Orientación sexual, controversia y ciencia Imprimir

Las controversias políticas que continúan dándose alrededor del mundo son ejemplo de la muy extendida preocupación de larga data sobre la aceptabilidad de la homosexualidad. Las personas no heterosexuales han visto incrementos espectaculares  en sus derechos civiles y en la opinión pública favorable en muchos países occidentales. En contraste, en gran parte de África, el Oriente Medio, el Caribe, Oceanía y partes de Asia la conducta homosexual sigue siendo ilegal y es posible castigarla severamente; en algunos países se retiene para ella la pena de muerte. Las controversias políticas sobre orientación sexual a menudo se superpusieron con las controversias científicas. Los participantes de ambos bandos de los debates sociopolíticos tendieron a creer que los hallazgos científicos (y las verdades científicas) sobre la orientación sexual importan muchísimo en la toma de decisiones políticas. Los temas científicos más contenciosos han sido los concernientes a las causas de la orientación sexual: ¿por qué algunas personas son heterosexuales, otras bisexuales, y otras homosexuales? Sin embargo la relevancia real de estos temas para tomar decisiones sociales, políticas y éticas a menudo se justifica deficientemente. Traducción: Rafael Freda.

 

Psychological Science in the Public Interest_2016, Vol. 17(2) 45 –101

 

J. Michael Bailey 1, Paul L. Vasey 2, Lisa M. Diamond 3, S. Marc Breedlove 4, Eric Vilain 5, 6, 7, 8, y Marc Epprecht 9, 10

 

1 Department of Psychology, Northwestern University; 2 Department of Psychology, University of Lethbridge; 3 Department of Psychology, University of Utah; 4 Neuroscience Program, Michigan State University; 5 Department of Human Genetics, University of California, Los Angeles; 6 Department of Pediatrics, University of California, Los Angeles; 7 Department of Urology, University of California, Los Angeles; 8 Joint International Unit on Epigenetics, Data, and Politics, Centre National de la Recherche Scientifique, Paris, France; 9 Department of History, Queen’s University; y 10 Department of Global Development Studies, Queen’s University.

 

Corresponding Author: J. Michael Bailey, Northwestern University, Swift Hall 303B, 2029

Sheridan Rd., Evanston, IL 60208-2710

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Traducción: Rafael Freda[1], Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

 

Sumario

 

Las controversias políticas que continúan dándose alrededor del mundo son ejemplo de la muy extendida preocupación de larga data sobre la aceptabilidad de la homosexualidad. Las personas no heterosexuales han visto incrementos espectaculares  en sus derechos civiles y en la opinión pública favorable en muchos países occidentales. En contraste, en gran parte de África, el Oriente Medio, el Caribe, Oceanía y partes de Asia la conducta homosexual sigue siendo ilegal y es posible castigarla severamente; en algunos países se retiene para ella la pena de muerte. Las controversias políticas sobre orientación sexual a menudo se superpusieron con las controversias científicas. Los participantes de ambos bandos de los debates sociopolíticos tendieron a creer que los hallazgos científicos (y las verdades científicas) sobre la orientación sexual importan muchísimo en la toma de decisiones políticas. Los temas científicos más contenciosos han sido los concernientes a las causas de la orientación sexual: ¿por qué algunas personas son heterosexuales, otras bisexuales, y otras homosexuales? Sin embargo la relevancia real de estos temas para tomar decisiones sociales, políticas y éticas a menudo se justifica deficientemente.

 

Palabras Clave: orientación sexual, causas, diferencias sexuales, implicaciones sociales.

 

Introducción

 

Este artículo tiene dos metas relacionadas. La primera es proveer un resumen actual de los hallazgos científicos relativos a la orientación sexual. Nos centramos en especial en la causación, y también tocamos otros problemas científicos concernientes a la orientación sexual, incluyendo significado y medición, diferencias de sexo en al expresarla, y su desarrollo y expresión a través de tiempos y lugares. En causación, proveemos una taxonomía y una reseña de hipótesis causales. Se incluyen influencias hormonales, genéticas, socioambientales y no socioambientales. Nuestra segunda meta es menos científica y más analítica: criticar y mejorar el razonamiento común pero incorrecto en este dominio. Por ejemplo, la pregunta comúnmente fraseada sobre si la elección sexual es “una elección” es deficiente y no impulsa ni la comprensión ni las políticas científicas. Una formulación más significativa es si la orientación sexual está influenciada socialmente.

Nuestra reseña nos ha conducido a las siguientes conclusiones.

La orientación sexual se refiere a la atracción sexual relativa a hombres, a mujeres o a ambos sexos. La gente que está sexualmente atraída al mismo sexo (los llamamos “no heterosexuales”) representa una minoría de adultos. Quienes tienen atracciones con predominio del mismo sexo incluyen menos del 5% de los  respondientes en la mayoría de las encuestas occidentales. Los datos de culturas no occidentales son consistentes con esta conclusión. No hay evidencia persuasiva de que la tasa de atracción del mismo sexo haya variado mucho a través del tiempo o el lugar.

Las orientaciones sexuales de la mujer y la del varón difieren en varios aspectos. Las mujeres tienen más posibilidad de informar una orientación sexual bisexual que una  orientación exclusivamente del mismo sexo; los hombres muestran el patrón opuesto. Las orientaciones sexuales de los varones están estrechamente vinculadas a su patrón de excitación sexual de estímulos eróticos de varón versus estímulos eróticos de mujer; las orientaciones sexuales de las mujeres no lo están. Las mujeres parecen tener más probabilidad que los hombres de experimentar atracción del mismo sexo en el contexto de relaciones afectivas estrechas, y sus patrones de atracción sexual parecen tener más probabilidad de exhibir cambios con el tiempo.

A través de muchas culturas diferentes, la no heterosexualidad de varones y mujeres tiende a ser precedida por no conformidad de género [no conformismo con el género correspondiente a su sexo] en la infancia: un patrón de comportamiento algo parecido al del otro sexo. La no conformidad de género de infancia es un tema de graduaciones, y puede ir de sutil a extrema. A menudo emerge a una edad temprana, a pesar de la socialización de género convencional. En algunos adultos la no conformidad de género en infancia parece persistir en la adultez.

Las actitudes políticas de los individuos en cuanto a la orientación sexual tienden a correlacionarse con sus opiniones sobre las causas de la orientación sexual. Quienes tienen actitudes positivas (i.e., sostienen que no hay nada inherentemente malo con la no heterosexualidad o su expresión desembozada) han tendido a creer que la orientación sexual se debe a causas no sociales, como la genética. Quienes tienen actitudes negativas (i.e., sostienen que la no heterosexualidad es indeseable o inmoral y que la sociedad debe restringir su libre expresión) han tendido a creer que la homosexualidad tiene causas sociales, como las experiencias sexuales tempranas y la aceptación cultural de la no heterosexualidad. Nos referimos a estas hipótesis, respectivamente, como la hipótesis  “no social” y “social”. Ambas requieren apoyo científico directo; de ninguna se puede sostener  que está confirmada porque el apoyo para la otra es débil.

Ninguna teoría causal de orientación sexual ha ganado todavía apoyo ampliamente difundido. Las hipótesis causales más plausibles científicamente son difíciles de poner a prueba. Con todo, hay considerablemente más evidencia en apoyo de causas de la orientación sexual no sociales que sociales. La evidencia incluye el hallazgo (robusto desde lo transcultural) de que la homosexualidad adulta está fuertemente relacionada con la no conformidad de género en infancia; también incluye las moderadas influencias genéticas demostradas en estudios de mellizos (con muestras bien provistas), el efecto de orden de nacimiento fraterno (también transculturalmente robusto) en la orientación sexual del varón y el hallazgo de que cuando los varoncitos en infancia son quirúrgica y socialmente “transformados” en nenas, su orientación sexual eventual permanece sin cambios (i.e., siguen estando sexualmente atraídos a las mujeres). En contraste, la evidencia de causas sociales, comúnmente formuladas como hipótesis (reclutamiento sexual hecho por adultos homosexuales, patrones de crianza progenitorial desordenados, o la influencia de progenitores homosexuales) es generalmente débil en magnitud y está distorsionada por numerosos factores de confusión.

En relación con las políticas científicas y  sociales, ofrecemos tres conclusiones generales:

1. Científicamente, la orientación sexual es un rasgo importante y fundamental que ha sido poco estudiado porque es políticamente controvertido. Esto es un error;  cuanto más políticamente controvertido es un tópico, más importante es para el interés público iluminarlo de modo revelador y sin prejuicios. Nuestro artículo tiene el espíritu de avanzar hacia ese fin.

2. Los científicos, activistas y formadores de políticas deben razonar con más cuidado sobre las implicaciones éticas o políticas potenciales de los hallazgos científicos. Por ejemplo, el tema de si la orientación sexual es elegida representa confusión intelectual, y ningún hallazgo científico iluminará este tema de forma interesante. Un razonamiento torpe puede dar ventaja a una particular posición política en el corto plazo, pero a la larga el pensamiento claro es mejor para todos.

3. La controversia significativa más común a través del tiempo y el espacio concierne al grado en que la homosexualidad está socialmente influenciada y, más específicamente, si se difunde como resultado de contagio y tolerancia social. No hay buena evidencia de que ninguno de estos factores aumente la tasa de orientación homosexual, aunque la tolerancia puede facilitar la expresión comportamental del deseo homosexual. Suprimir la conducta homosexual impone una carga inmensa a las personas orientadas homosexualmente, y no sirve a ninguna meta social evidente y legítima que no pueda ser alcanzada por otros medios.

 

Los derechos políticos de los hombres y mujeres gays, lesbianas y bisexuales (GLB) han mejorado espectacularmente en muchos países occidentales durante los últimos 50 años. En los Estados Unidos, por ejemplo, la Corte Suprema sentenció en junio del 2015 que los estados individuales deben permitir los casamientos entre parejas del mismo sexo. Este resultado hubiera sido impensable en 1965, cuando la conducta homosexual era ilegal, las inclinaciones homosexuales eran una fuente de vergüenza y la mayoría de los norteamericanos creía que la homosexualidad era una enfermedad mental (e.g., “The Homosexual in America,” [El Homosexual en Norteamérica], 1966). Al llegar mayo del 2015, 118 naciones no criminalizan la conducta homosexual (Carroll & Itaborahy, 2015).

La trayectoria de los derechos GLB ha sido bien diferente en muchas otras partes del mundo, sin embargo. Actualmente, 75 países proscriben legalmente la conducta homosexual. Once países (todos de África, Asia y el Medio Oriente) retienen la pena de muerte como sanción posible para los actos homosexuales[2] -1 (International Lesbian and Gay Association, 2015; Stewart, 2015).

Podría tentarnos asumir que gran parte del mundo muestra retraso pero que en última instancia seguirá a las naciones occidentales, más aceptantes, hacia la tolerancia. Sin embargo ese resultado no está asegurado. En algunas naciones la tolerancia de la homosexualidad parece estar disminuyendo. Por ejemplo, Uganda ha estado esforzándose por aumentar las penas criminales de las infracciones relativas a la homosexualidad. Las relaciones con el mismo sexo son ya ilegales allí (como lo son en la mayoría, pero no en todos, los países africanos), con penas tan severas que llegan a los 14 años de prisión, pero muchos legisladores ugandeses quieren aumentar sustancialmente las penas. Las primeras versiones de la legislación propuesta incluyeron la pena de muerte para ciertas infracciones (e.g., actos homosexuales cometidos por una persona con VIH).

Es importante subrayar que el abordaje ugandés a la homosexualidad no es uniforme a través de África: algunas naciones africanas silenciosamente se están moviendo hacia aumentar los derechos GLB (e.g., Cowell, 2013), como también sucede en parte del Oriente Medio, Asia, el Caribe y Oceanía (e.g., “Corte de Nepal decide sobre Derechos Gays,” 2007; Brodie, 2014; Hu, 2015; Lavers, 2012; Littauer, 2014). Igualmente, es importante advertir que Uganda no está sola en sus intentos de restringir los derechos GBL (e.g., Canning, 2013; Garcia, 2014). A pesar de sus diferentes trayectorias políticas, hay importantes similaridades entre casi todas las naciones modernas. Todas tienen historias de prejuicio antihomosexual.

Otra similaridad entre las fuerzas pro- y antihomosexuales en todo el mundo ha sido el intenso debate sobre los hallazgos científicos relativos a la orientación sexual. En Occidente, [3] *2 ha habido una fuerte correlación entre posiciones políticas y morales sobre la homosexualidad y ciertas posiciones científicas sobre las causas de la homosexualidad. Por ejemplo, en Estados Unidos la National Association for Research & Therapy of Homosexuality [Asociación Nacional para Investigación y Terapia de la Homosexualidad], cuyos miembros creen que la homosexualidad es indeseable y que es una condición tratable, mantiene un sitio web que incluye material que intenta desprestigiar las afirmaciones de que la orientación sexual es innata. Los hallazgos científicos a menudo han sido usados para atacar y también para apoyar los derechos gays (Horton, 1995; Pitman, 2011; Sprigg, 2012). En Uganda, los activistas antihomosexuales de los Estados Unidos han sido influyentes (Gettleman, 2010; Throckmorton, 2010), y la ciencia ha también figurado de modo prominente en sus campañas en favor de la legislación antihomosexual. El Presidente Yoweri Museveni inicialmente se había rehusado a firmar la Ley Contra la Homosexualidad porque no estaba seguro de si la evidencia científica indicaba que la orientación sexual fuera innata o adquirida. Solamente en el último caso creía el presidente que podía justificarse la legislación antihomosexual (Mugerwa, 2014). Acorde con esto, pidió un sumario de la evidencia científica relevante. La declaración resultante, provista por el Ministro de Salud ugandés (Aceng, 2014) disipó las dudas de Museveni, quien firmó la ley.[4] Seguidamente la Corte Constitucional de Uganda la declaró inconstitucional, y actualmente no se sabe si los legisladores lo intentarán nuevamente (Feder, 2014; Williams, 2015).

 

El Presente Artículo

 

Después del pedido del Presidente Museveni de evidencia científica sobre las causas de la homosexualidad, algunos de nosotros fuimos abordados por personas que tenían la esperanza de afectar el curso de los eventos de Uganda. Pidieron que proveyéramos una declaración científica relativa al estatus actual de la ciencia de la orientación sexual (Throckmorton, 2014). La demora entre la reconsideración de Museveni y su decisión fue breve, sin embargo, y no fue conducente a una reseña científica exhaustiva y considerada. Subsiguientemente, decidimos escribir este artículo, con el objetivo de proveer una reseña de esa índole. Colectivamente estamos bien posicionados para escribir un artículo así, dado que los primeros cinco autores conducimos programas de investigación complementarios que informan sobre la ciencia de la orientación sexual y que el último autor ha escrito extensamente sobre no heterosexualidad en África. No hemos intentado pautar el tiempo de completar este artículo para que coincidiera con cualquier decisión particular que pudiera tomar el gobierno de Uganda, pero tenemos la esperanza de que quienes establecen políticas en Uganda y otros lugares lo encontrarán útil. Esperamos que alguno de los temas sobre los que escribimos sean discutidos en debates políticos sobre la homosexualidad, tanto en Uganda como en el resto del mundo, en el futuro previsible.[5] 3

Nuestro artículo tiene dos metas principales: primero, reseña la ciencia actual de la orientación sexual, y segundo considerar la relevancia de los descubrimientos científicos en relación con los debates políticos sobre la homosexualidad. En cuanto a la primera meta, hemos enfocado la mayor parte del esfuerzo en la cuestión de la causación. La pregunta de si la orientación sexual está influenciada (y hasta qué grado) por aspectos específicos de la natura y la nurtura es la pregunta científica más importante y contenciosa de este tema. Sin embargo también nos hemos dedicado a varios temas científicos relacionados concernientes a la orientación sexual, incluyendo su significado, prevalencia, diferencias entre sexos, desarrollo y universalidad.

En cuanto a la segunda meta de este artículo, creemos que se han desperdiciado vastas cantidades de tiempo por el uso de lenguaje impreciso y argumentos dudosos concernientes a las conclusiones políticas en cuanto a los derechos GLB. Queremos corregir los errores lingüísticos y lógicos más comunes en este campo de disenso. Más específicamente, queremos argumentar más abajo que los enlaces entre los hallazgos científicos y las políticas sociales deseables a menudo han sido exagerados y mal identificados. Tenemos la esperanza de que nuestra reseña clarificará las preguntas de investicación que en potencia son políticamente importantes, y cuáles son “meramente” importantes en lo científico. Esperamos eliminar, o al menos reducir, los argumentos de larga data que mezclan las preguntas científicas y políticas equivocadas. Si podemos hacerlo, quizás se pueda hacer más progreso en resolver un conflicto, más que inevitable, innecesario. Así, tenemos ambiciones de presentar racionalmente la ciencia básica e influir racionalmente en las discusiones políticas.

La ciencia de la orientación sexual es de interés público al menos por dos razones. Primero, como hemos advertido, es frecuentemente usada (no siempre correctamente) para dar apoyo a conclusiones políticas, sociales y morales relativas a la homosexualidad. Segundo, la ciencia de la orientación sexual (indagación básica en por qué algunas personas se sienten atraídas por hombres y otras por mujeres) es intrínsecamente interesante. Como hay tanto interés público en la ciencia de la orientación sexual, mucha literatura relevante para este tópico viene de fuentes fuera de las publicaciones científicas convencionales: los medios noticiosos, los escritos de defensoría política y los blogs. Hemos citado libremente de estas fuentes no convencionales donde resultaban relevantes. La ciencia de la orientación sexual comprende un corpus muy grande de hallazgos empíricos, así que debemos achicarlo de dos modos. Primero, nos enfocamos en áreas de investigación que creemos son las más relevantes para el interés público, en los dos aspectos mencionados más arriba. Segundo, al reconocer las actuales preocupaciones, que son válidas, sobre el exceso de hallazgos estadísticamente significativos (pero incorrectos) (Simmons, Nelson, & Simonsohn, 2011), hemos intentado enfocarnos en los resultados mejor establecidos. Además, nos enfocamos en la investigación que atrajo atracción pública considerable, como el estudio de enlace genético de Hamer, Hu, Magnuson, Hu, and Pattatucci (1993) el estudio cerebral de LeVay (1991) y el estudio de  Regnerus (2012a) sobre niños con progenitores no heterosexuales. Aunque estamos limitando nuestra reseña en algunos aspectos, estamos expandiéndola en otros. A saber, queremos dirigirnos no solamente a las preocupaciones de los científicos sino también a las de los no académicos interesados en la ciencia de la orientación sexual. Con estas metas en mente, comenzamos nuestra reseña científica.

 

¿Qué es la Orientación Sexual?

 

Cuatro fenómenos relacionados caen bajo la rúbrica general de orientación sexual, pero conceptual y empíricamente son distinguibles. Aquí se los pone en lista no por orden de importancia sino en un orden que refleja su grado de atención histórica. El primer fenómeno, la conducta sexual, consiste en interacciones sexuales entre personas del mismo sexo (homosexuales), el otro sexo (heterosexuales), o ambos sexos (bisexuales). El segundo fenómeno, la identidad sexual, es la autoconcepción que se tiene de uno mismo (a veces revelada a otros, a veces no) como persona homosexual, bisexual, or heterosexual. El tercer fenómeno de la orientación sexual es el grado de atracción sexual que uno siente hacia el mismo sexo, hacia los dos sexos o hacia el otro sexo. El cuarto fenómeno es la excitación sexual fisiológica que se experimenta ante los varones, en oposición a ante las mujeres (o ante estímulos eróticos de varón versus estímulos eróticos de mujer), lo que está más estrechamente relacionado en hombres que en mujeres con otros aspectos de la orientación sexual.[6] 4

La terminología también difiere entre los diferentes fenómenos de la orientación sexual. Las personas se identifican como “gays,” “lesbianas,” “bisexuales” o “héteros.” Los científicos que se preocupan primordialmente de las consecuencias de la conducta del mismo sexo pueden referirse a “hombres que hacen sexo con hombres.” En este informe nos referimos a los patrones de atracción sexual como “homosexual,” “bisexual” o “heterosexual.”[7]5 Alternativamente, es a veces más relevante distinguir a individuos no de acuerdo con si están o no atraídos a parejas del mismo sexo o del otro sexo, pero de acuerdo con que se sientan atraídos por hombres (androfílicos) o mujeres (ginefílicos). En este uso, tanto las mujeres heterosexuales como los hombres homosexuales serían considerados androfílicos porque ambos grupos están atraídos hacia los hombres, y tanto los hombres heterosexuales como las mujeres homosexuales serían considerados ginefílicos porque ambos grupos están atraídos por las mujeres.

Aunque los cuatro fenómenos mencionados antes relativos a la orientación sexual (conducta, atracción, identidad y excitación) tienden a ir juntos (las personas con orientación homosexual tienden a identificarse como gays o lesbianas y a tener sexo con parejas del mismo sexo) no siempre es así. Por ejemplo, algunos hombres que se identifican como héteros / heterosexuales tienen sexo con otros hombres y parecer estar muy fuertemente atraídos a los hombres. Algunos adolescentes se involucran en actividad homosexual, pero cuando crecen se identifican y se comportan como heterosexuales. De modo similar, algunos individuos buscan relaciones con el mismo sexo en ambientes segregados por sexo, como las escuelas de internado, las prisiones o las fuerzas armadas, pero retoman las relaciones heterosexuales una vez que vuelven a tener a su alcance parejas del otro sexo. Además, el grado de asociación entre la atracción, conducta e identidad homosexuales varía entre un individuo y otro en diferentes contextos culturales. Por ejemplo, en algunas culturas y comunidades los hombres atraídos homosexualmente se involucran de modo regular en conductas del mismo sexo a la vez que mantienen una identidad heterosexual. En otras culturas y comunidades, este patrón puede ser menos común, y los hombres atraídos homosexualmente pueden tener dificultades para encontrar parejas varones sin identificarse a sí mismos como homosexuales o bisexuales.

La orientación sexual se define aquí como atracción a los miembros del mismo sexo, ambos sexos o el otro sexo. La mayoría de los investigadores que estudian la orientación sexual se enfocan en patrones autoinformados de atracción sexual, más que en la conducta o la identidad sexual, porque la conducta e identidad sexuales pueden estar costreñidas por la cultura local y porque la atracción sexual motiva la conducta y la identidad, y no al revés.

 

Mediciones de Orientación Sexual

 

Muchos estudios científicos relativos a la orientación sexual han comparado sujetos reclutados sobre la base de identificarlos como exclusivamente homosexuales / gays o heterosexuales / héteros. Esto es, estos estudios han ignorado o incluso excluido los individuos atraídos bisexualmente. Por un lado, este abordaje del estudio de la orientación sexual es incompleto. Por el otro, los resultados de los estudios que usan este abordaje no nos desorientan necesariamente, con tal que reconozcamos sus limitaciones.

Dos abordajes generales a la medición de la orientación sexual han dominado la investigación científica. Por lejos el abordaje más común usa mediciones autoinformadas. Menos comunes son las mediciones sicofisiológicas, en particular, las mediciones de excityación genital en hombres. La Tabla 1 presenta una lista de una variedad de medidas que se han usado.

 

Medidas Autoinformadas. La Escala de Puntaje Heterosexual-Homosexual, a la que comúnmente nos referimos como la Escala de Kinsey, es la medición autoinformada de orientación sexual más conocida. La escala va de 0 (que representa la orientación íntegramente heterosexual) a 6  (que representa la orientación íntegramente homosexual); el puntaje medio de 3 representa una orientación bisexual con igual atracción a hombres y mujeres. 6[8] Los otros puntajes representan gradaciones entre estos anclajes. Kinsey famosamente justificó su medida de la orientación sexual al aseverar:

 

En los varones no hay representadas dos poblaciones discretas, heterosexuales y homosexuales. El mundo no debe ser dividido entre ovejas y cabras. No todas las cosas son negras ni todas las cosas son blancas. Es un principio fundamenta de la taxonomía que la naturaleza raramente trata con categorías discretas. Solamente la mente humana inventa categorías e intenta forzar a que los hechos entren en cuadrículas separadas. El mundo viviente es un continuo en todos y cada uno de sus aspectos. Cuanto más rápidamente aprendamos esto en lo concerniente a conducta sexual humana, más rápidamente llegaremos a una comprensión sana y sólida de las realidades del sexo. (Kinsey, Pomeroy, & Martin, 1948, pp. 638–639).

 

Aunque en última instancia Kinsey estaba haciendo una afirmación empírica que requería evidencia científica, su escala proveyó un modo simple de recolectar datos útiles, y ha llegado a usarse ampliamente. Es importante advertir que la Escala de Kinsey es un instrumento autoinformado. Esto tiene sentido y a menudo es óptimo (¿a quién se le va a preguntar mejor sobre las orientaciones sexuales de la gente si no a la gente sobre la que queremos saber?) pero los puntajes autoinformados de la Escala de Kinsey a veces pueden ser imprecisos o incompletos, especialmente cuando la gente quiere esconder sus orientaciones sexuales o cuando está en conflicto sobre sus sentimientos sexuales.

 

Medidas Genitales. El investigador sexual Kurt Freund inventó una técnica para establecer la erección penil en respuesta a diferentes clases de estímulos sexuales, para tener una ventana sobre la orientación sexual de los varones (Freund, 1963). Los términos generales para la medición de la erección penil incluyen la plecismografía penil (PGP, en inglés PPG). El método de Freund en particular usaba imágenes de mujeres y hombres desnudos como estímulos y un aparato similar a un barómetro que se colocaba sobre los genitales del hombre para medir sus erecciones por medio de cambios en la presión de aire. La tecnología de Freund es sensible a pequeños aumentos en la erección penil, pero es costosa (por ejemplo, requiere un técnico que coloque el instrumento). Así, la mayor parte de la investigación en orientación sexual del varón con medición genital ha empleado mediciones circunferenciales PPG, como el dispositivo de esfuerzo penil, que es algo menos sensible a los cambios pequeños en la erección penil pero es menos difícil de usar (Janssen, 2002; Kuban, Barbaree, & Blanchard, 1999). Crecientemente los investigadores han comenzado a usar videos en lugar de imágenes fijas como estímulos, porque los primeros evocan más excitación y por ello permiten mejor medición.

Los patrones de excitación medidos por PPG son considerados homosexuales (o androfílicos) cuando la excitación de un hombre ante los estímulos de varón adulto exceden su excitación ante estímulos de mujer adulta y son considerados heterosexuales (o ginefílicos) cuando se produce el patrón opuesto. Los patrones de excitación bisexual no necesariamente implican niveles iguales de excitación ante estímulos de mujer y de varón. En lugar de ello, se considera que un hombre tiene un patrón de excitación bisexual cuando la diferencia absoluta entre su excitación a estímulos de varón versus estímulos de mujer es más pequeña que la diferencia absoluta observada entre hombres heterosexuales y homosexuales. Para clarificar, un hombre homosexual típicamente se excita mucho más con estímulos de varón que de mujer, y un hombre heterosexual típicamente se excita mucho más con estímulos de mujer que de varón. Estos dos patrones arrojan grandes diferencias absolutas entre la excitación por estímulos de varón y la excitación por estímulos de mujer. En contraste, un hombre bisexual debería tener niveles de excitación ante estímulos de mujer y de varón que no fueran tan discrepantes, arrojando una diferencia absoluta más pequeña.

Aunque Freund inventó el PPG para evaluar la orientación sexual del varón como la entendemos aquí (i.e., orientación homosexual vs. Heterosexual), esa aplicación nunca fue común y se ha vuelto todavía menos común. El uso de PPG para estudiar la orientación sexual típica del varón se hace casi exclusivamente en el contexto de la investigación científica básica (i.e., la investigación que apunta a responder preguntas científicas, en oposición a la investigación aplicada sobre poblaciones clínicas, que tiene la meta de desarrollar evaluaciones o tratamientos útiles), y más abajo reseñamos algunos hallazgos importantes para la investigación usando esa técnica. Las aplicaciones prácticas más comunes de la evaluación PPG han estado en el área de diagnóstico y tratamiento de la disfunción eréctil (Broderick, 1998) y la detección de pedofilia, típicamente entre homb res acusados de o sentenciados por infracciones sexuales (e.g., Blanchard, Klassen, Dickey, Kuban, & Blak, 2001). Una implicancia general de este trabajo es que la PPG puede ser útil en estudiar los intereses sexuales de los hombres que desean ocultarlos. En estudios que emplean PPG de hombres norVaróns que varían en orientación sexual (hombres que presumiblemente no tienen nada que ocultar) las correlaciones muy altas generalmente se obtienen entre mediciones genitales y autoinformadas (e.g., Chivers, Rieger, Latty, & Bailey, 2004).

Cuando los patrones de excitación sexual de un hombre, establecidos por PPG, difieren de su orientación sexual autoinformada, ¿qué debemos sacar como conclusión? En algunos casos, la medición de PPG es pobre, generalmente como resultado de bajos niveles de erección inducida, y en estos casos sería imprudente descartar el autoinforme de una persona y preferir ignorar los datos PPG. Sin embargo, en los casos donde la excitación de PPG está muy bien medida (lo que significa al menos que un hombre produce un patrón claro de excitación que es potencialmente repetible) la medición PPG es la mejor. Esto es especialmente cierto cuando hay razón para dudar del autoinforme de un hombre. Por esta razón, las mediciones de PPG son importantes, tanto conceptual como científicamente, al examinar ciertos problemas relativos a la orientación sexual.

También existen medidas de excitación genital de mujeres. La más común en uso es la fotoplecismografía vaginal [photoplethysmography] (VPP), una técnica que es sensible a cambios de flujo sanguíneo en la vagina. Los genitales de las mujeres, como los de los varones, han aumentado el flujo sanguíneo durante la excitación sexual. Los patrones de excitación genital de las mujeres ante estímulos genitales de varón versus de mujer no son una imagen especular de los de los hombres, y son diferentes de un modo que impide que la VPP sea útil en la medición de la orientación sexual de la mujer. Discurrimos sobre esta evidencia en la sección de más abajo, “Diferencias Sexuales en la Expresión de la Orientación Sexual”.

 

Otras mediciones no autoinformadas. Durante la década pasada, se han estudiado varias otras medidas de orientación sexual que no dependen del autoinforme.  Éstas incluyen el tiempo de visión (el tiempo que se pasa mirando imágenes de varones versus las de mujeres, o puntuándolas por su atractivo; Israel & Strassberg, 2009; Rullo, Strassberg, & Israel, 2010), activación de fMRI (activación de áreas cerebrales relevantes en respuesta a ver imágenes eróticas de varón versus de mujer; Safron et al., 2007), actitudes implícitas (Snowden, Wichter, & Gray, 2008), y dilatación de pupila (dilatación de pupila mientras se ven imágenes o videos de varones versus mujeres; Rieger & Savin-

Williams, 2012). Los estudios que usan estas medidas han arrojado fuertes correlaciones con la orientación sexual autoinformada en muestras de individuos sin razón evidente para dar autoinformes no precisos. Estas medidas son más onerosas para administrar que las mediciones de autoinforme, pero algunas tienen la ventaja de ser menos onerosas que las medidas de excitación genital. Muchas de estas medidas más nuevas probablemente son menos objetables que las medidas genitales para muchos sujetos potenciales de investigación, y en ese sentido son más fáciles de usar. Todas requieren considerablemente más investigación para comprender sus fortalezas y debilidades comparadas con la excitación genital y la autoinformada y comparadas entre sí.

 

¿Qué prevalencia tiene la orientación no heterosexual?

Una de las preguntas más comunes que se les hacen a los científicos en relación con la orientación sexual concierne a la prevalencia poblacional de la homosexualidad y bisexualidad. Es imposible proveer estimaciones precisas, por varias razones. Primero, los diferentes fenómenos asociados con la homosexualidad y la bisexualidad (conducta, identidad y orientación sexual) varían en frecuencia. Por ejemplo, la gente que se identifica como heterosexual puede seguir involucrándose en sexo homosexual y admitiendo atracción homosexual, y por tanto uno encontraría diferentes estimaciones de población dependiendo de qué fenómeno se está evaluando. Segundo, los diferentes fenómenos asociados con la homosexualidad y la bisexualidad pueden variar con el curso de la vida, y por lo tanto uno encontraría diferentes estimaciones poblacionales dependiendo de si se estuvieran evaluando los patrones de conducta y atracciones de los individuos en el momento de la evaluación versus su historia total de curso de vida en cuanto a conducta o atracciones. Por ejemplo, el porcentaje de personas que nunca tuvieron una experiencia homosexual es más grande que el de personas que tuvieron una el año anterior a la indagación, que a su vez es más grande que el porcentaje de personas que tuvieron solamente experiencias homosexuales en sus vidas íntegras. En tercer lugar, la homosexualidad sigue estando estigmatizada hasta cierto grado hasta en las naciones más liberales (Kohut, 2014), y por tanto algunos individuos pueden estar motivados para subregistrar atracciones, identidad y conducta homosexuales. Cuarto, como algunos aspectos de la homosexualidad (especialmente la identidad homosexual y las atracciones exclusivamente homosexuales) son poco comunes, la precisión requiere muestras grandes y representativas, que son caras y difíciles de encuestar. Finalmente, no hay una Buena razón para esperar que un único conjunto de frecuencias estimada se aplique a todos los lugares y todos los tiempos. Es especialmente probable que esto sea verdad en relación con la conducta y la identidad sexual, que nos parecen mucho más culturalmente Varónables que la atracción sexual.

