 

La mayoría de los estudiosos de los ochenta y los noventa subrayaron que en cada cultura la homosexualidad es única en relación con las demás. Por supuesto que en algunos aspectos cada cultura  es diferente  de cualquier otra cultura. Sin embargo, podemos clasificar culturas con muchas características diferentes. Una tipología popular, originariamente sugerida hará casi 40 años, agrupa las culturas en uno de los tres sistemas del varón homosexual (Gorer, 1966).  El primero, que es de lejos el más común, ha sido rotulado como sistema “pático” (“pasivo”) o “estratificado-por-género”. El segundo, también muy común, ha sido denominado el sistema “pederástico” o “estratificado-por-género”, e incluye sociedades con homosexualidad de “mentorado” o “ritualizada”. El tercer sistema, mucho menos común, ha sido rotulado como “homofílico” o “igualitario,” y puede ser subdividido en“homosexualidad adolescente”, y sistemas de “camaradas,” y “gays”.

Los sistemas de homosexualidad de la mujer son similares pero no exactamente paralelos a los sistemas del varón. Ejemplos de cada sistema pueden ilustrar la variación transcultural.

Sistemas de Varones Homosexuales

Sistemas Estratificados-por-Género. En los sistemas estratificados-por-género los hombres que adoptan un rol pático (pasivo o receptivo) en las relaciones sexuales son distinguidos culturalmente  de los hombres típicos, pero los hombres que adoptan roles “activos” (insertores) no lo son. A diferencia de los “gays,” los páticos típicamente no tienen sexo con otros páticos. Este sistema está ampliamente difundido en todos los continentes del mundo. En muchas sociedades se conoce a los páticos por sus especiales roles de ceremonial. Entre chuckchee siberanos un joven comienza su transformación cuando recibe un “llamado chamánico.” Gradualmente adopta características de mujer — estilos de peinado, después  vestido, después tareas de mujer, y finalmente habla de mujer. En este punto comienza a buscar “las buenas gracias de los hombres”  y eventualmente puede casarse con uno de sus amantes. Los chamanes páticos, llamados “hombres suaves,” también se comunican con esposos sobrenaturales. El marido humano del pático no se diferencia de los otros hombres de la sociedad, pero puede tener que seguir las órdenes del marido sobrenatural de su esposa transgenérica. Muchos chukchee no páticos también se vuelven chamanes, pero los “hombres suaves” son considerados especiales (Murray, 2000).

La homosexualidad estratificada por género también es común en Latinoamérica. Aunque algunos páticos puede adoptar roles religiosos especiales, como el pai de santo brasileño, la mayoría no lo hacen, y la homosexualidad no es necesaria para esas posiciones. En un estudio de una aldea de pescadores brasileña  Cardoso (en prensa) encontró que la mayoría de los hombres habían tenido sexo con los paneleiros (páticos) de la aldea, algunos de los cuales eran travestis. La falta de oportunidades heterosexuales no podía explicar por qué los hombres se dirigían hacia los páticos. Los hombres que tenían sexo con los paneleiros de hecho eran algo más populares con las mujeres que otros hombres. Ni tampoco estos hombres parecían tener perfiles de personalidad “bisexual”. La cultura local no los distinguía de otros hombres, y no eran intermedios entre páticos y otros hombres en precursores infantiles de la homosexualidad (Cardoso, n.d.).

Sistemas estratificados-por-edad. Los sistemas homosexuales estratificados por edad han sido identificados en todos los continentes excepto en las Américas. Una de las formas más comunes es el sistema de “mentorado” en el que un hombre mayor toma como protegido a un muchacho para enseñale las artes de la política, la religión o la guerra. En la mayoría de estas sociedades las relaciones son monogámicas, y se pone mucho cuidado en elegir el mentor adecuado. Los muchachos pueden volverse aprendices a edades tan tempranas como los 7 a 10 años, como entre los sambia de Nueva Guinea, y pueden continuar con su rol  “pasivo” hasta bien mayores, incluso los 25 años, como entre los etoro de Nueva Guinea Etoro. En este punto un hombre puede tomar un muchacho aprendiz propio hasta que eventualmente se casa con una mujer. En algunas sociedades, como entre los antiguos griegos, los hombres pueden cdontinuar sus roles de mentorado incluso después de casarse con mujeres. En algunas sociedades, como los etoro, estas actividades homosexuales eran más comunes y se consideraban muy superiores al sexo heterosexual que podía estar prohibido dos tercios del año. Rituales largos y complejos aseguraban que la inseminación les daría a los muchachos fuerza viril (Herdt, 1984; Murray, 2000).

Desde el siglo XIII al siglo XVII en Japón los monjes budistas mayores mantenían relaciones homosexuales (activas) con jóvenes acólitos o postulantes (pasivos). Aunque estas relaciones nanshoku eran atribuidas al fundador del budismo japonés en el siglo VIII, la costumbre probablemente provenía de tradiciones sintoístas y confucianas. Al mismo tiempo, los samurái de más edad mantenían una tradición similar con los guerreros más jóvenes. A veces estas relaciones contrinuaban toda la edad adulta y conducían a relatos heroicos de los “amores de camaradas de los samurái”, similares a los antiguos mitos griegos de Aquiles y Patroclo  o Apolo y Ameto Ametus (Ihara, 1972; Leupp, 1994; Murray, 2000).

Tanto en Japón como en Grecia estos sistemas de “mentorado” eventualmente se transformaron en sistemas de “catamitas” (similares a los de los emperadores romanos tardíos y los sultanes turcos) en los que a los muchachos mantenidos se los hacía más afeminados para los placeres sexuales de hombres mayores poderosos, sin metas pedagógicas. Entre los mossi de África Occidental, los jefes mantenían muchachos para propósitos sexuales, especialmente para los viernes cuando el sexo con mujeres era tabú (Murray & Roscoe, 1998). Entre los Ashanti, algunos esclavos varones eran tratados como amantes mujeres. En muchas sociedades (China, Corea, Japón, Roma, Egipto, Iraq) los muchachos tomaban los papeles de las mujeres y en las producciones teatrales y prestaban servicio como prostitutos, práctica que que condujo a algunas (incluyendo posiblemente a la Inglaterra de Shakespeare) a denunciar al teatro. (Murray, 2000).

Sistemas Igualitarios. En los sistemas igualitarios las diferencias de poder entre los miembros de la pareja “activo” y “pasivo” no existen, o se las minimiza. En muchas sociedades los amigos adolescentes se involucran en juego homosexual. Entre los nyakyusa africanos los muchachos viven aparte de los adultos, en aldeas separadas. Duermen juntos y comúnmente tienen relaciones sexuales interfemorales entre sí. Los informantes decían que un varón adulto podía tener sexo con los muchachos, pero nunca con otro varón adulto (Murray, 2000). Entre los indios yanomami se alienta la homosexualidad entre aldeas y es probable que un joven se case con la hermana de su “mejor amigo”. Algunos adolescentes aborígenes australianos de modo similar tienen sexo con sus futuros cuñados. La homosexualidad adolescente también ha sido común en muchas sociedades melanesias y polinesias, como Tikopia, Samoa, Tahití y Hawaii.

En unas pocas sociedades una relación sexual adolescente puede desarrollarse hasta ser una relación “de camaradas” que dura toda la vida y continúa incluyendo sexo, aunque ambos hombres pueden tener relaciones heterosexuales y casarse con mujeres. Aunque nunca fueron típicas de todos los hombres de una sociedad, estas relaciones se han informado entre los antiguos griegos, los romanos y los japoneses  (Murray, 2000), y entre los más modernos pashtans de Pakistán (Lindholm, 1982).

El más raro de todos los sistemas homosexuales en la literatura etnográfica es nuestro moderno sistema “gay”, en el que los homosexuales exclusivos se involucran en sexo con otros homosexuales exclusivos a todo lo largo de sus vidas. A decir verdad, este sistema puede ser único y estar en relación con la sociedad moderna, como lo ha afirmado Foucault. En cualquier caso, el sistema “gay” parece estar aumentando recientemente. Murray y Arboleda (1995) notaron cambios a lo largo del tiempo de sistema “pático” a sistema “gay” en Guatemala, México y Perú. En los años setenta, solamente el 50% de sus informantes habían oído el término “gay,” y solamente el 23% creían que se refería tanto a los miembros de la pareja “pasivos” como “activos”. En los años ochenta, un 76% había oído el término y el 58% lo aplicaban tanto a “pasivos” como a “activos.”

Otros Sistemas de Varones. Aunque este sistema de clasificación puede ser útil, no puede dar cuenta de todos los modos en los que se produce la homosexualidad en las diferentes sociedades. Por ejemplo,  Duerr (1993) apunta que la violación homosexual a menudo se ha usado para humillar a enemigos derrotados. Las vasijas griegas muestran a persas sometiéndose analmente a sus conquistadores. Los perdedores en las luchas de clubes yanomomi también eran victimizados de este modo. Las violaciones homosexuales en prisiones han sido bien documentadas (véase www.spr.org).

También se pueden encontrar diferentes tipos de homosexualidad en diferentes sectores de la misma sociedad. Los sistemas “gay” pueden caracterizar la mayoría de la actividad homosexual encontrada en las culturas de Europa Septentrional de hoy. Todavía se producen en las prisiones sistemas de estratificación de género, y los sistemas de estratificación-por-edad pueden producirse en escuelas privadas o pandillas callejeras (Duerr, 1993). En la antigua Grecia los sistemas estratificados-por-edad pueden haber recibido la mayor parte de la atención, pero la homosexualidad estratificada por género también se producía. Los términos griegos kinaidos, europroktoi, y katapygon se referían a hombres que se implicaban en relación sexual anal pasiva incluso siendo adultos. Aunque su conducta era tolerada, a estos hombres no se les permitía ostentar cargos públicos o participar en las asambleas de ciudadanos (Murray, 2000).

Además, especialmente en sociedades en pequeña escala, los ajustes más bien ad hoc pueden ser confundidos con tradiciones culturales de largo tiempo. Crocker (1990) informa la presencia de tres hombres mayores con el género del sexo opuesto entre los indios canela del Brasil que estudió, pero asevera que el grupo no tenía tradición que seguir respecto de los travestis. Los asistentes nativos de investigación le dijeron a Crocker que estos hombres no eran sexualmente activos, pero que uno previamente había permitido que los hombres canela tuviesen relación sexual anal con él. De modo similar, Clastres (1972) describió a un travesti entre los aché cazadores y recolectores del Paraguya. Su relato une características estructurales tradicionales de la cultura aché a la conducta del travesti (incluyendo sus relaciones sexuales con sus propios hermanos), pero parece más probable que estas conductas eran ad hoc más que tradicionales, ya que una banda de achés estrechamente vinculada no había nunca escuchado hablar de los travestis.