Kinsey condujo las primeras grandes encuestas sobre homosexualidad en los Estados Unidos durante la década de 1940 (Kinsey et al., 1948). Sus resultados chocaron a los lectores porque hacían aparecer a la conducta y las atracciones homosexuales como algo muy común. Por ejemplo, 37% de los hombres encuestados admitieron haber tenido una experiencia homosexual. La mayoría de estas experiencias se habían producido durante la adolescencia, indicando quizás una experimentación breve. Aproximadamente el 10% de los hombres habían sido más o menos exclusivamente homosexuales durante al menos 3 años de su adultez (éste es el origen de la aseveración “10% de la gente es homosexual”, que se formulaba comúnmente hasta que encuestas recientes y más representativas dieron apoyo a tasas más bajas). Alrededor del 4% de sus respondientes varones habían sido homosexuales durante sus vidas íntegras.

Comenzando en la década de 1980 y motivadas por la necesidad que tenían los epidemiólogos de mejores números para monitorear la epidemia de SIDA, se condujeron varias encuestas, grandes y cuidadas, sobre conducta sexual, primordialmente en Norteamérica, Europa y Australia. La mayoría de estas encuestas evaluaban la homosexualidad y también la heterosexualidad, y la mayoría se enfocaron en la conducta sexual y no en la atracción sexual. Los resultados de estos estudios son en general consistentes en la provisión de números mucho más bajos que el 10% de Kinsey. Preguntar sobre la identidad sexual (si los y las respondientes se consideraban a sí mismo homosexuales / gays / lesbianas, bisexuales o heterosexuales / héteros) es quizás el modo más simple de encuestar a la gente sobre orientación sexual. Una encuesta reciente de 34.557 adultos norteamericanos arrojó tasas del 96.6% de heterosexuales, del 1.6% de gays o lesbianas y 0.7% de bisexuales (Ward, Dahlhamer, Galinsky, & Joestl, 2014). Adicionalmente, 1.1% de los respondientes se identificaron como “otra cosa” o dijeron que “no conocían la respuesta.” Estos números están en un acuerdo razonablemente cercano a una reseña reciente de nueve estudios grandes y cuidados hechos en poblaciones occidentales (Gates, 2011), cuyo resultado fue que el 3.5% de los adultos de EEUU aproximadamente se identificaban como gays, lesbianas o bisexuales. La única estimación cuidadosa de orientación no heterosexual en una cultura no occidental se enfocó en varones samoanos, y la estimación resultante de androfilia del 1.4% al 4.7%  es similar a las estimaciones occidentales (VanderLaan, Forrester, Petterson, & Vasey, 2013).

Según el significado dado a “no heterosexual,” la identidad no heterosexual puede ser una medición conservadora de la orientación no heterosexual. En la reciente reseña tres estudios evaluaron atracción del mismo sexo, así como identidad. El porcentaje de adultos que admitieron haber tenido “algo de sentimientos homosexuales” iba de 1.8% a 11%, excediendo el porcentaje autoidentificado como “homosexual” o “bisexual” por factores de 1.5 a 3.1 (Gates, 2011); nótese el amplio rango que cubren estas estimaciones. ¿Pero qué significa decir que uno ha experimentado atracción del mismo sexo “al menos una vez” (Smith, Rissel, Richters, Grulich, & Visser, 2003) o que las atracciones sexuales que uno tiene están “predominantemente” dirigidas hacia un sexo (Chandra et al., 2011)? En el estudio que arrojó una cifra de 11% para una historia de cualquier tipo de atracciones homosexuales, sólo el 3.3% de los respondientes dijeron que estaban tan atraídos al mismo sexo como al otro sexo. ¿Las personas que dicen que han tenido al menos una, pero posiblemente muy pocas, atracciones del mismo sexo son intermedias entre las personas exclusivamente heterosexuales y las exclusivamente homosexuales en un continuo de orientación sexual? O, alternativamente, ¿están entendiendo la frase “atracciones del mismo sexo” de modo diferente a la mayoría de la gente? Pospongamos la consideración de estas preguntas a nuestra sección de bisexualidad. El porcentaje de adultos que tuvieron alguna vez una experiencia homosexual es también más grande que el porcentaje de adultos que se identifican como homosexuales o bisexuales. En la reciente reseña de Gates, tres estudios evaluaron tanto la identidad como la conducta no heterosexuales. El porcentaje de adultos que informaron una historia con cualquier tipo de interacción sexual con el mismo sexo iba del 6.9% al 8.8%, excediendo por razones de 2:3 a 3:3a quienes informaban identidad no heterosexual (Gates, 2011).

Es claro que ningún número puede proveer una estimación de prevalencia de la orientación no heterosexual. Incluso las evaluaciones de aspectos altamente específicos de la homosexualidad han arrojado un rango de estimaciones bastante amplio a través de  recientes estudios conducidos con poblaciones similares. Con todo son posibles varias conclusiones de alto grado de confianza. Primero, la famosa encuesta de Kinsey probablemente sobreestimó las frecuencias de atracciones y experiencias no heterosexuales. Segundo, los individuos con sentimientos y contactos homosexuales incidentales son mucho más comunes que los que tienen sentimientos sustanciales (i.e., persistentes y fuertes) y experiencias frecuentes con el mismo sexo. Tercero, los individuos con sentimientos homosexuales sustanciales comprenden una minoría pequeña aunque no trivial de los adultos de las naciones occidentales desarrolladas (un porcentaje más pequeño que el sugerido por los datos de Kinsey más de medio siglo atrás) a pesar del marcado aumento de la tolerancia hacia la homosexualidad (Voeten, 2012).

Aunque puede haber valor científico en conducir reseñas futuras de sujetos occidentales para aumentar la precisión de las estimaciones de la prevalencia de la orientación no heterosexual (y, necesariamente, de la heterosexual), no nos parece que sea de alta prioridad. Ya hubo un número suficiente de encuestas occidentales sobre orientación sexual muestreadas cuidadosamente, y por esto los metanálisis futuros pueden revelar patrones sistemáticos interesantes. Con todo nos preocupa que la variación en prevalencia pueda primordialmente reflejar error de medición, tanto sistemático como al azar. Hacer preguntas cada vez más detalladas y quizás incluso incluir mediciones no autoinformadas de orientación sexual tiene el potencial de revelar más que otra encuesta autoinformada, aunque sea cuidadosamente muestreada. Adicionalmente, en lugar de continuar encuestando las mismas poblaciones occidentales, muy similares entre sí, sería científicamente más útil encuestar más poblaciones no occidentales.

Finalmente, notamos que ha habido una tendencia por la cual los individuos LGB y sus defensores favorecen cifras de prevalencia más altas, en tanto que quienes se oponen a los derechos LGB han tendido a favorecer cifras más bajas (e.g., LaBarbera, 2014). En la medida en que esta disputa es política, tiene poco sentido. Si la homosexualidad está mal, entonces está mal incluso si es muy común; si no está mal, entonces las personas no heterosexuales merecen sus derechos sin tener en cuenta lo raras que sean. Como se ha advertido antes, la confluencia conflictiva de motivos políticos y hallazgos científicos ha sido común en los debates relativos a la orientación sexual, y cuando esta confluencia conflictiva conduce a error es en detrimento tanto de la política como de la ciencia.

 

Diferencias Sexuales en la Expresión de la Orientación Sexual

 

Al resumir las cifras de prevalencia recientes para la orientación no heterosexual, postergamos la discusión de una diferencia sexual consistente, larga e interesante. Entre quienes se identifican como no heterosexuales, las mujeres tienden a identificarse como bisexuals en tanto que los hombres tienden a identificarse como homosexuales. (Gates, 2011). Los estudios que han evaluado las atracciones sexuales han encontrado resultados similares. La Figura 1 reseña las distribuciones de una reciente reseña de orientación sexual entre 71.190 hombres adultos y 117.717 mujeres adultas que informaron sus orientaciones usando una escala de cinco puntos: 1 = enteramente heterosexual / hétero, 2 = predominantemente heterosexual / hétero, 3 = bisexual, 4 = predominantemente homosexual / gay / lesbiana, 5 = enteramente homosexual /gay / lesbian (Savin-Williams &  Vrangalova, 2013). La figura revela formas marcadamente diferentes para los dos sexos. La gran mayoría de ambos sexos se evaluaron a sí mismos como “enteramente heterosexuales,” aunque los hombres (93.2%) tenían una probabilidad considerablemente mayor de hacerlo así que las mujeres (86.8%). Muchas más mujeres que hombres se evaluaron a sí mismas como “predominantemente heterosexuales.” Para las mujeres hay una aguda declinación en la frecuencia de asignaciones de “predominantemente heterosexual” a “bisexual”, y después una declinación más gradual a asignaciones de “predominantemente homosexual” y “enteramente homosexual”, que tienen frecuencias similares. Para los hombres, la categoría menos frecuentemente autoasignada es  “bisexual,” con un leve ascenso en la frecuencia de puntajes de “predominantemente homosexual” y “enteramente homosexual”. La distribución de varones es bimodal.

 

Tabla 1. Medidas de Orientación Sexual

Medición

Descripción

Fortalezas

Debilidades

Escala de Kinsey

7 puntos de atracción relativa a hombres y mujeres.

Relativamente no invasiva.Rápida

Autoinformada

Escala de Kinsey reducida

5 puntos de atracción relativa a hombres y mujeres

Relativamente no invasiva.

Rápida.

Usada en las encuestas más recientes

Autoinformada

 

Identidad Sexual

Orientación Autoinformada como “gay / homosexual,” “bisexual,” o “hétero / heterosexual”

 

Simple y de comprensión ampliamente difundida.

Autoinforme

Sin gradación dentro de las categorías

Algunas identidades “otras” (e.g., queer) son ambiguas en relación con la orientación sexual

Conducta sexual

Actividad sexual con hombres y / o mujeres

Evita rótulos y la necesidad de introspección

 

El mismo patrón de conducta sexual puede reflejar una variedad de motivaciones

Puede ser evaluada solamente por personas sexualmente activas

No puede ser observada (generalmente), así que la evaluación se apoya en autoinforme

Parrilla de Orientación Sexual de Klein

 

Parrilla multidimensional que evalúa siete diferentes aspectos de variables románticas y sexuales “ideales” pasadas, presentes y futuras.

Evalúa más dimensiones que otras medidas

Autoinforme

Se ha hecho poca investigación sobre la validez de las distinciones entre las diferentes dimensiones.

Más onerosa que las medidas de item único.

Medición Genital

Flujo sanguíneo a los genitales, medido usando un aparato sicofisiológico

 

La medición captura muy estrechamente la orientación sexual del varón.

Al no ser muy voluntariamente manipulable en los varones, a veces puede ser más precisa que el autoinforme.

Onerosa e invasiva

A veces la respuesta es demasiado débil para una buena medición.

No prove una buena medida de la orientación sexual de la mujer.

fMRI (Imagen de Resonancia Magnética)

Activación neural mientras se ven estímulos eróticos de varón y de mujer

 

Menos invasiva que la medición genital.

En principio (aunque esto todavía no ha sido demostrado), puede a veces exceder la precision del autoinforme.

Puede ser usada con ambos sexos.

Oneroso

Caro

 

Tiempo de visionado.

Tiempo relativo que se pasa mirando imágenes de hombres atractivos versus de mujeres atractivas en una serie de fotos

Menos onerosa e invasiva que la evaluación genital.

En principio (aunque esto todavía no ha sido demostrado) a veces puede exceeder la precision del autoinforme

Puede ser usado con ambos sexos

Puede ser manipulado voluntariamente

 

Dilatación de pupilas

Dilatación ocular relative de las pupilas mientras se ven imágenes (típicamente eróticas) o películas presentando varones o bien mujeres.

Menos invasiva que la evaluación genital.

En principio (aunque esto no ha sido todavía demostrado), puede a veces exceder la precisión del autoinforme.

Puede ser usada con ambos sexos.

No es claro el potencial de manipulación voluntaria.

Onerosa.

Investigada hasta ahora por pocos estudios.

Mediciones implícitas (e.g., preparación por expectativa, Implicit Association Task [Tarea de Asociación Implícita])

Tiempo de clasificaciones de estímulos de varón y de mujer (generalmente imágenes).

 

Menos invasivas que la evaluación genital.

En principio (aunque esto todavía no ha sido demostrado), puede algunas veces exceder la precisión del autoinforme.

Puede posiblemente ser usadas con ambos sexos, aunque hasta la fecha han sido usadas solamente con hombres.

Onerosas

Investigadas por pocos estudios hasta ahora.

 

 

 

 

Las distribuciones bimodales son raras y potencialmente interesantes, y sugieren que dos grupos son sustancialmente diferentes y no solamente en grado. Por ejemplo, se esperaría una distribución bimodal si hubiera una sola causa subyacente en la distinción entre dos grupos, en tanto que se esperaría una distribución continua si hubiera causas multiples. El ejemplo humano clásico es el sexo biológico, que es causado por un genotipo dicotómico (XX vs. XY) que conduce a una distribución bimodal de testosterona prenatal, lo que genera diferencias sexuales categóricas en algunos rasgos anatómicos como los genitales. Sin embargo, una conclusión de la diferencia sexual en las distribuciones de orientación sexual es clara: entre las poblaciones occidentales que han sido estudiadas, los patrones bisexuales de atracción son más raros en hombres que en mujeres, y las atracciones exclusivamente homosexuales son más raras en mujeres que en varones. Las razones de esta diferencia sexual no se conocen. Podría reflejar diferencias sexuales biológicas prenatales; podría reflejar la influencia de factores culturales que crean contextos sociales diferentes para el desarrollo de la sexualidad del mismo sexo de mujeres versus la de varones; podría reflejar diferencias en la susceptibilidad de hombres y de mujeres a estas diferencias sociales (Baumeister, 2000); o podría simplemente ser resultado de un error de medición. Si hay diferencias sexuales innatas en la causación de la orientación sexual, entonces deberíamos esperar que los correlatos de la orientación sexual difirieran considerablemente entre hombres y mujeres. Éste es el próximo tópico al que nos dedicaremos.

 

Diferencias sexuales en excitación sexual específica por categoría

 

La excitación sexual comprende tanto la respuesta genital como la respuesta subjetiva ante un estímulo sexual. En los hombres, la orientación sexual está estrechamente relacionada con un patron de excitación sexual genital. Específicamente, los hombres homosexuales muestran excitación genital ante hombres (o, en el laboratorio, ante estímulos sexuales que representan hombres), en tanto que los hombres heterosexuales muestran excitación genital ante mujeres (o, en el laboratorio, ante estímulos sexuales que representan mujeres). Este patron ha sido llamado “específico por categoría” porque la excitación sexual genital de los hombres es específica ante la categoría de persona a la que están atraídos en mayor grado (Chivers et al., 2004). A decir verdad, uno de nosotros ha argumentado que la orientación sexual del varón puede precisamente ser definida como un patrón de excitación sexual, por dos razones (Bailey, 2009). Primero, como hemos mencionado, los patrones de excitación sexual reflejan confiablemente la orientación sexual del varón. En los casos donde la orientación sexual autoinformada de un hombre diverge de su patrón de excitación sexual (y en los que su patron de excitación sexual sea robusto y dicotómico, consistente en fuertes erecciones ante un sexo pero no ante el otro), creemos que su patrón de excitación sexual representa major su orientación sexual (aunque no sea necesariamente su identidad sexual autoelegida). Segundo, y más importante, es la dirección de causación. El patrón de excitación sexual motiva la conducta sexual, la cual provee a la mayoría de los individuos de la base fundamental de su autoidentificación sexual. En contraste, no hay evidencia que sugiera que los individuos pueden conscientemente alterar su excitación genital para encajar en un cierto rótulo de identidad sexual.

 

Completamente

Homosexuales

 

Predominio

Homosexual

 

Predominio

Heterosexual

 

Completamente

Heterosexuales

 

Pre-va-len-cia

%

 

 

Mujeres

Hombres

 

 

Fig. 1. Prevalencia promedio para cada una de las cinco categorías de orientación sexual en encuestas recientes de población occidental. Los datos están tomados de la Tabla 1 de Savin-Williams y Vrangalova (2013).

 

Las mujeres muestran un patrón muy diferente de enlace entre la orientación sexual y la excitación genital (i.e., flujo de sangre genital como la mide VPP). En el laboratorio, las mujeres heterosexuales muestran aproximadamente niveles iguales de excitación genital ante estímulos de varón y de mujer (a pesar de informar a veces que encuentran más excitantes los estímulos sexuales de varón). Las mujeres homosexuales muestran un patrón de excitación sexual genital que es levemente específico por categoría (i.e., muestran excitación genital más fuerte ante estímulos de mujer que ante estímulos de varón), pero sus respuestas genitales no son tan agudamente específicas por categoría como las de los hombres (Chivers et al., 2004; Chivers, Seto, & Blanchard, 2007). Una interpretación potencial de la diferencia sexual en los patrones de excitación genital es que la orientación sexual de la mujer es fundamentalmente menos específica por categoría que la orientación sexual del varón (i.e., que las mujeres homosexuales retienen algún potencial para atracción / excitación a hombres y las mujeres heterosexuales retienen algo de potencial para atracción / excitación a mujeres, incluso si no son conscientes de este potencial). Esta explicación presume que el patrón de excitación genitales de una mujer provee una medición confiable de su orientación sexual (como sí lo ese n el caso de los hombres). Una explicación alternativa es que la excitación genital está menos confiablemente ligada a la orientación sexual en las mujeres que en los hombres. Esta explicación permanece agnóstica en cuanto que la orientación sexual de la mujer es menos categórica en las mujeres que en los hombres; simplemente sugiere que la medición de excitación genital empleada comúnmente (es decir, el flujo genital de sangre genital como lo establece la VPP) definitivamente no puede responder esta pregunta, porque esta medición tiene un patrón de asociación más débil con la orientación sexual de la mujer que con la orientación sexual del varón.

Hay importantes diferencias entre las mediciones de la excitación genital del varón y de la mujer que necesitan ser consideradas antes de aceptar la idea de que las mujeres son menos específicas por categoría que los hombres en sus patrones de excitación sexual. La excitación genital de la mujer se mide de modo muy diferente que la excitación genital del varón (específicamente, se inserta un aparato en la vagina para medir los cambios en el flujo sanguíneo, en contraste con la medición de erección usada para hombres). Sin embargo, varios resultados arguyen en contra de la posibilidad de que la diferencia sexual en la excitación genital específica por categoría sea un artefacto de la medición. Primero, un estudio de transexuales varón a mujer postoperatorios (estudiados con VPP) produjo un patrón de excitación genital específico por categoría similar al de los hombres (Chivers et al., 2004). No se hubiera esperado que esto se produjera si la medición vaginal de la excitación no fuera efectiva en la detección de respuestas de excitación específicas por categoría. Segundo, las mujeres también muestran una especificidad por categoría sustancialmente menor en sus patrones autoinformados de excitación sexual ante estímulos de varón y de mujer. Tercero, se ha demostrado que otros correlatos de interés sexual son menos específicos por categoría en las mujeres que en los varones, tales como el tiempo de mirar estímulos de varón y de mujer (Lippa, Patterson, & Marelich, 2010), dilatación de pupilas en respuestas a tales estímulos (Rieger & Savin-Williams, 2012), y respuestas de fMRI ante esos estímulos (Sylva et al., 2013). 7[9]

Aceptando por ahora la validez de la hipótesis de que los patrones de excitación sexual de las mujeres son menos específicos por categoría que los de los hombres, surge la cuestión de por qué esto es así. Una posibilidad es cultural: es decir, las culturas occidentales producen representaciones omnipresentes de la belleza de la mujer, que son a menudo sexualizadas, y la exposición a estas imágenes desde edad temprana pueden sensibilizar tanto a hombres como a mujeres para que experimenten excitación sexual ante el cuerpo de la mujer. Aunque esta explicación podría aplicarse a la excitación genital de las mujeres heterosexuales ante los estímulos de mujer, no puede dar cuenta del hecho de que los hombres homosexuales, que han experimentado igual cantidad de exposición a las imágenes sexualizadas de mujeres, no experimenten excitación sexual ante los estímulos de mujer. De modo similar, la exposición a imágenes sexualizadas de mujer es incapaz de explicar el hecho de que las mujeres homosexuales muestren más excitación genital ante los estímulos sexuales de varón que la que muestran los hombres homosexuales ante estímulos sexuales de mujer.

Otra posibilidad es que la diferencia esté basada en diferencias fundamentales entre la sexualidad del varón y la de la mujer, ambas producto de la evolución (Baumeister, 2000; Chivers & Bailey, 2005), aunque actualmente no hay evidencia directa que se refiera a esta cuestión. Es intrigante que Goy and Goldfoot (1975) hayan mostrado 30 años atrás que en muchas especies mamíferas la bisexualidad es un rasgo intrínsecamente dimórfico que se desarrolla (a través de senderos hormonales prenatales) en el macho o en la hembra de una especie, pero nunca en los dos. Esto sugiere la provocativa posibilidad de que en humanos las mujeres sean “el sexo más bisexual,” aunque los varones tengan más probabilidad de ser exclusivamente heterosexuales u homosexuales.

Sin tomar en cuenta la razón de las diferencias sexuales en especificidad por categoría, es probable que esta diferencia sexual produzca diferencias sexuales adicionales de sexualidad. La excitación sexual es una ponderosa fuerza motivadora, y así podría esperarse que la mayor especificidad por categoría de los varones produjera patrones de conducta sexual más categóricos (i.e., conducta exclusivamente heterosexual entre hombres heterosexuales y conducta exclusivamente homosexual entre hombres homosexuales). En contraste, se podría esperar que el hecho de que la excitación genital de las mujeres sea menos específica por categoría produjera patrones de conducta sexual menos categóricos (y por lo tanto más “bisexuales”), lo que podría ayudar a explicar la antes mencionada diferencia sexual en identificación bisexual.

Fluidez sexual

 

Una diferencia sexual relacionada es el fenómeno de la fluidez sexual, que parece ser especialmente común entre las mujeres (L. M. Diamond, 2009). La fluidez sexual es la flexibilidad dependiente de la situación en la capacidad de respuesta sexual de una persona, que hace posible que ciertos individuos experimenten deseos sea por hombres o por mujeres bajo ciertas condiciones, sin tener en cuenta su orientación sexual en general.

La evidencia de que algunas mujeres son especiamente fluidas incluye los resultados de un estudio longitudinal de 80 mujeres entrevistadas por primera vez en ente los 16 y 23 años de edad (L. M. Diamond, 2000, 2003a, 2008). En la primera entrevista, ninguna de las mujeres se identificó como “heterosexual”; en lugar de ello, sus identidades informadas fueron “lesbiana,” “bisexual,” o no rotulada. Muchos de los sentimientos sexuales de las mujeres hacia los hombres cambiaron con el tiempo, aunque típicamente los cambios no fueron grandes (en promedio, alrededor de un grado en la Escala de Kinsey). Sin embargo los cambios de identidad sexual fueron communes. Dos años después de las entrevistas iniciales, aproximadamente un tercio de las participantes habían cambiado sus identidades sexuales (L. M. Diamond, 2000); entre las entrevistas segunda y tercera otra cuarta parte de las participantes cambiaron sus identidades sexuales (L. M. Diamond, 2003a); y entre las entrevistas tercera y cuarta otro tercio de las participantes cambiaron sus identidades sexuales (L. M. Diamond, 2008). Generalmente estos cambios se daban entre categorías adyacentes (e.g., “heterosexual” y “bisexual”) y no en cambios más grandes (e.g., de “heterosexual” a “lesbiana”). Lo que resulta quizás más importante es que, con el tiempo, las mujeres tenían significativamente más probabilidades de adoptar identidades que les permitieran atracciones sexuales y / o conductas sexuales con ambos sexos (i.e., “bisexual” o no rotulada) que de adoptar identidades exclusivamente lésbicas. Para estas mujeres, su gama de atracciones potenciales estaba limitada por sus orientaciones sexuales, pero la fluidez les permitía movimientos dentro de esa gama. Es obvio que estos resultados se generalizaban a mujeres identificadas como no heterosexuales con más presteza que a mujeres identificadas como heterosexuales, pero los resultados de Diamond son consistentes con los resultados de no especificidad por categoría de la excitación genital de las mujeres heterosexuales (Chivers & Bailey, 2005; Chivers et al., 2007) así como con el creciente corpus de investigación sobre mujeres “primordialmente heterosexuales”, que perciben que su orientación subyacente es heterosexual a pesar de experimentar atracciones periódicas del mismo sexo (Thompson & Morgan, 2008; Vrangalova & Savin-Williams, 2010). Es una cuestión abierta si las mujeres no heterosexuales de la muestra de Diamond tenían más probabilidad de experimentar la fluidez sexual o si simplemente estaban más conscientes de ella y estaban más dispuestas a debatir abiertamente sobre ella.

¿Qué explica la capacidad de algunas mujeres de ser sexualmente fluidas? L. M. Diamond (2003b) ha teorizado que hasta cierto punto el amor romántico y el deseo sexual se apoyan en diferentes sistemas motivacionales: el primero más en el apego o Sistema de enlace de pareja, el último más en el Sistema de emparejamiento sexual. Aunque separados, estos dos Sistemas pueden afectarse entre sí, y los vínculos bidireccionales (que permiten que los sentimientos de fuerte apego emocional den origen al deseo sexual) pueden ser especialmente fuertes en las mujeres. Otra posibilidad concierne a las diferencias sexuales en el contexto reproductivo de conducta sexual de la mujer versus conducta sexual del varón. En tanto que todas las interacciones sexuales de los hombres pueden dar como resultado la reproducción, la conducta sexual de las mujeres puede resultar en reproducción solamente si coincide con la ovulación. Sin embargo, las mujeres son capaces de llegar a excitarse sexualmente en cualquier punto del ciclo menstrual, y aunque su motivación sexual parece aumentar como función de los niveles crecientes de estrógeno que acompañan a la ovulación,  su excitabilidad sexual durante el resto del mes parece no estar relacionada a los niveles de estrógeno (reseñado en Wallen, 1995). La capacidad de las mujeres para una excitabilidad independiente de la ovulación les permite experimentan deseos y conductas sexuales con individuos del mismo sexo sin costo evolucionario ninguno. De hecho, los investigadores han argumentado que la conducta sexual con parejas no reproductivas (e incluso del mismo sexo) puede conferir múltiples ventajas evolucionarias a las mujeres, tales como la formación de alianzas (de Waal, 1987; Hohmann & Fruth, 2000). Po resto, una posibilidad es que la capacidad de las mujeres para la fluidez sexual evolucionó en concierto con (o es un artefacto de) su capacidad de excitabilidad no reproductiva durante las partes no fértiles del ciclo menstrual.

Correlatos Sicológicos y de Desarrollo de la Orientación Sexual

 

Habiendo reseñado las diferencias sexuales básicas en orientación, ahora nos volvemos a la pregunta de cuándo y cómo emerge la orientación sexual. Los correlatos comportamentales de la orientación sexual están presentes durante la infancia, mucho tiempo antes de que un niño o niña tenga sentimientos sexuales evidentes.

 

No Conformidad de Género en la Infancia

 

La no conformidad infantil con el género (portarse como el otro sexo) es un fuerte correlato de la orientación sexual adulta que ha sido consistente y repetidamente replicada (Bailey & Zucker, 1995). Más específicamente, la no conformidad de género en la infancia comprende los siguientes fenómenos entre los varoncitos: vestirse con ropas del sexo opuesto, desear tener cabello largo, jugar con muñecas, sentir que no les gustan los deportes competitivos y el juego brusco, preferir como compañeras de juegos a niñas, exhibir elevada ansiedad de separación, y desear ser (o creer que se es) una niña. En las niñas, la no conformidad con el género comprende vestirse como los varones y jugar con ellos, mostrar interés en los deportes competitivos y el juego brusco, carecer de interés en los juguetes que son convencionalmente propios de la mujer, como las muñecas y el maquillaje, y desear ser un varoncito. La no conformidad de género en la infancia generalmente emerge en la edad preescolar. Es importante agregar que niños y niñas generalmente son considerados no conformes con el género solamente si persistentemente se involucran en una variedad de estas conductas, en oposición a involucrarse en una sola conducta una o dos veces. Además, la no conformidad de género en la infancia no es un rasgo o esto / o lo otro, sino más bien un rasgo dimensional, de modo que las diferencias sobre las que discurrimos son un tema de grado y no de clase.

Los niños y niñas que al crecer llegan a ser no heterosexuales son sustancialmente más no conformistas con el género, en promedio, que los niños y niñas que al crecer se revelan como heterosexuales. Hay dos tipos de estudios que apoyan esto. En los estudios retrospectivos, a los adultos homosexuales y heterosexuales (y a veces bisexuales) se les preguntaba sobre su conducta de infancia. En los estudios prospectivos, los niños y niñas extremadamente no conformes con el género son seguidos hasta entrada la adultez para evaluar sus orientaciones sexuales. Ambas clases de estudios tienen limitaciones que aisladamente podrían conducir a escepticismo sobre su validez. Los estudios retrospectivos se apoyan en memorias de infancia, las que pueden estar distorsionadas en modos que den apoyo a los estereotipos sobre la homosexualidad y la heterosexualidad. Los estudios prospectivos a menudo se enfocan en niños y niñas altamente inusuales, y  a uno lo puede preocupar generalizar los resultados de estos estudios a niños y niñas menos atípicos. Sin embargo, las dos clases de estudios han producido resultados altamente convergentes que dan apoyo a una fuerte asociación entre la no conformidad de género en infancia y la no heterosexualidad adulta.

Una reseña de 1995 de estudios retrospectivos descubrió grandes diferencias entre hombres homosexuales y heterosexuales (32 estudios; d = 1.3) y mujeres homosexuales y heterosexuales (16 estudios; d = 1.0; Bailey & Zucker, 1995) en no conformidad de género en infancia, informada retrospectivamente.  La reseña estimó que con respecto a la orientación sexual del varón el 89% de los hombres homosexuales excedían el puntaje de mediana heterosexual, en tanto que el 2% de los hombres heterosexuales excedían el puntaje de mediana homosexual. Para la orientación sexual de la mujer, las cifras respectivas fueron 81% y 12%. Aunque esta reseña fue publicada hace 20 años, no hay muchas razones para sospechar que sus resultados cambiarían mucho si se la actualizara. Además, a pesar del escepticismo de algunos autores (e.g., Fausto-Sterling, 2014), ningún estudio ha demostrado persuasivamente que los estudios retrospectivos exageran las diferencias de orientación asociadas con la no conformidad de género en infancia. Las mediciones retrospectivas autoinformadas han sido suplementadas por videos domésticos de infancia provistos por adultos heterosexuales y homosexuales, con resultados similares: quienes veían los videos podían distinguir, a niveles mucho mejores que la casualidad, cuáles niños o niñas al crecer serían homosexuales y cuáles al crecer serían heterosexuales (Rieger, Linsenmeier, Gygax, & Bailey, 2008). Los estudios retrospectivos sugieren que algún grado de no conformidad de género en infancia es un precursor común de homosexualidad en adultez en ambos sexos. Esta conclusión se mantiene tanto para culturas occidentales como para un amplio conjunto de culturas no occidentales,  incluyendo algunas de Asia, América Latina, Polinesia y el Oriente Medio (Bartlett & Vasey, 2006; Cardoso, 2005, 2009; Vasey, VanderLaan, Gothreau, & Bartlett, 2011; Whitam & Mathy, 1986).

Se han conducido varios estudios prospectivos de niños y niñas altamente no conformistas con el género, la mayoría enfocados en varoncitos (para reseñas, véase Bailey & Zucker, 1995; Zucker, 2014). Estos estudios han identificado niños y niñas a través de intervenciones clínicas para ayudar a que estos niños acepten su identidad sexual de nacimiento, oponiéndose a obtener cirugía de reasignación sexual en la adultez. Así, en general estos niños y niñas exhibían extremada no conformidad de género, así como incomodidad o confusión sobre su identidad de género. Para varoncitos, todos los estudios encontraron que la mayoría de los hombres en el seguimiento [10] estaban orientados homosexual o bisexualmente, con tasas que iban del 64% (N = 129; Singh, 2012) al 80% (N = 66; Green, 1987. Los dos estudios que incluían mujeres eran más pequeños y tenían resultados finales más variables: 32% of 25 sujetos (Drummond, Bradley, Peterson-Badali, & Zucker, 2008) y 100% de 10 sujetos (Wallien & Cohen-Kettenis, 2008) afirmaron sentimientos bisexuales u homosexuales. No todos los estudios tuvieron grupos de control, pero todas las tasas de resultados finales no heterosexuales excedían de lejos las estimaciones epidemiológicas plausibles para la población general, que podrían ser estimadas con generosidad en el 5% (véase Fig. 1). De este modo, los estudios prospectivos también sugieren una gran asociación entre la no conformidad de género (extrema) en infancia con la no heterosexualidad adulta. En casi todos los estudios hubo una tendencia significativa indicando que los sujetos que se autoinformaban como heterosexuales eran más jóvenes que los que se autoinformaban como no heterosexuales. Esto sugiere que los estudios prospectivos pueden subestimar la probabilidad de un resultado final no heterosexual porque los individuos no heterosexuales más jóvenes tienen más probabilidades de proveer aseveraciones falsas diciendo son heterosexuales (Bailey & Zucker, 1995).