Sistemas Homosexuales de la Mujer

 

En su estudio de las relaciones lésbicas en Lesotho, Kendall (1998) señaló lo fácil que es ignorar la homosexualidad de la mujer. Las mujeres basotho simplemente dicen que el sexo es imposible sin un pene. Las mujeres “tienen sexo” con sus esposos, pero simultáneamente mantienen vínculos afectivos con mujeres (incluyendo contactos genitales “de molienda” ) que describen como “amorosos.” Esto ha hecho difícil para los investigadores transculturales asegurarse de hasta qué punto las relaciones de las mujeres eran “sexuales”. Por ejemplo, se han informado en muchas sociedades mujeres que toman los roles típicamente de varón de “guerrero” o “marido” pero no es claro si esto involucraba sexo lésbico.

Hay todavía descripciones claras de homosexualidad de la mujer estratificada-por-género. Entre los chuckchee, dos mujeres que adoptaron la vestimenta, el habla y las actividades laborales de los varones eventualmente se casaron con muchachas, y una de las esposas quedó embarazada de un comarido. También aparecen registro de homosexualidad de la mujer estratificada por género en la Antigua China y el Japón. Una crónica del emperador Cheng de la dinastía Han (32–7 BC) informa que su esposa tenía una relación dui shi (marido-esposa) con una alumna mujer que después llegó a ser la concubina del emperador para que ambos pudieran disfrutar de los favores sexuales de la muchacha (Murray, 2000). Durante el período Tokugawa  (1615–1867 CE) el lesbianismo fue común en los harenes de los shogun, y hay referencias a mujeres vestidas como varones que buscaban prostitutas mujeres. Las compañías de teatro japonesas también incluían mujeres que tomaban a su cargo roles de varón y se enamoraban de sus contrapartidas mujeres (Leupp, 1994). Las relaciones lésbicas estratificadas por género también se han descrito en Sumatra y Java (Murray, 2000).

La homosexualidad de la mujer estratificada por edad se producía como parte de las ceremonias de iniciación entre los Kaguru de Tanzania,  y en forma de sistemas de “mentorado” en la antigua Grecia. Un texto espartano menciona la relación sexual de mujeres con muchachas antes del matrimonio de estas últimas, y Safo, la poetisa de Lesbos, se dirigió alas mujeres en el lenguaje de erastes / eromenos usado para las relaciones homosexuales de varones. Como Safo tenía una hija, obviamente había tenido sexo con un hombre. La homosexualidad de la mujer también se producía en la forma de un sistema “catamita” al revés en Japón, donde las bailarinas jóvenes imitaban la conducta de los hombres y prestaban servicio como prostitutas a clientas mujeres (Murray, 2000).

Las naracciones de la homosexualidad igualitaria de mujeres no-“gay” han sido ambiguas. Las mujeres Gran Nama de Malekula (Melanesia) practican comúnmente la homosexualidad, pero no es claro si es estructurada por edad. De modo similar, las relaciones lésbicas descritas en las hermandades de mujeres de los primeros años del siglo XX en China y en las relaciones “mami-beba” de las mujeres de Lesotho parecen haber sido igualitarias, pero no podemos estar seguros (Murray, 2000).

Como lo ilustran estos ejemplos, las actividades homosexuales se producen bajo muchas y variadas formas, y en diferentes culturas se les pueden dar significados vastamente diferentes. Para algunos esta diversidad es suficientemente grande para invalidar cualquier intento de explicación.

Homosexualidad Animal

 

Como Bagemihl (1999) lo advierte, los zoólogos y etólogos ha menudo se han mostrado reacios a rotular las conductas animales como “homosexuales.” A menudo estas actividades se enumeran como gestos de dominación / de sumisión, o cortejos “paródicos”, aunque la misma conducta en una pareja heterosexual hubiera sido llamada sexo. Bagemihl sugiere que esta reticencia a veces surge de actitudes negativas hacia la homosexualidad humana, pero en parte también puede reflejar un reconocimiento de que la conducta humana simplemente no es lo mismo que la conducta animal.

Cuando se comparan diferentes especies es importante distinguir conductas “análogas” de “homólogas”. Las conductas análogas pueden parecen similares pero no están filogenéticamente relacionadas, en tanto que las conductas homólogas son similares porque comparten un pasado evolucionario. Cuando una chinche deposita a la fuerza su propio esperma en los conductos de esperma de otra chinche, transmite sus propios genes cada vez que su víctima copula con una hembra. Aunque los científicos podrían rotular esta conducta “violación homosexual,” en realidad no tiene nada que ver con la sexualidad humana (Sommer, 1990). Por otro lado, cuando un gorila macho monta a otro macho y eyacula en su ano (Bagemihl, 1999), es más probable que esta conducta sea homóloga de la sexualidad humana. Que decidamos llamar a la conducta del gorila “homosexualidad” es menos importante que reconocer que es suficientemente similar a la de la conducta humana del mismo sexo para que postulemos una conexión evolucionaria.