Tanto los estudios retrospectivos como los prospectivos dan apoyo a una fuerte asociación entre la no conformidad de género en la infancia y la no heterosexualidad adulta. Esto no significa, por supuesto, que todos los individuos no heterosexuales fueron más no conformistas con el género que el promedio, y mucho menos que todos fueron extremadamente no conformistas con el género. Hay sin embargo al menos tres implicaciones potencialmente importantes. Primero, mucho antes de que emerja la atracción sexual, algunos niños y niñas que al crecer serán no heterosexuales son marcadamente diferentes de otros niños y niñas. A decir verdad, la no conformidad de género en infancia es a menudo evidente a los dos años (Cohen-Kettenis & Pfäfflin, 2003). Segundo, hay poca evidencia de que los niños y niñas no conformes con su género hayan sido alentados o enseñados a compartarse de ese modo: en lugar de ello, la no conformidad de género en infancia típícamente emerge después de una socialización convencional.  Tercero, las diferencias entre niños y niñas que al crecer serán no heterosexuales y los que al crecer serán heterosexuales están relacionadas con la conducta sexotipificada y la identidad de género (Bailey & Zucker, 1995; Zucker & Bradley, 1995). El contenido de estas diferencias provee algunas claves potenciales sobre las causas de la orientación sexual, sobre las que discurrimos más abajo.

 

Aparición [Onset] de la atracción sexual

Los niños no pueden conocer sus orientaciones sexuales hasta que experimentan atracción sexual hacia su mismo sexo o hacia el otro. ¿Cuándo ocurre esto? En la Norteamérica actual es imposible estudiar niños y niñas reales mientras van cobrando conciencia sexual.  Un estudio de esa índole sería un campo minado politico o un campo minado ético. Por tanto, la aparición de la atracción sexual se ha estudiado usando informes retrospectivos de adolescentes y adultos.

Los estudios ha demostrado que los sujetos en promedio recuerdan haber tenido sus primeros sentimientos de atracción sexual a los 10 años, (McClintock & Herdt, 1996). Varones y mujeres informan edades similares. Los 10 es varios años antes de la edad típica del inicio [onset] de la actividad sexual (Cavazos-Rehg et al., 2009). Esto es consistente con un estudio retrospectivo temprano que muestra que hombres y mujeres homosexuales recuerdan que sus primeros sentimientos homosexuales preceden unos tres años a sus primeras experiencias homosexuales (Bell, Weinberg, & Hammersmith, 1981). Aunque esta brecha puede haber cambiado desde aquella publicación, el punto importante (al que volveremos) es que la gran mayoría de personas no heterosexuales recuerdan que los deseos homosexuales precedieron a las experiencias homosexuales.

¿Cómo experimentan las personas no heterosexuales el reconocimiento de los sentimientos homosexuales? En un estudio retrospectivo, los hombres homosexuales informaron que sus atracciones sexuales tempranas no fueron necesariamente una fuente de zozobra (Savin-Williams, 1996). Las atracciones del mismo sexo a menudo fueron experimentadas como una obsesión con estar cerca de adolescentes y adultos del mismo sexo, a menudo masculinos y mayors, como maestros y entrenadores varones. Eventualmente, estos hombres reconocieron que sus deseos del mismo sexo raramente eran compartidos por otros, no estaban permitidos y debían ser ocultados. Aunque las primeras experiencias homosexuales pueden producirse en el contexto de relaciones románticas, no es algo fuera de la común que estas experiencias se produzcan con extraños (Savin-Williams & Diamond, 2000).

En promedio, las mujeres homosexuales describen que sus atracciones del mismo sexo están más cargadas emocionalmente que sexualmente. La autoidentificación lésbica o bisexual de la mujer a menudo precede el inicio de la actividad homosexual, y primero las atracciones y conductas sexuales con el mismo sexo a menudo se experimentan dentro del contexto de una relación romántica (Savin-Williams & Diamond, 2000).

Los individuos identificados como bisexuales típicamente experimentan uun reconocimiento tardío de las atracciones del mismo sexo comparados con los hombres y mujeres homosexuales. Esto puede reflejar el hecho de que la identidad bisexual generalmente sigue al establecimiento de una identidad heterosexual (Fox, 1995; Weinberg, Williams & Pryor, 1994). Las personas homosexuales son atípicas de dos modos: su falta de atracción por el otro sexo y su atracción incrementada por el propio. En contraste, las personas bisexuales son atípicas solamente en este ultimo sentido, y esto puede demorar que hagan el reconocimiento de su propia diferencia.

 

No Conformidad de Género en Adultez

 

Sería sorprendente si las grandes diferencias de orientación en no conformidad de género en la infancia desaparecieran sin rastro al llegar la adultez. Persisten varias diferencias entre los adultos heterosexuales y no heterosexuales. Incluyen patrones de intereses ocupacionales y recreativos (Lippa, 2005a, 2005b). La investigación indica que los hombres heterosexuales tienen mayor interés en ocupaciones y hobbies que se enfocan en cosas y menos interés en los que se enfocan en personas, en comparación con las mujeres heterosexuales (Lippa, 2005a; Su, Rounds, & Armstrong, 2009). En contraste, los hombres homosexuales muestran un patron de intereses algo femenino, y las mujeres homosexuales un patrón de intereses algo masculino. Las diferencias de orientación son grandes, aunque más pequeñas que las diferencias de sexo. Son consistentes con las diferencias ocupacionales entre personas homosexuales y heterosexuales. Esto es consistente con los estereotipos sobre diferencias ocupacionales entre personas homosexuales y heterosexuales. Esto las hace más difícil de interpretar que las diferencias de infancia porque los adultos homosexuales, y también los heterosexuales pueden, consciente o inconscientemente, amoldar su conducta en concordancia con las expectativas de la sociedad.

Otras diferencias entre adultos homosexuales y heterosexuales incluyen patrones de movimiento (i.e., gestos y modo de caminar) y de habla (i.e., articulación), la presentación física (i.e., elecciones de vestimenta y peinados; Bailey, 2003; Rieger et al., 2008; Rieger, Linsenmeier, Gygax, Garcia, & Bailey, 2010), e incluso apariencia facial (Rule, Ambady, Adams, & Macrae, 2008). Estas diferencias también tienden a ser grandes y ayudan a explicar el fenómeno por el que a veces los individuos pueden juzgar la orientación sexual de un sujeto-blanco elegido observando aspectos superficiales del comportamiento no sexual del sujeto-blanco  (“radar gay”). Así como con la no conformidad de género en intereses, la no conformidad de género en movimientos, habla y presentación física puede estar influida por las expectativas de la sociedad. Los individuos homosexuales y heterosexuales también tienden a diferir en sus desempeños en tests cognitivos y de personalidad que muestran diferencias sexuales. Por ejemplo, lose studios de habilidades visuoespaciales y de fluidez verbal muestran que los individuos homosexuales están desplazados hacia el otro sexo (M. Peters, Manning, & Reimers, 2007; Rahman, Abrahams, & Wilson, 2003). De modo similar, los estudios de neuroticismo  9[11] indicaron que los individuos homosexuales están corridos en una dirección sexoatípica (Lippa, 2008). Es importante notar, sin embargo, que los tamaños de efecto para habilidad cognitiva y personalidad son mucho más pequeños (tanto para sexo como para orientación sexual) que los tamaños de efecto para patrones de interés.

Antes de dejar el tópico de la no conformidad de género, evaluemos una pregunta que aparece comúnmente: ¿Podría la atipicidad de género de los hombres y mujeres homosexuales simplemente reflejar una profecía autocumplida, influida por la cultura? En otras palabras, dado que la sociedad espera que las comunidades LGB a menudo den apoyo a esta atipicidad de género, que celebrant muchas veces en broma, quizás algunas personas homosexuales adoptan características de género atípicas para conformarse a sus propios estereotipos.  La evidencia que hemos reseñado indica que la no conformidad de género a menudo comienza antes de que un niño o niña prehomosexual incluso tenga una orientación sexual o esté consciente de los estereotipos culturales, e indica que se ha encontrado el vínculo entre no conformidad de género y orientación no heterosexual en una amplia variedad de culturas. Por esas dos razones pensamos que es altamente improbable que la no conformidad de género en las poblaciones LGB represente una profecía autocumplida debida a creencias culturales. Sin embargo, es posible que los estereotipos culturales a veces amplifiquen la no conformidad de género entre las personas LGB. Muchos individuos LGB informan haber sido siempre bastante típicos de su género en vestido, apariencia e intereses. Es posible que lleguen a identificarse como LGB, participen en la comunidad LGB, y entonces adopten aspectos de atipicidad de género.

 

Bisexualidad

 

La década pasada ha visto un rápido crecimiento de la investigación sobre la bisexualidad. Esto ha reflejado (a) la conciencia creciente de que una porción nada trivial de las personas no heterosexuales se identifican como bisexuales; (b) el difundido reconocimiento de que los y las bisexuales a menudo han sido social y científicamente marginados; (c) la controversia científica concerniente a la orientación bisexual; y, de modo notable, (d) la apreciable provisión de fondos de investigación hecha por el  American Institute of Bisexuality [Instituto Norteamericano de Bisexualidad] (Denizet-Lewis, 2014). Hasta recientemente, la investigación en orientación sexual a menudo ignoraba a la bisexualidad, como se veía reflejado en los dos abordajes más communes para tartar con sujetos potencialmente bisexuales: excluirlos o combinarlos con sujetos monosexuales.

El tópico de la bisexualidad requiere precisión especial al discutir sobre identidad, atracciones, conducta, excitación y orientación, dada la prevalencia de discrepancias entre estos dominios. La investigación ha descubierto que algunos individuos que se identifican como bisexuales muestran patrones de excitación sexual (y a veces patrones de conducta sexual) que parecen ser predominantemente heterosexuales u homosexuales, en tanto que algunos individuos que se identifican como heterosexuales u homosexuales muestran patrones bisexuales de excitación genital, atracción o conducta. Tales discrepancias reflejan una difusa variabilidad en las definiciones de individuos y comunidades de “bisexuales,” así como la variabilidad en las motivaciones de los individuos para identificarse como bisexuales. Aunque parece razonable presumir que los individuos identificados como bisexuales exhiben tanto atracciones y conducta sexua con el mismo sexo y con el otro sexo, son posibles otros patrones. Algunos individuos se identifican como bisexuales porque previamente se han involucrado en actividad sexual o relaciones íntimas con hombres y también con mujeres, incluso si sus atracciones sexuales del momento están exclusivamente dirigidas hacia el mismo sexo o hacia el otro sexo. Otros individuos se identifican como bisexuales porque periódicamente atracción sexual hacia ambos sexos, incluso si su conducta e identidad sexuales sean exclusivamente homosexuales. Como resultado de esta diversidad, la población de individuos que informan atracciones, conducta o identidad bisexuales contiene individuos con una gama de orientaciones diferentes.

 

Bisexualidad transicional versus persistente

 

Algunos individuos que eventualmente se identificarán como homosexuales temporariamente adoptan una identidad bisexual antes de identificarse definitivamente como homosexuales (Lever, 1994). La identificación bisexual transicional parece ser más común en hombres que en mujeres. En una gran encuesta nacional en EEUU conducida por la revista de noticias enfocada en la población LGB The Advocate [El Defensor] (Lever, 1994),  el 40% de los hombres identificados como gays informan previamente haberse identificado como bisexuales. Dos estudios longitudinales recientes de jóvenes identificados como no heterosexuales descubrieron que los cambios de identidad de bisexual a homosexual eran particularmente comunes entre los varones (Rosario, Schrimshaw, Hunter, & Braun, 2006; Savin-Williams, Joyner, & Rieger, 2012). La identidad y conducta bisexual transicional puede también producirse entre las mujeres en su camino hacia una identidad homosexual (Lever, 1995), aunque las identidades sexuales de las mujeres también cambian, no de modo infrecuente, de homosexuales a bisexuales (L. M. Diamond, 2008).

Los investigadores de la bisexualidad a menudo han reconocido la existencia de la bisexualidad transicional (Fast & Wells, 1975; Harwell, 1976; Klein, 1993; H. L. Ross, 1971; M. W. Ross, 1991), pero sigue estando muy mal comprendida. La muy limitada evidencia existente da apoyo a la idea de que al menos entre varones la identidad de bisexualidad transicional no necesariamente implica una historia de atracciones bisexuales (Guittar, 2013). En cambio los hombres pueden adoptar identidades bisexuales transicionales en el proceso de intentar darle sentido a las partes divergentes de sus atracciones e historias del momento y previas, tales como el hecho de que pueden haber tenido relaciones románticas satisfactoras con mujeres a pesar de sentir atracciones sexuales solamente hacia hombres, o al hecho de que sus encuentros heterosexuales previos pueden haber sido insatisfactorios pero no desagradables. Otros pueden sentir más fácil admitir los propios sentimientos homosexuales si no parecen “descartar totalmente” la posibilidad de atracciones y relaciones heterosexuales. Finalmente, algunos hombres pueden inicialmente identificarse como bisexuales porque tienen patrones de atracción bisexuales pero que, eventualmente, cambian a una identidad gay porque la mayor parte de sus atracciones y la totalidad de sus conductas sexuales involucran a hombres.

Entre mujeres la bisexualidad parece ser un patrón de identidad más estable, así como un patrón más estable de atracción sexual autoinformada (L. M. Diamond, 2008; Savin-Williams & Ream, 2007). Esto es consistente con el hecho (reseñado antes) de que las mujeres tienen más probabilidad que los hombres de informar patrones bisexuales de atracción. Específicamente, una mujer que se da a conocer públicamente como bisexual tiene más probabilidades de estar “en lo correcto” en su afirmación que un hombre, y por tanto más probabilidades de retener ese rótulo con el tiempo y descubrir que provee una representación adecuada de sus atracciones y conducta. Entre hombres y mujeres los estereotipos negativos sobre la bisexualidad (perpetuados dentro de la comunidad gay y en la cultura en sentido amplio) hacen difícil interpretar la adopción o rechazo del rótulo de bisexual de parte de los individuos. Así como algunos individuos con patrones de atracción homosexuales pueden identificarse como bisexuales porque perciben en ello una transición más fácil que la transición directa a homosexuales, otros con patrones bisexuales de atracción pueden identificarse como homosexuales porque son conscientes de que algunos miembros de la comunidad gay consideran que los bisexuales son indignos de confianza, se encierran en la clandestinidad o son promiscuos (Tania & Mohr, 2004).

 

Patrones de excitación sexual de los hombres bisexuales

 

Estas complejidades en la interpretación de las identidades sexuales son la causa de que los investigadores se hayan vuelto hacia medidas más objetivas de las orientaciones bisexuales. Específicamente,  los investigadores han usado mediciones de excitación genital para determinar si los hombres que se identifican como bisexuales también tienen patrones de excitación bisexual (dado que algunos hombres pueden identificarse como bisexuales a pesar de tener patrones de excitación homosexual).

Para evaluar los patrones bisexuales de excitación genital en hombres, primero es necesario decidir qué apariencia debe detener este patrón de excitación en relación con un patron de excitación monosexual. Una posibilidad es que los individuos con patrones de excitación bisexuales muestren menos diferencia (comparados con los monosexuales) en sus respuestas a hombres en comparación con sus respuestas a mujeres (Rosenthal, Sylva, Safron, & Bailey, 2012).  Otro abordaje subraya el grado general de excitación ante el sexo “menos preferido” de la persona en cuestión (Rieger, Chivers, & Bailey, 2005). Consideremos el primer abordaje. En la medida en que los hombres identificados como bisexuales tienen patrones de excitación bisexual, tienen que tener diferencias absolutas más pequeñas entre su excitación ante estímulos de varón y de mujer comparados con los hombres monosexuales. Esto es, un patron de excitación bisexual implica un grado de excitación relativamente similar ante estímulos eróticos de varón y de mujer. La justificación racional de este abordaje, que se enfoca en la excitación ante el sexo menos preferido, es que un hombre bisexual mostrarían mayor excitación ante los estímulos de mujer que la mostrada por hombres homosexuales, así como mayor ante los estímulos de varón que la mostrada en general por los hombres heterosexuales. Por tanto, la excitación de un hombre bisexual ante estímulos que pintaran su sexo menos excitante (sea éste el que fuera) debería ser más grande que para los hombres monosexuales. Las variables dependientes que usan ambos abordajes están altamente correlacionadas, y los dos análisis tienden a proveer resultados similares (Rosenthal et al., 2012).

Dos estudios han examinado los patrones de excitación genital de los hombres bisexuales, heterosexuales y homosexuales. Dos encontraron que los patrones de excitación sexual subjetivos autoinformados de hombres bisexuales eran relativamente bisexuales, comparados con los de monosexuales, pero sus patrones de excitación genital no lo eran (Cerny & Janssen, 2011; Rieger et al., 2005). [12] El otro estudio encontró efectos estadísticamente robustos y fuertes tanto para las mediciones subjetivas como para las genitales, dando apoyo a la hipótesis de que los hombres bisexuales tienen patrones de excitación relativamente bisexuales (Rosenthal, Sylva, Safron, & Bailey, 2011, 2012). ¿Qué hallazgo es correcto?

Probablemente los dos sean verdad, cada uno para un conjunto diferente de hombres identificados como bisexuales. Los estudios que no pudieron encontrar correspondencia la identidad bisexual y los patrones de excitación usaron criterios de inclusión para bisexualidad relativamente liberales:  alcanzaba con que los homose considerasen a sí mismo bisexuales y tuvieran puntajes autoinformados de la Escala de Kinsey en la gama bisexual. En contraste, el estudio que encontró correspondencia requería que los hombres bisexuales hubieran tenido tanto experiencias sexuales como románticas con miembros de ambos sexos (lo que podría haber excluido con más eficacia a los hombres cuyas orientaciones fueran más monosexuales por naturaleza a pesar de su identificación como bisexual.

Las conclusiones más defendibles de este trabajo son que algunos hombres identificados como bisexuales tienen patrones de excitación genital bisexual y que algunos no los tienen. Esto provee fuerte evidencia contra la idea (a menudo estereotipada) de que la bisexualidad del varón no existe y que todos los varones identificados como bisexuales están haciendo una mala representación de su orientación sexual. Sin embargo siguen quedando sin respuestas algunas preguntas básicas concernientes a la prevalencia de los fenómenos bisexuales de varón y mujer y las diferencias específicas entre febpinebis bisexuales y homosexuales; esto sigue siendo un tópico activo de investigación.

 

Causas de la Orientación Sexual

 

La pregunta de cuál es la causa de que diferentes personas sean héteros, bis u homosexuales ha evocado intenso interés en el público general (e.g., Finkelstein, 2006; Swidey, 2005). Sin embargo, la pregunta no es inhabitual entre las preguntas científicas interesantes porque también ha provocado intense controversia, que en parte refleja las diferencias sociopolíticas y morales entre quienes disputan (Pitman, 2011; para ejemplo, véanse las secciones relevantes de los sitios web de la National Association for the Research and Therapy of Homosexuality [Asociación Nacional para la Investigación y Terapia de la Homosexualidad], http://www.narth.com/#!gay—born-that-way/cm6x, y de Truth Wins Out [La Verdad Vence], http://www.lgbtscience.org).

 

Las políticas de la causación de la orientación sexual

 

Hay una fuerte correlación entre las creencias entre los orígenes de la orientación sexual y la tolerancia de la no heterosexualidad, una correlación que se ha mantenido estable por varias décadas (Lewis, 2009). Específicamente, quienes creen que la orientación sexual es “innata,” “biológica,” “immutable,” o “traída al nacer”[13] tienen una especial probabilidad de favorecer la igualdad de derechos para las personas homosexuales y bisexuales. A menudo las cuatro palabras son usadas por quienes participan en el debate politico sobre las causas de la orientación sexual, a pesar de que ninguna de esas palabras tiene una interpretación directa, consistente y uniforme.

La asociación entre actitudes políticas sobre homosexalidad y creencias sobre las causas de la orientación sexual está en gran medida fuera de lugar (Greenberg & Bailey, 1993). Está basada en un razonamiento defectuoso sobre la causación y su relevancia para los juicios morales. Se ha entrometido sin ser de ayuda en las controversias sociales que afectan las vidas de la gente homosexual y bisexual. Por ejemplo, en los Estados Unidos se limitaron los fondos para la investigación básica de la orientación sexual por la controversia política. Conocemos varios casos en que a los solicitantes de subsidies federales noerteamericanos se les pidió que cambiaran los títulos de sus solicitudes para ocultar sus tópicos de estudio de gente hostil a esta investigación. En los tópicos políticamente controvertidos es precisamente donde hay que buscar información basada en la ciencia, donde sea relevante. Pero es importante pensar con claridad qué es y qué no es relevante. Debemos por tanto hacer un prefacio de nuestra reseña de la evidencia científica sobre las causas de la orientación sexual con una crítica conceptual (y esperamos que con una corrección) de los modos en que a menudo razona la gente sobre cómo se relacionan estas causas con las preguntas sociales, políticas y morales.

 

La cuestión de la elección

¿La gente elige ser homosexual o heterosexual? Quizás esta pregunta es la pregunta causal más común que se formula en el contexto sociopolítico. Se formula de modo mucho menos común en contextos científicos porque, como veremos, es una mala pregunta. Esto es en parte porque hay al menos dos significados diferentes y mutuamente inconsistentes de “elección” que a menudo se hacen converger.

 

La elección como acción incausada. La correlación entre las creencias que uno tenga sobre las causas de la orientación sexual y el grado de tolerancia que se tengan ante la no heterosexualidad parece estar basado en la lógica siguiente: si hay causas que no sean el libre albedrío que conducen a ciertas personas a la no heterosexualidad, entonces esas personas nunca estuvieron totalmente libre para ser heterosexuales y por tanto no puede achacárseles la responsabilidad de ser no heterosexual. Por ejemplo, hallar un gen que aumenta la probabilidad de que un hombre sea homosexual significaría que el hombre no es totalmente libre de elegir ser heterosexual. En la medida que el gen causa su homosexualidad, no deberíamos ni acusarlo ni discriminar en su contra. Ésta es la esencia del argumento relativo a la orientación sexual y la elección.

Con todo éste es un mal argumento, y la palabra “elección” (con sus conceptos asociados como libertad y responsibilidad) yace en la raíz del problema. ¿Por qué el descubrimiento de un gen de la orientación sexual implicaría que la homosexualidad no es libremente elegida? Sería así sólo si se pudiera asumir que el libre albedrío es la hipótesis nula en la que se resquebrajan los estudios causales. Sin embargo esta presunción no es científica ni intelectualmente defendible (Dennett, 1984; Pinker, 2003). Por ejemplo, en la medida que un rasgo no es genético, su causa es el ambiente, no el libre albedrío. Si un rasgo no está presente desde el nacimiento, entonces fue causado no por el libre albedrío sino por eventos producidos después del nacimiento,.

 

Elección como decisión de actuar. Hay un sentido alternativo de “elección” que es más significativo: el sentido de tomar una decision. El sentido en lenguaje corriente de  “elección” es algo que se entiende comúnmente. “Elegí levanter la mano,” “Elegí comer broccoli,” “Elegí robar un banco,” y “Elegí tener sexo con esa persona” son todas oraciones significativas. Éste es el sentido de “elección” que probablementeusa la gente cuando debaten sobre si la orientación sexual es una elección de estilo de vida. Nóteses que la causa no tiene nada que ver con ello. Las cuatro oraciones tienen todas sentido aunque las respectivas elecciones a las que se refieren podrían estar todas determinadas por una combinación de factores genéticos y ambientales. La gente podría elegir hacer cosas por razones ambientales: quizás a una mujer se le ofreció un millón de dólares para que levante la mano. O podrían elegir hacer cosas por razones genéticas: quizás un hombre eligió un auto azul porque su ceguera a los colores, genéticamente determinada, hizo que los autos rojos y verdes fueran de un gris poco atractivo. En un mundo determinista (presumido por los científicos conductistas), las decisiones tienen causas.

El significado de las palabras puede ser iluminado por cómo las usa la gente, y una importante regularidad en el modo en que las personas usan “elección” concierne a la distinción entre conducta y sentimientos. Elegimos nuestras acciones, pero no elegimos nuestros sentimientos. Consideremos las dos oraciones siguientes:

 

1. “Elijo tener sexo con parejas de mi propio sexo.”

2. “Elijo desear tener sexo con parejas de mi propio sexo.”

 

La primera oración es convencional y sensata; la segunda oración no es ninguna de las dos cosas. Einstein resumió el famoso argumento de Schopenhauer de un modo muy apropiado: “El hombre puede hacer lo que desee, pero no puede desear desear” (así lo cita Planck, 1933, p. 201) 9[14].  Aplicado a la orientación sexual, tiene sentido decir que la gente elige sus parejas sexuales, pero no tiene sentido decir que elige sus deseos. La orientación sexual se define como deseo relativo por parejas del mismo sexo o del otro sexo.  De este modo no tiene sentido decir que uno elije la orientación sexual que se tiene; sin embargo, uno elige comportarse consistente o inconsistentemente con la propia orientación sexual.  Ésta es una elección de estilo de vida. 10[15]

 

Una pregunta defectuosa. La pregunta de si la gente elige o no sus orientaciones sexuales ha nublado, y no clarificado, el pensamiento. Podemos responder la pregunta sin saber nada científico sobre las causas de la orientación sexual, porque la respuesta depende íntegramente de lo que signifiquemos por “elección” y “elegir.” Si una “elección” requiere una carencia de causas, entonces las personas no pueden elegir su orientación sexual porque toda conducta humana tiene causas. Si “elegir” significa “tomar una decisión,” entonces no elegimos nuestras orientaciones sexuales porque las orientaciones sexuales son patrones de deseo sexual, y no elegimos nuestros deseos sexuales. Por supuesto, los defensores de los intentos terapéuticos de cambiar la orientación sexual podrían argumental que incluso si inicialmente los deseos sexuales no son elegidos, los individuos pueden elegir alterar sus deseos mediante procesos de condicionamiento y refuerzo. Sin embargo, como debatiremos en mayor detalle después, no hay evidencia de que estos intentos tengan éxito.

 

¿Es la causación relevante en algún aspecto?

 

Incluso si la pregunta de si las personas eligen sus orientaciones sexuales es mala, esto no sifnifica necesariamente que todas las preguntas sobre las causas de la orientación sexual sean irrelevantes para las preocupaciones políticas, sociales y éticas. Desdichadamente, habitualmente se da por sentada esta relevancia en lugar de argumentar sobre ella. Además, en los casos donde se explicita la argumentación, típicamente no es más que argumentar que cualquier causa discernible niega el libre albedrío, y ya hemos visto que esto es inválido.

Una base más comprensible sobre la que la gente difiere en sus respuestas morales y políticas a la homosexualidad está en sus creencias sobre sus consecuencias, más que sobre sus causas.  Quienes creen que la homosexualidad tiene efectos negativos sobre el funcionamiento sicológico, moral o social desaprueban la homosexualidad y pueden buscar desalentarla restringiendo su expresión y limitando los derechos homosexuales. En contraste, quienes creen que no hay consecuencias negativas de la homosexualidad favorecen los derechos de los homosexuales a vivir abiertamente y a disfrutar de los mismos derechos que los heterosexuales.  Estos cimientos (más que las preguntas de causación y elección) son las bases adecuadas para librar la batalla por derechos iguales para gente no heterosexual. [16]

Esto no significa disminuir la importancia de la investigación básica sobre orientación sexual, inclluyendo la investigación sobre causación. A pesar de nuestro pesimismo sobre la importancia de la investigación causal para resolver preguntas sociales, hay algunos casos específicos y limitados en los que es relevante. Un ejemplo concierne a la creencia, expresada por el Presidente Museveni en Uganda así como por activistas antihomosexuales en todo el mundo, de que las personas homosexuales intentan reclutar a otros para que se sumen a la homosexualidad. Igualmente importante es la cuestión de si la orientación sexual de los individuos puede ser cambiada por terapias de “conversión,” “reparadora,” o de “reorientación” y si las organizaciones sicológicas deben considerar seguras y efectivas a estas terapias. Las afirmaciones sobre el reclutamiento homosexual y sobreel éxito de las terapias de conversion son afirmaciones causales, y las examinamos en una sección posterior.

A nuestros ojos, la mejor justificación por sí del estudio de las causas de la orientación sexual es científica, no sociopolítica.  Para decirlo muy simplemente, la orientación sexual es un rasgo básico humano que influye en la identidad y la conducta tanto en el nivel del individuo como en el del grupo, y es por tanto fundamentalmente importante e interesante para entender sus causas y desarrollo. Para esto en las secciones siguientes resumimos el estado actual de esta comprensión.

 

Una taxonomía de preguntas causales

 

Los no expertos son expuestos a los resultados científicos primordialmente a través de los medios noticieros. Los periodistas tratan de lograr un compromiso juicioso entre la precision científica y la comprensibilidad; a veces fallan. Incluso a veces los científicos no son tan precisos como debieran. Se han usado una plétora de términos en los dos lados del debate natura-nurtura. Para natura, “biológico,” “genético,” “hereditario,” “heredable,” “innato,” “traído al nacer,” “natural” y  “esencial.” Para nurtura: “elegido,” “aprendido,” “adquirido,” “ambiental,” “socializado,” “antinatural” y “construido socialmente.” Algunos de estos términos se han originado en científicos y han sido aplicados con precisión en estudios particulares pero se sobregeneralizaron a otros estudios donde no eran aplicables. Otras personas, tales como “elegida,” son raramente usadas por científicos pero son común mente (y erróneamente) usados por legos. Es importante notar que palabras que en uso informal son tratadas como sinónimos a menudo tienen definiciones forVaróns muy diferentes. Así, es importante corregir algunos Varónntendidos comunes sobre terminología antes de seguir.

Las primeras dos columnas de la Tabla 2 ponen en lista algunas palabras muy usadas en el debate natura-versus-nurtura . Las palabras adyacentes en las mismas columnas de “Natura” o “Nurtura” representan sinónimos: distinciones conceptuales que son disociables pero no completamente independientes. Las palabras de la misma fila pero en diferentes columnas representan opuestos conceptuales (o complementos). Las dos columnas finales de la Tabla 2 llevan nuestros juicios de si las distintciones conceptuales implicadas por una palabra dada son válidas y si si esas distinciones son precisas o requieren elaboración más profunda.

 

Tabla 2. Términos Relacionados con la Causalidad que se Usan Comúnmente en Debates Científicos y Políticos Sobre la Orientación Sexual

Términos de Natura

Términos de Nurtura

¿Significativos?

¿Precisos?

Elegida

No

No

Biológica

No

No

Genética, heredada, heredable.

Ambiental

Hormonal

No hormonal

No

Innata, traída al nacer,  congénita.

Aprendida, adquirida, socializada

Inciertos

No

Natural

Antinatural

Inciertos

No

Esencial

Socialmente construida

No

 

Ya nos hemos ocupado de la vacuidad conceptual de “elección.” Otra palabra que oscurece más de lo que clarifica es “biológico.” Como todas las conductas requieren participación de cerebro y cuerpo, y esa participación es mensurable (al menos en principio) toda conducta es “biológica” (Greenberg & Bailey, 1993). De este modo, la palabra no denota nada único ni excepcional sobre ningún rasgo o conducta. Aunque “biológico” es a menudo usado sinónimamente con otras palabras en la columna “Natura” de la Tabla 2, esta práctica debe cesar y deben ser usadas en su lugar palabras más precisas y exactas. La medida en que un rasgo es “genético” o “ambiental” es una pregunta conceptualmente significativa y precisa, aunque a menudo puede ser difícil en la práctica proveer una respuesta precisa.

El grado en que las personas difieren en un rasgo como resultado de diferencias genéticas o ambientales entre ellas puede ser estimado como heredabilidad, que se expresa como una proporción que va de 0 (solamente importan las diferencias de ambiente) a 1 (solamente importan las diferencias genéticas), para lo que se usa metodología que incluye estudios de adopción y de mellizos.

La idea de que las diferencias hormonales puede conducir a diferencias de orientación sexual ha sido especialmente influyente (Ellis & Ames, 1987; LeVay, 2011). El grado en que las diferencias de rasgo reflejan diferencias en hormonas es generalmente significativo y está íntegramente separado de la cuestión de la influencia genética. Si los genes de la orientación sexual existen, pueden operar o no por vía de senderos hormonales. Inversamente, las diferencias hormonales pueden no depender de las diferencias genéticas (aparte del rol inicial del cromosoma Y en provocar al aparición de andrógenos en los varones). De este modo, la evidencia referente a la heredabilidad no provee evidencia relativa a la influencia hormonal,  y viceversa. El grado en que un rasgo está influido por hormonas es una pregunta menos precisa comparada con el grado en que está influido genéticamente. Un rasgo puede estar influido hormonalmente por vía de los niveles de hormonas que estén presentes en el momento en el tejido relevante; alternativamente, puede haber sido influido por vía de los niveles de hormonas presents durante la organización del tejido, o puede haber sido influido por la receptividad a las hormonas, sea en el presente o durante la organización; probablemente hay otras posibilidades. Ni tampoco las evaluaciones de niveles de hormonas arrojan un índice numérico comparable a la heredabilidad.

La calidad de innato es un concepto famosamente difícil (Elman et al., 1998), en gran parte porque tiene una cantidad de diferentes connotaciones (Mameli & Bateson, 2006). Para la orientación sexual, la cuestión de si es innata se pregunta con máxima significación como sigue: Cuando las personas tienen diferentes orientaciones sexuales, ¿es esto porque han tenido diferentes experiencias sociales posnatales, o las diferentes orientaciones sexuales emergieron a pesar de sus experiencias sexuales? Si las diferencias en experiencias sociales importan, entonces la orientación sexual no es íntegramente innata; si no importan, entonces sí lo es. [17]12  Para los humanos, las “experiencias sociales” significan experiencias que involucran a otras personas, y los mecanismos a través de los que según se piensa estas experiencias influyen en el desarrollo comprenden diversas formas de aprendizaje y refuerzo. En contraste, los mecanismos del desarrollo innato incluyen prácticamente todo lo demás: genes, hormonas, perturbaciones azarosas de desarrollo prenatal, infecciones y otros factores demasiado numerosos para ponerlos en la lista. Así, aunque las influencias genéticas y hormonales de la orientación sexual constituyen influencias innatas, no todas las influencias innatas requieren genes u hormonas.  Se puede argumentar que el debate sobre innatismo se enfoca mejor sobre si hay un candidato en particular entre las influencias sociales que importe, y no sobre si cualquier influencia social importa.

La pregunta sobre si la orientación sexual es “natural” o “antinatural” ha tendido a ser formulada en el contexto de debates religiosos, con los defensores del partido antihomosexual insistiendo en que la homosexualidad es antinatural  (e.g., TFP Committee on American Issues [18] [Tradition, Family and Property Committee , 2004) y con sus oponentes insistiendo en que es natural (e.g., A. Jackson, 2013). ¿Qué puede significar esta pregunta? Tiene al menos tres interpretaciones diferentes. Primero, ¿está presente la homosexualidad en aniVaróns no humanos? Segundo, ¿es la homosexualidad un resultado de la evolución humana? Tercero, ¿es consistente la homosexualidad con la ley natural? Esta tercera pregunta es filosófica más que científica (Pickett, 2011) y no la consideramos aquí. En contraste, las dos primeras interpretaciones de la pregunta son científicamente interesantes y significativas. Con todo, sus respuestas no son de importancia moral.

La última fila de la Tabla 2 se refiere a un debate que no conducen principalmente ni científicos ni miembros del público general. En lugar de ello, si la orientación sexual es una categorización de personas esencial o socialmente construida ha sido en gran medida la preocupación de los eruditos de la sociedad y cultura humanas, incluyendo a filósofos, historiadores, teóricos sociales, antropólogos culturales y sociólogos (e.g., Norton, 1997; Stein, 1992). Uno de los principales problemas de este debate concierne al grado en el que se manifiesta la orientación sexual y es reconocida de un modo similar a través de las culturas, tanto geográfica como históricamente. Quienes creen que la orientación sexual es construida socialmente subrayan la variación cultural, en tanto que a quienes creen que es un rasgo humano esencial los impresionan sus regularidades transculturales. En la siguiente sección se estudia la evidencia transcultural.

 

La orientación sexual a través de la cultura y la historia

 

En un discurso pronunciado en la Universidad de Columbia University, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad afirmó “En Irán no tenemos homosexuales como en este país” (“‘No tenemos Gays en Irán,’” 2007, para. 1). La idea de que la homosexualidad existe en algunas épocas o lugares pero no en otras (o, de modo menos radical, que exhibe diferentes frecuencias y formas a lo largo de diferentes épocas y lugares) requiere datos difíciles de obtener. Establecer hechos sobre sexualidad es bastante complicado en el mundo contemporáneo occidental,  relativamente abierto y donde se pueden emplear encuestas representativas e incluso mediciones objetivas.  Inferir hechos y conductas bajo el tabú en diferentes culturas y períodos temporales es mucho más difícil. Hacer estas inferencias es por lo general trabajo de antropólogos e historiadores, que lo hacen lo mejor que pueden. Por otra parte, es importante reconocer las limitaciones de los datos y ser escépticos sobre las sorprendentes afirmaciones que parecerían depender de datos mejores que los que existen en la actualidad.  Además estos datos son (con todas sus limitaciones) todo lo que tenemos.  Esperamos que en todas las culturas la vasta mayoría de los individuos estén sexualmente predispuestos al otro sexo (i.e., sean heterosexuales) y que solo una minoría de individuos estén sexualmente predispuestos (sea exclusive o no exclusivamente) al mismo sexo. Los datos que pueden hablarnos de este tema son sumamente limitados pero consistentes con esta conclusión (e.g., VanderLaan et al., 2013; Whitam & Mathy, 1986).

En contraste, la identidad y conducta sexuales son de lejos más susceptibles a la variación cultural. De hecho, las categorías de identidad sexual de “gay,” “lesbiana,” y “homosexual” son histórica y culturalmente específicas, y no se traducen necesariamente a otros tiempos y lugares (Blackwood & Wieringa, 1999; Boswell, 1982/1983; Murray, 2000; Nanda, 2014; Norton, 1997). Por consiguente los modos en que muchos individuos no occidentales atraídos al mismo sexo y que los gays y lesbianas occidentales piensan sobre sí mismos y trazan patrones para sus vidas (sexuales o de otro tipo) pueden diferir en aspectos importantes.  Así, cuando individuos de culturas no occidentales dicen que no hay “gays,” “lesbianas,” u “homosexuales” en sus sociedades, no necesariamente son imprecisos o deshonestos: se basan en su comprensión de lo que significa ser “gay,” “lesbiana,” u “homosexual” y ninguno en su sociedad se identifica o se comporta como tal, ni tampoco identifican así a otros miembros de su cultura. Sin embargo, eso no significa que su cultura no contenga individuos atraídos por el mismo sexo.

Un abordaje para el estudio transcultural de la sexualidad con el mismo sexo implica enfocarse en su estructura profunda y no en sus construcciones y significados culturalmente específicos (Vasey & VanderLaan, 2014). La estructura profunda de la sexualidad del mismo sexo puede pensarse como un conjunto de rasgos que caracterizan confiablemente a los varones atraidos al mismo sexo y otro conjunto que confiablemente caracteriza a las mujeres atraídas por el mismo sexo, sin tener en cuenta el contexto cultural en que se encuentran estos individuos. Para esto, enfocarse en las atracciones sexuales de los individuos facilita las comparaciones transculturales, dado que se han observado individuos en todas las culturas que informan experimentar atracciones sexuales, y por tanto las atracciones sexuales pueden ser consideradas un fenómeno humano universal. En contraste, enfocarse en las identidades o conductas sexuales no facilita las comparaciones transculturales de la sexualidad del mismo sexo, dado que no todas las culturas tienen una idea de la identidad sexual y que no todas las culturas permiten que los individuos se dediquen a realizaar las conductas sexuales que concuerdan con sus deseos.

“Androfilia” y “ginefilia” son términos útiles para denotar las atracciones básicas sexuales humanas. La androfilia se refiere a la atracción sexual y excitación ante los varones adultos, en tanto que la ginefilia se refiere a la atracción y excitación sexuales ante mujeres adultas. Los hombres homosexuales y las mujeres heterosexuales son androfílicos, y los hombres heterosexuales y las mujeres homosexuales son ginefílicos. Los términos “androfilia” y “ginefilia” son preferibles a términos tales como “homosexual” y “heterosexual” porque estos últimos términos han sido usados y definidos específicamente en un contexto cultural occidental y a menudo cumplen “triple función” al server como descripciones de atracciones, conducta e identidades. Los términos “androfilia” y “ginefilia” evitan estos problemas y por lo tanto preveen descripciones más precisas. Aunque los individuos con atracciones del mismo sexo pueden diferir de modos espectaculares de una cultura a la otra, todos pueden ser descritos con precision como o bien hombres biológicos androfílicos o mujeres biológicas ginefílicas.

La manera en que la atracción sexual del mismo sexo se expresa públicamente varía a través del tiempo y el espacio cultural (Blackwood & Wieringa, 1999; Murray, 2000; Norton, 1997; Whitam & Mathy, 1986).  La sexualidad del mismo sexo entre adultos típicamente toma una de dos formas culturalmente recurrentes, relacionadas con la realización de los roles de género y la identidad de género. Estas dos formas son la androfilia del varón y la ginefilia de la mujer en sus formas cisgenérica 13[19] y transgenérica 14[20] .

Los cisgenéricos andrófilos varones y las cisgenéricas ginéfilas mujeres ocupan el rol de género típico de sus sexos y se identifican como “hombres” y “mujeres,” respectivamente. Ésta es la forma de homosexualidad casi universal en el Occidente contemporáneo.  En contraste, los transgéneros andrófilos varones y las transgéneras ginéfilas mujeres no ocupan el rol de género típico de sus sexos. No solamente se comportan en un modo altamente géneroatípico, sino que a menudo se identifican, y son identificadas por otros, como personas ni “hombres” ni “mujeres” sino como miembros de alguna categoría de género alternativa. Los ejemplos de transgenéricas andrófilas varones incluyen las kathoey de Tailandia (P. Jackson, 1997), las xanith de Omán (Wikan, 1977), las muxes de México (Chiñas, 1992), y las fa’afafine de Samoa (Vasey & VanderLaan, 2014). Algunos ejemplos contemporáneos de transgenéricas ginéfilas mujeres incluyen los tombois de Sumatra (Blackwood, 2010) y los mahu de Tahití (Elliston, 1999).

En algunas culturas, la transgeneridad andrófila del varón y la transgeneridad andrófila de la mujer se vinculan a prácticas laborales particulares institucionalizadas, que a menudo involucran actividades religiosas especializadas. Este tipo de androfilia transgenérica del varón ha sido denotada como “definida por la profesión” (Adams, 1986). Por ejemplo, en el subcontinente indio los andrófilos transgenéricos varones conocidos como hijra otorgan bendiciones de los dioses y diosas hindúes para la suerte y la fertilidad en los casamientos y las fiestas de nacimiento de los bebés varones (Nanda, 1998). En Sulawesi, Indonesia, las transgenéricas varones androfílicos conocidos como bissu son chamanes que bendicen a la gente para que tengan buena salud y viajes exitosos, y tienen importantes roles rituales en los casamientos (Peletz, 2009). Estos roles religiosos institucionalizados a veces acarrean con ellos la expectativa de ascetismo, pero a menudo este ideal no se concreta (e.g., Nanda, 1998; Peletz, 2009). En general, los individuos atraídos por el mismo sexo se autoseleccionan para cumplir estos roles, probablemente porque son reconocidos como nichos socialmente aceptables (Murray, 2000).

Los cisgenéricos andrófilos varones y las cisgenéricas ginéfilas mujeres se comportan de un modo relativamente típico de su género cuando se los compara con sus contrapartes transgenéricos. Sin embargo, son relativamente atípicos en género cuando se los compara con hombres cisgenéricos ginefílicos y mujeres cisgenéricas androfílicas (Bailey, 2003; Cardoso, 2013; Lippa, 2008; Whitam & Mathy, 1986; L. Zheng, Lippa, & Zheng, 2011). Así, sin tener en cuenta la forma que toman, la androfilia del varón y la ginefilia de la mujer están asociadas con atipicidad de género. Sin embargo, la fuerza de esta asociación varía con el modo en que se expresa públicamente la sexualidad del mismo sexo.

Tanto las formas cisgenéricas como las transgenéricas de la sexualidad del mismo sexo pueden darse dentro de una cultura dada, pero típicamente predomina la una o la otra (Murray, 2000; Whitam & Mathy, 1986). La forma cisgenérica tiende por ejemplo a ser mucho más común en muchas culturas occidentales.  Contrastando la forma transgenérica parece ser más común en muchas culturas no occidentales. Donde las dos formas coexisten, sus miembros a menudo consideran que los de la otra  son parte de la misma subcultura (Whitam & Mathy, 1986). Margaret Mead observó una reunión en la que una minquga omaha (i.e., una transgénero andrófila varón) y un hombre homosexual japonés (i.e., un andrófilo cisgenérico varón) que visitó la ubicación de su campamento en 1961 rápidamente se reconocieron entre sí. A la hora de haber llegado el japonés, la única minquga de la tribu apareció e intentó hacer contacto con él (Mead, 1961). De modo similar, el sociólogo Fredrick Whitam (1995) advirtió que, en San Pablo, las travestis (transgéneras andrófilas varones) son una presencia especialmente conspicua en los clubes gays y son tratadas con alto grado de respeto.

En las culturas occidentales contemporáneas, los cisgéneros andrófilos varones típicamente se involucran en interacciones sexuales entre sí; lo mismo es verdad de las cisgéneras ginéfilas mujeres. Esto es, en Occidente, las relaciones homosexuales se dan típicamente entre dos individuos homosexuales. Estos individuos comprenden las comunidades gays y lésbicas occidentales. Este tipo de relación sexual del mismo sexo se lo ha denotado como “igualitario” y está caracterizado por miembros de la pareja que no son marcadamente diferentes en edad  15[21] o en características relativas al género (B. D. Adams, 1986). Dentro de estas relaciones, los miembros de la pareja tienden a no adopter roles sociales especiales, y se tratan entre sí como iguales. En contraste, este patron parece ser relativamente poco común en las culturas no occidentales y ha emergido solo recientemente en ciertos centros urbanos no occidentales (e.g., P. Jackson, 1997).

Aunque los transgéneros andrófilos varones son atraídos por el mismo sexo, rara vez, por no decir ninguna, se involucran en actividad sexual entre sí; lo mismo ocurre con las transgéneros ginéfilas mujeres (Blackwood & Wieringa, 1999; Murray, 2000; Nanda, 2014). En lugar de ello, estos individuos se involucran en actividad sexual con parejas cisgenéricas del mismo sexo que se identifican a sí mismas y son identificadas por otros como “hombres” o “mujeres.” Por ejemplo, en Samoa, los varones por nacimiento muy femeninos, llamados fa’afafine (que significa “al modo de las mujeres”) tienen sexo con hombres samoanos masculinos. Las fa’afafine se sentirían espantadas ante la idea de tener sexo entre ellas.

Se ha enfocado poca investigación en las parejas sexuales cisgenéricas de los varones y mujeres transgéneros atraídos por el mismo sexo. Blackwood (2010, p. 137) advirtió que, en Sumatra, las parejas cisgenéricas mujeres (femmes) de los tombois  “afirman tener una atracción sin complicaciones hacia los hombres, [pero] se ubican a sí mismas (aunque sea temporariamente) bajo el rótulo ‘lesbi’” (un derivado de “lesbiana.”) Esto sugiere un patrón episódico de atracción bisexual de parte de las femmes. En muchas culturas, las interacciones sexuales del mismo sexo entre personas transgéneros y cisgéneros no son consideradas “homosexuales” porque se entiende que son héterogenéricas (Murray, 2000; Nanda, 2014; Norton, 1997). En otras palabras, si un varón cisgénero androfílico y un varón trasgénero androfílico se involucran en sexo, a menudo se entiende que el primer individuo es “el varón de la pareja” en la interacción, en tanto que el segundo individuo es a menudo considerado como “la mujer.” En concordancia, se entiende la interacción como mujer - varón y no varón - varón. El grado en el que los individuos cisgéneros tienen sexo con personas trasgénero de su mismo sexo biológico (i.e., hombres que tienen sexo con hombres con apariencia de mujer y mujeres que tienen sexo con mujeres con apariencia de varón) son percibidos como diferentes de aquellos cuya conducta sexual es solamente con el otro sexo (i.e., heterosexuales convencionales) sigue siendo una pregunta abierta (Norton, 1997).

La actividad sexual con el mismo sexo parece haber existido a todo lo largo de la historia humana. El arte de rocas mesolíticas pinta la actividad de varón con varón (e.g., Nash, 2001). Las tumbas que contienen restos esqueléticos de varón y artefactos típicos de mujer han sido interpretados como evidencia de varones androfílicos transgéneros en el pasado prehistórico (Hollimon, 1997). La documentación escrita más temprana de actividad sexual de varón a varón involucrando a humanos (en oposición a dioses) viene del Antiguo Egipto y se remonta al Nuevo Reino tardío (1292–1069 AC). El relato incluye una cita sexual entre el farón Neferkare y el general del ejército Sisene, quienes vivieron durante la 6ta. Dinastía del Reino Antiguo de Egypto (2345–2181 AC; Meskell, 2001). En fecha tan temprana como el siglo VII AC, la poetisa lírica Safo escribió sobre el amor romántico y el enamoramiento entre mujeres (Campbell, 1982). Aunque se puede cuestionar si estos ejemplos reflejan sucesos reales,al menos sugieren que algunos pueblos prehistóricos y antiguos entendían que la actividad sexual y romántica delmismo sexo estaba dentro del dominio de la posibilidad.

El registro histórico también indica que en muchos tiempos y muchos lugares los varones androfílicos y las mujeres ginefílicas han sido reconocidos por otros y por sí mismos como una clase única en su género de individuos, debido a sus orientaciones sexuales (e.g., Boswell, 1982/1983; Murray, 2000; Norton, 1997). Las tipologías de individuos atraídos por su mismo sexo pueden rastrearse hasta tiempos antiguos. En El Simposio de Platón (c. 385–370 AC), Aristófanes describió su teoría de hombres y mujeres exclusivamente androfílicos y ginefílicos, afirmando que todos los individuos, al buscar amantes, intentan reunirse con un mellizo primordial unido a ellos (en algunos casos varón y en otros mujer) del que habían sido separados. Antiguos textos médicos hindúes del siglo I contienen tipologías de individuos atraídos al mismo sexo que son asombrosamente similares a las modernas (M. Sweet & Zwilling, 1993; Vanita & Kidwai, 2001).

La actividad sexual del mismo sexo entre varones parece haber existido en la mayoría de las culturas de las que hay disponibles datos (e.g., Murray, 2000; Nanda, 2014), y la tasa de prevalencia poblacional para la androfilia del varón parece ser similar  (aproximadamente de 1.5% al 5%) a través de un agama de contextos contemporáneos diferentes (e.g., Smith et al., 2003; VanderLaan et al., 2013; Whitam & Mathy, 1986). Las afirmaciones de que la androfilia del varón está “ausente” en una cultura en particular a menudo son demostrablemente falsas, incluso cuando la cultura en cuestión aparentemente carece de palabras para describir la androfilia de varones o la actividad sexual de varones con el mismo sexo (Boswell, 1982/1983; Norton, 1997; VanderLaan, Garfield, et al., 2014). Aunque la sexualidad de varón con varón puede estar verdaderamente ausente en una minoría de culturas (e.g., Hewlett & Hewlett, 2010), especialmente si el tamaño de la población es pequeño) estas excepciones no invalidan la conclusion de que la androfilia de varones parece ser un fenómeno que aparece de modo predecible y confiable en una gran mayoría de culturas humanas.

La ginefilia de la mujer también ha sido informada en muchas culturas de todo el mundo, pero menos a menudo que la androfilia del varón (Blackwood, 1999; Blackwood & Wieringa, 1999; Elliston, 1999; Murray, 2000). Basándose en esta evidencia, algunos estudiosos han sacado la conclusion de que la ginefilia de la mujer es menos común que la androfilia del varón a través de las culturas y que, cuando se produce, es menos perdurable a lo largo del curso de vida (e.g., Murray, 2000). Es posible que las relaciones románticas entre mujeres hayan sido más comunes histórica y transculturalmente que las relaciones que involucraban sexualidad genital (Faderman, 1981; Murray, 2000; Sahli, 1979). Se puede argumentar que la exclusividad y longevidad de la ginefilia de la mujer puede relacionarse con que el individuo ginéfilo mujer en cuestión sea una “machona” (masculina) o una “fem” (femenina). La investigación sugiere que la ginefilia es expresada de un modo más exclusivo y duradero en las mujeres machonas / masculinas, en oposición a las fem / femeninas (Blackwood, 2014; L. M. Diamond, 2009). Otra posibilidad es que como la ginefilia de la mujer a menudo se produce dentro de relaciones estrechas entre mujer o entre mujeres jóvenes que no están en edad de casarse, haya sido menos visible y menos concerniente concerning y por lo tanto haya escapade a la documentación precisa (Blackwood & Wieriga, 1999; Kendall, 1999).

La evidencia histórica y transcultural sugiere que si un número suficiente de personas existen en una sociedad, aparecerán dentro de ella subculturas pobladas de individuos atraídos por el mismo sexo (Gaudio, 2009; Norton, 1997; Whitam & Mathy, 1986). La formación de estas subculturas parecer ser más común entre los hombres androfílicos, comparados con las mujeres ginefílicas. En Europa se pueden rastrear hacia atrás centros de actividad homosexual reconocibles al menos hasta el siglo XI, en la corte anglonormanda del rey Guillermo II (Goodich, 1979).

Los intereses compartidos y las características de personalidad más allá de una orientación sexual común probablemente facilitan la formación de tales subculturas. Los individuos atraídos por el mismo sexo a menudo tienen más en común entre sí, incluso cuando vienen de culturas dispares, que lo que tienen en común con su cultura mayor, en parte por la no conformidad de género (Norton, 1997; Whitam & Mathy, 1986). Por ejemplo, entre culturas, los hombres androfílicos tienden a tener más intereses típicos de mujer y mostrarse más “orientados a la gente”, comparados con los hombres ginefílicos; inversamente, los hombres ginefílicos tienden a ser más típicos como varones y “orientados a las cosas” que las mujeres androfílicas (Cardoso, 2013; Lippa, 2008; L. Zheng et al., 2011). De modo nada sorprendente, los varones androfílicos de muchas culturas de todo el mundo comparten intereses que corresponden a la casa y el hogar, la decoración y el diseño, el lenguaje, los viajes, las profesiones de ayuda, el arreglo personal y las artes y el entretenimiento (Whitam & Mathy, 1986).

Incluso en culturas pequeñas, aisladas y tradicionales los rudimentos de esta subcultura se hacen evidentes. Whitam y Mathy (1986) describieron un ejemplo así:

 

En el pueblo guatemalteco de Chimaltenango, dos hombres vivían juntos como amantes, vistiendo ropas indias típicas en una casa india de adoble tradicional en lo externo. Sin embargo, la casa estaba decorada de una manera asombrosamente diferente a los demás indios. Estaba decorada de un modo minucioso y elaborado, una característica frecuentemente encontrada en las subculturas homosexuales… La ocupación de los amantes era la de tejer agujas de pino en tiras decorativas,  tradicionalmente usadas en Guatemala para los feriados y otras ocasiones festivas, y la de proveer flores para los casamientos. En esencia estos dos hombres eran floristas, involucrados en las artes del embellecimiento, que en sociedades más grandes están universalmente vinculadas con subculturas homosexuales. (p. 84)

 

Homosexualidad en África. Como ha habido propuestas para aumentar las penalidades legales contra la homosexualidad en varias naciones africanas, nos enfocamos brevemente en la historia cultural de la homosexualidad en África. La forma transgenérica de la sexualidad del mismo sexo predominaba en las sociedades tradicionales de África (Epprecht, 2008). Sin que obsten las declaraciones que hoy son un lugar común que dicen que “la homosexualidad es antiafricana,” se observaron transgéneros andrófilos varones y transgéneros ginéfilos mujeres desde los tiempos más tempranos registrados, en cientos de culturas diferenciadas a  lo largo y ancho del contienente (Epprecht, 2006; Murray & Roscoe, 1998). Los observadores europeos, con todas sus presunciones, prejuicios y limitaciones lingüísticas no fueron necesariamente testigos confiables y, por esta razón, muchos de los relatos producidos en los períodos coloniales pueden proporcionar guías erróneas. Sin embargo hay una amplia gama de etnografías que documentan excepciones a las normas heterosexuales.

Las relaciones del mismo sexo típicamente invollucraban una persona de cuerpo de varón de la que se decía que estaba poseída por un espíritu mujer, ancestral o de otra índole. Para evitar ofender a ese espíritu, el hombre necesitaba evitar el sexo con mujer y quizás, para ganarse el favor del espíritu mujer, buscar activamente sexo con una pareja varón. Los espíritus varones podían similarmente corporizarse en mujeres vivas, lo que demandaba que una mujer permaneciese soltera o tomase parejas sexualize mujeres. A veces esto era una fuente de humor burlón para la población mayoritaria, pero a menudo la persona “posesa” tenia un rol respetado, incluso deseado en la sociedad como curadora o poseedora de visión (Epprecht, 2008; Nkabinde, 2008). En algunos casos, particularmente en el África islámica, las personas transgéneros atraídas por el mismo sexo han tomado ocupaciones especializadas, muy parecidas a las estereotípicas observadas en Occidente y descritas más arriba (Gaudio, 2009). Se han desarrollado en centros urbanos comunidades de varones atraídos por el mismo sexo, desde redes de amistad y rodeando ubicaciones compartidas para encuentros o trabajo. (Gaudio, 2009; Moodie & Ndatshe, 1994).

Además de estar altamente marcadas por el género, las relaciones del mismo sexo frecuentemente también estaban estratificadas pore dad, con el miembro mayor de la pareja asumiento el rol de varón (en términos convencionales) y el miembro más joven el rol de mujer.  Con la madurez, el miembro más joven de la pareja comúnmente efectuaba un matrimonio heterosexual. Como los miembros más jóvenes de las parejas no eran reconocidos socialmente como “hombres” plenamente adultos (un apodo que viene con el matrimonio), a menudo la referencia a ellos es “chicos.” Es importante notar sin embargo que estos “chicos” son generalmente pospuberales y por tanto, aunque estas relaciones a menudo involucraban discrepancias de edad, no eran pedofílicas. En un ambiente fuertemente homosocial, los vínculos sexuales del mismo sexo pueden continuar en la adultez sin ser explícitamente denominados como tales (Carrier & Murray, 1998; Gay, 1985; Kendall, 1998).

Hay aspectos de la identidad gay (en cuanto se la vive y se la hace objeto de performance [performed] en Occidente desde “la liberación gay,” incluyendo el modelo igualitario de relaciones sexuale abiertas con el mismo sexo) que son atractivos para muchos africanos que se irritan bajo las normas y obligaciones de familia tradicionales y heterosexuales. Como resultado, pequeñas cantidades de africanos comenzaron a darse a conocer en modos políticamente reconocibles como lesbianas y gays, desde comienzos de los noventa (Hoad, Martin, & Reid, 2005; Morgan & Wieringa, 2005).

 

Homosexualidad en animales no humanos

 

Los estudios en animales han dado forma a la ciencia de la causación de la orientación sexual humana de varios modos. Los estudios experimentales de animales no humanos han ayudado a generar modelos de desarrollo de orientación sexual. En los estudios de campo de animales se permite poner a prueba hipótesis relativas a las situaciones que tienen más probabilidades de asociarse con conducta homosexual aumentada. Aunque se han informado en cientos de especies animales interacciones del mismo sexo que involucran contacto genital (Bagemihl, 1999), se manifiestan rutinariamente en solo unas pocas (Sommer & Vasey, 2006). En este sentido los humanos son raros pero no únicos.

Las interacciones genitales del mismo sexo entre aniVaróns no humanos pueden tomar una variedad de formas, incluyendo la monta (con y sin empujes pélvicos), el ctonacto oro-genital y el contacto manual-genital. En muchas instancias las interacciones genitales del mismo sexo puede ser descritas con precisión como “conducta homosexual” porque involucran excitación, estimulación y orgasmo genitales. Por ejemplo, no es raro que los machos exhiban erecciones durantes estas interacciones (e.g., los macacos japoneses [Macaca fuscata], Leca, Gunst, & Vasey, 2014), y la eyaculación se produce ocasionalmente (e.g., gorilas de montaña [Gorilla beringei], Yamagiwa, 1987). Se ha informado también intromission entre machos (e.g., delfines de hocico de botella [Tursiops sp.], Mann, 2006), pero rara vez, quizás en parte por los desafíos asociados con registrar esta conducta. En algunas especies, las hembras estimulan activamente sus genitales durante las montas del mismo sexo (e.g., bonobos [Pan paniscus], de Waal, 1987; macacos japoneses, Vasey & Duckworth, 2006). El orgasmo entre miembros hembras de la pareja es difícil de documentar de modo no ambiguo pero también ha sido informado (macaco rabón [Macaca arctoides], Goldfoot, Westerborg-van Loon, Groenevelde, & Slob, 1980). Además de estas interacciones genitales, el cortejo del mismo sexo ha sido informado en numerosas especies aniVaróns, y algunos individuos forman vínculos de pareja temporarios o incluso de larga duración con su mismo sexo (e.g., los gansos grises comunes [Anser anser], Kotrschal, Hemetsberger, & Weiss, 2006).

Hay abundante evidencia de que los aniVaróns no humanos se involucran en interacciones genitales del mismo sexo bajo condiciones de libertad de acción, y por tanto esta conducta no puede ser explicada como resultado de la cautividad en ambientes anorVaróns.  Las razones sexuales sesgadas pueden facilitar la expresión de interacciones genitales del mismo sexo entre individuos del sexo más numeroso (Poiani, 2010), pero tales condiciones no son necesarias para que se manifieste esta conducta (Bagemihl, 1999; Sommer & Vasey, 2006). Incluso cuando hay disponibles oportunidades de contacto heterosexual, a veces los individuos prefieren involucrarse en conducta homosexual (Leca, Gunst, Huffman, & Vasey, 2015). La investigación cuantitativa indica que los sistemas de apareamiento de las especies, sus tasas de desarrollo y las disparidades en cuidado progenitorial influyen todos en la expresión de la conducta homosexual en pájaros. Por ejemplo, la frecuencia de la conducta sexual entre pájaros machos aumenta con el grado de poliginia contextual, en tanto que la conducta sexual hembra-hembra se expresa más frecuentemente en especies monógamas que exhiben desarrollo precoz (MacFarlane, Blomberg, Kaplan, & Rogers, 2007).

Muchas de las interacciones genitales del mismo sexo exhibidas por aniVaróns son, al menos en parte, de carácter sociosexual; esto es, sexual por su forma externa, pero primordialmente actuadas para facilitar metas sociales adaptativas (Wickler, 1967). El modo específico para el contexto en el que se expresa esta conducta a menudo da a los investigadores la clave de su función adaptativa. Por ejemplo, en las hembras bonobos existe una estrecha relación temporal entre las interacciones genitales y compartir la comida. Las hembras que entran en una parcela con comida monopolizada por una competidora del mismo sexo tienen más posibilidades de adquirir comida si primero se involucran en frotación genital con la competidora (de Waal, 1987; Hohmann & Fruth, 2000). De este modo, el frotamiento genital del mismo sexo funciona reduciendo la tension interindividual y facilita compartir la comida. En los babuinos machos de la savanna (Papio cynocephalus anubis), hay una estrecha relación temporal entre la monta del mismo sexo / las caricias en los genitales y la formación exitosa de alianzas. A menudo los machos se involucran en estas conductas justo antes de desafuar a un rival del mismo sexo (Smuts & Watanabe, 1990). Las interacciones sociales pueden estar desprovistas de excitación sexual, pero más a menudo no están caracterizadas por ninguna mezcla de motivación sexual y social (Wickler, 1967). Sin embargo en algunas especies la monta del mismo sexo parece ser íntegramente sexual, sin ningún componente sociosexual discernible de ningún tipo. Por ejemplo, los macacos japoneses hembras a veces eligen como parejas sexuales a otras hembras a pesar de la presencia de machos sexualmente motivados (Vasey & Duckworth, 2006). Los macacos japoneses hembras incluso compiten por el acceso exclusivo a parejas sexuales hembras intersexualmente, contra machos (Vasey, 1998).

Con todo, la orientación sexual exclusiva del mismo sexo a lo largo del curso de vida es extremadamente rara entre los animales. El único ejemplo concluyentemente documentado está entre los machos (carneros) de ciertas razas de ovejas domésticas (Ovis aries, Perkins & Fitzgerald, 1997). Aproximadamente del 6% al 10% de los carneros de estas razas domésticas eligen cortejar y montar otros carneros, pero nunca ovejas, cuando tienen elección (Roselli, Larkin, Resko, Stellflug, & Stormshak, 2004). Durante algunas montas entre carneros se produce intromisión penil - anal con eyaculación (Perkins & Fitzgerald, 1997). En todas las otras especies animales, exceptuando los humanos, los individuos que se involucran en interacciones genitales del mismo sexo también se involucran en interacciones heterosexuales.

 

Hormonas

 

Las dos secciones previas se han enfocado en expresiones observable de la sexualidad con el mismo sexo en humanos y aniVaróns. En lo que queda de nuestra reseña nos enfocamos en diversos mecanismos sobre los que se han formulado hipótesis para explicar la variación en la orientación sexual humana, en particular de la propensión a experimentar atracción sexual del mismo sexo.

La posibilidad de que la gente difiera en orientación sexual a causa de diferencias hormonales ha sido la hipótesis causal más influyente de las que implican unmecanismo específico (Dörner, 1976; Ellis & Ames, 1987; LeVay, 2011; Meyer-Bahlburg, 1984; Money & Ehrhardt, 1972; Zucker, 2005). Por un lado, varias consideraciones apuntan a esta hipótesis; por otro, tiene dificultades para explicar algunos hechos clave. Además, hay poca evidencia directa para esta hipótesis y, por supuesto, es improbable que esa evidencia vaya a aparecer, dado que sería antiético emprender testeo directo en sujetos humanos.