Muchas conductas primates podrían ser análogas a la sexualidad humana del mismo sexo. Los ejemplos podrían incluir la monta de macho a macho, con penetración anal pero sin eyaculación aparente, de los macacos rabones y los monos ardilla, o quizás las montas simples sin penetración tan comunes en los langures, los macacos cola de cerdo, los babuinos, orangutanes, chimpancés y bonocos, o la masturbación y felacio mutuas informada entre los macacos rabones, o los contactos genitales-genitales de las bonobos hembras y los gibones machos (Bagemihl, 1999; Werner, 1998). Si clasificamos estas conductas como homólogas de la homosexualidad humana, ¿por qué no incluir el olfateo e inspección de la región anogenital de otro macho entre los macacos rabones, o la exhibición de erecciones entre macacos alistados o babuinos, o la deposición de gotas de orina sobre los machos subordinados entre los monos ardilla? ¿Podría la preferencia de algunos monos Rhesus por parejas homosexuales indicar homólogos primates de los “páticos” (Werner, 1998)? Decidir estas cuestiones requiere comparaciones impulsadas por teoría de diferentes primates, pero nuestro conocimiento creciente de conductas similares a las homosexuales entre primates ha revelado tal complejidad que algunos investigadores parecen pensar que deberíamos evitar todos los intentos de explicación y simplemente apreciar toda la gloriosa exuberancia de la naturaleza (Bagemihl, 1999).

EXPLICACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD

 

No sería posible que un único argumento explicase todos los aspectos de la homosexualidad en humanos y animales. Sin embargo, se han hecho intentos para explicar parte de la variación.

Evolución de la Homosexualidad

 

Muchos científicos se han sentido intrigados por el enigma de cómo la homosexualidad (especialmente la homosexualidad exclusiva) fue producto de la evolución. ¿Cómo pudo una conducta que parece reducirel éxito reproductivo sobrevivir a los rigores de la selección natural? Muchos investigadores han sugerido la existencia de algún valor adaptativo escondido: 1) los homosexuales exclusivos pueden ayudar a que sus parientes críen más progenie (selección de parentesco, manipulación progenitorial); (2) los genes que son maladaptativos en los varones pueden ser especialmente adaptativos en mujeres, y viceversa; (3) los genes de la heterosexualidad exclusiva pueden ser menos adaptativos que las combinaciones de genes que permitan alguna homosexualidad (polimorfismo balanceado, heterosis, vigor híbrido) (Kirkpatrick, 2000; Sommer, 1990; Werner, 1998). Todavía nos falta evidencia clara en favor o en contra de estas diferentes ideas.

La mayoría de los teóricos han considerado solamente la adaptación, pero los argumentos evolucionarios también deben dar explicación a cómo los cambios pueden haber surgido a todo lo largo de nuestra historia filogenética. Werner (1998) sugiere una secuencia evolucionaria de una cooperación siempre creciente de macho a macho entre los primates que progresó gradualmente de sistemas que marcaban territorios en animales más solitarios, a sistemas que marcaban dominación y subordinación en grupos de muchos machos, hasta sistemas que marcaban alianzas en animales sociales más complejos.

Solamente se necesitaba que se produjeran pequeños cambios para moverse de un sistema a otro. Los depósitos de aroma en la orina u otras secreciones corporales que marcaban límites territoriales comenzaron a marcar a algunos animales como “huéspedes” subordinados en el territorio de un dominante. Además de “brindar homenaje” a los individuos dominantes al inhalar sus marcas, los subordinados también tenían que esconder o evitar las erecciones peneanas mientras observaban los despliegues de erección de los machos dominantes (que tenían derechos sexuales exclusivos en relación con las hembras del grupo), y quizás también tolerar las conductas de monta del dominante. En muchos de estos grupos los machos adolescentes practicaban estos despliegues de dominación alternando roles unos con otros. En sociedades animales más complejas esta conducta adolescente continuaba entre machos adultos que podían marcar alianzas alternando roles subordinados y dominantes. A medida que estas alianzas se volvieron más complejas, las conductas del mismo sexo llegaron a parecerse más y más a la homosexualidad humana.

En una sociedad animal compleja un macho cuyos genes alentaran solamente la sumisión podría fracasar en reproducirse porque no lo intentaría, pero un macho que pudiera actuar solamente como dominante también podría fracasar en reproducirse. Un poco de sumisión ayuda a evitar peleas peligrosas y facilita la formación de alianzas. En cada generación algunos machos pueden ser demasiado dominantes y otros demasiado sumisos para reproducirse, pero sus genes serán transmitidos a través de quienes tienen un poco de ambas personalidades.

En línea con esta teoría, uno de los más cooperativos y pacíficos de los primates, el bonobo, tiene probablemente también las incidencias más altas de conducta “homosexual”, especialmente entre hembras. Como lo señala De Waal (1989), probablemente el sexo es el modo fundamental en que estos animales reconcilian los conflictos y mantienen la paz.

Temas Transculturamente Recurrentes

 

Si la homosexualidad no es una construcción totalmente arbitraria de la cultura simbólica,entonces deberíamos encontrar algunos temas recurrentes detrás de toda la diversidad cultural. Por ejemplo, ¿son los “páticos” como los “gays”? ¿Qué ocurre con los hombres típicos que tienen sexo con ellos? ¿Acaso hay asociaciones cognitivas universales con la homosexualidad?

“Individuos Transgenéricos” versus Hombres y Mujeres Típicos. Las personas con experiencia tanto en los sistemas estratificados por género como en los sistemas gay modernos a menudo comparan los  “páticos” con los  “gays,” bajo la presunción de que un hombre que se vuelve un “pático” en una cultura hubiera llegado a ser un “gay” si hubiera vivido en otra parte. Williams (1985) entrevistó a indios sioux lakota que automáticamente asociaron sus winktes tradicionales con los“gays” modernos. Advirtieron, sin embargo, que las winktes tendrían sexo con hombres, no con otras winktes como hacen los gays, y un indio se quejó: “Me enojo cuando escucho que alguien insulta a las winktes. Sin embargo, muchos de los gays más jóvenes no cumplen su rol espiritual como las winktes, y eso también es triste.”