Si conceptualizamos la orientación sexual como una predisposición sexual hacia los varones o hacia las mujeres (androfilia o ginefilia) en lugar de una predisposición sexual para el mismo sexo o el otro sexo, inmediatamente entonces podemos ver que hay grandes diferencias sexuales en la orientación sexual. En especial muchas más mujeres que varones son androfílicas, y muchos más hombres que mujeres son ginefílicos. Por tanto podemos pensar que los hombres androfílicos y las mujeres ginefílicas son géneroatípicas en cuanto a su orientación sexual, ya que cada uno muestra un patron de interés sexual que es más característico del otro sexo. También sabemos (como lo reseñamos antes) que los hombres androfílicos y las mujeres ginefílicas son géneroatípicos en una variedad de otros modos, algunos incluso en infancia. Por tanto parece razonable preguntarse si las orientaciones sexuales géneroatípicas (i.e., homosexualidad y bisexualidad) son causadas por los mismos factores que impulsan las diferencias entre el desarrollo del varón y la mujer más en general. Se conocen dos factores que crean estas diferencias: las hormonas y la socialización de rol sexual. Debatimos sobre el posible rol de la socialización en una sección posterior, y comenzamos con el rol organizativo de las hormonas prenatales.

 

La hipótesis organizacional. El desarrollo de la mayoría de las diferencias sexuales físicas dependen fuertemente de las hormonas. Algunas de estas diferencias (e.g. patrones de músculo y distribución de grasa) son causadas por las hormonas en circulación y por tanto son hasta cierto punto reversible. Tras (e.g. los órganos sexuales internos y externos) son causados por las diferencias hormonales  durante un período crítico y son en su mayor parte irreversibles (Sisk, Lonstein, & Gore, 2013). Los efectos tempranamente irreversibles de las hormonas son organizacionales, y más tarde los efectos reversible son activacionales. La distinción organizacional-activacional es conceptualmente útil, aunque algunos efectos no encajan netamente en ninguna de las dos categorías; por ejemplo, algunos efectos posteriores de las hormonas circulantes son irreversibles (Arnold & Breedlove, 1985).

Los estudios tempranos de posibles influencias hormonales sobre la orientación sexual se enfocaron en los niveles circulanes de las hormonas sexuales testosterona y estrógeno. En general, los homobres homosexuales y heterosexuales no difieren en los niveles de estas hormonas (Meyer-Bahlburg, 1984). En contraste, los estudios han tendido a encontrar niveles de testosterona más altos en mujeres homosexuales comparadas con mujeres heterosexuales (Meyer-Bahlburg, 1984; Singh et al., 1999). Sin embargo el significado de estas diferencias entre mujeres no es claro. Los niveles de hormonas circulantes son afectados por muchos factores, como el peso corporal, y las lesbianas pueden ser más altas y pesadas, en promedio, que las mujeres heterosexuales (Bogaert, 1998; Singh, Vidaurri, Zambarano, & Dabbs, 1999). Aunque algunos estudios han hecho controles estadísticos de los correlatos conocidos de la testosterone en circulación, pueden inadvertidamente haber pasado por alto importantes núcleos de confusión. Si los resultados fueran válidos (i.e., no debidos a alguna tercera variable) seguiría siendo poco claro cómo tener testosterone más alta podría causar que una mujer se sintiera sexualmente atraída a otras mujeres. En su lugar quizás las diferencias de testosterona son los resultados de diferencias cerebrales que causan las diferencias de orientación sexual. Una escasa cantidad de investigación reciente se ha enfocado en diferencias de orientación sexual en niveles de hormonas sexuales en circulación.

La posibilidad de que la orientación refleje los efectos organizacionales de las hormonas tempranas, especialmente de la testosterona, ha sido de lejos mucho más influyente. La hipótesis es una aplicación especial de una hipótesis general: la hipótesis organizacional de la diferenciación sexual de mamíferos, de acuerdo con la cual los mismos factores prenatales que dan al cuerpo la forma típica del macho o de la hombra, también dan forma al cerebro para que se desempeñe de un modo típico del varón o típico de la mujer (Phoenix, Goy, Gerall, & Young, 1959). La hipótesis general ha sido confirmada por una gama notablemente diversa de conductas en todas las especies mamíferas que se han examinado hasta hoy (De Vries & Simerly, 2002). La sexualidad del cuerpo y la conducta de los mamíferos no parece estar directamente afectada por su sexo genético (XX vs. XY). En lugar de ello es una consecuencia indirecta del sexo genético: esto es, si los ovarios o los testículos se desarrollan prenatalmente. La liberación testicular de hormonas esteroides, específicamente andrógenos como la testosterona, actúa tempranamente en la vida para inducir la formación de los genitales del varón (pene, escroto, etcetera) y alterar el cerebro en desarrollo de modo que se promueva la  conducta sexual del varón en la adultez. La ausencia de estas secreciones testiculares conduce al desarrollo de genitales típicos de mujer (clitoris, labias, vagina, etcetera) y de una organización cerebral que, en la adultez, tendrá más probabilidad de impulsar la conducta sexual típica de la mujer.

La hipótesis organizacional aplicada a la orientación sexual humana sostiene que durante un período sensible temprano (probablemente prenatal) los cerebros de las personas homosexuales están sujetos a influencias atípicas de andrógenos. Específicamente, los cerebros fetales de los hombres fueron androgenizes menos que los de los hombres heterosexuales; los de las mujeres homosexuales fueron adrogenizados más que los de las mujeres heterosexuales. Dos líneas de investigación has sido influyentes en convencer a los investigadores de que la hipótesis organizacional de la orientación sexual es plausible, y éstas incluyen la investigación de las consecuencias de la manipulación hormonal temprana en mamíferos, en especial  ratas, ratones y hurones, así como la investigación en los resultados sicosexuales finales de individuos con desarrollo hormonal atípico.

En estudios de ratones, ratas y hurones, privar experimentalmente de testosterona a los machos o exponer a las hembras a niveles de testosterona típicos de macho en el  desarrollo temprano altera espectacularmente su conducta sexual adulta.  Así se puede hacer que los machos exhiban aspectos de conducta típicos de hembra y que las hembras exhiban aspectos de conducta típicos de macho (Henley, Nunez, & Clemens, 2011).

Además, en algunas especies mamíferas bien estudiadas (e.g., ratas, ratones, hurones, ovejas), regiones cerebrales en particular muestran diferencias sexuales en tamaño, y este dimorfismo sexual depende íntegramente de la exposición a hormonas sexuales tempranas. La más grande y mejor estudiada de estas regiones es una región cerebral llamada núcleo sexualmente dimórfico del área preóptica [sexually dimorphic nucleus of the preoptic area] (SDN-POA), que ha sido ubicada en el hipotálamo. Esta área sexualmente dimórfica ha sido identificada en una gama amplia de especies mamíferas y es siempre más grande en machos que en hembras (Henley et al., 2011). La diferencia sexual SDN-POA es causada por las diferencias sexualize en hormonas perinatales: al controlar los niveles de testosterona justo antes y después del nacimiento, los investigadores pueden inducir al SDN-POA a que en la adultez sea tan propio del macho [as masculine] o tan propio de la hembra [as feminine] como quieran. Esta region cerebral juga importantes roles tanto en la conducta apetitiva como en la conducta consumatoria de los mamíferos machos (Balthazart & Ball, 2007). Además, en ovejas (el mejor modelo animal para la homosexualidad humana) una minoría (aproximadamente el 7%) de los ovinos machos (carneros) exclusivamente montan a otros machos: el SDN-POA tiene la mitad del tamaño en los carneros que montan a machos que en los que montan a hembras (Roselli et al., 2004). Es claro que los andrógenos organizacionales tienen importantes influencias en los cerebros y la conducta sexual de los aniVaróns no humanos, y tenemos todas las razones para esperar que esto sea cierto también en los humanos.

 

Exposición atípica a los andrógenos prenatales en humanos. Algunos humanos están expuestos a niveles atípicos de hormonas prenatales, lo más a menudo porque tienen síndromes genéticos inhabituales. Por ejemplo, en la hiperplasia adrenal congénita [congenital adrenal hyperplasia] (CAH), tanto los fetos varones como las mujeres están expuestos a altos niveles de testosterone in utero. Generalmente, después del nacimiento, reciben medicación para reducer la testosterone; por tanto, las diferencias posteriores son probablemente atribuibles a los efectos organizacionales de la testosterona.  Como adulta, las mujeres con CAH informan orientación homosexual en tasas elevadas, comparadas con las mujeres no afectadas del syndrome. A pesar de esta elevación, la mayoría de las mujeres con CAH informan exclusivamentye atracciones heterosexuales (Meyer-Bahlburg, Dolezal, Baker, & New, 2008): así, los altos niveles de andrógenos prenatales no aseguran homosexualidad en estas mujeres. De modo similar a las mujeres homosexuales no afectadas, las mujeres con CAH tienden a exhibir no conformidad genérica a todo lo largo de sus vidas, en promedio (Berenbaum & Beltz, 2011). Aunque otros síndromes (e.g., la deficiencia de 5-alfa-reductasa) proveen evidencia relevante a la hipótesis organizacional, CAH sigue siendo la major ejemplificación de la teoría.

 

Razones de longitud digital. Los estudios aniVaróns y humanos que acaban de ser discutidos establecieron la plausibilidad de la hipótesis organizacional de la orientación sexual humana. La evidencia directa incluirá estudios mostrando que las personas homosexuales tuvieron una variedad de signos de exposición atípica de andrógenos tempranos. Además de la no conformidad de género (que podría en teoría reflejar las incluencias de socialización) hay pocos hallazgos replicados de este tipo.

Una excepción es la razón digital 2D:4D, o la razón de longitud digital de índice a anular. Este índice muestra una diferencia sexual moderada (δ = 0.46), [22]16 ; las mujeres tienen razones más grandes y los hombres más pequeñas. Varias líneas de evidencia que pertenecen a las razones digitales son consistentes con la hipótesis organizacional. Primero, las mujeres con CAH exhiben razones 2D:4D más pequeñas (i.e. más propias de varón [more masculine]) (Hönekopp & Watson, 2010). Segundo, los individuos varones genéticos (XY) con síndrome de insensibilidad al andrógeno despliegan un patrón femenino de razones digitales que da apoyo a un mecanismo hormonal más que a uno genético para explicar la diferencia sexual (Berenbaum, Bryk, Nowak, Quigley, & Moffat, 2009). Tercero, la misma diferencia sexual está presente en ratones, en los que las manipulaciones experimentales han confirmado que los andrógenos prenatales actúan directamente sobre los osteoblastos del dedo para engendrar la diferencia sexual  (Z. Zheng & Cohn, 2011). Cuarto, un metanálisis (Grimbos, Dawood, Burriss, Zucker, & Puts, 2010) confirm que las mujeres homosexuales y heterosexuales difieren, en promedio, en términos de sus razones  2D:4D; las mujeres homosexuales tienen una razón más propia de varón [more masculine]. Tomada en conjunto, esta evidencia sugiere que los andrógenos prenatales son responsables por el desarrollo de la ginefilia en algunas hembras humanas (Williams et al., 2000). Estos resultados también sugieren que la mayoría de los hombres son ginefílicos en orientación a causa de su exposición a andrógenos prenatales, una idea a la que retornamos más abajo en nuestra discusión de la extrofia cloacal. Resulta interesante que no haya diferencia en razones digitales entre hombres homosexuales y heterosexuales, lo que indica que el andrógeno prenatal no explica la variación en orientación sexual en los hombres. Alternativamente, la variación en capacidad de respuesta cerebral al andrógeno prenatal puede contribuir a la variación en la orientación sexual del varón.

Aunque la evidencia 2D:4D da apoyo a la hipótesis organizacional de orientación sexual de la mujer (pero no del varón) no es evidencia decisiva. La diferencia sexual en 2D:4D no es grande, y por lo tanto 2D:4D no puede ser un marcador especialmente preciso en la exposición a andrógenos prenatales. Por un lado, esto podría significar que los hallazgos de la orientación sexual de la mujer son especialmente impresionantes, dado lo débil que es la señal 2D:4D signal. Por otra parte, la variación de 2D:4D con seguridad tiene muchas causas no relacionadas con andrógenos prenatales, y éstas pueden contribuir a la asociación con la orientación sexual de la mujer.

 

El SDN-POA humano. El cerebro es la causa fundamental de todos los impulsos, deseos, pensamientos y conductas.  Por lo tanto, cualquier diferencia entre pensamientos y sentimientos de dos individuos puede ser llamada diferencia neurológica. ¿Pero dónde exactamente reside la diferencia? ¿Refleja las mismas estructuras básicas cerebrales funcionando de modos diferentes (a través de diferentes patrones de conexiones neurales), o refleja diferencias en las estructuras cerebrales mismas?

En 1991, el neurocientífico Simon LeVay del Salk Institute for Biological Studies [Instituto Salk de Estudios Biológicos] creó un furor internacional al publicar un paper en Science con el hallazgo de que 19 hombres presuntamente homosexuales y 17 presuntamente heterosexuales  17[23] diferían en el tamaño del tercer núcleo insterticial del hipotálamo anterior [third interstitial nucleus of the anterior hypothalamus] (INAH-3), una region cerebral del área preóptica, tal que el INAH-3 era más grandee n los hombres heterosexuales. El volumen del INAH-3 de los hombres heterosexuales era más del doble dewl de los hombres homosexuales, cuyos volúmenes era similares a las de un grupo control de mujeres presuntamente heterosexuales. El estudio de Le Vay requirió cerebros sometidos a autopsia, y todos sus sujetos homosexuales habían muerto de SIDA. Sin embargo, LeVay descartó el SIDA como causa de la diferencia, por la diferencia seguía siendo significativa cuando restringía su muestra de varones heterosexuales a los que también habían muerto de SIDA: Entonces, entre los sujetos heterosexuales no había correlación entre volume cerebral y SIDA. La aseveración común de que los hallazgos de LeVay pueden haber reflejado el SIDA más que la orientación sexual no tiene mérito aparente.

LeVay no eligió al azar las áreas cerebrales para analizar. En cambio se enfocó en cuatro aglomeraciones de células del hipotálamo: los INAH-1, INAH-2, INAH-3, e INAH-4. Estos grupos celulares habían sido previamente comparados entre hombres y mujeres de orientación no especificada; dos de los grupos celulares (INAH-2 e INAH-3) eran sexualmente dimórficos, de modo que el INAH-3 era de dos a tres veces más grandee n hombres (Allen, Hines, Shryne, & Gorski, 1989). Así, la importancia del hallazgo de LeVay fue magnificada por el hecho de que la región cerebral que difería entre hombres homosexuales y heterosexuales era sexualmente dimórficas;  a decir verdad Le Vay replicó este hallazgo. Un segundo hecho importante es que el INAH-3 está en el hipotálamo. Parece ser similar en algunos modos al previamente mencionado SDN-POA, que muestra dimorfismo sexual debido a los efectos organizacionales hormonales en la mayoría de los mamíferos que han sido estudiados (Byne et al., 2000; Byne et al., 2001; LeVay, 2011). Esto argumenta en contra de la crítica común de los hallazgos de Le Vay, sobre que podrían ser una consecuencia del “estilo de vida homosexual”. El estudio de Le Vay es importante precisamente porque dio apoyo a la hipótesis organizacional de la orientación sexual humana con datos de neurociencia directos.

Los hallazgos de LeVay provinieron de una muestra muy pequeña. Aunque son estadísticamente significativos, es obviamente importante que los resultados también sean significativos. Replicar el estudio era difícil porque requería diseccionar cerebros de personas de orientaciones sexual bien conocidas (o bien inferidas). La trágica epidemia de sida estaba desvaneciéndose cuando el neurocientífico William Byne comenzó a reunir especímenes para una replicación. Reunió una muestra de cerebros de 14 hombres homosexuales VIH positivos, 34 presuntos hombres heterosexuales (de los cuales al menos 10 era hombres homosexuales VIH positivos (10 de los cuales eran VIH positivos), y 34 mujeres presuntamente heterosexuales (9 de las cuales eran VIH positivas). El laboratorio de Byne replicó la diferencia sexual en el tamaño del INAH-3 entre sujetos heterosexuales (Byne et al., 2000; Byne et al., 2001), de modo tal que el  INAH-3 de los hombres heterosexuales tenia a la vez más neuronas y volumen mayor que las mujeres heterosexuales. Además, Byne argumentó sobre la base de evidencia  citoarquitectónica que el INAH-3 humano (así como la porción dorsocentral del núcleo hipotalámico anterior [anterior hypothalamic nucleus] o AHdc  en macacos rhesus [Macaca mulatta]) es un probable homólogo del SDN-POA que ha sido tan bien estudiado en otras especies (Byne, 1998). 18[24]

El hallazgo clave de LeVay sobre orientación sexual no fue replicado con claridad (Byne et al., 2000; Byne et al., 2001). Byne et al. descubrieron una tendencia estadística (i.e., .05 < p < .10) por la que los hombres homosexuales tiene un INAH-3 más pequeño, pero no encontraron diferencia en la cantidad de neurons.  Por supuesto que la muestra de Byne et al. también era peuqñea, con todavía menos hombres homosexuales que las de LeVay. Científicamente,  la investigación de Byne et al. research no debería ser la última palabra sobre el INAH-3 y la orientación sexual. Sin embargo, en la práctica es probable que sea la última palabra en el futuro previsible. El INAH-3 es tan pequeño (alrededor de un grano de arena) que no puede ser medido sin hacer disección al tejido cerebral. Con los tratamientos efectivos para el VIH, ya no hay una corriente continua de tejido cerebral proveniente de los hombres homosexuales:  un desarrollo totalmente feliz, pero uno que impide por ahora el mayor estudio del INAH-3 humano y la orientación sexual. Si la diferencia verdadera del INAH-3 entre heterosexuales y homosexuales es intermedia entre los resultados de LeVay y los de Byne et al. sería todavía consistente con la hipótesis organizacional de orientación sexual. Sin embargo, incluso si esto fuera verdad, sería improbable que el tamaño del INAH-3 sería un factor clave en la regulación de la orientación sexual. Esto es porque habría demasiadas excepciones (los hombres homosexuales con un INAH-3 grande y hombres heterosexuales con un INAH-3 pequeño) para creer que el tamaño del INAH-3 es crucial.

Ha habido varios otros informes de diferencias cerebrales entre sujetos homosexuales y heterosexuales, algunos de los cuales fueron detectados usando imágenes cerebrales (e.g., Ponseti et al., 2007). Aunque encontramos interesantes estos estudios, no los reseñamos en este artículo. Ninguna de las áreas cerebrales de esos artículos ha sido estudiada tan intensivamente como el INAH-3, y ninguna es tan relevante para la hipótesis organizacional de la orientación sexual.

 

Limitaciones de la evidencia hormonal. Tanto lose studios experiumentales en aniVaróns no humanos como lose studios clínicos humanos de los efectos de la exposición temprana atípica a hormonas dan apoyo a la posibilidad de que esa exposición pueda influir en la orientación sexual. Sin embargo, ambas líneas de evidencia tienen importantes limitaciones. La limitación principal de la investigación en aniVaróns es la falta de una correspondencia estrecha entre las conductas aniVaróns estudiadas y la orientación sexual humana. Por ejemplo, una de las conductas principales hormonalmente manipuladas en mamíferos de laboratorio es la propensión o bien a montar (una conducta típica del macho) o a exhibir lordosis (i.e., a mover el cuerpo de modo que permita la penetración penil; es una conducta típica de la hembra). Ninguna de estas conductas se mapea bien en la orientación sexual humana.

Las limitaciones de lose studios clínicos de humanos incluyen la falta de un modelo de homosexualidad del varón análogo al modelo CAH de las influencias del andrógeno en la homosexualidad de la mujer. Además, la exposición hormonal atípica temprana típicamente da como resultado un desarrollo genital atípico. Por ejemplo, las niñas con CAH a menudo nacen con genitales virilizados [masculinized] incluyendo grandes clitoris. Sin embargo, no hay evidencia concluyente de que las personas homosexuales y heterosexuales difieran en su anatomía genital. En principio, la exposición atípica a los andrógenos podría causar homosexualidad humana sin causar también desarrollo anormal genital (o, de modo más general, anatómico a grandes rasgos) si hubiera diferentes períodos críticos para la diferenciación cerebral y la genital y si la exposición androgénica atípica se produjera solamente durante el primero. La sugerencia es plausible, dado que diferentes períodos sensibles de virilización genital y comportamental han sido demostrados para algunas especies no humanas como los macacos rhesus (Goy, Bercovitch, & McBrair, 1988).

Dada la limitada evidencia directa de la hipótesis organizacional de que los andrógenos prenatales causan la orientación sexual humana, algunos podrían sentirse tentados a rechazar la hipótesis. Creemos que eso sería prematuro. A veces las hipótesis buenas son difíciles de probar. Además, se ha apreciado muy poco un notable experiment natural cuyos resultados son fuertemente consistentes con la hipótesis organizacional. Reseñamos ese experiment natural en la siguiente sección.

 

El cuasi-experimento casi-perfecto. Imaginen que los científicos quisieran conducir un único estudio para determinar el grado en el la orientación sexual está influida por la natura, versus la nurtura. Imagínense también que los científicos no estuvieran éticamente limitados. Sería difícil ganarle al siguiente estudio: tomar varoncitos recién nacidos, mulierizarlos [feminize them] quirúrgicamente (i.e. castrarlos y transformar quirúrgicamente sus penes en facsimiles plausibles de genitales de mujer) y presentarlos como niñas a progenitores adoptivos ingenuos. (También sería deseable un estudio análogo de mujeres de nacimiento, pero en el momento actual es imposible transformer los genitales de mujer en un facsímil de pene.) Sigamos el crecimiento de estos niños hasta la adultez y evaluemos sus orientaciones sexualize. Si solamente la nurtura es importante en la determinación de si la gente se siente sexualmente atraída a hombres o mujeres, entonces estos individuos deberían todos estar atraídos a los hombres, porque fueron criados como mujeres. En contraste, si solamente la naturaleza es importante, entonces deberían todos sentirse atraídos por las mujer, porque antes del nacimiento, de modo consistente con la hipótesis organizacional, fueron expuestos a las influencias hormonales y genéticas típicas del varón y la gran mayoría de los hombres son atraídos por las mujeres. Por supuesto, también serían posibles resultados intermedios e interpretaciones apropiadas.

Una versión no intencional de este estudio fue conducida en unos pocos desdichados sujetos, todos nacidos varones, sea porque nacieron con penes malformados o porque perdieron sus penes en accidentes quirúrgicos. Entre 1960 y el 2000, muchos medicos de los Estados Unidos creía que esos varones serían más felices si se los reasignaba social y quirúrgicamente como mujeres. Esta creencia ha cambiado, como también la práctica médica (Diamond et al., 2011), pero no antes de que una generación de estos individuos fueran integrados como parte de este experimento natural. Además de los accidentes quirúrgicos, la otra razón médica para la reasignación sexual temprana que consideramos aquí ha sido la extrofia cloacal, una severa malformación abdominal que incluye malformación penil en los varones. Es importante que ni la extrofia cloacal ni los accidentes quirúrgicos estuvieron asociados con anormalidades de andrógenos prenatales. De este modo, los cerebros de estos individuos en el nacimiento estaban organizados como varones, o al menos tan organizados como varones como lo están los varoncitos típicos en promedio al nacer.

Se ha prestado muchísima más atención a las identidades genéricas eventuales de estos casos que a sus orientaciones sexuales. A decir verdad, a menudo no se ha evaluado la orientación sexual, presumiblemente porque hacer la pregunta toca un punto sensible (Meyer-Bahlburg, 2005). Pero los pocos casos publicados que han provisto información sobre orientación sexual han mostrado resultados marcadamente consistentes (Tabla 3). En la totalidad de los siete casos, la orientación sexual fue predominante o exclusivamente ginefílica (i.e., la atracción era hacia las mujeres).[25]19  Éste es el resultado que se esperaría si la orientación sexual del varón fuera íntegramente debida a la natura, y es el opuesto al resultado esperado si se debiese a la nurtura, en cuyo caso esperaríamos que ninguno de estos individuos estuviese predominantemente atraído a las mujeres.

Estos resultados abarcan los datos más valiosos actualmente diponibles concernientes a la amplia cuestión de natura – versus - nurtura en la orientación sexual. Muestran qué difícil es hacer descarrilar el desarrollo de la orientación sexual del varón por medios sicosociales. Si uno no puede confiablemente hace que un humano varón sienta atraído por otros varones cortándole el pene en la infancia y criándolo como una niña, ¿qué otra intervención sicosocial podría plausiblemente tener ese efecto? Estos casos estaqblecen un fuerte caso prima facie de que en varones la orientación sexual está al menos en parte establecida antes del nacimiento. Y si un varón heterosexual es tan difícil de alterar después del nacimiento, no hay razón para dudar de que lo mismo es verdad de la orientación homosexual del varón.

 

Tabla 3. Orientaciones Sexuales de Varones Hormonalmente Típicos Reasignados como Mujeres Tempranamente en la Vida

Estudio

Condición

Edad de

Reasignación

Edad al

seguimiento

Identidad genérica en el seguimiento

Sexo hacia el cual está atraído

M. Diamond y Sigmundson (1997)

Accidente Quirúrgico

17 meses

32

Varón

Mujeres

Bradley, Oliver, Chernick, y Zucker (1998)

Accidente Quirúrgico

7 meses

26

Mujer

“Predominantemente” mujeres

Reiner y Gearhart (2004; Sujeto 9) a

Extrofia cloacal

0 meses (nacimiento)

21

Varón

Mujeres

Reiner y Gearhart (2004; Sujeto 10) a

Extrofia cloacal

0 meses (nacimiento)

11

Varón

Mujeres

Reiner y Gearhart (2004; Sujeto 14) a

Extrofia cloacal

0 meses (nacimiento)

20

Varón

Mujeres

Reiner y Kropp (2004) a

Extrofia cloacal

0 meses (nacimiento)

NI

Varón

Mujeres

Reiner y Kropp (2004) a

Extrofia cloacal

0 meses (nacimiento)

NI

Varón

Mujeres

Nota: NI = No Informada.

 

 

 

 

a Las publicaciones originales incluían solamente resúmenes de una serie de pacientes. La información específica para esta tabla fue obtenida de William G. Reiner.

 

Sin embargo, estos casos no alcanzan a ser el experimento perfecto. Es muy obvio que la asignación a la condición no es al azar, así que lo llamamos un “cuasi experimento” y no un experimento. Otra imperfección es que los progenitores conocen el estatus de nacimiento de estos niños (i.e. varones) y es concebible que podrían tratarlos de un modo diferente que a las niñas de nacimiento de un modo que influiría en su orientación sexual. Aunque esta posibilidad no puede ser excluida en este momento, es vaga y ad hoc.  Después de todo, los progenitores han estado de acuerdo en feminizer quirúrgicamente a estos niños y criarlos como niñas. ¿Qué sutiles señales progenitoriales podrían prevalecer sobre estas intervenciones masivas? En cualquier caso, la evidencia disponible indica que en estas instancias los progenitores están profundamente comprometidos con criar a estos niños como niñas de un modo tan típico del género como les es posible (Colapinto, 2000).

Una segunda limitación de esta evidencia es la pequeña cantidad de casos: solamente siete publicados, aunque varios casos más son potencialmente disponibles (Reiner & Gearhart, 2004). Aunque obviamente sería deseable una muestra más grande, rechazar estos hallazgos por su pequeño tamaño de muestra sería un error por dos razones. Primera, los hallazgos comprenden el test más fino de natura versus nurtura con respecto a la orientación sexual, y en este momento son todo lo que tenemos. Segunda, los siete casos tienen resultados finales marcadamente similares en relación con la orientación sexual. No hay buena razón para sospechar que esto cambiaría si casos similares a éstos se agregaran. Sin embargo, a causa del limitado tamaño de la muestra, los datos proveen un apoyo mucho más fuerte a la importancia de natura que lo que dan a la falta de importancia de natura.

Una tercera limitación se refiere a la identidad de género. La autoreasignación de género en estos casos (los varones reasignados y criados como niñas que renuncian a su sexo de crianza y declaran ser varones) no es inhabitual. Tampoco es universal.

Un número desproporcionado de los casos para los que tenemos información de orientación sexual (seis de siete) se identificaron como varones en el seguimiento. Varios de los otros casos de extrofia cloacal estaban todavía viviendo como mujeres. Es notable que ninguno quiso hablar sobre sus atracciones sexualize, en contraste con los dos adolescentes con extrofia cloacal que nacieron mujeres, y que hablaron de sus atracciones por los varones. Sospechamos que los casos primeros (varones de nacimiento reasignados como mujeres y que todavía viven en el rol de mujeres) tienen alta probabilidad de ser ginefílicos. Ciertamente, sin embargo, es científicamente importante obtener datos de estos casos. Sería también deseable dar apoyo a cualquier afirmación autoinformada de androfilia (i.e., atracción a varones) con mediciones objetivas. Esto es porque los individuos que siguen todavía en el rol de mujeres pueden sentir presión social para sostener su atracción a los varones incluso aunque no exista.

La importancia de estos casos se aplica solamente a la orientación sexual del varón. Como se advirtió, no hay análogo cercano de este experiment natural en el que niñas hormonalmente norVaróns sean reasignadas y criadas como niños. La orientación sexual de la mujer puede ser diferente, menos fijada por factores tempranos hormonales y genéticos, aunque la evidencia de las CAH y los estudios de razón digital dan apoyo a algunas influencias tempranas.

Genes

 

Dos muy diferentes clases de estudios empíricos se han usado para investigar las influencias genéticas sobre la orientación sexual: los estudios de mellizos y lose studios de genética molecular. El objetivo de los estudios de mellizos es estimar la importancia general de la genética versus las influencias ambientales sobre la orientación sexual. Los estudios de genética molecular apuntan a identificar genes en particular que influyan sobre la orientación sexual.

 

Estudios de mellizos. Los estudios de mellizos cuantifican la magnitud de las influencias genéticas comparadas con las influencias ambientales. La versión más directa conceptualmente de un estudio de mellizos involucra mellizos idénticos (monocigóticos o MZ) por separado después del nacimiento y criados en ambientos separados y no correlacionados. Cualquier similaridad entre los mellizos separados debe deberse al hecho de que son genéticamente idénticos y compartieron el mismo ambiente intrauterine, y cualesquiera diferencias deben reflejar las diferencias ambientales posnatales. Desdichadamente para la ciencia, los mellizos separados tempranamente son muy raros, y las parejas de mellizos separados en los que al menos un miembro de la pareja es homosexual son todavía más raros. Por eso nuestro conocimiento de la orientación sexual entre mellizos separados está limitado a unos pocos informes de casos, insuficientes en número para sacar conclusiones firmes (Eckert, Bouchard, Bohlen, & Heston, 1986).

En contraste, el diseño clásico de mellizos se apoya en los mellizos criados conjuntamente, que son mucho más comunes.  Depende de que hay dos clases de mellizos: MZ y DZ (dicigóticos, también conocidos como mellizos fraternos). Los mellizos MZ son genéticamente idénticos, y los mellizos DZ comparten la mitad de sus genes. [26]20 El diseño clásico de mellizos permite estimar las magnitudes de las influencias genéticas y dos clases de influencias ambientales: las de ambiente compartido y las de ambiente no compartido.  Las respectivas estimaciones son heredabilidad (h2), ambientalidad compartida (c2), y ambientalidad no compartida (e2). (El ambiente compartido causa que los hermanos criados juntos sean similares; el ambiente no compartido causa que sean diferentes.) Cada estimación tiene como límites extremos cero y uno, y la suma de las estimaciones es igual a uno; se las interpreta como la proporción de variación del rasgo atribuible a la variación de las influencias respectivas. Estas estimaciones requieren conocer las correlaciones de valor de rasgo separadamente para mellizos MZ y DZ.  21[27]

Debería advertirse que los estudios de mellizos existentes todos evalúan la orientación sexual por vía de autoinforme. Es posible que algunos informes sean falsos, y la mayor probabilidad es que los informes falsos sean negación de intereses homosexuales. Es posible que la verdadera discordancia sea menos común que lo implicado por estos estudios. La investigación que da apoyo a la validez de la discordancia de mellizos (de que los mellizos que informan diferentes orientaciones sexuales en verdad las tienen) actualmente falta, y sería muy deseable para las parejas MZ. En varones la evidencia persuasive de discordancia válida de mellizos consistiría en diferentes patrones de excitación ante estímulos eróticos de varón y de mujer, medidos por PPG. En mujeres, el tiempo de visión de estímulos de varón versus estímulos de mujer proveería una medición potencialmente objetiva.

La tabla 4 incluye las concordancias de mellizos de estudios de orientación sexual. [28]22 Se distinguen dos categorías generales de estudios de mellizos: las que usan muestreo dirigido y las que usan registros de mellizos o muestreo probabilístico (e.g., muestreo telefónico al azar). En el muestreo dirigido, los mellizos homosexuales (o, de modo más general, no heterosexuales) son reclutados explícitamente, por vía de avisos o por vía de boca a boca.  Este método de reclutamiento puede ser en especial vulnerable al sesgo de muestreo, porque los mellizos homosexuales no solamente deben enterarse del estudio, también deben decidir si quieren participara, sabiendo probablemente que el investigador está estudiando la homosexualidad. Cuando están decidiendo si participar, los participantes potenciales pueden considerar las orientaciones de sus mellizos (para evitar la sospecha o tension que puede ser más probable entre hermanos de diferentes orientaciones), lo que conducirá a una sobrerrepresentación de pares concordantes (Kendler & Eaves, 1988). Además, las parejas concordantes MZ puede tener una especial probabilidad de ser reclutadas, porque tienen especial probabilidad de encontrar ambos gente que potencialmente los derive (Torrey, 1992). Este sesgo inflaría las concordancias MZ en relación con las DZ, conduciendo a estimaciones de heredabilidad espuriamente altas. Los estudios que usan registros de mellizos o muestreo de probabilidad son menos suceptibles al sesgo de muestreo porque la población de interés ha sido reunida sin tener en cuenta la orientación sexual. La Tabla 4 confirma el sesgo probablemente incrementado en las muestras de objetivo elegido [targeted samples]. Las medianas de concordancia en MZ y DZ son respectivamente 0,52 and 0,17, en las muestras de objetivo elegido, comparadas con 0,24 y 0,15 en las muestras de registro / de probabilidad. Nótese que las concordancias de mediana también muestran una diferencia MZ- DZ más grande para las muestras de objetivo elegido que para las muestras de registro / de probabilidad.

¿Qué podemos sacar como conclusión de los resultados de las mejores muestras? Aquí proveemos solamente un resumen grosero, en lugar de involucrarnos en una estimación rigurosa y en el testeo de la hipótesis.  Hay muy pocas muestras de registro / de probabilidad de uno u otro sexo para proveer análisis separados, y por lo tanto consideramos las muestras de varones, de mujeres y las mezcladas todas juntas. La tasa de concordancia MZ excede la tasa de DZ en seis de siete estudios (con la excepción de un empate estadístico), y el tamaño de efecto promedio (razón logarítmica de probabilidad) difiere significativamente de cero (z = 3,14, p = 0,0017). Esto da apoyo a la hipótesis de que la heredabilidad excede cero, aunque la hipótesis alternative no se rechaza terminantemente. Las concordancias de mediana MZ y DZ son respectivamente 0,24 y 0,15, y la tasa mediana de orientación no heterosexual es  0,04. Estas cifras se traducen en correlaciones tetrajóricas de 0,57 y 0,41, y la heredabilidad se estima como 2 × (0,57 – 0,41) = 0,32, lo que significa que alrededor de un tercio de la variación en orientación sexual es atribuible a diferencias genéticas. La major estimación de la ambientalidad no compartida es simplemente uno menos la correlación MZ MZ, 0,43, y la ambientalidad compartidad es el remanente, 0,25.

Los estudios de mellizos que han incluido la no conformidad genérica de infancia retrospectiva han arrojado algunos intrigantes hallazgos adicionales (Bailey, Dunne, & Martin, 2000; Bailey & Pillard, 1991; Bailey, Pillard, Neale, & Agyei, 1993). Primero, la probabilidad de que los pares de mellizos varones o mujeres MZ fueran concordantes para orientación sexual no estaba relacionada con el grado de no conformidad genérica de infancia de los mellizos homosexuales. Por tanto, no hay evidencia de que la homosexualidad asociada con la no conformidad genérica de infancia sea especialmente heredable. Segundo, entre los pares de mellizos MZ discordantes había diferencias significativas y sustanciales en no conformidad genérica de infancia, con el mellizo homosexual recordando mucha más no conformidad de género comparado con el mellizo heterosexual. Esto sugiere que la influencias ambientales no compartidas sobre la orientación sexual comienzan temprano, lo más tarde en infancia. Tercero, entre los pares concordantes MZ había una alta correlación de no conformidad genérica infantil: ambos mellizos tendían a haber mostrado niveles altos, moderados o bajos de no conformidad genérica en la infancia. Este hallazgo ha sido replicado en un estudio de hermanos no gemelos (Dawood, Pillard, Horvath, Revelle, & Bailey, 2000). Sugiere que los genes o el ambiente compartido pueden afectar la expresión particular de desarrollo de la orientación sexual.

En conclusión, la evidencia que da apoyo a una influencia genética en la orientación sexual es consistente, aunque los sesgos de muestreo siguen siendo una preocupación incluso en los mejores estudios de que se dispone. Nuestra mejor estimación de la magnitud de los efectos genéticos es moderada, ciertamente no abrumadora. En contraste, la evidencia de la influencia ambiental es inequívoca, dado que las concordancias de mellizos MZ tienden a ser mucho menos que 100%,  23[29] asumiendo que los pares de mellizos MZ sean verdaderamente discordantes. Es importante reconocer que la limitación de esta evidencia refleja la dificultad de conducir estudios de mellizos en orientación sexual. La orientación no heterosexual es relativamente rara, y por eso incluso un gran registro de mellizos carecerá de un número suficiente de parejas de mellizos con miembros no heterosexuales para proveer estimaciones muy buenas. Los estudios de mellizos de algunos fenómenos raros, como la esquizofrenia, han tenido éxito porque algunas naciones guardan buenos registro de quién es un mellizo y quién tiene el rasgo, permitiendo la reunion de una muestra suficiente (Cardno & Gottesman, 2000); no es probable que haya una situación análoga para la orientación no heterosexual en el future previsible.

Basándonos en la evidencia de los estudios de mellizos, creemos que podemos proveer una respuesta calificada a la pregunta “¿Es genética la orientación sexual?” Esa respuesta es: “Probablemente sea un poco genética, pero no en su mayor parte.” Por un lado, esa respuesta no es sorprendente, dada la presión evolucionaria contra los genes que disminuyen la reproducción, como probablemente lo hacen los genes de la homosexualidad, especialmente en varones (Vasey, Parker, & VanderLaan, 2014). Por otra parte, suponemos que muchas personas encontrarán sorprendente esta conclusion, principalmente porque han mal entendido los significados de “genético” y “ambiental.” No puede haber mucha duda de que la orientación sexual está influida ambientalmente. Sin embargo, reconocer esto implica que el ambiente social moldea la orientación sexual. Hay un ambiente social, pero también hay un ambiente no social vasto y en gran medida inexplorado. Por tanto, la conclusion de que la orientación sexual está socialmente influida requiere evidencia además de la provista por lose studios de mellizos. En una sección posterior examinamos la evidencia de efectos socioambientales en la orientación sexual.

 

 

Table 4. Concordancias relativas de Probandos en Estudios Publicados de Mellizos sobre Orientación Sexual.

Reclutamiento

Ubicación

Estudio

Definición de no heterosexualidad

Sexo

Número de probandos MZ no heterosexuales

Número de comellizos MZ, también no heterosexuales

Número de probandos NZ no heterosexuales

Número de comellizos DZ, también no heterosexuales.

Concordancia relativa a probandos MZ

Concordancia relativa a probandos DZ

Razón ajustada de probabilidad

Tasa de no heterosexualidad en la muestra

Específico

 

United States

Kallmann

(1952)

Puntaje Kinsey 3 o

Mayor

Varón

 

37

37

26

3

1.00

0.12

503.57

NA

Específico

United States

Bailey y Pillard (1991)

Puntaje Kinsey 2 o

mayor

 

Varón

 

56

29

54

12

0.52

0.22

3.65

NA

Específico

United States

Bailey, Pillard,

Neale, y

Agyei (1993)

Puntaje Kinsey 2 o

mayor

 

Mujer

71

34

29

3

0.48

0.10

6.97

NA

Específico

 

United States

Whitam,

Diamond,

y Martin

(1993)

Puntaje Kinsey 4 o mayor en probandos, 2 o mayor en comellizos

Varón

 

34

22

14

4

0.65

0.29

4.20

NA

Específico

 

 

United Kingdom

King  y

McDonald

(1992)

 

Identidad Sexual Autoinformada

(“homosexual” o“bisexual”)

Mezcla

17

 

4

24

4

0.24

0.17

1.52

NA

Mediana específica

0.52

0.17

4.20

NA

Muestreo de probabilidad

United States

Kendler,

Thornton,

Gilman, y Kessler

(2000)

Identidad Sexual Autoinformada

(“homosexual” o“bisexual”)

 

Mezcla

 

19

6

15

2

0.32

0.13

2.60

0.03

Registro de mellizos

United States

Hershberger

(2001)

Incierta

 

Varón

16

4

8

2

0.25

0.25

0.94

0.04

Registro de mellizos

 

United States

Hershberger

(2001)

Incierta

Mujer

 

11

6

8

2

0.55

0.25

3.07

0.03

Registro de mellizos

 

Suecia

Långström,

Rahman,

Carlström, y

Lichtenstein

(2010)

Parejas del mismo sexo en toda la vida

 

Varón

78

 

14

56

6

0.18

0.11

1.75

0.06

Registro de mellizos

Suecia

Långström et al. (2010)

Parejas del mismo sexo en toda la vida

Mujer

240

52

153

26

0.22

0.17

1.34

0.08

Registro de mellizos

Finlandia

Alanko et al. (2010)a

Puntaje de al menos 1.5 en la Evaluación de Orientación Sexual de Sell.

Mezcla

 

16

6

23

0

0.38

0.00

29.10

0.02

Registro de mellizos

 

Australia

Zietsch et al.

(2012)a

 

 

Preferencia sexual autoinformada  por el mismo sexo, el otro sexo o los dos sexos

Mezcla

 

134

32

154

20

0.24

0.13

2.08

0.04

Mediana no específica

 

0.25

0.13

2.08

0.04

Note: Only studies with at least 10 monozygotic (MZ) and 10 dizygotic (DZ) probands were included. Probandwise concordance represents the probability that an index twin with the trait (in this case, nonheterosexuality) has a twin who also has the trait. Both members of a twin pair are probands if they were ascertained independently, as they typically would be in a Registro de mellizos study. Probandwise concordance contrasts with pairwise concordance, which is the probability that a twin pair will be concordant. Although probandwise concordance tends to be the less intuitive index, it is the correct one (McGue, 1992). NA = not applicable.

a Los datos de concordancia no estaban en la publicación original pero fueron obtenidos de los autores.

 

 

 

 

 

 

Estudios de genética molecular. Los estudios de mellizos proveen información sobre la pregunta amplia de cuánta importancia tienen los genes, juntos, en la causación de un rasgo. En contraste, los estudios de genética molecular tienen el potencial de identificar genes en particular y dilucidar el sender causal de gen a rasgo. Uno de los más famosos estudios de las causas de la orientación sexual fue un estudio de genética molecular publicado en 1993 por el genetista Dean Hamer del National Cancer Institute [Instituto Nacional del Cáncer] (Hamer et al., 1993). Hamer usó un diseño de enlace de pares de hermanos: Primero reclutó pares de hermanos homosexuales, de los que tomó muestras de DNA. En la fase de análisis de datos buscó por segmentos cromosómicos que eran compartidos por estos hermanos más a menudo de lo que deberíamos esperar si fuera por casualidad (i.e., en promedio, cualquier segmento en particular debería ser idéntico por ascendencia [Identical By Descent = IBD] el 50% del tiempo). Cualquier segmento con participación aumentada aumentada puede tener dentro un gen que afecta el rasgo. (A menudo en el análisis de enlace no se entiende que los segmentos cromosómicos detectados tienen muchos genes diferentes, y por esto el análisis de enlace ese n este sentido un precursor de de un mapeo de genes más preciso.) Hamer encontró una región cromosómica con participación aumentada: Xq28, que está ubicado en la punta del cromosoma X. El hallazgo parecía especialmente interesante porque Hamer también aportó evidcencia de que los hombres homosexuales tenían mayor probabilidad de tener parientes varones homosexuales por parte de madre que de padre, un hallazgo consistente con el enlace con X.

El hallazgo de vinculaciones de Hamer fue controvertido, en parte porque la muestra de enlace contenía solamente 40 pares de hermanos. Aunque el laboratorio de Hamer informó una replicación exitosa (Hu et al., 1995), otro laboratorio no pudo replicar los resultados con una muestra de 52 pares de hermanos homosexuales (G. Rice, Anderson, Risch, & Ebers, 1999). Más tarde el propio laboratorio de Hamer publicó un estudio de enlace de muestra expandida, incluyendo sus sujetos originales (de 1993 y 1995), donde no pudieron encontrar enlace significativo para Xq28 pero sí encontró evidencia de enlace a regiones de los cromosomas  7, 8 y 10 (Mustanski et al., 2005). Ningún enlace genético significativo se informó para orientación sexual de mujer.

Durante los años pasados desde el informe original de Hamer quedó claro que los hallazgos de genética molecular no se estaban replicando bien (Ioannidis, Ntzani, Trikalinos, & Contopoulos-Ioannidis, 2001), conclusión que se ha extendido a la mayor parte de la ciencia (Ioannidis, 2005). En parte esto reflejaba fenómenos genéticos como heterogeneidad, esto es, el hecho de que diferentes genes pueden conducir a diferentes resultados. En parte reflejaba error estadístico tipo 1 debido al testeo múltiple (masivo). Hay reconocimiento universal de la importancia de usar muestras mucho más grandes que las de Hamer. Se publicó recientemente el estudio de enlace de orientación sexual del varón más grande hasta la fecha, que incluyó 409 pares de hermanos homosexuales (Sanders et al., 2014). Los principales hallazgos positivos del estudio incluyeron tanto la detección del enlace para la region pericentromérica (i.e., situada cerca del centro) del cromosoma 8 y la replicación del enlace de Xq28. Aunque es alentador que el estudio más grande de todos haya replicado algunos hallazgos de los estudios más pequeños, el caso no está cerrado. Se necesitan estudios todavía más grandes para proveer el grado de certidumbre que ahora se espera de la genética molecular; y en cualquier caso la caja de mapeo de genética molecular no se cierra hasta identificar genes que afecten rasgos.

Con este fin, ha habido un deslizamiento desde los estudios de enlace, que consideran los patrones de participación de DNA dentro de familias, a lose studios de asociación relativa al genoma [genome-wide association studies] (GWAS), que comparan el DNA entre individuos con y sin una variante de rasgo de interés, En el único estudio GWAS de orientación sexual completado hasta esta fecha, los investigadores de la compañía de genomas 23andMe examinaron marcadores genéticos de casi 24.000 personas que proveyeron autoinformes de sus orientaciones sexuales (Drabant et al., 2012). La muestra abarcaba 1.181 hombres exclusivamente homosexuales y 10.679 hombres exclusivamente heterosexuales, así como más de 1.500 hombres de orientaciones intermedias, y 733 mujeres cuyo grado de no heterosexualidad era al menos bisexual, 7.599 mujeres exclusivamente heterosexuales y más de 2.000 mujeres de orientación intermedia. Los estudios GWAS examinan diferencias grupales en miles de marcadores, y así se deben hacer correcciones estadísticas para minimizer los errores del Tipo 1. Después de hacer estas correcciones el estudio no arrojó efectos significativos. Sin embargo, el marcador genético más cercano a la significación estadística en hombres estaba ubicado en el cromosoma 8 pericentromérico, en la misma region identificada por Mustanski et al. (2005) y Sanders et al. (2014). (Los resultados para mujeres no alcanzaron los niveles convencionales de significación estadística después de las correcciones necesarias del testeo multiple.) Aunque estos hallazgos eran interesantes, advertimos que hasta la muestra de 23andMe tenia un tamaño modesto (particularmente la porción no heterosexual) y era potencialmente de baja energía en la era actual de GWAS (Moonesinghe, Khoury, Liu, & Ioannidis, 2008). Basándonos en lo que sabemos de los resultados de la genética molecular en general (Manolio et al., 2009), esperamos que cualesquiera genes de orientación sexual tengan individualmente efectos pequeños. Por esto pueden ser necesarios consorcios de equipos de investigación que cooperen para obtener muestras suficientemente grandes.

Los resultados de la genética molecular también pueden usarse para echar luz sobre influencias ambientales. En particular, el concepto de epigenética (modificaciones químicas del genoma como la metilación del DNA) es consistente con influencias ambientales en la expresión del gen. La epigenética podría jugar un papel en algunas discordancias de mellizos MZ (Petronis et al., 2003). En el caso de la orientación sexual, la evidencia indirecta para influencia epigenética en la orientación sexual del varón incluye la alta tasa de discordancia MZ, el efecto de orden de nacimiento fraterno y algunas interesantes (pero todavía no replicadas) asociaciones genéticas moleculares (Ngun & Vilain, 2014).[30]24 Sin embargo, un informe preliminar de un estudio de 34 pares de mellizos MZ varones discordantes en orientación sexual no reveló ningun apoyo para esta hipótesis (Bocklandt et al., 2011).

 

Evolución y homosexualidad. La homosexualidad humana ha sido llamada con justicia una paradoja evolucionaria. Tanto la orientación sexual del varón como la de la mujer parecen ser moderadamente heredables, y se sabe que la homosexualidad ha existido por muchas generaciones. Sin embargo tiende a reducir el éxito reproductivo (Bell & Weinberg, 1978) y en una muestra no occidental lo ha reducido a cero (Vasey et al., 2014). Es probable que en ciertos contextos culturales la no heterosexualidad disminuya la reproducción en un grado menor (Murray, 2000), pero la contribución genética a la orientación sexual es paradójica a no ser que en las tasas de reproducción de personas heterosexuales y no heterosexuales no haya diferencia. Así,  la paradoja se refiere a cómo cualquier gen que aumente la probabilidad de homosexualidad pudo persistir. Además, incluso si la heredabilidad de la orientación sexual fuera cero, todavía necesitaríamos entender cómo los procesos que regulan el desarrollo de la orientación sexual permiten una tasa nada trivial de variantes asociadas con reproducción reducida.

La mayor parte de la investigación en la evolulción de la sexualidad del mismo sexo en humanos se ha enfocado en explicar el origen y la persistencia de la androfilia del varón. (Nos referimos a androfilia y ginefilia más que a homosexualidad porque parte de este trabajo se condujo con poblaciones en las que no tiene sentido el término  “homosexualidad”.) La evolución de la ginefilia de la mujer sigue estando muy poco investigada (pero véase L. M. Diamond, 2006).

Hasta la fecha la investigación se ha enfocado en dos hipótesis principales para intentar explicar la persistencia de los genes de androfilia del varón: la hipótesis de selección de parentesco [kin selection hypothesis] (KSH) y la hipótesis del gen sexualmente antagonista [sexually antagonistic gene hypothesis] (SAGH). La KSH sostiene que los genes para la androfilia del varón podrían ser mantenidos en la medida en que tener varones androfílicos como parientes cercanos ayudara a que las personas se reprodujeran más que en otras circunstancias (Wilson, 1975). En teoría, los varones androfílicos podrían aumentar su aptitud indirecta, que es una medida del impacto de un individuo en la aptitud de sus parientes (que comparten genes idénticos en virtud de su ascendencia) , sopesado por el grado de cercanía de parentesco (Hamilton, 1963), dirigiendo su conducta altruista hacia los parientes lo que, en principio, permitiría que sus parientes aumentaran su éxito reproductivo.

De modo consistente con las predicciones de la KSH, la investigación conducida en Samoa mostró repetidamente que las fa’afafine (varones androfílicos transgéneros)  muestran elevadas tendencias avunculares (propias de un tío o tía) comparados con los hombres ginefílicos y las mujeres de Samoa. (Se midió por una escala de 9-items relative a la voluntad de cuidar y de dar recursos a sobrinas y sobrinos.) Este hallazgo no parece reflejar una tendencia general a ayudar a los demás, sino una preferencia específica por la familia (Vasey & VanderLaan, 2010). Como contraste, la investigación en varones cisgéneros androfílicos de poblaciones occidentales (Abild, VanderLaan, & Vasey, 2014; Bobrow & Bailey, 2001; Rahman & Hull, 2005) y culturas industrializadas no occidentales (Vasey & VanderLaan, 2012) no reunió virtualmente ningún apoyo para la KSH.  Es posible que la avuncularidad elevada no se exprese a no ser que la androfilia del varón adopte la forma transgenérica. Se necesita más investigación para asegurarse de si otras poblaciones de andrófilos varones exhiben o no elevado altruismo hacia sus parientes.

La SAGH de androfilia de varón sostiene que los genes asociados con el desarrollo de la androfilia dan como resultado reproducción disminuida en portadores varones pero reproducción aumentada en portadoras mujeres. Las mujeres parientas de varones androfílicos tienen especial probabilidad de llevar estos genes, y así su éxito reproductivo aumentado ayuda a balancear el éxito reproductivo disminuido de sus parientes andrófilos varones. La selección de antagonismo sexual balanceado funciona particularmente bien para genes del cromosoma X. Esto ocurre porque los varones tienen solamente una copia de cualquier gen del cromosoma X, en tanto que las mujeres tienen dos copias. Así, en teoría, las mujeres tienen el doble de chance de beneficiarse con genes enlazados a X que mejoren su aptitud, comparadas con sus parientes varones androfílicos. (Ésta es una razón por la que los científicos encontraron tan apasionante la idea de un gen en Xq28.) Con el tiempo, se seleccionarían los genes modificadores que suprimen la androfilia del varón pero permiten los efectos adaptativos de esos genes cuando los llevan mujeres (W. R. Rice, 1984).

El apoyo más sólido para la SAGH ha sido recogido exclusivamente en Europa Occidental, donde se ha demostrado repetidamente que las madres y tías maternas de los andrófilos varones exhiben un elevado rendimiento reproductivo comparado quienes no tienen hijos o sobrinos androfílicos (e.g., Camperio-Ciani, Corna, & Capiluppi, 2004). La carencia de estos estudios en culturas no occidentales es desdichada, porque el rendimiento reproductivo de Occidente es artificialmente bajo a causa de la planeación familiar y el control de natalidad. Por ejemplo, la tasa de nacimiento contemporánea de Italia, donde se han conducido varios estudios, es de 1.4 nacimientos por mujer por cada curso de vida (World Bank, 2014). En contraste, la típica mujer cazadora-recolectora da nacimiento a 6 críos (Pennington, 2001). Por esta razón, los estudios de hipótesis evolucionarias que se enfocan en las tasas reproductivas de poblaciones ocidentales contemporáneas son de muy limitado valor para explicar el origen y persistencia de los rasgos (Perusse, 1993). Varios estudios conducidos en Samoa, una cultura no occidental con tasas de fertilidad más altas, han indicado que las madres y abuelas de varones androfílicos exhiben rendimiento reproductivo elevado, comparadas con las que tienen solamente parientes varones ginefílicos (VanderLaan, Forrester, Petterson, & Vasey, 2012; VanderLaan & Vasey, 2011; Vasey & VanderLaan, 2007). Sin embargo, la reproducción elevada entre madres y abuelas provee evidencia no concluyente para la SAGH. Esto es porque el rendimiento reproductivo entre estas categorías de parentesco de mujeres podría estar influida por las contribuciones genéticas de padres y abuelos (VanderLaan, Garfield, et al., 2014). Como con la KSH, se necesita más trabajo para clarificar el grado en que la SAGH puede explicar la evolución de la androfilia del varón.

Una importante limitación de esta investigación evolucionaria es que sigue sin estar claro si la selección de parentesco o la selección sexualmente antagonista pueden compensar los costos reproductivos asociados con la androfilia del varón. Esto es porque los costos reproductivos directos de la androfilia del varón son severos (Bell & Weinberg, 1978; Vasey et al., 2014), y los beneficios indirectos a la parentela por vía de la inversion del varón androfílico (KSH) o los genes (SAGH) debería ser verdaderamente muy alta para balancear completamente los costos. De acuerdo con la KSH, cada crío que un varón androfílico pudiera tener por vía de reproducción directa, si fuera ginefílico, necesitaría ser balanceado por cuatro sobrinos o sobrinas extra que sobrevivieran para reproducirse como resultado de la provision de recursos del varón androfílico, incluyendo la protección y el cuidado de niños. Asumiendo de forma conservadora que los varones ginefílicos engendran dos críos que sobreviven hasta  edad reproductiva, los varones androfílicos tendrían que contribuir con ocho sobrinas y sobrinos que sobrevivieran hasta esa edad. Se podrían hacer cálculos similares para la SAGH,  aunque el mecanismo presunto que diera base a los cálculos diferiría. Por supuesto, ambas teorías puede ayudar a explicar una porción de la androfilia del varón, incluso si no pueden explicarla completamente. Se necesita más investigación para cuantificar la aptitud inclusiva relativa de varones androfílicos y ginefílicos.

Las sociedades en las que predomina la androfilia de varones transgéneros exhiben una presencia significativamente mayor de condiciones socioculturales humanas ancestrales comparadas con las sociedades donde predomina la forma cisgenérica (VanderLaan, Ren, & Vasey, 2014). Esto sugiere que la forma transgenérica de la androfilia del varón fue probablemente la forma ancestral. Como tal, la androfilia transgenérica del varón probablemente representa el major modelo para testear las hipótesis evolucionarias, dado que las formas más derivadas de este rasgo pueden reflejar influencias culturales / históricas recientes que podrían oscurecer el resultado de los procesos evolucionaarios. Consecuentemente, los resultados más promisorios de los tests de KSH y SAGH vienen de estudios hechos en fa’afafine samoanas. La evidencia sería mucho más fuerte si otras poblaciones de varones androfílicos transgéneros mostraran efectos similares.

 

El ambiente no social

 

La evidencia más persuasiva de que el ambiente afecta la orientación sexual es el hecho de que el mellizo MZ de una persona no heterosexual suele ser  heterosexual. ¿Cuál es la naturaleza de la influencia ambiental que causa que las orientaciones sexuales de mellizos genéticamente idénticos diverjan? 25[31] Ya hemos notado que el ambiente comprende más que influencias sociales. Un ejemplo sorprendente de la importancia del ambiente no social viene de una reseña de concordancias de mellizos para los defectos congénitos cerebrales hidrocefalia y anencefalia (Torrey, Bowler, & Taylor, 1994). 26[32] Entre los pares de mellizos MZ en que un mellizo nació con una de estas condiciones el otro mellizo en general fue normal, aunque las concordancias MZ

también fueron más altas que las de los DZ. El ambiente prenatal no social está claramente implicado en estas diferencias, y con la misma claridad el ambiente no tiene nada que ver con ellas. Las causas de las diferencias de MZ son una apasionante fuente de especulación apasionante, pero hasta ahora se las entiende muy poco (Matias, Silva, Martins, & Blickstein, 2014; van Dongen, Slagboom, Draisma, Martin, & Boomsma, 2012). En esta sección reseñamos la evidencia de las influencias ambientales no sociales sobre la orientación sexual.

 

El efecto de orden de nacimiento fraterno. Uno de los resultados más consistentes en la investigación de orientación sexual es el efecto de orden de nacimiento fraterno para la orientación sexual del varón. Es el descubrimiento de que los hombres homosexuales tienden a tener un número más grande de hermanos mayores, comparados con los hombres heterosexuales, las mujeres heterosexuales y las mujeres homosexuales (Blanchard, 2004; Bogaert & Skorska, 2011). Las confusions plausibles que no pueden explicar este efecto incluyen la edad de los progenitores y otros tipos de hermanos. Después de controlar estadísticamente el número de hermanos mayores, no hay diferencia en el número de hermanos más jóvenes o hermanas o hermanas mayores. Ni tampoco hay ningún efecto del número de hermanos más jóvenes de cualquier sexo en la orientación sexual de la mujer. El efecto de orden de nacimiento frraterno se aplica solamente a la orientación sexual del varón. Notablemente, también ha sido detectado entre las fa’afafine de Samoa (VanderLaan & Vasey, 2011; Vasey & VanderLaan, 2007) y entre los varones androfílicos transgéneros (que se autoidentifican como mujeres trans) en las naciones occidentales (Blanchard & Sheridan, 1992).

Casi con certeza el efecto es causal, con cada hermano mayor adicional causando un aumento en las probabilidades de que un hombre sea homosexual. El efecto es también grande, en el sentido de que aumenta las probabilidades de homosexualidad de un varón apreciablemente, en un agama estimada del 33 al 34 % más (Cantor, Blanchard, Paterson, & Bogaert, 2002; VanderLaan & Vasey, 2011). Asumiendo que un varón sin ningún hermano mayor tiene el 2% de probabilidad de ser homosexual, un hombre con un hermano mayor tiene el 2,6% de probabilidades; con dos, tres y cuatro hermanos mayores, las probabilidades son 3.5%, 4.6% y 6.0%, respectivamente. Las estimaciones de la proporción de varones homosexuales que deben su orientación sexual al efecto de orden de nacimiento fraterno han ido del 15.1% (Cantor et al., 2002) al 28.6% (Blanchard & Bogaert, 2004).

El efecto de orden de nacimiento fraterno parece depender solamente de los hermanos mayores biológicos, no sociales. Lo sabemos por un estudio de Bogaert (2006) que comparó los varones homosexuales que tenían hermanos mayors biológicos (definidos como los que tenían la misma madre biológica como sujeto índice) con una muestra especialmente reclutada de hombres homosexuales que tenían hermanos mayors no biológicos (i.e., medio hermanos, hermanastros o hermanos adoptivos que no eran de la misma madre biológica). El efecto de orden de nacimiento fraterno se encontró solamente entre los hombres homosexuales con hermanos mayores biológicos. El factor crucial parece ser el número de hermanos mayores que nacieron de la propia madre, sea que uno sea criado con ellos o no.

Blanchard (2001) ha ofrecido una hipótesis inmunológica específica que puede explicar el efecto de orden de nacimiento fraterno como efecto materno. Los fetos varones portan proteínas específicas del varón en su cromosoma Y, llamadas antígenos H-Y. Blanchard formuló la hipótesis de que algunos de estos antígenos promueven el desarrollo de la orientación sexual en varones (es probable que este desarrollo también requiera testosterone en circulación en un período crítico). Como estos antígenos H-Y no están presents en el cuerpo de la madre, provocan la producción de anticuerpos maternos. Estos anticuerpos se ligan con los antígenos H-Y y les impiden funcionar, lo que, a su vez, impide la diferenciación sexual de los centros cerebrales que median en la orientación sexual del varón. El grado de esta reacción y la probabilidad de que ocurra, o ambas cosas aumentan con los embarazos sucesivos de progenie varón. Blanchard y sus colegas han identificado antígenos candidatos específicos del varón que se expresan preferencialmente en el cerebro y tienen la esperanza de testearlos buscando anticuerpos tanto en madres de hombres homosexuales como en madres de solamente hombres heterosexuales. La teoría de Blanchard predice que los primeros tendrían un exceso de anticuerpos, en tanto que los segundos no. Esta hipótesis inmunitaria maternal es también consistente con la posibilidad de que los genes del cromosoma Y jueguen un rol junto con las hormonas sexuales en la diferenciación sexual (Ngun, Ghahramani, Sánchez, Bocklandt, & Vilain, 2011).

La teoría de Blanchard podría ayudar a reconciliar una combinación de hallazgos que son difíciles de explicar con la teoría de que la diferenciación sexual depende solamente de andrógenos organizacionales. Las mujeres con CAH y también las mujeres criadas como varones por extrofia cloacal son expuestas a altos niveles de andrógenos prenatales, pero solamente estas últimas parecen tener una especial probabilidad de llegar a sentirse atraídas a las mujeres. Como todas las mujeres con complemento normal de cromosomas sexuales, las mujeres con CAH carecen de un cromosoma Y, que es hipotéticamente necesario para la heterosexualidad del varón. Como todos los varones, los varones natales con extrofia cloacal tienen un cromosoma Y.

Así, quizás es el cromosoma Y (en presencia de andrógenos prenatales, que ambos grupos tienen) lo que explica los diferentes resultados finales de orientación sexual en los dos grupos. Un cromosoma Y no es suficiente sin embargo para causar la orientación heterosexual del varón. Los individuos que tienen un cromosoma Y pero que son completamente insensibles a los efectos del andrógeno generalmente son atraídos por los hombres (Wisniewski et al., 2000).

El efecto de orden de nacimiento fraterno es al menos en parte ambiental, porque el orden de nacimiento obviamente no es genético.  Es concebible sin embargo que tenga un componente genético, porque algunas madres o hijos puede ser genéticamente más o menos probabilidad de causar o experimentar el efecto. El componente ambiental causa que algunos hermanos tengan diferentes orientaciones sexuales (i.e., hijos primogénitos heterosexuales versus hijos nacidos más tarde que son homosexuales como resultado del efecto), pero también causa que otros hermanos tengan las mismas orientaciones sexuales (i.e., multiples hermanos más jóvenes que son homosexuales como resultado del efecto). En este sentido, es parte del ambiente compartido y del ambiente no compartido. Dos fenómenos que el efecto de orden de nacimiento fraterno parece incapaz de explicar son la homosexualidad en los hijos primogénitos y la discordancia de orientación sexual en mellizos MZ. En relación con el primero, la limitación de la teoría es obvia. En relación con la segunda, tanto los hermanos mellizos MZ tienen el mismo número de hermanos mayores que podrían haber inducido un efecto de orden de nacimiento fraterno. Así, los factores ambientales no compartidos adicionales pueden afectar la orientación sexual del varón. Ya hemos advertido que el ambiente no compartido que causa la discordancia de mellizos en la orientación sexual tiende también a afectar la no conformidad de género infantil, y por tanto es una influencia temprana; quizás la influencia ambiental no compartida sea prenatal, como el efecto de orden de nacimiento fraterno. Dada la naturaleza no social del efecto del orden de nacimiento fraterno, así como los resultados en varones hormonalmente normales reasignados en sexo, formulamos la hipótesis de que estos factores adicionales pueden ser no sociales.

 

El ambiente social

 

Varias hipótesis concernientes a las influencias sociales potenciales sobre la orientación sexual tienen una larga historia de controversia social y científica. Incluyen las siguientes ideas: que la homosexualidad puede ser causada por “reclutamiento,” o

seducción sexual de una persona más joven y sexualmente ingenua realizada por una persona homosexual de más edad; que los críos de progenitores no heterosexuales tienen tasas aumentadas de no heterosexualidad debido a las influencias sociales; y que la sicoterapia puede cambiar la homosexualidad. Todas éstas son hipótesis de “nurtura.”