¿Hasta qué punto son similares los gays modernos a los miembros receptivos de las parejas en los sistemas estratificados por género? Al menos en relación con conductas transgenéricas tempranas, como jugar con nenas, involucrarse en las actividades de juego de las nenas, y evitar las peleas, los “gays” norteamericanos son muy similares a los “páticos” de las Filipinas, Perú, Guatemala y Brasil (Cardoso, 1994; Whitam, 1983; Whitam & Mathy, 1986; Whitam & Zent, 1984). Las teorías sicoanalíticas a menudo atribuían la homosexualidad a la hostilidad hacia los padres, pero las correlaciones en los EEUU entre los padres hostiles y la homosexualidad no aparecen en las culturas más aceptantes de Guatemala y las Filipinas. Este resultado sugiere que la hostilidad de los padres puede ser una consecuencia, y no una causa, de la homosexualidad en las culturas más intolerantes.

En su comparación de Brasil, Perú, las Filipinas y los Estados Unidos, Whitam and Mathy (1991) también descubrieron que las mujeres transgénero tenían más probabilidad que otras mujeres de haberse involucrado con chicos en las actividades de juego de los chicos, y de haber adoptado ropas de varón durante la infancia.

Hombres Típicos que se Involucran en Actividades Homosexuales. La investigación en las características de los varones típicos que se involucran en conductas homosexuales es mucho más rara y los resultados son más ambiguos. En su estudios de prisioneros en Brasil, Silva (1998) descubrió que eran los más preocupados por sus posiciones en las jerarquías de estatus quienes hablaban más favorablemente sobre violar a otros prisioneros. Observando las actividades homosexuales en un pueblo de pescadores brasileño, Cardoso (1994, n.d.), descubrió que los hombres que tenían sexo con los páticos del pueblo eran los que más gustaban de la agresión durante el sexo. Quizás estos resultados están relacionados con los estudios de EEUU que muestran que los varones que buscan estímulos de alto grado tienen más probabilidad de involucrarse en la bisexualidad (Ekleberry, 2000; Udry, 2002), o con el descubrimiento de que los varones estadounidenses que expresan más hostilidad hacia los homosexuales tienen más probabilidades que otros varones de mostrar excitación sexual (medida por volumen peneano) cuando ven películas de actividades homosexuales entre varones (Adams, Wright, & Lohr, 1996).

Asociaciones Cognitivas de la Homosexualidad. Durante siglos los estudiosos han tratado de descifrar cómo se construyen nuestros conceptos. Platón pensó que todos nacemos con ideas muy específicas (como “caballo”) que después atribuimos a los fenómenos empíricos. Kant redujo esas ideas innatas a unas pocas unidades básicas de construcción (categorías como “tiempo,” “espacio,” o “causalidad”) que creyó necesarias para construir cualquier sistema inteligente. Piaget siguió a Kant, pero más recientemente, los sicólogos del desarrollo han descubierto que los bebés nacen con algunos conceptos muy específicos (McKenzie, 1990; Pinker, 1994) y que (como lo muestran las etimologías y los lenguajes macarrónicos) los conceptos más abstractos se construyen a partir de conceptos más tempranos y más concretos. Este proceso ontogénico puede reflejar cambios filogenéticos en conocimiento a medida que el pensamiento se vuelve más complejo.

¿Acaso los humanos tienen ideas elementales concretas sobre la homosexualidad? El sicoanalista Arango (1989) sugiere que nuestras “malas palabras” reflejan algunos de nuestros conceptos más básicos. Estas palabras parecen estar almacenadas en una parte diferente de nuestro cerebro, y pueden continuar siendo recordadas y usadas incluso después de que el daño cerebral destruya el resto de nuestro pensamiento conceptual.

Muchas de las malas palabras mencionadas por Arango parecen derivan bastante directamente de los marcadores de los primates relativos a dominación y sumisión. Por ejemplo, en la mayoría o quizás en todos los lenguajes humanos las conductas primates de “rendir homenaje” se usan para insultar a la gente que parece demasiado ansiosa de agradar a sus superiores. Los brasileños llaman a estas personas puxa-sacos (literalmente “que tiran del escroto” [sack-pullers])[1], que hacen recordar la conducta de los monos verdes subordinados. Más común es el gesto del subordinado, que huele el trasero del dominante. La asociación de los roles homosexuales “activo” (insertor) y “pasivo” (insertado) con dominación y subordinación también parece ser casi universal, aunque la naturaleza de la dominación puede variar de crueles demostraciones de poder (como en la violación en prisión) a roles más paternales de “mentorado”.

 

Explicación de la Variación Transcultural

 

Cada cultura tiene algunas características que le son únicas y propias y otras que son compartidas por todas, pero son las características que solamente algunas culturas compárten con algunas otras las que más interesan a los antropólogos que se aplican a explicar la variación cultural. Hasta el momento los antropólogos han intentado explicar por qué las sociaedades varían en su crecuencia, aceptación y tipo de homosexualidad.

Frecuencia y Aceptación de la Homosexualidad.