Hemos reseñado evidencia de estudios de mellizos que muestran que la influencia ambiental sobre la orientación sexual es considerable. Hemos intentado dejar en claro que las diferencias de mellizos MZ en general señalan la existencia de influencia ambiental, pero el ambiente que causa las diferencias no necesita abarcar en sí la influencia social. Esto es, los mellizos MZ pueden diferir en su orientación sexual no a causa de diferentes experiencias sociales sino a causa de diferencias no sociales, inclulsive las que se produjeron antes del nacimiento. En otras palabras, el ambiente puede ser parte de lo que es generalmente entendido como “natura” más que solamente “nurtura.”

También hemos señalado razones por las que las influencias ambientales no sociales sobre la orientación sexual parecen especialmente probables. Éstas incluyen los hechos de que muchos mellizos MZ discordantes tienden a recorder ser tratados de modo diferente la infancia; que el efecto de orden de nacimiento fraterno es al menos en parte ambiental y parece ser íntegramente no social; y que, para los varones, los resultados del cuasi experiment casi perfecto sugieren que incluso las más severa presión ambiental social (i.e., la transformación anatómica y social temprana de varones en mujeres) no afecta la sexualidad eventual.

Esta evidencia nos parece intensamente sugerente de influencias no sociales más que sociales, pero si se está en desacuerdo no se puede meramente asumir en su lugar que las influencias sociales son importantes; se debe construir una argumentación científica probando que lo son. Hipotétiocamente, el major modo de proveer evidencia de una hipótesis ambiental social en particular sería con un experimento: asignar al azar a personas que tengan, o no tengan, una experiencia social en particular y después evaluar más tarde su sexualidad. Por supuesto, en este caso las influencias sociales que se formulan como hipótesis (incluyendo la seducción sexual y / o el abuso sexual, la sicoterapia para cambiar la orientación y la orientación sexual de los progenitores) no pueden ser asignadas al azar debido a consideraciones éticas. Esto significa que debemos evaluar las hipótesis de modo no experimental, con todas las limitaciones que acompañan a este hecho.

Como lo sabe cualquier alumno del primer año, la correlación no necesariamente implica causación. Una amenaza fundamental para la validez de inferir la causación de una correlación es el sesgo de selección. Esto es, personas con diferentes experiencias sociales pueden diferir antes de tener esas experiencias. En este caso, las diferencias subsiguientes pueden reflejar las diferencias preexistentes más que ser causadas por las experiencias sociales. Por ejemplo, los críos que son físicamente castigados por sus progenitores tienen más probabilidad que otros niños y niñas en tener problemas de conducta posteriores. Pero sería un error sacar la conclusion de que todo este efecto, o incluso su mayor parte, se debe al efecto causal del castigo. Gran parte del efecto se debe al hecho de que los niños y niñas tienden a recibir castigo físico por mala conducta especialmente severa, y esta tendencia a portarse mal persiste  (Larzelere, Kuhn, & Johnson, 2004). Como mínimo, uno debe intentar controlar estadísticamente por el error potencial del nivel de mala conducta inicial. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, porque hacerlo requiere una medición precisa y objetiva de la mala conducta del crío, lo que sería oneroso y costoso.  E incluso después de controlar por errores obvios, es posible que uno haya omitido variables adicionales importantes y menos obvias. Al examinar cada una de las hipótesis de ambiente social específico que figuran abajo, por lo tanto, nos hemos esmerado en considerar los efectos de selección.

Antes de reseñar hipótesis en particular, advertiremos que alguna personas que siente simpatía por los derechos homosexuales se sienten incómodos con la investigación de si ciertos factores sociales aumentan la probabilidad de homosexualidad. Argumentan que como las personas homosexuales son tan dignas como las personas heterosexuales, a nadie debería importarle si ciertas experiencias aumentan esa probabilidad. Aunque nos sentimos en total simpatía con los derechos homosexuales y además creemos que las personas homosexuales son tan dignas como las heterosexuales, creemos que es importante enfocar las causes socioambientales putativas de la orientación sexual port res razones. Primero, algunas de la hipótesis socioambientales existentes sobre la homosexualidad son intrínsecamente repugnantes, por ejemplo, la idea de que la causan las personas mayores que seducen a personas más jóvenes. Segundo, mostrar que una hipótesis social en particular es falsa evita argumentos innecesarios con personas que no comparten los mismos valores sobre la dignidad igual de las personas homosexuales y heterosexuales. Por ejemplo, demostrar que tener un maestro homosexual es una causa improbable para que los niños en edad escolar se vuelvan homosexuales puede ser más fácil que convencer a algunos progenitores de que incluso si fuera como temen no debería importarles. En tercer lugar, los científicos deberían estudiar los tópicos controvertidos con el objetivo de descubrir lo que es verdad, y no de declarer que algunos tópicos están prohibidos porque son sensibles. A decir verdad, donde más se necesita enfoque científico es en los escenarios de batalla controvertidos.

 

Reclutamiento  / seducción. En un discurso antes de firmar la ley Anti-Homosexualidad, el presidente Museveni de Uganda denunció a “quienes están promoviendo la homosexualidad y reclutando personas normales para meterlas en eso [recruiting normal people into it] (“Discurso Completo del Presidente Museveni,” 2014, párrafo 5). La idea de que las personas homosexuales reclutan a personas heterosexuales para volverlas homosexuales ha sido promulgada en Occidente por una variedad de fuerzas antihomosexuales, incluyendo los activistas actigays Anita Bryant (Fejes, 2008), Judith Reisman (Blumenthal, 2004), y Paul Cameron (Klingenschmitt, 2014), las organizaciones antihomosexuales Abiding Truth Ministries [Ministerios Obedientes a la Ley] y  Traditional Values Coalition [Coalición de los Valores Tradicionales], y los nazis de la Alemania de preguerra (Oosterhuis, 1997). Mencionar estos grupos, incluso los nazis, no es suficiente para desechar la validez de la “hipótesis del reclutamiento,” que debe ser evaluada científicamente.  Si lo hacemos es para dejar asentado que la creencia en la hipótesis del reclutamiento ha estado a menudo asociada con actitudes fuertemente negativas hacia las personas homosexuales. En general, quienes avalan la hipótesis del reclutamiento no han explicado tampoco la base empírica publicada para su creencia. Pero establecer la plausibilidad científica de una creencia requiere evidencia. ¿Hay alguna? ¿Y cómo sería la evidencia de apoyo?

Seguramente no sería persuasivo mostrar, como parece ser verdad en general, que las personas no heterosexuales tienen una probabilidad mucho mayor que las personas heterosexuales de tener una primera pareja sexual del mismo sexo (e.g., Bell et al., 1981). Este resultado sería esperado bajo dos hipótesis opuestas: que la no heterosexualidad sea difundida por reclutamiento, y que la orioentacioón no heterosexual esté presente en el despertar sexual, de modo que las personas no heterosexuales tenga más probabilidad de elegir parejas del mismo sexo. El reclutamiento no sería necesario. De modo consistente con la idea de que la experiencia no heterosexual temprana es el resultado, no la causa, de la orientación sexual (incluso si la orientación sexual no es reconocida hasta más tarde en la vida), la gran mayoría de las personas no heterosexuales recuerdan experimentar sentimientos homosexuales que preceden a la conducta homosexual por un promedio de tres años en un estudio (Bell et al., 1981).

También puede ser más común para personas no heterosexuales (especialmente para varones no heterosexuales) tener parejas sexuales tempranas que sean mayores en edad que ellos. Por ejemplo, la reseña de Holmes y Slaps (1998) sugiere que los jovencitos que tuvieron experiencias sexuales tempranas de edad discrepante, especialmente con hombres, tenían hasta siete veces más probabilidades de identificarse como homosexuales o bisexuales en la adultez. (Las experiencias sexuales con discrepancia de edad tienden a ser operacionalizadas como tener una pareja al menos cinco años más cuando uno está por debajo de los 18.) Este patrón podría predecirse a partir de la hipótesis de reclutamiento; ¿también se predirían a partir de la hipótesis alternativa de que el reclutamiento no es una causa de orientación homosexual?

Para varones, la respuesta con seguridad es “sí.” Para entender por qué, imaginemos dos varones adolescentes hipotéticos de 16 años llamados Jerónimo y Esteban.  Jerónimo está orientado heterosexualmente y Esteban está orientado homosexualmente.  ¿Quién tiene más probabilidad de tener sexo con una persona significativamente mayor? Jerónimo es abiertamente heterosexual e interactúa con muchas adolescentes mujeres que podrían estar sexualmente atraídas a él. En contraste, las mujeres al menos 5 años mayores que Jerónimo tienden a no estar interesadas en parejas sexual de 16 años, incluso en estados en los que tener sexo con ellos sería legal (Silverthorne & Quinsey, 2000). Así, Jerónimo muy probablemente tendrá sexo con adolescentes mujeres de aproximadamente sue dad. ¿Y Esteban? Hay una buena probabilidad de que Esteban conozca unos pocos otros varones adolescente homosexualmente orientados. Esto en parte se debe a las bajas tasas poblacionales (incluso en una escuela secundaria grande, no esperaríamos que muchos de los alumnos varones fueran homosexuales) y también en parte se deben al hecho de que en muchos lugares los adolescentes homosexuales como Esteban están probablemente escondiendo su homosexualidad de los otros. Por tanto, Esteban tiene una especial probabilidad de querer tener sexo con alguien fuera de su círculo social. ¿Donde podría encontrar a alguien? En muchas ciudades hay lugares donde los varones homosexuales se encuentran y socializan, y estos varones tienden a ser mayores que Esteban. Dando por sentado que el cuerpo de Esteban está sexualmente maduro (i.e., está en el estadio final de la pubertad), será lo bastante atractivo para hombres homosexuales, así como las mujeres de 16 años en el estadio final de la pubertad son lo bastante atractivas sexualmente para hombres heterosexuales. Sea o no que Esteban esté por encima de la edad legal de consentimiento, algunos hombres al menos cinco años mayores pueden correr el riesgo de tener sexo con él; la probabilidad de que lo hagan así es mucho más alta de la probabilidad de que las mujeres mayores tengan sexo con Jerónimo (Silverthorne & Quinsey, 2000).

Un despliegue de fuerzas (algunas sociales y algunas probablemente debidas a las preferencias putativamente universales de apareamiento humano) (Buss, 1989) asegura que las relaciones sexuales tempranas con discrepancia de edad son más comunes entre los varones adolescentes homosexuales que entre los heterosexuales. Además, dado el interés simultáneo en la actividad sexual, esperaríamos que Stephen tuviera sexo más tempranamente que Jerome, porque sus parejas deseadas (varones) tienen impulsos sexualize más intensos (Baumeister, Catanese, & Vohs, 2001) y un deseo más grande por el sexo casual (Bailey, Gaulin, Agyei, & Gladue, 1994) comparados con las parejas deseadas de Jerónimo (mujeres). La hipótesis de reclutamiento homosexual no se necesita para explicar el hecho de que los varones homosexuales tienden a tener interacciones sexuales más tempranas y más discrepantes en edad comparados con los varones heterosexuales.

¿Qué ocurre con las mujeres? El mismo argumento predice que las mujeres homosexuales tendrán mucha más probabilidad que las mujeres heterosexuales de tener experiencias sexualize tempranas con otras mujeres, incluso si la hipótesis de reclutamiento es falsa. Las mujeres homosexuales, pero no las heterosexuales, son atraídas por su propio sexo, y por tanto las primeras tiene más probbabilidad de estar abiertas a la idea de la interacción sexual y romántica con el mismo sexo. La hipótesis de reclutamiento no es necesaria para explicar por qué las mujeres homosexuales tienen más probabilidad que las mujeres heterosexuales de tener experiencias tempranas del mismo sexo.

Algunos estudios han encontrado que las mujeres no heterosexuales tienen una tasa más alta de interacciones sexuales tempranas de edad discrepante comparadas con las mujeres heterosexuales (e.g., Tomeo, Templer, Anderson, & Kotler, 2001), aunque algunos otros estudios no han podido encontrar lo mismo (e.g., Bell et al., 1981). Entre los diversos factores que hacen que los varones homosexuales tengan más probabilidad que los varones heterosexuales de tener experiencias sexuales tempranas de edad discrepante, algunos pero no todos también se aplican a las mujeres homosexuales. Por ejemplo, la homosexualidad de la mujer también es estigmatizada y relativamente rara, y por tanto las mujeres homosexuales jóvenes generalmente no tienen oportunidades sexualize y románticas con pares de edad similar que sean equivalente a los de las mujeres heterosexuales. Esto incrementaría las probabilidades de que las experiencias tempranas de las mujeres no heterosexuales fueran discrepantes en edad. Sin embargo, las mujeres homosexuales adultas tienen menos probabilidad que los hombres homosexuales adultos de estar sexualmente interesados en parejas sustancialmente más jóvenes (Silverthorne & Quinsey, 2000), hacienda que las relaciones discrepantes en edad sean menos probables para las mujeres homosexuales más jóvenes. Otro factor posiblemente relevante concierne a la personalidad. Los puntajes de las mujeres heterosexuales en el rasgo de personalidad de aperture a la experiencia son aproximadamente media desviación estándar más altos que los de las mujeres heterosexuales (Lippa, 2005a). La apertura a la experiencia está relacionada con la erotofilia (Wright & Reise, 1997), un rasgo de personalidad más específico relacionado con la tendencia de una persona a reaccionar ante las señales sexuales de un modo positive (erotofílico) versus negative (erotofóbico). Los individuos erotofílicos tienen a tener sexo más temprano que otros individuos, entre otras diferencias sexuales relacionadas (Fisher, White, Byrne, & Kelley, 1988), y tienen más probabilidad de ser más abiertos a las interacciones sexuales de edad discrepante.

Esto no es sugerir que todas las experiencias sexuales tempranas de las personas no heterosexuales son positivas y consensuales. En un estudio reciente de muestra cuidadosamente elegida y muy grande (N = 33.902) T. Sweet y Welles (2012) encontraron que los adultos no heterosexuales de ambos sexos tenían probabilidad mucho mayor que los adultos heterosexuales de haber experimentado abuso sexual infantil, definido como “experiencias sexualize con un adulto o cualquier otra persona menor de 18 cuando el individuo no quería la experiencia sexual o era demasiado joven para saber lo que estaba pasando” (p. 401). Como es común en la investigación sobre abuso sexual infantile, esta definición combina un número de diferentes experiencias que probablemente tuvieron diferentes causas y efectos: por ejemplo, las experiencias sexuales de niños demasiado jóvenes para entender lo que estaba ocurriendo y las experiencias sexuales de adolescentes tardíos que entendían esas experiencias pero no las querían, así como experiencias abusivas con el mismo sexo y con el otro sexo. Por esto es difícil saber cómo interpretar estos resultados. El riesgo era mucho más alto para los respondientes no heterosexuales: 38.1% para lesbianas, 43.5% para mujeres bisexuales y 14.2% por mujeres heterosexuales; 18.6% para hombres gays, 19% para hombres bisexuales y 4.6% para hombres heterosexuales. Los autores rechazaban la interpretación de sus datos entendiendo que el abuso causaba la orientación no heterosexual; en cambio, especularon que la no conformidad genérica infantil hace a los niños prehomosexuales especialmente vulnerables a ser atacados. Por ejemplo, los niños prehomosexuales son hasta cierto punto identificables, y pueden ser en especial susceptibles a experiencias con el mismo sexo incluso a edades muy tempranas. (Por ejemplo, pueden ser reconocidos por individuos mayores oportunistas con deseos del mismo sexo. Alternativamente,  pueden ser victimizados por otros a los que disgusta la no conformidad de género.) Otra posibilidad es el sesgo sistemático de información, por el cual los respondientes heterosexuales pueden subinformar o los respondientes no heterosexuales pueden sobreinformar el abuso sexual; sin duda hay muchas otras hipótesis plausibles. Aunque estos resultados merecen atención, preocupación y estudio más profundo para comprenderlos, no proveen razón adicional para considerar promisoria la hipótesis del reclutamiento.

 

Pedofilia. Una idea a veces relacionada con el reclutamiento homosexual es que los hombres homosexuales tienen una especial probabilidad de molestar sexualmente [molesting] a los niños. Los datos principales que conducen a algunos (e.g., Dailey, 2002) a esta conclusión muestran que alrededor de un tercio de las víctimas del abuso sexual infantil [child molestation] son varoncitos (Freund, Watson, & Rienzo, 1989). Los hombres homosexuales comprenden un porcentaje mucho más pequeño de la población, quizás el 3%. Asumiendo que son los hombres homosexuales los que molestan sexualmente a los varoncitos, entonces tienen muchas más probabilidades de molestar sexualmente a los niños que los hombres heterosexuales, asumiendo que son los hombres heterosexuales los que están molestando sexualmente a las niñas.

Las presunciones en bastardilla están, sin embargo, equivocadas. Ésta es una circunstancia en la que la palabra “homosexual” puede conducir a error. Hemos estado usando el término “hombres homosexuales” para referirnos a hombres atraídos a varones sexualmente maduros; su orientación sexual se llama, más precisamente,  “androfílica.” La androfilia contrasta con la pedofilia homosexual, que es la atracción sexual a varones sexualmente inmaduros. 27[33] Los andrófilos varones y los pedófilos homosexuales no tienen las mismas orientaciones sexuales; ni las tienen los ginéfilos varones (i.e., varones heterosexuales orientados hacia mujeres sexualmente maduras) y los pedófilos heterosexuales. Esto lo sabemos por la investigación básica en patrones de excitación sexual. Los hombres androfílicos tienen mucha menos excitación ante varones sexualmente inmaduros que ante varones sexualmente maduros; los hombres paidófilos homosexuales tienen el patrón opuesto. Lo mismo es verdad de los hombres ginefílicos y de los hombres heterosexualmente pedofílicos (Blanchard et al., 2012). En una encuesta reciente de hombres sexualmente atraídos a críos, esos hombres evaluaron su atracción a niños con un 9.5 en una escala de 10 puntos. En contraste, evaluaron su atracción a adultos en  4.2 (Bailey, Hsu, & Bernhard, 2013). Los hombres androfílicos y ginefílicos tienen poca motivación para tener sexo con críos.  Así, los hombres androfílicos no son desproporcionadamente responsables de molestar sexualmente a los varoncitos; los responsables son los pedófilos homosexuales.

 

Relaciones progenitor - crío. La idea de que la homosexualidad es resultado de las relaciones patológicas progenitor / crío se hizo prominente por causa del sicoanálisis (Bayer, 1981). En general, los teóricos sicoanalíticos llegaron a culpar a una relación disfuncional entre los descendientes y sus progenitores por la homosexualidad de los hijos, a la que veían como un resultado patológico. Los acusados incluían a los padres emocionalmente distantes y a las madres imperiosas. Estas hipótesis tenían las limitaciones empíricas de la mayoría de las hipótesis sicoanalíticas (e.g., Grünbaum, 1986): habían surgido de las observaciones de terapeutas filtradas a través del lente de una teoría altamente especulativa y no de estudios científicos sistemáticos.  El estudio de Bell et al. (1981), que fue un hito,  aparentemente acabó con la idea de que la homosexualidad era resultado de la cualidad de las relaciones progenitor / crío. Ese estudio arrojó correlaciones relativamente bajas entre los puntajes retrospectivos de las características de la relación progenitor – crío y la eventual orientación sexual del crío en la adultez. Además, cuando se covariaban otras variables (especialmente la no conformidad genérica) en análisis de sendero, los senderos causales entre las características de la relación progenitor-crío y la orientación sexual del crío fueron o bien no significativos o muy débiles.

La idea de que la homosexualidad del varón es causada por las malas relaciones con los progenitores ha sido revivida por el terapeuta reparativo Joseph Nicolosi (1997; Nicolosi & Nicolosi, 2012). En particular se ha enfocado en la relación padre – hijo. De acuerdo con Nicolosi, reparar esa relación y sus presuntas consecuencias puede ayudar a cambiar la orientación sexual. Postergamos para después discutir la terapia para cambia la orientación sexual. Por ahora, advertirmos solamente que la hipótesis de Nicolosi está basada en datos en nada mejores que los de los sicoanalistas.

¿Qué podría explicar las modestas asociasiones entre la cualidad de la relación hijo-progenitor evaluada de modo retrospective y la orientación sexual adulta? Hay varias hipótesis alternativas a la posibilidad de que la calidad de la relación hijo-progenitor influya en la orientación sexual posterior. Primero, los niños prehomosexuales tenderían a ser relativamente no conformistas, y estro a veces podría hacer tensas las relaciones con los progenitores… especialmente con los padres (Kane, 2006). Segundo, en promedio, el puntaje de los hombres homosexuales es levemente más alto que el de los hombres heterosexuales en el rasgo neuroticismo (d = 0.20; Lippa, 2005a). Asumiendo que las diferencias de neuroticismo son evidentes durante la infancia, podrían contribuir a las diferencias en interacciones negativas entre padres e hijos. El neuroticismo también está relacionado con la recordación sesgada de los eventos negativos (Larsen, 1992); así, las diferencias retrospectivas en cualidad de relación podrían en parte reflejar los sesgos de memoria. Tercero, en promedio, la atracción al mismo sexo de los varones está asociada con rasgos elevados de ansiedad de separación en la infancia (VanderLaan, Gothreau, Bartlett, & Vasey, 2011;

Vasey et al., 2011; Zucker, Bradley, & Sullivan, 1996), y esto podría aumentar la tension de las relaciones de padre-e-hijo. Por supuesto, hay muchas otras posibilidades que no están relacionadas causamente a la orientación sexual, inclluyendo la posibilidad de que los progenitores de hijos e hijas prehomosexuales sean diferentes de los progenitores de hijos e hijas preheterosexuales en modos que afecten la relación progenitor / hijo.

La hipótesis de que las relaciones patológicas progenitor / crío causan homosexualidad ha generado poca investigación científica, y casi ninguna investigación reciente. Creemos que esto es primordialmente a causa de que la hipótesis encierra poca promesa científica.

 

Crianza por progenitores no heterosexuales. Aquí son de interés dos preguntas separables que se refieren al resultado final de niños y niñas criados por progenitores no heterosexuales: primero, ¿tienen estos niños y niñas una probabilidad incrementada de volverse homosexuales? Y Segundo, ¿difieren en otras maneras importantes de los niños y niñas criados por famililas heterosexuales? Al evaluar la investigación de estas preguntas, es importante comprender la muy fuerte posibilidad de los efectos de selección. El estudio ideal para investigar la influencia de la orientación sexual de los progenitores impllicaría asignar críos al azar (por vía de adopción) a progenitores heterosexuales versus homosexuales bien igualados en factores como los ingresos. Sería necesaria la adopción para evitar confundir el resultado debido a la crianza con el resultado debido a la genética. Por ejemplo, esperaríamos que los progenitores homosexuales tuvieran más probabilidad que los heterosexuales de tener hijos homosexuales teniendo como base solamente la genética. Emparejar las características de los progenitores es necesario si se quiere excluir variables correlacionadas con la orientación sexual de los progenitores que pudieran influir en el resultado final de los críos, sin tener en cuenta si la orientación sexual de los padres ejerce influencia. El emparejamiento de datos (o el control estadístico) es importante pero todavía imperfect, porque puede haber diferencias importantes pero no reconocidas entre progenitores heterosexual y homosexuales que no son causadas por la orientación sexual pero contribuyen a los resultados que se den en los críos.

Por varias razones que vamos a dilucidar, los estudios sobre efectos de ser criados por progenitores homosexuales no permiten todavía conclusions sólidas. Estas razones incluyen limitaciones específicas de lose studios pero también una preocupación general sobre los efectos progenitoriales. Una observación importante y de amplio rango es que los progenitores tienden a tener efectos ambientales limitados

sobre los rasgos comportamentales de sus hijas e hijos. Más específicamente, el parecido entre progenitores y progenie tiende a deberse a genes más que a ambiente, y, sorprendentemente, el ambiente tiende a hacer que los hermanos criados juntos sean más diferentes que similares (Harris, 1995; Plomin, 2011; Plomin & Daniels, 1987; Turkheimer, 2000). Sabemos esto a través de estudios que usan diseños genéticamente informativos, como estudios de mellizos y de adopción (Para un ejemplo de adopción especialmente convincente, véase Sacerdote, 2007.) En la medida en que los progenitores sistemática y ambientalmente afectan a sus hijos, el ambiente compartido es importante.  Cuanto más importante es el ambiente compartido para un rasgo, más similares deberían ser los hermanos adoptivos (i.e., niños criados juntos que no tienen relación genética). Sin embargo, en general la evidencia indica que los hermanos adoptivos son bastante disímiles. Aunque algunos efectos ambientales compartidos exceden de cero, tienden a ser modestos y a disminuir con la edad (e.g., Buchanan, McGue, Keyes, & Iacono, 2009; Burt, 2009).

Los investigadores están reconociendo cada vez más que medir con precisión el efecto de los progenitores sobre los hijos requiere diseños genéticamente informativos (Harris, 1995; Plomin, 2011; Plomin & Daniels, 1987). Otras clases de estudios correlacionales (sean de parecido entre progenitores e hijos o de características familiars que predigan resultados finales en hijos e hijas) en general sobreestiman en gran medida la importancia del ambiente de progenitores. Un ejemplo de una variable cuyo efecto ha sido exagerado en diseños informativamente no genéticos es el divorcio de los progenitores.  Las personas que se divorcian son diferentes de las que no lo hacen. Entre otros factores, la personalidad es importante, y ese n parte heredable (Jockin, McGue, & Lykken, 1996). En verdad, la tendencia de divorciarse del cónyoge es fuertemente heredable (McGue & Lykken, 1992). La progenie de divorcio comparte la experiencia de divorcio así como los genes de sus progenitores. Esto significa que las correlaciones entre la experiencia de divorcio de los progenitores y el resultado eventual de un crío serán infladas sin controlar la genética. Por supuesto, en principio la orientación sexual de los progenitores podría ser diferentes de otras variables de los progenitores, como el divorcio, y afectar mucho más los resultados finales de los críos. Pero no se puede simplemente asumir que es así; hay que probarlo con datos. Es difícil,  desdichadamente, reunir los datos requeridos, y nadie ha llegado cerca de hacerlo así.

 

Los “efectos” progenitoriales en muestras de conveniencia. La mayoría de lose studios de niños y niñas criados por progenitores no heterosexuales han dependido de pequeñas muestras de conveniencia. Las reseñas de datos de muestras de convenientes han sugerido que los niños y niñas criados por progenitores no heterosexuales  tienen resultados finales similares a los de los niños y niñas criados por progenitores heterosexuales en relación tanto con la orientación sexual como en la calidad de vida

(Patterson, 2006; Tasker, 2005). Este tipo de estudios, sin embargo, no está exento de limitaciones. Las muestras de conveniencia son reclutadas de modo no sistemático, a través de técnicas que incluyen avisos y muestreo de bola de nieve (i.e., se hace que los participantes envíen a otros participantes potenciales que conocen).  Los participantes que se reclutan de este modo probablemente serán inusuales en algunos aspectos: por ejemplo tendrán una motivación y curiosidad altas. Consiguientemente, las diferencias en resultados entre los críos de los progenitores heterosexuales y homosexuales reclutados no sistemáticamente también pueden estar sesgadas. Como la myoría de lose studios que usan muestras de conveniencia han sido pequeños, el poder estadístico para detector diferencias pequeñas o incluso moderadasha sido bajo.  Finalmente,por su propia naturaleza, las muestras de conveniencia no son dóciles para el tipo de sofisticados análisis cuantitativos necesarios para desentrañar los efectos progenitoriales ambientales y separarlos de los genéticos. (Esta meta requeriría datos de pares informativos de parientes, tales como mellizos o hermanos adoptivos.)

“Efectos” progenitoriales en una muestra de probabilidad. En el muestreo de probabilidad, se hace el intento de reclutar respondientes de modo representativo. En la medida en que el intento tiene éxito, las estimaciones numéricas reflejarán con más precisión los valores de población comparados con las estimaciones obtenidas usando la muestra de conveniencia. Un estudio grande y reciente que usa este abordaje (Regnerus, 2012a) ha generado controversia considerable (Carey, 2012a; Cheng & Powell, 2015; Davidson, 2012; Gates et al., 2012; Oppenheimer, 2012; Regnerus, 2013), y aquí nos enfocamos en él.

El estudio Regnerus (2012a) usó una muestra de casi 3.000 adultos, incluyendo 175 que informaron que su madre nunca había tenido una relación romántica del mismo sexo y 73 que informaron que su padre había tenido. Los respondientes proveían información sobre un número de características demográficas, actitudes, conductas, rasgos de personalidad, y síntomas sicológicas. Los análisis principales comparados con variables entre adult children criados en familias biológicas todavía intactas [still-intact biological families ](de aquí en adelante CIBFs) y otros tipos, incluyendo las que tenían protenitores homosexualmente experimentados. Se hicieron comparaciones separadas para aquellos con madres homosexualmente experimentadas (de aquí en Adelante CHEMS, Children Homosexually Experienced Mothers) y las que tenían homosexualmente experimentados padres (CHEFs). Tanto las CHEMs como los CHEFs mostraron diferencias estadísticamente significativas con CIBFs de pequeñas a moderadas. Además, en la medida en que se podia juzgar que las diferencias eran deseables o indeseables, estaban generalmente en favor de los CIBFs. Para las CHEMs, estas diferencias incluían, entre otras, altas tasas de ayuda de servicios sociales, desempleo, identificación no heterosexual, haber experimentado sexo coercitivo, depression, uso de marihuana, fumar Tabaco, haber sido arrestado y tener bajos niveles de education, ingresos y salud física. La muestra más pequeña de los CHEFs mostraba menos diferencias estadísticamente significativas, con ejemplos que incluían tasas altas de ayuda social, depression y arrestos y menos logros educativos. La mayoría de estas diferencias siguieron siendo estadísticamente significativas después de controlar por varias variables demográficas.

Como ha sido ampliamente notado por los críticos del estudio, las familias con progenitores que tenían experiencias homosexuales tuvieron casi todas disrupciones (e.g., a causa del divorcio de los progenitores). Solamente dos de los 248 niños y niñas con madres o padres homosexuales habían vivido con progenitores que habían formado parejas homosexuales durante sus infancias íntegras (Regnerus, 2012b). Así, la experiencia homosexual progenitorial fue casi perfectamente confundida con la disrupción familiar, y las diferencias atribuidas a la primera pueden ser atribuidas con mayor precision a la segunda. Es una pregunta importante y controversial por qué el estudio de Regnerus fue capaz de reclutar tan pocas familias intactas con dos progenitores no heterosexuales. Assumiendo que esto no se debió a sesgo de muestreo, hay al menos dos posibilidades. Primero, la estigmatización de las relaciones humamas los hará más frágiles; si esto ocurre, su fragilidad disminuirán con el constant declive actual del stigma, al menos en Occidente. Segundo, otros factores no relacionados con el stigma podrán causar la fragilidad. Éstos pueden incluir, por ejemplo, características de gente no heterosexual o características de relaciones no heterosexuales.  Estos podrían incluir, por ejemplo, las características de personas no heterosexuales o características de relaciones no heterosexuales.

Un reciente reanálisis ha hecho surgir serias preguntas sobre la validez de los resultados de Regnerus, sugiriendo una potencial mala clasificación de los tipos de familia de los respondientes (Cheng & Powell, 2015). Claramente, para que nosotros tomemos en serio las diferencias antes mencionadas, es crucial que los progenitores de los respondientes hayan estado clasificados con precisión como heterosexuales o no. Los resultados del reanálisis sugirieron que una alta proporción de respondientes de Regnerus que fueron clasificados como personas que tuvieron progenitores no heterosexuales puede haber sido mal clasificados. La base de estas preocupaciones incluía inconsistencias en las respuestas de algunos respondientes, algunas respuestas extremadamente improbables que sugerían traversuras, y evidencia de que algunos respondientes no vivieron mucho son sus padres no heterosexuales. Cuando se excluyeron los casos problemáticos, las diferencias asociaciadas con el tipo de familia se desvanecieron en gran medida.

Estas recientes preocupaciones sobre las clasificaciones de familia de Regnerus parecen ser suficientemente serias para que no se puedan extraer conclusions válidas entre tener un progenitor homosexual y el ajuste adulto. Pero incluso ignorando estos problemas la atribución causal tomando como base el estudio de Regnerus es inapropiada. Regnerus ha correctamente advertido esto, aunque su razón para hacerlo así no es íntegramente correcta. Él afirmó que el estudio “no es un estudio longitudinal, y por lo tanto no puede intentar abordar cuestiones de causación” (Regnerus, 2012a, p. 755).

Por más interesante que pueda ser un componente longitudinal, la falta de un diseño genéticamente informative, o de algún otro diseño causalmente informative como la regression de variables cuasiexperimental-instrumental sigue siendo problemático. [34] 28 Simplementeno podemos saber a partir del estudio de Regnerus si las diferencias que observe fueron causadas por el hecho de que los niños fueron criados por progenitores con o sin experiencia homosexual, si las diferencias fueron causadas por la presencia versus ausencia de disrupción familiar, o si la crianza fue en lo fundamental irrelevante para las diferencias observadas. Basándonos en lo que sabemos de estudios de influencia progenitorial que han incluido los diseños necesarios, la última posibilidad es la más probable.

 

Terapia para cambiar la orientación sexual. La terapia de conversión es el intento de cambiar a las personas orientadas homosexualmente y volverlas personas orientadas heterosexualmente por vía de terapia comportamental o sicoterapia. La terapia reparativa es una forma de terapia de conversión relativamente reciente asociada con el sicólogo Joseph Nicolosi (1997). A menudo profesionales de salud mental convencionales, incluyendo siquiatras y sicólogos, ofrecían formas tempranas de terapias de conversion, porque la homosexualidad en general era considerada una forma de sicopatología. Tanto esa idea como la práctica de la terapia de converswión han cambiado. Por ejemplo, tanto la American Psychiatric Association [Asociación Siquiátrica Norteamericana] (2000) como la American Psychological Association [Asociación Sicológica Norteamericana] (2009) se oponen a la terapia de conversion / reparatoria tanto por razones científicas como éticas. La terapia de conversion actual, incluyendo la terapia reparative, es con máxima probabilidad ofrecida por observantes religiosos a observantes religiosos. Usamos el término “terapia de conversión” para referirnos a cualquier terapia que intente cambiar la orientación sexual.

Dos importantes preocupaciones metodológicas se oponen a todas las afirmaciones existentes de que la terapia de conversion ppuede cambiar la orientación sexual: la probabilidad de muy fuerte sesgo de selección y la confiabilidad de los datos de autoinforme. Como las personas de orientación no heterosexual no son asignadas al azar a recibir o no recibir terapia para volverse heterosexuales, quienes reciben terapia probablemente son inhabituales.  Muy obviamente, están especialmente motivados para cambiar. Esto hace que sus datos sean especialmente vulnerables a la segunda preocupación que concierne al autoinforme. Específicamente, los individuos que se someten a la terapia de conversion pueden ser especialmente susceptibles de creer e informar que la terapia ha tenido éxito sin tener en cuenta su verdadera efectividad. Por lo tanto, la confiabilidad de los sentimientos sexuales autoinformados de estos individuos hace que los datos, aunque hayan sido reunidos sistemáticamente, se vuelvan altamente cuestionables como herramienta para la medición del cambio de orientación sexual.

El estudio más notable que proclama que los cambios persistentes y significativos de orientación sexual son posibles fue conducido por Spitzer (2003), quien después cambió de opinion sobre la validez de sus resultados (Carey, 2012b). Los participantes fueron 143 hombres y 57 mujeres que habían recibido terapia reparadora y creían que se habían deslizado al menos 10 puntos en dirección a la heterosexualidad en una escala de orientación sexual de 100 puntos. Con entrevistas como base, Spitzer inicialmente sacó la conclusion de que los cambios autoinformadas eran creíbles. Más tarde llegó a creer que los datos de autoinforme eran simplemente inadecuados, porque estos informes a menudo son imprecisos y están sujetos tanto al engaño intencional como al autoengaño.

Diseñar un estudio empírico válido de la efectividad de la terapia reparative es sencillo, al menos para hombres. Como existe una medición objetiva de la orientación sexual del varón que no es fácilmente manipulable, un estudio de orientación sexual en hombres no necesita apoyarse en el autoinforme: las medidas de los patrones de excitación genitales de los hombres ante una variedad de estímulos eróticos de mujer y de varón, tante antes como después de la terapia de conversion, proveerían evidencia altamente relevante. Los grupos control de hombres heterosexuales y homosexuales que no estuvieran recibiendo la terapia de conversion clarificarían la interpretación de los resultados. Por ejemplo, parece más fácil suprimir la excitación genital ante estímulos excitantes que mejorar la excitación ante estímulos no excitantes (H. E. Adams, Motsinger, McAnulty, & Moore, 1992). Así, sería importante buscar aumentos en la excitación genital de los hombres homosexuales ante los estímulos de mujer y no solamente disminuciones en su excitación ante estímulos de varón.

Los datos que puedan referirse a este problema son magros. Freund (1960) encontró que las afirmaciones de reorientación sexual de los clientes no estaban sostenidas por evaluaciones falométricas. Conrad y Wincze (1976) encontraron que las mediciones de excitación fisiológica no daban apoyo a los informes positivos de quienes habían participado en la terapia de reorientación sexual.

También existen mediciones que no son autoinformadas para medir la orientación sexual de las mujeres: por ejemplo, el tiempo relative de contemplación de imágenes de hombres atractivos versus de mujeres atractivas. Pero los cambios en estas mediciones después de terapia de conversion serían más difíciles de interpretar que los cambios en los patrones de excitación sexual del varón. Por ejemplo, la terapia de conversion podría alentar al individuo a que evitara mirar a sujetos-blanco del mismo sexo y mirara más a sujetos- blanco del otro sexo. Si este procedimiento fuera efectivo cambiaría los patrones de tiempo de contemplación pero no necesariamente la orientación sexual.

Por supuesto, es posible cambiar la identidad pública que se tenga de la propia orientación sexual, y ciertamente se pueden hacer elecciones sobre si uno se involucrará en conductas sexuales con el mismo sexo o con el sexo opuesto o si querrá ser célibe. Este tipo de elecciones probablemente explican las afirmaciones de ex-gays y ex-lesbianas de que ya no están teniendo un “estilo de vida homosexual” (véase Beckstead, 2001, pp. 92–109, para ejemplos.  Sin embargo, no hay buena evidencia de que la orientación sexual pueda ser cambiada con terapia, y dudamos fuertemente de que pueda ser cambiada. Incluso muchos terapeutas que simpatizan con el deseo de algunas personas homosexuales de vivir vidas heterosexuales han cambiado sus esfuerzos por cambiar la orientación sexual a ayudar a las personas homosexuales a vivir como prefieran bajo la restricción no cambiable de la orientación homosexual (Schwartz, 2011; Throckmorton & Yarhouse, 2006).

 

Las causas de la orientación sexual: un resumen por ahora

 

Ninguna teoría específica sobre lo que causa que la gente sienta la atracción hacia hombres o hacia mujeres o hacia ambos ha recibido suficiente apoyo para ganarse el respaldo de todos los científicos razonables, la mayoría de los cuales mantienen en gran medida una mente abierta. Esto no significa, sin embargo, que cualquier hipótesis sea tan buena como cualquier otra. En general, sabemos lo suficiente para sacar la conclusion de que la mayoría de las hipótesis están restringidas, o que al menos no son igualmente probables.

Dos visiones contrastantes del desarrollo y causas de la homosexualidad tienden a divider a quienes tienen actitudes prohomosexuales de quienes tienen actitudes antihomosexuales. La primera, asociada con actitudes positivas hacia la homosexualidad, es que un pequeño porcentaje de la gente es homosexual por razones de la naturaleza hasta ahora inespecificadas, en lugar de razones de la nurtura social (Knauer, 2000). La segunda, asociada con actitudes negativas hacia la homosexualidad, es que la homosexualidad es hasta cierto grado socialmente contagiosa y puede esparcirse o bien a través de reclutamiento sexual o a través del relajamiento de las prohibiciones morales y legales contra la conducta homosexual (Eskridge, 2005, 2008; Knauer, 2000). Nosotros creemos que la evidencia científica da apoyo a la primera vision con mucha más fuerza que a la segunda.

Varios hallazgos confiables de gran efecto son consistentes con la primera opinión pero no con la segunda. Los niños y niñas que al crecer se volverán homosexuales a menudo difieren de modos que pueden advertirse de los niños y niñas que al crecer serán heterosexuales. Estas diferencias a menudo emergen mucho tiempo antes de que estos niños y niñas tengan nada parecido a una orientación sexual. Además, estas diferencias en no conformidad de género en infancia emergen a pesar de la socialización, que trabaja para hacer cumplir las normas de género, y no a causa de ella. Las atracciones homosexuales emergen antes de la conducta homosexual en la mayoría de la gente. 29 [35] Esto no debería ser sorprendente porque sigue el mismo patron que van desplegando las vidas de la mayoría de las personas heterosexuales. La que quizás sea la más extrema y plausiblemente efectiva manipulación social  posible (cambiar varoncitos en nenas, social y físicamente) ha sido intentada, sin alteración aparente de la orientación sexual. Estos individuos (varones de nacimiento cambiados en mujeres) al crecer es típico que muestren atracción a las mujeres, basándonos en la limitada evidencia disponible. Hay buena evidencia de que en la orientación sexual obran tanto las influencias ambientales no sociales como las genéticas. La evidencia limitada que tenemos sobre la prevalencia de la no heterosexualidad a través de las culturas y el tiempo sugiere que la orientación homosexual no aumenta en frecuencia con la tolerancia social, aunque su expression (en conducta y en identificación abierta) puede aumentar.

En contraste, la evidencia que puede ser reunida para dar apoyo a una explicación por socialización es igualmente consistente con la visión alternativa (no social). Por ejemplo, el hecho de que las personas homosexuales tengan muchas más probabilidades de tener experiencias tempranas del mismo sexo, incluyendo experiencias que son de edad discrepante, es consistente con una hipótesis de reclutamiento. Pero también es consistente con la hipótesis de que las personas jóvenes que ya tienen atracciones homosexuales tienen más probabilidad de tener estas experiencias. El hecho de que la hipótesis no social puede explicar varios hallazgos mucho major que la hipótesis social puede afectar nuestro juicio sobre cuál es la más probable.

La hipótesis de que las influencias causales en la orientación sexual son no sociales más que sociales tiene major apoyo para la orientación sexual del varón que para la mujer, por al menos dos razones. Primero, el efecto de orden de nacimiento fraterno se aplica solamente a la orientación sexual del varón. Segundo, el cuasi-experimento casi perfecto en el que siete infantes fueron social y físicamente reasignados al otro sexo involucró solamente a varones de nacimiento. A decir verdad, la orientación sexual generalmente puede ser major entendida para varones que para mujeres (Bailey, 2009). Nos sorprendería que las diferencias en ambiente social contribuyeran en ningún grado a las diferencias de orientación sexual del varón. Nos sorprendería menos si el ambiente social afectara la expresión de la orientación sexual del varón, incluyendo la probabilidad de que un varón homosexualmente orientado eligiera actuar según sus sentimientos. Aunque sería menos sorprendente para nosotros (y para otros; véase Baumeister, 2000) descubrir que el ambiente social afecta la orientación sexual de la mujer y las conductas relacionadas a ella, esa posibilidad debe recibir apoyo científico y no ser asumida sin más.

 

Nueva Visita a las Políticas

 

Como nuestro artículo estuvo inicialmente motivado por la idea de ayudar a que los que trazan políticas se orienten en lo relevante de la ciencia de la orientación sexual,

concluimos con un análisis de los efectos probables de los cambios de políticas propuestos. Nuestras proyecciones se aplicarían, con los ajustes apropiados, a cualquier nación que estuviera considerando un aumento en las sanciones criminales o sociales contra la conducta homosexual. En el momento de escribir este artículo estas discusiones estaban teniendo lugar en varias naciones africanas, asiáticas y de Europa Oriental (Carroll & Itaborahy, 2015). Para los propósitos de esta discusión nos enfocaremos en las propuestas de políticas recientes y altamente publicitadas en Uganda.

Los recientes intentos de aumentar las penalidades criminales por conducta homosexual en Ugada, así como en otros países, han sido justificados en parte por la creencia de que el ambiente social es una ponderosa influencia sobre la orientación sexual. Específicamente el president Museveni ha dicho que él cree que las personas homosexuales reclutan a personas heterosexuales y que la homosexualidad puede ser exitosamente desalentada por vía de medios sociales como las sentencias de prisión largas. Para comprobar sus presunción, buscó apoyo para la idea, que seguidamente rechazó, de que la orientación homosexual es innata. Museveni creía que la evidencia no concluyente que se le había presentado mostraba que la orientación sexual es socialmente maleable (“President Museveni’s Full Speech [Discurso Completo del Presidente Museveni,” 2014). Hemos puesto considerable énfasis en mostrar por qué este razonamiento es erróneo.

Por supuesto, justificar sentencias de prisión basadas en la idea de que desalientan la homosexualidad también requiere la presunción de que la homosexualidad debe ser desalentada, presunción con la que no estamos de acuerdo. Pero por ahora dejemos de lado esa objeción y consideremos las probables implicaciones de aumentar las penalidades criminales para la homosexualidad. Asumamos que se aprueba la legislación punitiva y que su vigencia perdura por una generación. ¿Qué cambiaría? Nadie lo sabe con seguridad, por supuesto. La certidumbre requeriría un experiment en el que países designados al azar pusieran en vigencia leyes que fueran variando en la severidad de sus penalidades por conducta homosexual. Nada parecido a este experimento azaroso ocurrirá. Pero es posible una especulación informada, basada en la evidencia que hemos debatido y también en la experiencia occidental, donde cambios espectaculares en las actitudes hacia la homosexualidad se han producido en menos de un tiempo de vida.

Las siguientes predicciones se siguen de nuestra reseña: no habrá cambio en la proporción de varones atraídos sexualmente con fuerza a otros varones, que seguirá estando entre 1 en 25 y 1 en 50. Aunque tenemos menos certeza de que lo mismo será verdad para las mujeres atraídas por el mismo sexo, no hay evidencia científica de que las penalidades criminales crecientes reducirán la prevalencia de la mujer de fuerte atracción con el mismo sexo.  La familia ugandesa promedio contiene cinco personas (Uganda National Household Survey Report [Informe de Encuesta Nacional de Hogares de Uganda], 2010). Aproximadamente de uno en cinco a uno en diez de estos hogares probablemente contiene una personal no heterosexual. La típica mujer ugandesa actualmente espera dar nacimiento a sus aproximadamente seis críos durante su curso de vida (Uganda Bureau of Statistics [Oficina de Estadísticas de Uganda], 2011). Así, aproximadamente de 1 en 4 a 1 en 8 mujeres da a luz a un crío no heterosexual. (Este cálculo presume que los críos homosexuales no se acumulan en ciertas familias, lo que puede no ser estrictamente verdad, si es que los genes o el ambiente compartido importan. Estos factores no inducen mucho acumulamiento, sin embargo.) Dados sus grandes tamaños de familia, comparados con los de sus contrapartidas occidentales, es probable que la mayor parte de los ugandeses tengan un hermano, una tía o un tío, sobrina o sobrino o primo que tenga orientación no heterosexual. Nuestro punto general aquí es que la criminalización de la homosexualidad toca a muchos (a decir verdad, probablemente a la mayoría) de las familias ugandesas.

El requerimiento de que nadie pueda involucrarse en actividad homosexual tiene implicaciones especialmente duras para los ugandeses con sentimientos exclusivamente homosexuales. (Es útil para la gente heterosexual imaginar vivir en un mundo análogo que pusiese fuera de la ley las relaciones y conducta sexual heterosexuales.) Algunos de estos individuos, por miedo, pueden vivir vidas célibes. Otros (probablemente muchos más) se arriesgarán a sufrir penalidades legales para vivir de un modo que consideren más satisfactorio. Otros pueden casarse de modo heterosexual, sea porque están genuinamente intentando suprimir su homosexualidad o porque quieren ocultar su verdadera orientación sexual. Aunque algunos de estos matrimonios pueden tener éxito, otros serán desdichados. Sin tener en cuenta nada de esto, es improbable que las orientaciones sexuales de los cónyuges homosexuales cambien.

Más allá de estas predicciones básicas, las cosas se vuelven más especulativas. Al la experiencia occidental es una guía, la puesta en vigencia de restricciones contra la homosexualidad tienen alta probabilidad de ser azarosa y dependiente de las situaciones políticas locales (Eskridge, 2008).  Esto ha sido especialmente cierto en cuanto a relaciones homosexuales conducidas por adultos en privado, que a menudo fueron toleradas si no adoptadas por Occidente, incluso cuando eran ilegales. Las noticias recientes que llegan de Uganda presentan una pintura mucho más dura. De acuerdo con Amnistía Internacional, las personas homosexuales de Uganda han experimentado un marcado aumento de “arrestos arbitrarios, abuso y extorsión policial, pérdida de empleo, desalojos y reducción a la condición de sin hogar” (Amnesty International, 2014, párrafo 2). Los ataques físicos contra las personas homosexuales han aumentado drásticamente (Bowcott, 2014). Aparte de las amenazas a su seguridad física, las personas no heterosexuales de Uganda están sujeta a constant desaprobación. Esto probablemente disminuye su experiencia de autovaloración y aumenta los sentimientos de vergüenza, culpa, despresión y ansiedad.

Los investigadores han comenzado a cuantificar los costos económicos del prejuicio antihomosexual como estrategia para convencer a la gente de que hay beneficios económicos asociados con la tolerancia hacia la orientación sexual y la diversidad de género. Por ejemplo, un estudio del Banco Mundial sugirió que la discriminación sobre orientación sexual e identidad de género le cuesta a la india 30.000.000 millonesde dólares por año en salaries caídos, baja productividad asociada con mala salud causada por estrés o educación disminuida, e ingresos reducidos de turismo, entre otros impactos económicos (Patel, 2014). Otro estudio de 39 países conducido por la Agencia Norteamericana de Desarrollo Internacional [United States Agency for International Development] (USAID) estimó el costo del prejuicio anti-homosexual (como se lo experimenta a través de la discriminación educacional y de fuerza de trabajo, corrupción policial, violencia y pobre acceso al sistema de salud) en alrededor del 3% del producto bruto doméstico de un país (Badgett, Nezhad, Waaldijk, & van der Meulen Rodgers, 2014). Además, reducir la gama de políticas y prácticas antihomosexuales tendría el beneficio de salvar muchas vidas. Por ejemplo, un estudio de costo - eficacia relativas de diferentes intervenciones contra la transmisión de VIH estimó que un millón de dólares dedicado a la educación en VIH en Kenia podía evitar casi 3.000 muertes por año (i.e., $272 por cada vida salvada; Beyrer et al., 2011).

Por estas razones, urgimos a que los gobiernos reconsideren la sabiduría de la legislación que criminaliza a la conducta homosexual. Además, invitamos a los miembros de los gobiernos a que al considerar legislación se asesoren con nosotros sobre los temas que hemos tocado. Nuestra expertía es suya para que la pidan.

 

Reconocimientos

 

Los autores agradecen a Peter Godfrey-Faussett del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre (UNAIDS = ONUSIDA) por alentar este Proyecto. También agradecemos a Ray Blanchard, Alan Sanders, Scott Semenyna y Brendan Zietsch por sus bien pensados comentarios sobre porciones de nuestro artículo.

 

Declaración de Intereses en Conflicto

 

Los autores declaran no tener conflictos de interés en relación con la autoría o la publicación de este artículo.

 

Fondos

 

J. Michael Bailey ha recibido fondos de los National Institutes of Health (NIH; Grants R03 MH62484-01 and R01 HD41563) y del American Institute of Bisexuality para la investigación informada en este artículo y ha recibido fondos para investigación general del Northwestern University Provost Fund for Sexual Orientation Research. Paul L. Vasey recibió una Insight Grant from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada y una Discovery Grant from the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada para la investigación informada en este artículo. Lisa M. Diamond ha recibido fondos del American Institute of Bisexuality para su trabajo en este artículo y ha recibido fondos generals de investigación de los NIH, la Gay and Lesbian Medical Association, y la American Psychological Foundation (Wayne F. Placek Award). S. Marc Breedlove ha recibido fondos de investigación general de los NIH (Grants R21-MH104780 and T32MH70343). Eric Vilain ha recibido fondos de investigación general de la Disorders of Sex Development Translational Research Network y del Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development (Grant R01 HD06138).

 

Referencias

 

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[1] Diciembre del 2016. Nota del traductor: Diferenciar técnicamente sexo / género en el lenguaje clarifica el pensamiento sexológico en la mayoría de los casos. Femenin y masculin se traducen como femenino y masculino para indicar apariencia, vestimenta y conducta, y como apropiado para varón y apropiado para mujer en otro caso; los sustantivos male y female se traducen mujer y varón (en casos especiales hombre), y en posición adjetiva como “de mujer” y “de varón”. La expresión resultante a veces es forzada, pero siempre mejora la comprensión y por ende el aprendizaje. La imprecisión de las frases los padres (que genera confusión entre familias con progenitores del mismo sexo y del sexo opuesto) y los hijos se resuelve traduciendo progenitores y críos, aunque esta última versión la tengo todavía en estudio.

[2] Nota 1. Brunei está dispuesta a adoptar en el 2016 leyes antigay que permitirán la muerte por lapidación. (García, 2014; Mosbergen, 2015).

[3] Los términos “Occidente” u “Occidental” se usan aquí para referirse a culturas euroamericanas.

[4] Nota del traductor: El 28 de febrero del 2014 el Pambazuka News [Noticias de Pambazuka] publicó bajo el título de Uganda: Scientific statement from the Ministry of Health on homosexuality [Uganda: Declaración científica del Ministerio de Salud sobre la homosexualidad] este informe, del 10 de febrero del 2014. En su epígrafe se leía “Un equipo de los científicos más destacados nombrados por el gobierno para dar una opinión sobre la homosexualidad es unánime en que esta orientación sexual es natural y ha existido en África y en todas las partes del mundo desde tiempo inmemorial. Es extraño que el presidente Museveni afirme que se apoyó en este informe de expertos para dar su consentimiento a la draconiana ley antigay”. Es evidente que el presidente Museveni condenó a los homosexuales basándose en sus creencias, no en el informe científico de su Ministerio de Salud.

 

[5] Nota original 3. La Academia de Ciencias de Sudáfrica recientemente publicó una declaración de posicionamiento sobre la ciencia de la orientación sexual y las implicaciones de esta ciencia para las políticas legales (véase Academy of Science of South Africa, 2015).

[6] Nota 4. Una importante controversia de estemomento es si debemos extender el término “orientación sexual” para incluir otros patrones estables de atracción sexual, tales como atracciones a los niños y niñas (Seto, 2012) o incluso a animales no humanos (Miletski, 2005). Usamos el término en el sentido más restringido: esto es, para referirnos solamente a la atracción hacia varones y mujeres sexualmente maduros. Tanto las causas como las consecuencias de otros patrones estables de atracción sexual probablemente difieren considerablemente de los de la orientación sexual en su sentido habitual (e.g., Cantor, 2012).

[7] Nota5. Ha habido movimientos para interrumpir el uso de la palabra  “homosexual,” dado que esta palabra fue comúnmente usada durante los períodos históricos cuando las personas no heterosexuales generalmente eran consideradas desviadas ( J. W. Peters, 2014).  Ciertamente nosotros no creemos que las personas homosexuales sean desviadas (except en el sentido estadístico de rareza), pero por simplicidad de comunicación hemos elegido usar el término “homosexual” (junto con “heterosexual” y “bisexual”). Somos sensibles sin embargo a la importancia de la elección de palabras cuando se describen fenómenos relativos a la orientación sexual, y reconocemos que todos los descriptores vienen con limitaciones.

[8] Nota  original 6. La escala de Kinsey medía sentimientos y conducta sexuales en combinación. La mayoría de los investigadores que emplean actualmente las escalas de Kinsey los evalúan separadamente.

[9] Nota 7. Aunque varios estudios recientes, usando una variedad de mediciones como las imágenes térmicas, las imágenes laser Doppler y la lubricación vaginal, han encontrado evidencia de excitación genital específica por categoría en mujeres (Dawson, Sawatsky, & Lalumière, 2015; Kukkonen, Binik, Amsel, & Carrier, 2010; Waxman & Pukall, 2009), eran estudios pequeños y ninguno ha sido replicado hasta ahora.

[10] Nota original 8. Aquí, “homosexuales” y “bisexuales” están referidos al sexo de nacimiento, incluso entre aquellos varones que han elegido volverse mujeres transgenéricas.

[11] Nota original 9. Los sicólogos de la personalidad definen neuroticismo (inestabilidad emocional) como la predisposición a experimentar emociones negativas como la ansiedad. Los individuos altamente neuróticos son emocionalmente reactivos y vulnerables al estrés (McCrae & John, 1992).

 

[12] Agregado en Researchgate por Erick Janssen, del Institute for Family and Sexuality Studies: Corrección re: hallazgos de estudios sicofisiológicos en hombres bisexuales. “Cerny y Janssen (2011) encontraron también para respuestas genitales que: ... "los hombres bisexuales desplegaron ante un estímulo bisexual (que retrataba a un hombre involucrado en sexo con una mujer y un hombre a la vez) niveles tanto de excitación sexual genital como de excitación sexual subjetiva significativamente más altos que los hombres homosexuales o los heterosexuales”." https://www.researchgate.net/publication/301639075_Sexual_Orientation_ Controversy_ and_Science.  Accesado 13 noviembre 2016 .

[13] Nota del traductor: Traduzco innate por innata e inborn por traída al nacer. Es un artefacto de traducción derivado del uso común del español, donde se dice que homosexuales y lesbianas “nacen así”.

[14] Nota original 9 “Man can do what he wills, but he cannot will what he wills”

[15] Nota original 10. La identidad sexual es más complicada, porque tiene tanto un componente público como uno privado. La identidad sexual pública es cómo uno se presenta a los otros, y esto es claramente elegido. La identidad sexual privada comprende las creencias sobre uno mismo, y estas creencias a veces son elegidos y a veces no. Por ejemplo, si una mujer está conscientemente alerta de sus atracciones del mismo sexo, entonces puedo no tener elección sino creer que es lesbiana o bisexual. Sin embargo, algunos individuos puede intencionalmente adopter creencias alternativas sobre sus atracciones del mismo sexo (por ejemplo, que son signos de confusion o de zozobra mental) y pueden por tanto elegir creer que son heterosexuales a pesar de su sexualidad del mismo sexo. Es a causa de estas complicaciones que las preguntas sobre elección no tienen interpretación clara en relación con la identidad sexual.

[16] Nota original 11. Somos conscientes de que hay objeciones religiosas para la tolerancia de la homosexualidad y que deben ser tenidas en cuenta como factores en las respuestas políticas a estos problemas. Sin embargo, para los propósitos de este informe pasamos por alto estas objeciones religiosas. Sobre la creencia de algunos en que la doctrina religiosa se impone a la racionalidad y la ciencia, simplemente no estamos de acuerdo.

[17] Nota original 12. Una forma común adicional de entender “innato” es “determinado antes del nacimiento.” Aquí es más simple usar la comprensión que hemos provisto, pero de hecho todas las hipótesis científicas influyentes que sostienen que la orientación sexual es innata subrayan la importancia del elemento prenatal.

[18] Nota del Traductor: Tradition, Family and Property. [Comité sobre Temas Norteamericanos de Tradición, Familia y Propiedad].

[19] Nota 13. “Cisgénero” se refiere a individuos cuya identidad de género concuerda con la que les fue asignada en el nacimiento.

[20] Nota 14. “Transgénero” se refiere a individuos cuya identidad de género es diferente de la que les fue asignada en el nacimiento.

[21] Nota original 15. En las relaciones igualitarias, ambos miembros de la pareja son pospuberales, y si hay diferencias de edad generalmente no exceden una generación.

[22] 16. This effect size is highly variable across different samples in relation to ethnicity, among other characteristics.

 

[23] Nota original 17. The presumed heterosexual subjects were likely heterosexual given what was known about them. In any case, classification errors would not create spurious findings.

 

[24] 18. Aunque estamos de acuerdo con la argumentación de Byne y daríamos nuestro apoyo a rebautizar el INAH-3 como SDN-POA  humano,  aquí continuamos refiriéndonos a INAH-3.

 

[25] Nota original 19. ¿Hasta qué punto es inesperado este resultado bajo una hipótesis de “nurtura?” Nuestra reseña de prevalencia de orientación sexual sugiere que el 1.1% de las mujeres son predominantemente atraídas a otras mujeres (Fig. 1). Ésta es la tasa que deberíamos esperar en nuestro cuasi-experimento casi-perfecto, bajo la hipótesis de que solamente la nurtura (i.e., sexo de crianza) importa. Si el hecho de que estos individuos mujeres tuvieran biología prenatal de varones fuera irrelevante, entonces la cantidad que se esperaría estuviesen fuertemente atraídas hacia las mujeres igualaría  0.011 × 7 = 0.077; éste es un número mucho más pequeño que las siete que estuvieron en la realidad fuertemente atraídas a las mujeres. Las probabilidades de que estos individuos mujeres estuvieran fuertemente atraidos a las mujeres, nuevamente bajo la hipótesis de solamente-nurtura, sería 0,0117, o 0,0000000000000195. Resulta claro que la hipótesis de sólo-nurtura es claramente insostenible. Los resultados del cuasi-experimento casi perfecto son exactamente los esperados por vía de la hipótesis opuesta y alternativa de solamente-natura: siete de las siete fuertemente atradías a las mujeres. Por supuesto, la alternativa no-opuesta (que tanto natura como nurtura importan) también debe ser considerada. A causa del pequeño número de individuos estudiados (N = 7), no se pueden excluir estadísticamente influencias de sexo-de-crianza bastante considerables. Aunque ninguno de los siete individuos mujeres tenia una orientación sexual consistente con una hipótesis de sexo de crianza, el 95% del intervalo de confianza de la proporción 0/7 tiene un límite superior de 0,44. Esto es casi quince veces la tasa esperada asumiendo que el sexo de crianza no tuviera efecto (0,0295, basada en la probabilidad de que alguien nacido varón fuera atraído por varones; véase la Figura 1). Esto es, usando estos datos solamente, no podemos excluir estadísticamente la posibilidad de que criar a alguien como mujer aumente su probabilidad de ser atraída hacia los varones casi quince veces.

 

[26] 20. More accurately, half of their DNA regions are identical by descent from the same parent, on average. Humans have more than 99% of their DNA in common on a base-pair level, and so the half of these variant base pairs that are identical by descent among DZ twins is an index of their similarity with respect to DNA (some of which is in or affects genes) that varies among humans.

[27] 21. Para un rasgo medido categóricamente, como generalmente lo es la orientación sexual, la correlación se estima major usando las concordancias de mellizos MZ y DZ (la proporción de sujetos índices homosexuales MZ y DZ cuyos mellizos son también homosexuales), usando el modelo de umbral multifactorial, bajo la presunción de que una propensión de rasgo normalmente distribuido subyace en el rasgo observado (Falconer & Mackay, 1996). Esta es una relación tetrajórica, no una de Pearson. Para asegurar la exactitude de la heredabilidad y otras estimaciones, es crucial que los mellizos sean muestreados al azar (o al menos representativamente) respect del estatus de concordancia (i.e., whether both twins are homosexual or only one is). Finally, the logic of the classical twin study requires the assumption that the trait-relevant environment be equally similar among members of MZ and DZ pairs. This “equal environments” assumption has generally been supported for other behavioral traits (Flint, Greenspan, & Kendler, 2010).

[28] 22. Varios estudios publicados fueron omitidos por las siguientes razones:

Estudio

Razón

Bailey, Dunne y Martin (2000)

Probable considerable superposición de muestra con Zietsch et al. (2012)

Bearman and Brückner (2002)

Mellizos todavía no adultos con orientaciones sexuales estables.

Burich, Bailey, and Martin (1991)

Probable considerable superposición de muestra con Zietsch et al. (2012)

Burri, Cherkas, Spector, and Rahman (2011)

Incapaz de obtener datos de concordancia.

Eckert, Bouchard, Bohlen, and Heston (1986)

Demasiado pocos pares de mellizos.

Heston and Shields (1968)

Demasiado pocos pares de mellizos.

Kirk, Bailey, Dunne, and Martin (2000)

Probable considerable superposición de muestra con Zietsch et al. (2012)

Whitam, Diamond, and Martin (1993), pares de mellizas

Demasiados pocos pares de mujeres.

 

[29] 23. En general, las estimaciones de heredabilidad y ambientalidad compartida son mucho menos estables que las de ambientalidad no compartida, porque estas últimas dependen de la diferencia entre una correlación y la unidad.

 

[30] Nota 24. La evidencia molecular indirecta incluye los hallazgos de que las madres de los hombres homosexuales tienen un patrón de inactivación sesgada del cromosoma X (Bocklandt, Horvath, Vilain, & Hamer, 2006) y de que una región del cromosoma 10 tiende a enlazarse con la orientación sexual del varón si se transmite a través de la madre (Mustanski et al., 2005).

 

[31] Nota 25. Aunque los mellizos MZ pueden diferir genéticamente, esas diferencias son demasiado escasas para explicar la alta tasa de discordancia de orientación sexual.

[32] 26. Como es usual, nuestro uso de ejemplos medicos no tiene implicaciones sobre cómo consideramos cualquier orientación sexual; simplemente refleja la disponibilidad de estos ejemplos. ntation; it simply reflects the availability of such examples.

 

[33] 27. Técnicamente, la pedofilia homosexual es la atracción sexual a varones prepúberes (i.e., pubertal Tanner stage 1; typical ages = 5–10), y la hebefilia homosexual es la atracción a varones púberes (i.e., Tanner stages 2 or 3; typical ages = 11–14). En contraste, los hombres androfílicos están muy atraídos sexualmente a los varones de los estadios de Tanner 5 y, en un grado menor, 4 (typical ages = 15 and older). Para favorecer la simplicidad y por convención, nos referimos a hombres hebefílicos y pedofílicos como “pedofílicos.”

[34] Nota 28. En general, los diseños cuasi-experimentales apuntan a proveer tests más rigurosis de las hipótesis causales, comparados con los meros tests de asociación (Shadish, Cook, & Campbell, 2001).

 

[35] Nota 29 del original. Además, como esta evidencia es retrospectiva y está basada en el autoinforme, hay razón para dudar de la precisión de las excepciones a este patrón, porque estos individuos pueden recordar mal la secuencia de eventos o tender a culpar a sus sentimientos estigmatizados en experiencias iniciadas por otros.

Última actualización el Lunes, 19 de Diciembre de 2016 22:43