 

Los estudios transculturales tempranos de homosexualidad se ocuparon casi exclusivamente de las variables estrechamente relacionadas de “frecuencia” y “aceptación” de la homosexualidad del varón (Broude, 1976; Minturn, Grosse,& Haider, 1969; Werner, 1979). Aunque la confiabilidad de los coeficientes de intercodificación era alta, algunos estudiosos posteriores  (e.g., Bolton, 1994; Gray & Ellington, 1984) se quejaron de que estos puntajes eran inválidos porque no llegaban a distinguir “conducta homosexual” de “homosexuales.” Señalaron que la mayor parte de la variación cultural proviene de las conductas homosexuales de los hombres identificados heterosexualmente. Por tanto, las comparaciones transculturales de características sicológicas “modales” serían irrelevantes para las teorías sobre las diferencias entre homosexuales y heterosexuales, aunque podrían decirnos algo sobre los varones heterosexuales que se involucra en prácticas homosexuales.

La mayor parte de la variación cultural en la homosexualidad registrada en estos estudios tempranos probablemente tenía que ver con las culturas estratificadas por género. Gray y Ellington (1984) mostraron que las sociedades codificadas como las que tenían más conducta homosexual también generalmente estaban codificadas como las que tenían travestismo, y Werner (1975) descubrió que las sociedades con actitudes positivas hacia los homosexuales exclusivos también tenían actitudes positivas hacia las conductas homosexuales de los varones típicos.

Aquí están las principales correlaciones encontradas en estos estudios.1  Primero, la homosexualidad es más frecuente donde hay grupos de juego de sexo mixto (Werner, 1979), y los travestis son más comunes donde hay menos distinciones entre sexos dentro de una sociedad (Munroe, Whiting, & Hally, 1969). Como lo explican los autores, estos resultados sugieren que la tolerancia social de los “páticos” es al menos en parte una función de una tendencia más general hacia la igualdad sexual.

Las conductas homosexuales son también más aceptables donde los alivios heterosexuales están menos disponibles o son menos atractivos. Son comunes en las sociedades políginas, donde algunos hombres tienen dificultad de obtener esposas, y en sociedadades donde los varones se casan a una edad más tardía (Barber, 1998; Werner, 1975). La homosexualidad es también más común donde hay casamientos arreglados (Minturn et al., 1969), reflejando quizás que hay menos satisfacción sexual con las esposas.

Las conductas homosexuales son raras en sociedades con familias nucleares monógamas donde los esposos y las esposas duermen en la misma habitación, y donde hay un estrecho contacto niño/niña – padre. La homosexualidad y el travestismo también son raras en sociedades que tienen la cuvada (Carroll, 1978; Munroe, 1980). Aunque los investigadores tempranos explicaban estos hallazgos con teorías neofreudianas sobre identidades sexuales, una explicación más parsimoniosa podría ser que simplemente reflejan la actitud de una sociedad hacia las inversiones paternas. Al pasar más tiempo con los niños y niñas de solamente una esposa, un padre automáticamente dedica más de sus recursos a sus hijos e hijas. Y al someterse a los tabús de la cubada al llegar el momento del nacimiento demuestra a toda la sociedad su disposición a asumir sus responsabilidades paternales. En sociedades que tienen la cubada, los padres tienen más probabilidad de dormir separados de sus esposas durante los primeros meses o incluso años después del nacimientos. En lugar de indicar menos inversión paterna, esto puede de hecho indicar mayor preocupación con el bienestar del recién nacido, ya que la atención de la madre no estará dividida entre su esposo y su hijo durante este período crítico. Werner (1979) descubrió que las conductas homosexuales eran menos aceptables donde las mujeres casadas son castigadas por cometer infanticidio o aborto con progenie legítima. Werner originariamente atribuyó esta correlación a una política social “pro-natalista” en la que las mujeres son alentadas a gestar más niños. Sin embargo, a la luz de estos otros estudios, podría ser más preciso ver que la intolerancia a la homosexualidad refleja un deseo de investir más en los niños más que simplemente en gestar más. Una correlación obtenida a partir de estos estudios tempranos parece requerir al menos algo de teorización sicológica sobre la formación de la identidad sexual: las sociedades que más aceptan, y aquellas con más conductas homosexuales, tienen más probabilidad de ejecutar mutilaciones de genitales de varón (Minturn et al., 1969). Bolton (1994) sugirió que esto podría ser parte de la ritualización de los sistemas homosexuales estratificados por edad. Pero, como lo muestra la siguiente sección, las mutilaciones genitales en realidad están asociadas con la homosexualidad estratificada-por-género, no con la homosexualidad estratificada-por-edad. Quizás los varones que viven en sistemas estratificados por género están más intrigados o más ansiosos en relación con los genitales de varón a causa de la contradicción siempre presente entre los roles de género y el sexo biológico de sus “páticos.”

Diferentes Formas Culturales de la Homosexualidad.

 

Crapo (1995) y Murray (2000) codificaron sociedades por la presencia de los tres principales sistemas homosexuales. Para la homosexualidad del varón, Murray pudo codificar que 120 sociedades eran estratificadas-por-género, 53 eran estratificadas-por-género, y 30 eran igualitarias. Para la homosexualidad de la mujer solamente pudo codificar 19 como estratificadas-por-género, 7 como estratificadas-por-edad y 6 como igualitarias. Crapo y  Murray compararonb los diferentes tipos de organización homosexual en relación con otros aspectos de la cultura.

Crapo encontró que las sociedades estratificadas-por-género generalmente tenían menos distinciones generales de sexo, tenían arreglos para dormir en los que maridos y esposas permanecían juntos, y más poder de la mujer. Murray descubrió que las sociedades estratificadas-por-género tenían más probabilidad de ser matrilineales, algo más de probabilidad de tener igual participación de varones y mujeres en la principal actividad de subsistencia, menos probabilidad de tener segregación de varones adolescentes y más probabilidad de practicar mutilaciones de genitales de varón. Estas asociaciones confirman los estudios anteriores de travestismo del varón (Munroe et al., 1969) y sugieren que la aceptación y frecuencia de la homosexualidad “pática” está relacionada con la mayor igualdad entre los sexos.

Crapo descubrió que los sistemas estratificados-por-edad eran más comunes en sociedades con patrilocalidad y patrilinealidad, donde se prefiere la poliginia pero se la limita a los hombres mayores y más ricos, y donde se segrega a los muchachos de los demás. Murray advirtió que en los sistemas de varones estratificados-por-edad es más probable que los miembros-de-la-pareja-por-edad vivan separados de los demás, y que la gente considere que la virginidad es necesaria para lasnovias. Estas sociedades también tienen mayor probabilidad de tener clases sociales, y algo más de probabilidad en cuanto a tener ciudades. Ni Murray ni Crapo distinguieron entre sociedades de “mentorado” y sociedades “catamitas”. Parece probable que los sistemas de  “mentorado” sean parte de una segregación sexual más general en la sociedad, en tanto que el sistema “catamita” puede ser resultado de las diferencias de clase que permiten que los ricos y poderosos subordinen a varones más jóvenes para propósitos sexuales.

Tanto en los sistemas estratificados por-edad como los estratificados por-género, Crapo advirtió que los padres están menos involucrados en el cuidado del crío que en las sociedades con ninguno de estos sistemas, quizás reflejando una vez más una política social menos pronatalista.

En sistemas igualitarios la mayoría de los varones típicos (después de la adolescencia) generalmente no se involucran en relaciones homosexuales. Murray descubrió que, para los varones, los sistemas igualitarios tienen máxima probabilidad donde el máximamente permisible el sexo premarita, donde los tabúes sexuales postparto tienen máxima duración y donde hay menos distinciones por riqueza. Quizás las actitudes más abiertas en la generalidad hacia el sexo, unidas con ideologías más igualitarias, hacen más aceptables los vínculos iguales de varón y varón. Los tabúes sobre sexo posparto pueden tener más que ver con el respeto a la madre novel y con el aliento a la paternidad que con cualquier represión sexual. Las correlaciones de Murray para la homosexualidad de la mujer son más precarias, ya que pudo codificar muchos menos casos. Pero vale la pena notar que los sistemas de mujeres estratificados por género son más comunes donde hombres y mujeres participan igualmente en la tarea de subsistencia fundamental, donde hay menos segregación de varones adolescentes, donde hay pocas distinciones de riquezas y donde la relación sexual premarital de la mujer es más aceptable. Estas correlaciones están basadas en muy pocos casos pero parecen indicar, otra vez que bastante pocas distinciones sexuales en general dentro de una sociedad hacen más aceptables los roles transgenéricos.

Murray descubrió que los sistemas de mujeres graduados por edad son mucho más probables donde las mujeres participan más que los hombres en la actividad de subsistencia fundamental. Quizás la importancia del trabajo de las mujeres hace más crucial que las muchachas reciban una guía más de cerca de las mujeres mayores. Sus datos sobre sistemas igualitarios de mujeres se basaron en muy pocos casos (seis o siete) y diferencias de porcentajes tan pequeñas que cualesquiera conclusiones relativas a las correlaciones transculturales sería prematura.

Estos descubrimientos podrían conducir a algunas especulaciones tentativas que, por supuesto, requerirán confirmación posterior. Primero, podríamos observar que los varones típicos tienen más probabilidad de involucrarse en actividades homosexuales en sistemas estratificados por edad y en sistemas estratificados por género. En sistemas igualitarios las conductas homosexuales de la mayoría de los varones están generalmente limitadas a la adolescencia, y la cantidad de relaciones “de camaradas” es poca. Unamayor represión general de las actividades homosexuales entre los varones típicos puede ser en parte una funcioón de la política natalista de una sociedad, incluyendo la inversión paternal en progenie. Quizás la pregunta mayor que entrenta a los varones es si invertir directamente en progenie o en cooperación / competición varón-varón. Si las relaciones varón-varón son más importantes, la siguiente pregunta es cómo podrían organizarse. Las sociedades sexualmente segregadas parecen favorecer la homosexualidad estratificada por edad, como modo de que los hombres compitan / cooperen, en tanto que el sexo con homosexuales transgenéricos puede ser una parte de la camaradería de varones donde las distinciones de sexo son pocas.

Estudio Científico y Política Social

 

Por qué apareció el sistema gay está en debate. Además de cuestiones de inversión paterna, Werner (1999) sugirió que este cambio puede en parte ser debido al cambio de un sistema político “patrón–cliente” a un sistema “meritocrático” en el que para salir adelante se valoran más las calificaciones personales que los vínculos personales. En línea con esta teoría, los datos preliminares de Cardoso sobre 78 habitantes varones que vivían en “villas de emergencia” mostraron que el 85% de los que habían adoptado la ideología homosexual “pática” pensaban que los vínculos personales eran lo más importante para salir adelante, en tanto que solamente el 60% de los que adoptaron la ideología “gay” estaban de acuerdo con esa afirmación.

En cuanto a los diferentes sistemas de homosexualidad de la mujer, los datos son mucho más precarios. Las mujeres en todas partes invierten más en su progenie que los hombres, y la cooperación / competición entre mujeres generalmente está limitada a un grupo más pequeño y más íntimo. Que los sistemas de mujeres estratificados por género son más comunes donde hay pocas diferencias de riqueza y donde el sexo premarital es más común puede simplemente implicar una actitud más relajada hacia su conducta.

En cuanto a las más limitadas actividades homosexuales típicas de los sistemas “igualitarios” hay todavía muchísima variación en relación con la tolerancia. Estas actividades parecen ser más aceptables donde las igualdades sociales y las libertades sexuales son máximas, probablemente reflejando un sentido mayor de igual “justicia” para todos.

El Estudio Científico de la Homosexualidad y la Política Social

 

Uno de los errores filosóficos más comunes es confundir el es con el debe ser. Una variación de esta confusión se conoce como la falacia naturalista: la idea de que si algo es natural, entonces es bueno (i.e., debe ser). Como lo señala Sommer (1990), la presencia o ausencia de conducta homosexual entre los animales ha sido usada desde tiempos antiguos o bien para defender o bien para condenar la práctica. Las conclusiones contradictorias de diferentes autores ilustran bien los problemas de intentar sacar conclusiones a partir de lo que “natural” (encontrado entre animales) para llegar a lo que “debe ser”: En Leyes, Platón argumenta en contra de la homosexualidad porque no se produce entre los animales. Pero en el siglo II el Seudo-Luciano defiende a la homosexualidad argumentando que “los leones no tienen homosexualidad porque no tienen filósofos,” y que “los osos no la tienen porque no conocen la belleza.” Por otra parte, el autor del Fisiólogo, del siglo II, argumenta que las impuras hienas exhiben características homosexuales y por tanto los humanos no deberían involucrarse en la homosexualidad, en tanto que el autor del siglo XX, André Gide, argumenta que la homosexualidad aparece en los animales y por tanto es “natural” y de ahí que sea “buena.” Como lo dejan en claro estos argumentos, saber simplemente si los animales se involucran o no en la homosexualidad no nos dice nada sobre si la homosexualidad humana es buena o no. Lo mismo vale para los argumentos sobre adaptatividad evolutiva.

Del mismo modo, saber si la conducta homosexual es común o altamente considerada en diferentes culturas no nos dice nada sobre si debe ser común o tenida en alta consideración allí o en cualquier otra parte. Esta confusión se conoce como la falacia relativista. En 1986 El Presidente de la Corte Suprema de los EEUU, el juez Burger, argumentó que la evidencia histórica de las prescripciones contra la homosexualidad en diferentes culturas justificaban sostener las leyes de sodomía de Georgia (Bowkers vs. Hardwick, 1986). Más recientemente, el dictador de Zimbabwe Robert Mugabe inició una violenta campaña antihomosexual en su país con la justificación de que la homosexualidad no existía allí antes de la colonización europea (Murray & Roscoe, 1998). En realidad los dos están equivocados en cuanto a la historia, pero incluso si hubieran estado en lo correcto con los hechos hubieran estado cometiendo todavía la falacia relativista.

La confusión de “es” con “debe ser” es tan común que algunos estudiosos han caído en el error inverso de sacar la conclusión de que algo “es” basados en lo que creen que “debe ser,” cometiendo así la  falacia moralista. Por ejemplo, el científico soviético Lysenko decidió que la teoría de la selección natural tenía que estar equivocada porque implicaba que la realidad estaba basada en injustos principios no-marxistas. Algunos estudiosos más contemporáneos han intentado sacar la conclusión de que hombres y mujeres, o heterosexuales y homosexuales, “son” iguales porque “deben ser” iguales.

La ciencia trata con lo que “es,” no con lo que “debe ser.” ¿Cómo entonces puede la ciencia ayudarnos a extraer conclusiones sobre lo que “deben ser” las políticas sociales? La respuesta depende de los principios que aceptamos (por razones no científicas) como bases para nuestras decisiones morales, éticas o políticas. Por ejemplo, uno de los más respetados principios considera que el “aumento del bienestar” es base para decisiones morales. Muchas religiones han adoptado principios similares, como “ama a tu prójimo como a ti mismo.”

Si aceptamos “aumentar el bienestar” como nuestra meta moral, entonces la ciencia puede ayudarnos a establecer qué políticas realzan tanto el bienestar físico como el mental. En el estudio de la homosexualidad necesitamos entender qué puede hacerse para incrementar el bienestar de todos los involucrados. Muchos tópicos pueden someterse a este tipo de investigación. Por ejemplo, ¿podemos predecir de antemano quién se beneficiará de la cirugía de transexualidad? ¿Qué clase de programas disminuyen problemas como el del bullying en las escuelas? ¿Qué políticas sociales pueden ayudar a reducir la contaminación de SIDA? ¿Qué clase de arreglos domésticos conducen a la mayor felicidad para los diferentes tipos de personas? ¿Qué clase de leyes alientan más estos arreglos? A medida que aprendamos más sobre homosexualidad y sus muchas manifestaciones posibles, seguramente podremos responder estas y otras preguntas con confianza mayor.

NOTA

 

1. No incluimos las correlaciones de la matriz de Broude (1976) porque algunas parecían ser contradichas por afirmaciones del texto. Sospechamos que pueden ser errores de imprenta.

 

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[1] Un equivalente porteño es “hinchapelotas”. El uso denigratorio de estas conductas se ejemplifica en el adjetivo local “chupaculos” y en la expresión “no voy a andar oliéndole el culo” para expresar la negativa a complacer; es clara referencia a una conducta primate. (N del T.)

Última actualización el Martes, 29 de Marzo de 2016 16:44